lunes, 28 de septiembre de 2009

ETERNIDAD: 2º Capitulo; Mi Pasado



Mi pasado

Impresionante, el día anterior una tormenta aterradora y hoy los rayos de sol me despiertan cegándome la visión. ¡Que alegría! Pensé. Necesitaba un poco de calorcito en el cuerpo después de tanto frío y tanta lluvia. No estaba acostumbrada al clima de esa ciudad.

Aunque me sentía agotada me levanté con muchos ánimos. Me vestí después de darme una ducha relajante y con mi tazón de cereales salí al porche a desayunar.

El calorcito era gratificante, apoyada en el marco de la puerta comencé a pensar en el sueño de esa misma noche ¿se haría realidad? ¿Quién era esa pareja tan extraña y tan diferente a los demás? ¿Por qué los veía borrosos? Tenía un millón de preguntas y las respuestas las tenía el doctor. ¿Cuándo me iba ayudar a encontrar a mi familia? Y…

Algo se movió en el bosque, me sobresalte, un escalofrío subió por mi espalda haciéndome temblar los brazos y el tazón de cereales cayó al suelo. No vi exactamente lo que era, paso tan rápido que solo pude apreciar una sombra borrosa. Me dio tanto miedo que me metí en la casa, cogí las llaves del coche, el móvil que me entrego Carlisle y me puse rumbo al trabajo, llegaría pronto pero no me importaba. Más tarde recogería el tazón de cereales que se rompió en tres pedazos dejando todo el porche hecho un asco.

Los hijos del doctor Cullen no fueron ese día a clase, ni el siguiente, ¿estarían enfermos?

Al tercer día preocupada al ver que no venían pregunte al director, su respuesta fue “cuando hace sol el doctor aprovecha para ir de excursión con su familia”

¡Que extraño! Pensé. Algo no cuadraba en todo esto y tenía que averiguarlo ¡ya! Durante esos días nada extraño volvió a ocurrir por el bosque estaba todo tranquilo aunque yo actuaba con mucha cautela.

Llegó el viernes, día de médico, aunque yo me encontraba perfectamente Carlisle se empeñó en hacerme una revisión, quería asegurarse que mi salud estaba en perfecto estado. Tenía todas las preguntas preparadas y ordenadas mentalmente para hacérselas en cuanto cruzara la puerta de la consulta pero al verle me quede en blanco. Había algo en él y en sus hijos que me bloqueaban la mente, el sistema nervioso y el motriz ¿sería la belleza? ¿El aroma? No lo sé.

- Buenos días Ashley. ¿Cómo te encuentras?
- Muy bien doctor.- le dije embobada y avergonzada-.
- Que tal el trabajo ¿se portan bien los chicos?
- Tienes unos hijos maravillosos, son tan perfectos en todo.
- Bueno (sonrío agradecido) lo hago lo mejor que puedo. Voy hacerte unas pruebas y según como vea el resultado no hará falta que vuelvas al hospital.
- De acuerdo… doctor ¿Cuándo vamos a…?
- Todo a su tiempo Ashley – me interrumpió sabiendo perfectamente lo que quería preguntarle ¡mi familia!-. Confía en mí, pronto los encontraremos.
- Pero es que tengo tantas preguntas y…
- Lo sé – me volvió a interrumpir-. Estas exhausta, cuando llegue el momento tendrás tus respuestas (le puse mala cara) Ashley te vuelvo a repetir que confíes en mi.

Asenté con la cabeza pero el doctor vio en mi rostro la preocupación que me comía por dentro, me acaricio la mejilla con esa mano helada que me provocó un escalofrío por todo mi cuerpo y me puso en manos de la enfermera para que me realizara las pruebas.

Estuvieron aproximadamente una hora haciéndome pruebas, que horror.

