lunes, 21 de septiembre de 2009

ETERNIDAD: Indice y 1º capitulo; El Encuentro


ETERNIDAD



Aclaración

Este libro va dedicado a las fans de Crepusculo.
He creado una história de vampiros, acción y amor, mi personaje se llama Ashely una chica con un pasado vampírico que se encuentra con un alquerre de vampiros que le ayudaran a superar los problemas.
En mi história irán apareciendo personajes de la la gran autora amada por todos (yo misma me considero una de sus mejores fans) Stephanie Meyer, los he utilizado sin ánimo de plagiarla ya que es una gran autora y gracias a ella ha despertado la pequeña escritora que vive dentro de mi.
Espero que os guste



INDICE

1. EL ENCUENTRO……………………...Pág. 1

2. MI PASADO…………………………...Pág. 10

3. LA FAMILIA CULLEN……………......Pág. 19

4. LEYENDAS…………………………....Pág. 28

5. PRIMER CONTACTO………………...Pág. 37

6. SENTIMIENTOS……………………....Pág. 45

7. AMENAZA…………………………......Pág. 54

8. FORKS………………………………....Pág. 63

9. NO HAY SOL SIN TI………………......Pág. 72

10. CELEBRACION Y FRACASO…….....Pág. 82






El Encuentro



No veo nada más que árboles pasando a mi alrededor, no se por donde voy, no sé lo que me persigue, solo sé que tengo miedo, mucho miedo y que no paro de sangra por un costado de mi barriga, la vista se me está nublando, el miedo se está apoderando de las pocas fuerzas que tengo, si paro esa cosa me matará y no sé cuanto podré seguir mas.

A lo lejos vi un claro, ¡por fin saldré de ese horroroso bosque!, pensé, pero cuando casi estaba alcanzando el claro algo grande y duro como un mármol me golpeó, caí al suelo pero no llegue a tocarlo porque unos brazos fuertes me agarraron en cuestión de segundo.

- No me hagas daño - le dije aterrada e intentado enfocar la vista para ver a mi cazador.
- Tranquila no te voy hacer daño ¿Qué te ha pasado? – Dijo esa voz armónica, tan hermosa que el miedo desapareció de mi interior, parecía un ángel.- estas… estas sangrando….Carlisle.- gritó nervioso y con los brazos tensos, yo estaba mareada sin fuerzas,- ¿Quién te ha hecho esto? Carlisle…- volvió a gritar ese nombre.
- Vampiro. – dije pero luego me arrepentí porque de su pecho sonó un ruido, no lo distinguí bien no sé si era una risa, pensaría que estaba delirando, o un rugido sordo, no lo sé. El chico volvió a gritar ese nombre que llamaba con ansiedad sin dejar de mirar al claro donde yo me dirigía. Como una ráfaga de aire aparecieron lo que pude distinguir a cuatro personas, una de ellas con manos frías como el hielo me toco justo al lado de la garganta, creo que para ver el pulso, no lo sé, murmuraban entre ellos cosas que no pude entender bien debido a mi debilidad.
- Iros rápido, Emmett vete- dijo el chico de las manos frías muy insistidamente.
- Yo me puedo quedar, te ayudare - dijo otra voz que no pude ver de donde procedía pero estaba segura de que era un chico, también con voz hermosa.
- ¿Cómo te llamas? – me preguntó uno de ellos pero no recuerdo nada más.

Debí desmayarme por que cuando desperté estaba en una habitación blanca, con una ventana sin cortina orientada al bosque, me estremecí al verlo. Llevaba unos goteros, debía estar en un hospital.

- ¿Cómo te encuentras? - la voz venia del otro lado de la habitación.- Soy el doctor Cullen.- dijo acercándose a mí con rostro tranquilizador a ver que me había sobresaltado su pregunta. Era muy guapo alto con pelo rubio y ojos dorados como la miel, parecía una estrella de cine.
- Hola, creo que estoy bien, no sé, me duele todo. – me quedé embobada al ver más de cerca ese rostro tan joven y tan perfecto, pálido como el mármol pero hermoso.
- Es normal tuviste un accidente, ¿Cuál es tu nombre? He intentado localizar a alguien conocido pero no he obtenido buenos resultados- me dijo el doctor con preocupación.
- Soy Ashley Dorougth, y no tengo a nadie.- dije con la voz apagada.