- Ya esta Ashley.- dijo el doctor entrando a las sala donde le esperaba para saber los resultado.- las pruebas han salido perfectamente.
- Ya se lo decía yo.
- Pero tenía que asegurarme. Te voy a dar el alta médica, ya no hará falta que vuelvas hacerte más pruebas que se que te disgustan.
- Odio los hospitales – le dije con escalofríos en el cuerpo, el sonrío-. Doctor me han hablado sobre la playa de la Push y mañana me gustaría pasar el día por allí ¿Qué tal es aquella zona?
- ¡Segura! pero no vuelvas tarde esta a una hora y media de aquí y convendría que estuvieras en casa antes de anochecer.
- Muy bien, gracias Carlisle.
- De nada, llévate el móvil.
- Va siempre con migo.
-Nos veremos muy pronto.- dijo el doctor con una media luna pintada en sus labios y salió de la sala, tenía una urgencia.

La Push, me había informado de esa zona por Internet, era un pueblo que pertenecía a las tribus de los Quileutes, indios que tras muchas generaciones mantenían el pueblo con una belleza inigualable. Sus playas eran tan preciosas que no se podían comparar a las de Washington, esos acantilados, ese bosque que lo rodeaba lleno de vida con ese color verde con toques marrones y ese aire que olía a naturaleza y sal de la mar y ese frescor. Era algo inimaginable. A pesar de la llovizna que caía ese día todo se veía con una luminosidad y unos colores asombrosos.

Dejé el coche en un parking habilitado en lo alto de una cala y bajé a la playa dando un paseo, hacía frío pero no me importaba era tan bonito aquello que no me desagradaría coger un resfriado con tal de memorizar esas imágenes en mi mente.

Cuando llegué a la orilla del mar me senté en una roca que sobresalía de un recodo de arena situado al lado del rompeolas.

Allí me sumí en el recuerdo.

Mi madre siempre me llevaba a la playa cuando algo me preocupaba, me sentía agobiada o triste porque aquello me relajaba, el mar esa mar tan coqueta me hacía sentir otra pero se me hacia extraño tantas cosas del ayer que me sentía inquieta ¿Por qué no lograba relajarme? No podía estar allí sentada como si nada, tenía que encontrar a mi familia ¿Por qué el doctor no me ayudaba ya? No podía esperar más, tenía que hacer algo, me daba igual lo que Carlisle me dijera, tenía que ir al bosque.

Me levanté y miré a mi derecha involuntariamente y vi a lo lejos a un chico que se aproximaba a mí, paseando por la orilla del mar, su silueta me era familiar, era grande con piel morena, sería un Quileutes, lo deduje por la piel, comencé a caminar hacia él ¿Por qué? No lo sé, tuve curiosidad ¿Sería el de mis sueños? No estaba del todo segura, me recordaba tanto a ese ser borroso de mis sueños. El chico que se estaba acercando tenía el pelo tan largo y negro como el de mis sueños. A pocos metros pude observarle mejor, su cuerpo era de un adulto pero su cara era juvenil como la de un niño, vestía con pantalón corto y camiseta sin mangas ¡dios que frío! No, no era él.

Al pasar por su lado noté como de su cuerpo se desprendía un calor acogedor,-por eso esas ropas-.

- Hola. – Me dijo sonriendo, enseñándome unos dientes perfectos.- ¿buscabas algo?
- No pero ahora que lo dices, algún restaurante cercano para comer no me vendría mal.
- Por supuesto, ven te llevare a uno que hacen unas comida exquisitas, por cierto me llamo Seth Clearwater. – me dio la mano y di un respingo al tocarle, estaba ardiendo ¿estaría enfermo?
- Yo soy Ashley.
- Bien Ashley - dejo caer la mano al darse cuenta de mi reacción-. ¿Eres nueva por aquí?
-Si, bueno vivo en Seattle, he venido a pasar el día, me hablaron muy bien de este pueblo y me entró curiosidad de conocer esto. ¡Es tan precioso todo esto!
- Si, gracias, solemos tener muchos turistas que se suelen ir muy contentos de aquí, te doy la razón al decir que es todo bonito, que voy a decir es mi hogar.

Mientras hablaba no podía quitarle la vista de encima, era tan grande que daba miedo solo verlo pero a su vez era gratificante su compañía me sentía segura y muy a gusto, era tan simpático y amable que estar a su lado era grato.

- Es aquel, diles que vas de mi parte y te trataran como de la familia.
- Muchas gracias Seth y encantada de conocerte, bueno… ¿quieres comer con migo? – al finalizar la pregunta me arrepentí, no sé cómo se tomo la pregunta al ver su reacción me corte muchísimo.- bueno si no es molestia, no quiero que pienses que soy una lanzada, no, es por agradecerte lo atento que has estado y…
- Tranquila, te lo agradezco, no te preocupes, gracias por la oferta pero estoy en una misión y si el jefe me viera creo que no le haría mucha gracia, pero gracias de todas formas.

¿Una misión? ¿Sería algún tipo de policía secreta? Pero si era un niño

- Gracias de nuevo, nos vemos pronto.

El chico me dejo en la puerta del restaurante y riéndose se marcho de regreso a la playa.

Seth tenía razón con respecto a la comida estaba buenísima y la gente era encantadora, los Quileutes eran muy agradables y familiares, me sentí muy a gusto al lado de ellos.

No me demoré mucho al regreso, no quería llegar tarde a casa, pensé en lo que el doctor me dijo y la verdad la noche no me gustaba nada, me asustaba conducir con aquella oscuridad aterradora que se formaba en el pueblo y además me sentía cansada y conducir una hora y media de regreso, se hacía pesado.

Me puse de camino a casa escuchando mi música favorita, ya había pasado una hora conduciendo, me faltaban dos millas para llegar a Seattle cuando algo me paralizo. A mi derecha entre los árboles del bosque algo corría a la misma velocidad que mi coche, era pequeño y veloz, frené de golpe (menos mal que no venia nadie detrás) y cogí involuntariamente el teléfono de Carlisle con las manos temblorosas. Esa cosa paró al mismo tiempo que yo, me asuste aun mas, estaba escondido detrás de un árbol observándome, cerré los pestillos aunque creo que eso no lo detendría.

- Carlisle ayúdame por favor hay alguien…- estaba temblando y muy asustada, me costaba respirara por culpa del miedo-.
- Tranquila Ashley ¿Dónde estás?
- No lo sé, creo que estoy casi a dos millas para llegar, hay alguien que me persigue en el bosque.
- No pares, sigue conduciendo Ashley enseguida estamos allí. – me colgó-.
- Carlisle no cuelgues, Carlisle…

Tire el móvil en el asiento del copiloto y puse el coche en marcha pisando el acelerador a fondo. Cuanto más corría yo, esa cosa corría más aun.
Me temblaba cada músculo de mi cuerpo, estaba aterrada, me recordó a las películas de miedo que solía ver de pequeña, cuando el protagonista era perseguido por algún tipo de monstruo y no había nadie en la carretera para socorrerlo.

Me puse a ciento sesenta por la carretera, sabía perfectamente que a esa velocidad podría matarme pero mi pie no obedecía a mi cerebro y no cesaba de acelerar.

- ¡Marcos!

Grité frenando de golpe cuando vi a mi hermano en medio de la carretera mirándome con esos ojos como el rubí. En una décima de segundo me vi rodeada por tres coches que surgieron de la nada, mi hermano desapareció.

- Ashley. – Me dijo Carlisle golpeando el cristal- ya puedes salir estas a salvo.

Abrí los pestillos y sin mover un solo músculo de mi cuerpo me vi rodeada por los brazos de Carlisle que me sacó del coche en volandas, comencé a llorar pronunciando el nombre de mi hermano abrazada a él.

- Jasper llévate su coche, Emmett, Edward rastrear la zona… estas a salvo, tranquila vamos a casa.

El doctor me introdujo en su coche y nos dirigimos a mi casa, durante el camino no dije ni una sola palabra estaba como en shock. Carlisle de vez en cuando me tocaba la cara y me decía alguna que otra cosa pero no le respondía no tenia ánimos, estaba asumida en esa imagen, analizándola de arriba abajo y logrando entender el porqué.

Llegamos a casa y Carlisle me llevo al sofá, allí me sentó y me entregó un vaso de agua, demasiado dulce para ser solo agua, ¿sería algún tipo de medicamento?