Giré la cabeza y fijé la vista en aquel bosque que me inquietaba al verlo. El doctor siguió con sus preguntas médicas, yo no le presté atención hasta que una de ellas atrajo mi atención.

- ¿Qué es lo que te estaba persiguiendo en el bosque Ashley?- su curiosidad me inquieto un poco pero no supe que contestarle, si le decía lo que en realidad vi me encerraría en un psiquiátrico, lo mejor era mentir.
- No estoy segura doctor creo que era un animal, un oso si no me equivoco.
- Esa herida no te la hizo un oso. Soy médico no policía puedes contarme lo que te ocurrió.- me sobresaltó su contestación, su voz era tan dulce y atrayente que no podía mentirle.
- Me caí al correr y me clave una raíz que sobre salía de un árbol, no… no recuerdo mucho.
- Cuando mi hijo te encontró…- ¿su hijo?, ¿como ese ser tan hermoso y joven podía tener un hijo de casi mi edad? Porque mi edad es la que le echaba al chico que me cogió en sus brazos en el bosque-…dijiste algo sobre un vampiro.- salió de mí una media sonrisa.
- Doctor ¿de verdad cree que los vampiros existen? Suelo ver muchas películas de mido.- trague saliva, ¿me tomaría por una loca?
- Te sorprendería lo que en realidad existe en este mundo. Me pasare más tarde.

Y con unos andares de modelo salió de mi habitación cerrando la puerta a su paso dejando un aroma a algo parecido a la canela mezclado con un olor que no lograba reconocer en ese instante.

Me sumí en un sueño tan profundo y real que…era tan real que al despertarme estaba empapada en sudor y con el corazón latiéndome como si hubiera corrido la maratón española.

- Tranquila – me dijo el doctor que estaba a mi lado cogiéndome la mano del gotero. – solo ha sido un sueño.

Un sueño!, pensé, creo que no, el sueño era tan real, ese ser que me perseguía en el bosque apareció por la ventana de mi habitación, estaba oscuro pero distinguía esos ojos rojos como el fuego y me entregó la pulsera de mi madre, cuya pulsera encontré en mi mano que estaba en ese momento formando un puño.

- ¿Estás bien? – Oí al doctor decir con preocupación.- te vas hacer sangre como sigas cerrando el puño con esa fuerza.

Le sonreí pero no dije nada, cerré los ojos, quería estar sola y creo que haciéndome la dormida el doctor saldría de la habitación. Y así fue, el doctor Cullen abandonó la estancia dejándome sola. Abrí los ojos seguido de la mano que contenía la pulsera de mi madre. Me puse a llorar al ver en ella lo que estaba grabado: “pronto estaremos juntas” y al finalizar la frase la marca de nacimiento que tenía en el lado derecho de mi barriga justo encima de la cadera.

- Mama. ¿Dónde estás?

Sabía perfectamente que ese sueño era muy real como todos los que tenía desde que desaparecieron de mi vida, mi padre, mi madre y mi hermano de ocho años. Todos se hacían realidad y no sabía el porqué. Magia, brujería, cosas paranormales, no lo sé pero estaba muy segura que lo irreal, existía.
Al anochecer el doctor volvió a mi habitación para ver cómo me encontraba.

- Estoy mejor doctor, gracias.- dije avergonzada bajo su mirada penetrante, había algo en él, diferente, raro, como si ocultara un secreto, su piel era como el del chico del bosque y el de mis sueños pero sus ojos eran diferentes, un color miel preciosos. No me había fijado que ese ser tan diferente radiara misterio hasta que se me paso un poco el efecto de la morfina.
- Doctor… ¿cuando me va a dar el alta?
- Cuando me asegure de que está bien señorita… Ashley – cambio el tono de voz, hablaba ahora más despacio, como si quisiera que nadie se enterara.- mis hijos han hecho una inspección por el bosque y no hay indicios de osos en esa zona.

Me quedé helada, el doctor seguía con ese tema, y ¿sus hijos? ¿Qué edad tenia? ¿Cuántos hijos? Me sentía mareada a causa de que empecé a híper ventilar. ¿Por qué esa insistencia sobre la persona que me perseguía?

- Estas bien…. –dijo él acercándose a mí y sentándose en un costado de la cama.
- Doctor, ¿usted cree en las cosas extrañas?
- Depende el grado de extrañez que tengan ¿por qué?

No sabía que decir, no sabía si contarle la verdad o callarme, pero necesitaba ayuda, sola no podía buscar a mi familia, que eso era lo que había ido hacer a Seattle.

- Doctor, ¿si le cuento la verdad? ¿No se reirá de mí? ¿No me tomara por una lunática?
- Por qué debería reírme, por casi te matan. – noté como su cara se ponía tensa esperando mi historia.
- El que me perseguía en el bosque era un chico, de tez pálida – mire su mano e intente tocarle pero la aparto disimulando poner bien el gotero-. Tenía los ojos rojos como el fuego, era rápido y fuerte…pensé que era un vampiro, porque…. Dime que estoy loca pero sé que existen, lo veo en mis sueños, sueños que se hacen realidad… es difícil de creer y de explicar pero le digo la verdad, no estoy loca. Mire….- le enseñe la pulsera-. La pesadilla de esta tarde era él entregándome la pulsera de mi madre y cuando he despertado la tenía en la mano….sé que es una locura pero….
- Te creo. –dijo el doctor cortándome y desviando la mirada hacia la ventana.
- ¿Me cree?
- Si, Ashley la marca que tienes en la cadera es… pues…

En ese momento entró una enfermera que venía a darme la cena. Y el doctor salió de la habitación sin dirigirme la mirada. Me quedé paralizada, el doctor me creía ¿Por qué? Debía averiguarlo ya que un humano corriente me hubiera tomado por una loca.

Me quedé dormida nada mas cenar, la noche fue tranquila, sin pesadillas. Al amanecer las manos de la enfermera me despertaron, me sobresalté pero al ver que era ella me tranquilicé enseguida.

-¡Te he despertado bonita! –dijo la enfermera con una voz dulce que me entraron ganas de quedarme dormida de nuevo.
- No tranquila, enfermera… el doctor Cullen ¿ha llegado ya? desearía hablar con él.
- No muñeca, el doctor hoy no va a venir, ha cogido unos días libres.- fastidio, pensé ¿Por qué ahora cogía unos días libres?
- Cuando me va a dar el alta.
- No estoy segura pero cuando él lo vea conveniente.
- Gracias.

Me quedé pensando en la conversación que tuvimos el día anterior, observando cómo los rayos de sol penetraban por la ventana sin cortinas haciendo reflejar en el suelo colores que nunca antes había visto. Pensé en lo tenso que se había puesto el doctor con cada palabra que le decía sobre ese ser y los cambios de expresión que le provocaba cada silaba que le decía. Era extraño.

Esa misma noche tuve un sueño, no sé si podría decir un sueño o una pesadilla, tenía miedo pero quería quedarme, estaba en el jardín de mi casa jugando con mi hermano a la pelota, sin quererlo la pelota se adentro en el bosque que teníamos detrás de la casa, mi hermano fue corriendo – ¡NO! , le gritaba yo pero el entro, seguidamente un niño de su misma estatura, mismo color de pelo pero con la piel blanca como el hielo y los ojos rojos como el fuego salió del bosque con la pelota en la mano. ¿Quién era? Tenía miedo pero quería ir con él porque ese ser era mi hermano- ¡MARCOS!

Grité y me desperté, llorando.

Tenía que salir de ese hospital y buscarle, buscarle hasta encontrarle aunque, en qué estado lo encontrara no me importaba, necesitaba a mi hermano.