- Toma te sentirás mejor si bebes algo.
- Era mi hermano Carlisle.

Llamaron a la puerta y él fue quien abrió, nada más abrir entraron Edward encabezando la fila, el chico rubio de mis sueños y él, mi salvador.

- No hemos encontrado nada Carlisle.- Dijo Edward dejándose caer en el respaldo de sofá sin dejar de mirar fijamente a su padre.
- Esta bien, gracias chicos…Ashley creo que a Jasper no lo conoces.- dijo Carlisle
cuando vio que lo miraba con curiosidad.- es la pareja de mi hija Alice.
- Tanto gusto en conocerte.- dijo Jasper con una sonrisa abierta.
- Y el es Emmett mi hijo, él es el que te encontró en el bosque.

Apoyado en el armario sobre su hombro derecho Emmett me miro y con una media sonrisa dibujada en el rostro me saludo con la mano. Agache la cabeza avergonzada, preocupada y un poco nerviosa al verme rodeada de tanta belleza. Cuando me miré las manos fue en ese mismo instante, no se por que, es cuando comprendí el misterio de los Cullen.

- ¿Que es lo que viste?

Me puse en pie y les di la espalda apoyando las manos en la mesa, suspire y comencé hablar temblorosa.

- Como quieres que confíe en ti Carlisle si se que sois vampiros.- no era una pregunta era una afirmación.-

Me giré y miré uno por uno fijamente pudiendo ver como los cuatro se habían quedado como estatuas rígidas mirándose unos a otros.

- No sé que clase de vampiros sois ya que tenéis esos ojos dorados y os mezcláis con los humanos pero tampoco sé si puedo confiar en vosotros.
- Ha llegado el momento Ashley! Necesito saber todo tu pasado para poder responder a tus preguntas.
- Puedes confiar en nosotros.- dijo Emmett acercándose a Jasper y colocando su mano izquierda en el hombro de su hermano.

Me volví a sentar y coloque las manos en mi rostro, tenía ganas de llorar pero no podía. Debía confiar en ellos, creo que se lo habían ganado después de todo lo que habían hecho por mí. ¿Por qué lo hacían? Era una cosa que me tenían que explicar pero primero debían saber mi historia.

Mire de nuevo a Carlisle y comencé a contarles mi pasado;

“Nací en el 2022 en Italia, mi madre era de Washington y mi padre de Roma. Se conocieron en un congreso que se realizaba en Venecia y bueno se casaron, al año me tuvieron, nada más nacer nos trasladaron a Washington. Éramos una familia normal, mediocre, no nos metíamos con nadie e incluso pasábamos desapercibidos.
Después de nacer yo mi madre tuvo unas cuantas intentonas de quedarse embarazada de nuevo pero no lo lograba hasta que por fin nació mi hermano por inseminación ya que tuvo complicaciones en mi parto y eso le trajo problemas para concebir. Mi familia ya estaba completa. Éramos felices los cuatro – tragué saliva y parpadeé un par de veces para no llorar, lo estaba deseando.- Todo empezó cuando cumplí los veinte años, mi padre recibió una visita la misma noche de mi cumpleaños, ese hombre era extraño, vestía con una capa roja – pude observar como Edward y Carlisle se miraban con el rostro desencajado.- no le vi el rostro pero parecía que mi padre lo conocía a la perfección. Salieron a la terraza mientras yo jugaba con mi hermano, tal vez para que no les oyéramos, al poco tiempo oí gritar a mi padre muy enfadado y decidí salir a ver lo que ocurría mientras mi madre abrazaba a mi hermano con pánico pintado en su rostro, lo único que pude entender ya que hablaban en italiano, pero creo que un italiano antiguo, o me atrevería a decir latín, no estoy segura, yo sé italiano y os aseguro que ese idioma no lo había escuchado en mi vida – esta vez se miraron entre los cuatro con los músculos tensos.- lo que dijo fue; “ vampiro, eclipse y marca del diablo” cuando se dieron cuenta de mi presencia el hombre desapareció. Des de aquel día mi padre recibía muchas llamadas y visitas de gente extraña, mi padre me decía que eran amigos pero no le creí.
Una noche oí hablar a mis padres sobre historias de vampiros, sobre mi marca de nacimiento y sobre ese hombre de la capa roja, se llamaba Maison, creo, también les oí decir que tenían que hacer un viaje muy pronto. Me asuste, sentí que los perdía, estaban metidos en algo muy gordo y no entendía nada. Debo reconocer que al principio creía que se estaban volviendo locos, pero conforme iba pasando el tiempo les creí, les creí por mis sueños, esos sueños que se hacían realidad, era extraño creer en cosas de vampiros y cosas sobrenaturales pero desde muy pequeña mis padres siempre me contaban historias de esas, llegué a pensar que todo esto lo sabían desde mi nacimiento por eso me preparaban pausadamente sin llegar a despertar mi interés.