Me levanté de la camilla quitándome las agujas del gotero, y casi sin poder andar salí de la habitación, cuando llegué a la puerta del ascensor me quedé mirando el reflejo, mi reflejo en la ventana, - donde podía ir así, en camisón de hospital, casi sin fuerzas, y con el rostro destrozado por el dolor que me infringía el no estar al lado de mi familia.
Regresé a la habitación y allí sentada en la ventana, mirando el bosque me quedé dormida de nuevo.
Pasaron los días y el doctor Cullen no apareció, ¿Cuántos días libres tendría? Necesitaba hablar con él. ¿Dónde estaba? ¿Por qué ahora desaparecía cuando más lo necesitaba?

Oí el carro de la cena, las enfermeras ya nos traían algo de comer, que horror, odiaba la comida de hospital, se abrió mi puerta y el olor a crema de patata me golpeo la nariz, ¡Que asco! Pensé, pero esta vez la bandeja no la traía la enfermera si no el doctor Cullen.

- Doctor…- quería echarle la bronca por desaparecer así sin avisar pero su rostro y su voz tranquilizadora me paralizó, también tenía derecho a descansar algunos días.
- Ashley, ¿Cómo te encuentras? – dejó la bandeja sobre la mesita y la abrió para que yo comenzara a comer.
- Bien,
- Mañana por la mañana te daré el alta, ya te encuentro mucho mejor pero eso si ¿me harás un favor?
- Lo que usted me pida.
- No entres en el bosque.
- Tengo que hacerlo doctor, no tengo a donde ir, mi familia está allí dentro y…
- Si te doy casa y un trabajo ¿me permitirás ayudarte a encontrar a tu familia, pero a mi manera?

No sabía que decirle, el doctor me quería ayudar ¿Por qué? ¿Sería por la marca de mi cadera, la que tanto le intereso desde un principio pero que la enfermera nos interrumpió?

Dije que si con la cabeza ya que no lograba articular palabra y comencé a comer eso horroroso puré.

- Mañana hablamos. – me dijo el doctor acariciándome el pelo.

Ese gesto me hizo soltar una lágrima, mi padre siempre me acariciaba el pelo por las noches antes de ir a dormir y me daba un beso en la frente. ¿Por que ellos?

Mientras yo me vestía con un pantalón vaquero azul y un suéter de seda rojo que me trajo la enfermera, aunque no se cierto de donde lo sacó, el doctor estaba firmando mi alta y entregándola en recepción. Cuando finalizó vino en mi busca sin la bata de medico puesta.

- ¿Ya estas vestida Ashley? – me dijo con voz paciente y aterciopelada.
- Si, - le dije saliendo del baño -. Ya estoy.
- Vamos, te llevara a tu nueva casa y te presentare al Director Harot. Tu jefe.
- ¿Mi jefe? – dije un poco cortada, el doctor se estaba tomando muchas molestias en ayudarme y no sabía cómo agradecérselo.
- Ya lo entenderás, ahora vamos.

Salimos del hospital por la puerta del garaje, ¡Dios mío! que cochazo tenía el doctor, un mercedes de última generación, no entiendo bien de modelos de coches pero sabía exactamente que eso era un mercedes nuevecito, que pasada. De color negro metalizado con los asientos de cuero negro, y lunas tintadas. El doctor tenía que tener mucho dinero ya que en la época que estamos solo los ministros podían tener esa clase de coches.

Me puse de copiloto sin decir nada, de vez en cuando lo miraba de reojos, miraba esa piel tan pálida como el ser de mis sueños, pero tan diferente, radiaba paz, tranquilidad, ternura, el doctor era diferente, tan bueno. Lo poco que duró el trayecto estuvimos en silencio, llegamos al pueblo y nada más entrar aparco el coche al lado de una casita que por fuera era muy acogedora. Me quede mirándola desde mi asiento casi con la boca abierta.

- Es tu nueva casa. – dijo el doctor abriéndome la puerta que exactamente no sé cuando salió del coche porque ni me percate de que lo había hecho.- por cierto me puedes llamar Carlisle.

Me quedé mirándole a los ojos, creo que con cara de boba, ¿que pensaría de mi?, solo pude decirle que si con la cabeza. Me llevó hasta la puerta de la casa cogido de mi hombro y casi empujándome con una media sonrisa en los labios.

- Ten, estas son las llaves. – me puso en mi mano izquierda un juego de llaves, una era de la puerta pero la otra ¿de dónde seria?

Abrí la puerta después de probar las dos llaves y entramos en silencio, el seguía sonriendo.

- Esta casa era de mi hija Rosalie y su pareja, esta bacía desde que nos trasladamos a las afueras, ahora es tuya.

- Pero solo hasta que encuentre a mi familia.

- Todo el tiempo que quieras.- me dijo el doctor sonriendo con gesto de felicidad.- la segunda llave es la del garaje, se entra por la parte de atrás de la casa.

- Muchas gracias Carlisle.

- De nada, ves a echarle un vistazo tengo que hacer una llamada, cuando acabes vamos a ver al profesor…

- Mi jefe.

Los dos sonreímos y cada uno se fue en una dirección. Subí las escaleras que estaban justo enfrente de la puerta de entrada, quise dejar la parte de abajo para el final. Nada más subir la escalera, había una especie de mini holt cuadrado con tres puertas, abrí una por una, eran las habitaciones, cada una del mismo estilo pero decorada con diferentes tonalidades de color, siempre colores luminosos y alegres. Al bajar las escaleras a la derecha, estaba la cocina, no era muy grande pero para mí sola sobraba, en el centro había una mesita con dos sillas, toda equipada con los electrodomésticos, para no vivir allí nadie estaba muy equipada, no faltaba nada. A la izquierda de las escaleras se encontraba el comedor salón, este sí que era grande, también muy bien equipada, lo único que no me gustaba de esa estancia era la ventana que daba a la parte trasera de la casa, al bosque. Me estremecí al verlo y el doctor me toco el hombro al ver mi reacción.

- ¿Va todo bien?
- Si. La casa es muy bonita.
- Me alegro que te guste, ¿vamos a ver al señor Harot?
- De acuerdo, pues vamos.

Salimos de la casa y nos metimos en el lujoso coche, Carlisle puso rumbo al colegio de Seattle, su forma de conducir era tan relajante y suave que me sentía segura.

- No sé cómo le voy a pagar todo lo que está haciendo por mi doctor, es tan…- le dije apenas sin mirarle, me sentía avergonzada.
- No me tienes que agradecer nada, lo hago porque me apetece ayudarte no por lastima ni por obligación.
- ¿Puedo hacerle una pregunta personal?
- Si no es muy comprometedora.- me dijo sonriendo sin quitar la vista de la carretera.
- ¿Cuántos hijos tiene?
- Cuatro con sus respectivas parejas que también los considero mis hijos.
- Pero es usted tan joven.
- Son adoptados, mi pareja y yo no podemos tener hijos y decidimos adoptarlos.
- Ah.
- ¿Puedo yo ahora hacerte una pregunta personal?
- Si no es muy comprometedora.- los dos nos echamos a reír.
- ¿Cuántos años tienes?
- Veinte-tres – puso cara de extrañarle mi respuesta- ¿aparento más vieja? – le dije un poco asustada, odiaba aparentar mayor.
- No, te echaba unos dieciocho.

Di un pequeño suspiro y el sonrío, la verdad es que siempre me echaban menos de los que tenía mi aspecto era como el de mi madre, piel rosada, morena de pelo y ojos marrones, delgadita y aspecto muy juvenil.

Llegamos al colegio de Seattle, en la entrada nos esperaba un hombre bajito, regordito, con gafas de pasta negra y medio calvo, era el señor Harot.

Nos condujo hasta su despacho y allí sentados en unas cómodas sillas forradas de una tela azul oscuro me explico mi nueva función en el colegio, seria la profesora de música. La asignatura era nueva y optativa.

Me puse muy contenta ya que, no sé como lo adivino el doctor, era lo que más me gustaba. Yo tenía en Washington una academia de música y canto, mi padre me la abrió con sus ahorros el día de mi diecinueve cumpleaños me iba de maravilla hasta su desaparición que por obligación tuve que cerrarla.