- ¿Volviste a ver a Maison? – me interrumpió Carlisle.
- No.
- No puede ser de la guardia, lo conoceríamos. – dijo Edward con el rostro lleno de preocupación mirando fijamente a Carlisle como respondiéndole a alguna pregunta que no oí.
- Hablaré con Elezar, él conoce a la perfección cada miembro de los Vulturis.
- Vulturis ¿Quiénes son? – pregunte preocupada.
- Son los cimientos de nuestra civilización, el alquerre mas grande que existe, los creadores de las reglas vampíricas, los más ancianos, pero prosigue ya habrá momento para hablar de ellos.- me cedió de nuevo la palabra.
- Una noche me crucé con uno de ellos, tenía la piel pálida como el hielo y los ojos rojos como el fuego, un color tan intenso que… no he podido olvidarlo desde entonces, me aterré solo verlo, empecé a investigar yo sola todo lo que sucedía hasta que me descubrió mi padre, sus palabras fueron “hija deja eso, yo me ocupare de todo tu sigue con tu música y tu vida, deja a papa que se ocupe de los problemas que no te conciernen”. Mentía, todo estaba relacionado con mi marca y sabía que era yo la causa de todo. No le hice caso y seguí con mis investigaciones pero sin éxito.
Una mañana me levanté sobresaltada después de tener uno de esos sueños horrorosos que solía tener y encontré en mi mesita de noche una nota de mis padres que decía algo así;
“Buenos día hijas, hemos ido de excursión a Seattle volveremos pronto, si ves algo extraño huye, corre y no mires atrás”
Esas fueron sus palabras y no supe nada más de ellos ni de la gente extraña que los visitaba hasta hoy. Sé que están aquí, la cosa que me perseguía era mi hermano y es uno de ellos.

Comencé a llorar al recordar la cara de mi hermano, esa cara pálida y esa expresión desencajada era horrible la situación en que me encontraba.

- Solo tiene ocho años.
- Un niño inmortal.- dijo Jasper con la voz teñida de pánico y un sonido sordo que le salió del pecho.
- No puede ser de la guardia, jamás convertirían a un niño.- le dijo Carlisle a Edward con el mismo miedo en su voz.
- Y entonces ¿Por qué la capa? – preguntó Emmett con tono agresivo cambiando de posición y colocándose al lado de Edward.
- Pudo ser algún miembro de ellos en antaño y ahora…- comento Jasper en voz baja como sumido en sus pensamientos.-
- Ashley – me dijo Carlisle atrayendo mi atención ya que Jasper me había dejado aterrada con su reacción- no te preocupes, sabremos la verdad muy pronto.
- Y no temas montaremos guardia las veinticuatro horas del día, nadie se atreverá hacerte daño.

Mi corazón comenzó a palpitar fuertemente cuando mi salvador termino de decir la frase, no sé si por la dulzura en como lo decía, por su mirada penetrante o por que puso su gran mano en mi hombro, no lo sé, no era lógica mi reacción, pero no podía evitarlo, era tan hermoso.

Al ver mi reacción él me dedico una sonrisa tan bella que me congelo por unos segundos.

- Bien.- interrumpió Carlisle.- creo que va siendo hora que nos pongamos en marcha.
- Pero aun no tengo mis respuestas.