- Pues bien señorita Dorough aquí tiene la llave de la sala de profesores y todo tu material, la clase la tendrás de diez a once, de momento será una hora todos los días por que solo se han apuntado unos quince alumnos esperemos que a final de curso sean más.
- Será un reto que me propondré. Muchas gracias señor Harot.
- A mi no me dé las gracias, déselas al señor Cullen que me ha salvado una asignatura que es muy buena para los alumnos, a mi forma de pensar.

Miré a Carlisle y él me devolvió la mirada con una sonrisa, salimos del colegio. Al llegar al coche le dije al doctor que me gustaría dar un paseo, llevaba mucho tiempo tumbada en el hospital y tenía las piernas entumecidas.

- Ten… - me puso en la mano derecha un pequeño móvil, era plano y no pesaba nada, última generación- si ocurre algo me llamas, tienes grabado mi número de teléfono y el de mis hijos Edward y Emmett, cualquier cosa que sea raro o simplemente te de miedo me llamas y lo más importante no entres en el bosque sola. ¿De acuerdo?

Sus palabras me aterraron, afirme con la cabeza por que no podía pronunciar palabra, nunca antes me había dado miedo el doctor pero ese momento tuve ganas de echar a correr, se puso tan tenso y con la expresión tan dura que me asusto de veras. Al ver mi reacción relajo los músculos de la cara y me sonrío.

- No te preocupes de nada, todo saldrá bien.

El doctor se metió en el coche y se alejo con la misma dulzura con la que andaba. El sabía lo que en realidad había en ese bosque ¿Cómo? y ¿Cómo sabia hasta que grado era peligroso? No lo sé, ahora tenía dos misiones, averiguar dónde estaba mi familia y averiguar más sobre la familia Cullen.

Me puse a andar camino a la casa pensando en todo lo ocurrido desde que llegue a este pueblo, no me acordaba muy bien donde estaba, me fije en la carretera por donde habíamos pasado con el coche y encontré la casa sin problemas. Cuando me acerqué vi un coche aparcado en la entrada. Era pequeño, de tres puertas, un Volkswagen de color azul malva, no había nadie en su interior.

Entre a la casa con precaución, tenía los oídos bien afinados por si oía cualquier cosa fuera de lo normal y echar a correr a tiempo, también me prepare el móvil por si tenía que llamar pero lo único que encontré era silencio y encima del recibidor unas llaves y una nota que decía:

“Después de averiguar que tienes edad para conducir te dejo este coche para que puedas moverte por la ciudad, ya me darás las gracias cuando nos veamos, el móvil es solo de urgencia, el viernes a las nueve te quiero ver en la consulta para verte la herida.

Ten cuidado.

                                                                                         Saludos Carlisle”

Me senté en el último escalón de las escaleras y me quedé pensando en cómo agradecerle todo lo que estaba haciendo por mí.

Me despertó la fuerte lluvia que caía esa mañana, la tormenta era muy fuerte, de un salto salí de la cama y me asomé a la ventana ¡granizo! grite, y no había metido el coche del doctor en el garaje, estaría todo abollado, ¡maldita sea! Pero me relaje cuando vi que solo era lluvia fuerte sin pizca de granizo. Cuando me aseguré que no había rastro de hielo en el suelo, aunque no se veía nada en el exterior, me vestí y baje a la cocina a desayunar, la casa olía a jazmín, ¿de dónde salía ese olor? ¡Pensé! era un olor maravilloso pero no tenía tiempo de averiguar el procedimiento, no quería llegar tarde a mi primer día de trabajo.
El coche iba como la seda, sin ruidos, suave, no como el viejo coche que tenía mi padre que de vez en cuando comenzaba a toser como un abuelo de cien años (mi hermano siempre decía eso)

No comencé a temblar de nervios hasta entrar en la clase, observé el material y los instrumentos que disponíamos mientras esperaba a los alumnos que no habían llegado aun pero no tardarían ya que el timbre de cambio de clase ya había sonado.

- Buenos días señorita Dorough. – me dijo una chica menuda, con pelo de color cobrizo muy dinámica. Nunca me habían llamado señorita, me sentía avergonzada.
- Buenos días, sentaros donde queráis por favor.

Les dije mientras iban entrando en grupito, en la lista tenía solo quince personas pero al echar un vistazo mientras se sentaban pude contar unos diecinueve.

- Buenos días a todos, en primer lugar por favor no me llaméis señorita, prefiero que me llaméis Ashley, así me siento más cómoda.- todos afirmaron, parecían agradables-. Ahora si no os importa voy a pasar lista para poder conoceros mejor y…
- Perdona – me dijo una chica desde la puerta- sentimos llegar tarde, ¿podemos pasar?
- Si claro.

Me quedé embobada al verles entrar, eran tres, dos chicas y un chico, cada uno hermoso como muñecas de porcelana, las chicas eran preciosas, las dos del mismo tamaño, la primera tenía el pelo negro desordenado con ojos dorados y aspecto de duende muy delgadita para su estatura y la segunda con los mismos ojos que la primera, pelo largo casi por los hombros de color marrón con pómulos prominentes y labios demasiado grandes para esa carita de muñeca, la que había hablado tenía una voz tan angelical que parecía como si estuviera en un sueño, detrás de ellas iba el chico también muy hermoso, de piel blanca como las chicas y ojos también dorados, el pelo era castaño claro un poco desordenado, era alto yo diría que media uno noventa, su aspecto era desgarbado y juvenil y creo que eran de la misma edad.

Tenían unos andares espectaculares, tan glaciales, y vestían unas ropas conjuntadas que les sentaban tan bien que parecían modelos. Cuando la primera chica paso por mi lado su aroma me recordó a la de mi casa, ¡Jazmín! pero con un toque de canela, me quedé atónita.

- No estamos en la lista, si quiere tomarse nota de nuestros nombres- me dijo el chico con esos ojos de color miel tan penetrantes, ¡los Cullen! Pensé, el doctor me dijo que sus hijos iban a este mismo instituto.
- Si dime. – dije con la voz temblorosa al ver su belleza.
- Ella es Bella Cullen, - cuando dijo su nombre la miró con unos ojos tan llenos de pasión que comprendí que era su pareja, por la forma que la tocaba y la protegía.- ella es Alice Cullen – dijo señalándola con una sonrisa en la cara-. Y yo me llamo Edward.

Tragué saliva, él era uno de los dos hijos que me había nombrado Carlisle.

- Gracias, podéis sentaros.
La clase trascurrió muy rápida y dinámica, adoraban la música y eso me hacía sentirme muy orgullosa y como si estuviera en mi propia casa, la casa que tanto añoraba, al final eran unos veinte cuatro alumnos, el director se pondría contento cuando conociera la cantidad de alumnos que asistieron, ahora tendría que mantener ese número hasta final de curso, sería difícil pero no imposible.
Los hijos del doctor no tuvieron ningún problema para tocar cualquier instrumento, sabían hacerlo a la perfección, piano, trombón, violín, guitarra, sabían tocarlo todo, eran especiales sobre todo Edward, tocaba el piano como un profesional. Me dio la sensación que la canción que tocó en su turno iba dedicada a Bella porque el minuto que duro la canción no se quitaron la vista de encima, era como si se hubieran quedado pegados visualmente. Era extraño, sabía que entre ellos había algo, pero ¿Por qué tenían el mismo apellido? ¿El doctor también había adoptado a sus parejas? Y ¿por que todos se parecían? misma piel, mismo ojos…
Esperaba que cantaran igual que tocaban ya que mi pensamiento era hacer un grupo con la clase pero eso sería más adentrado en el curso.

Al finalizar la clase me quede apoyada en la mesa mientras salían los alumnos, se iban contentos, alguno me felicitaban por lo bien que lo habían pasado en clase, quise decirles algo a los Cullen, cuando pasaron por delante de mi mirándome y dedicándome una sonrisa los tres, aunque exactamente no sabía el que, pero me moría de ganas de hablar con ellos, no me atreví, sus miradas tan penetrantes me bloquearon.
Salí del colegio y me dirigí al parking, (tenía que ir de compras, necesitaba una cartera para llevar los papeles y todo lo necesario para la clase y algo de vestimenta ya que poseía pocas cosas en mi armario enorme), me quedé petrificada cuando me faltaba muy poco para alcanzar el coche, era él, apoyado en mi coche. Él me miro y todos se giraron, eran seis y él, tres de ellos, eran mis alumnos, los Cullen. Ese rostro, esos brazos, era él, su olor me vino de golpe como si fuera su aroma quien se quisiera meter dentro de mí, era él, estaba segura, me sonrío. Me vino la imagen del bosque, pero borrosa, era él. El chico de los brazos fuertes, el que me salvo de la cosa que me perseguía en el bosque.

Seguía petrificada, asumida en mis pensamientos mientras le miraba, ¿pensaría que estaba tonta? (No sé y no me importaba) hasta que una vocecita dulce y angelical me trajo de nuevo a la realidad.

- Se encuentra bien señorita Dorough.

Era Bella, la mire y le sonreí, ella me devolvió la sonrisa y miro a Edward que estaba a su lado, acariciándole el brazo, desprendían tanto amor que era como un cuento de hadas.

- Si, - no sabía que decir-. Es que creo que me he dejado unas cosas en clase. – Mentí, me daba mucha vergüenza acercarme a ellos, tenía que esperar a que se fueran.- creo que tendré que volver, mañana nos vemos a la misma hora chicos.
- Hasta mañana entonces Ashley. – me dijo Edward con cara de intentar leerme el pensamiento pero como si no lo pudiera conseguir.

Esperé en la sala de profesores hasta que me aseguré que se habían ido, era de crías actuar así, bueno aun era una cría con veinte tres años, -es lo que siempre me decía mi padre-. Pero no pude hacer otra cosa, me moría de vergüenza, era él, no podía quitármelo de la cabeza, era tan guapo, tan perfecto, como todos los demás, al lado de ellos me sentía inferior.

Estuve más de la cuenta de compras, se me hizo tan tarde que cené en el centro comercial y me fui a la cama en cuanto llegue a casa.

Esa noche soñé con ellos.

Me encontraba en una sala grande, luminosa con paredes de cristal tintados de marrón oscuro y la decoración modernista, me encontraba sentada en un gran sofá de color marfil, a mi alrededor habían once personas, de las cuales a cuatro las conocía a la perfección, eran Carlisle, Edward, Bella, y Alice.
Apoyado en un pilar de la casa se encontraba él, mi salvador, tan perfecto y hermoso que no podía apartar la vista de su cuerpo atlético, era grande, musculoso, con el pelo oscuro rizado y esos ojos de color miel que los caracterizaba a todos, con esa piel como el marfil ¡suspire! En mi propio sueño.
Supe quien era la mujer de Carlisle ya que él la tenia cogida de la cintura, también muy hermosa, misma características que Carlisle, con pelo de color del caramelo y constitución pequeña.
También había una chica rubia con el pelo largo hasta la cintura y liso, muy guapa, parecía una modelo, su belleza sobresalía a las demás chicas de la familia estaba cogida de la mano de un chico del mismo semblante que Edward, apoyados en un pequeño sofá situado justo enfrente de donde yo estaba sentada.
Un chico rubio con el pelo rizado con apariencia musculoso pero curvado (era un poco más bajo que Edward) cogía la mano de Alice como si se fuera a romper.
Todos con el mismo color de piel y de ojos excepto una pareja que me llamó mucho la atención, quise enfocarlos pero los veía borrosos, él parecía más grande que todos los demás y con piel más oscura, los tenia desenfocados y no entendía el porqué.

Me desperté justo cuando la niña de cabello rizado color bronce y ojos color chocolate (lo único que pude enfocar bien) me toco la mejilla.

No dormí bien esa noche.


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