Salí por la tajante yo había explicado mi historia y el doctor se quería marchar sin darme respuestas.

- Tiempo al tiempo, necesito saber para poder resolver.
- Ya pero vosotros sois vampiros y yo…
- Confía en nosotros Ashley- volvió a decir Emmett esta vez con rostro serio.

Cerré la puerta con llave cuando salió el último miembro de los Cullen, seguidamente me asegure de que las ventanas estaban bien selladas y me acosté en la cama. No dormí esa noche pensando en todo lo que me había sucedido en ese día, en mi hermano, en los Cullen. Estaba indecisa ya que estaba huyendo de los vampiros y me había metido de lleno en un alquerre de vampiros ¿buenos?

Necesitaba ver a mi familia, volver a ver a mi hermano a pesar del miedo que me daba, necesitaba abrazarle y pedirle explicaciones

¡Necesitaba a mi familia!

Debí quedarme dormida el domingo anterior por que el despertador me sobresalto en cuanto comenzó a sonar, antes de levantarme me asegure de que era lunes ¡SI! Era momento de levantarse para ir a trabajar. Un domingo desperdiciado ¡que fastidio! Pero creo que necesitaba dormir. Me dolían todas las articulaciones del cuerpo, no me podía creer que hubiera dormido casi veinte cuatro horas ¡buff! Necesitaba una ducha relajante, una buena dosis de analgésicos para el dolor y un coche que volara porque si seguía a si iba a llegar tarde al trabajo.

Al llegar a clase mis alumnos ya estaban sentados, unos tocando sus instrumentos, otros hablando en grupito y ellos con la preocupación insertadas en sus caras, alerta por si ocurría algo, les mire también con preocupación y Alice me dedico una sonría que le devolví sin ganas.

- Buenos días chicos siento llegar tarde he tenido un problemilla con el despertador.- odiaba mentir pero no les iba a contar que como una loca estaba debatiendo yo sola si levantarme o no de la cama-. Hoy vamos a empezar con los bajos, Karen, Brian, Kevin iros colocando en la plataforma que…
- ¿Se puede? – Dios mío no, que estaba haciendo él aquí, no.

Mi cuerpo comenzó a temblar en cuanto mire hacia la puerta y lo vi entrar a él, mi salvador, creo que me puse roja ya que sentí como me ardía la cara.

- Si pasa.- dije con la voz temblorosa- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No tienes clase de arte?
- La he cambiado por la clase de música. ¿Hay vacantes?
- Si claro, siéntate donde quieras.

Emmett se dirigió a una silla vacía justa al lado de Edward, y con una sonrisa de oreja a oreja paso por delante mía con andares de modelo. Me tuve que sentar y tranquilizarme mirando el libro de música del profesor, note como Bella y Alice se reían en silencio mirándose entre ellas, seguro que se reían de mí al ver mi reacción ya que claro está al ser vampiros los cambios de estado de un humano lo captaban a la perfección.

La clase transcurrió como todos los días, no me podía quejar porque tenía unos alumnos fantásticos, aunque mientras explicaba intentaba no mirar a Emmett porque solo con visualizarlo, aun que solo fuera de pasada, mi corazón se desbordaba.

Mientras el primer grupo tocaba una canción instrumental clásica me puse a pasear por la parte de atrás de la clase escuchando cada nota que los chicos interpretaban y mi cuerpo se congelo al ver por la ventana en medio del parking a mi hermano mirándome fijamente.

Los chicos reaccionaron en seguida colocándose a mi alrededor como formando un escudo.

- Vamos Ashley.- dijo Emmett cogiéndome por los hombros con la voz inaudible para que el resto de clase no lo oyeran.
- Voy a llamar a Carlisle.- dijo Edward con preocupación.
- Nosotras vamos a echar un vistazo.
- ¡No! – Dijo Edward con furia pero muy bajo casi imperceptible para mí y eso que estaba a su lado.- no os mováis de aquí es peligroso.
- Edward por favor.- se quejo Bella.

Edward le echó una mirada a Bella de furia, preocupación, protección, no lo sé, pero Bella no insistió mas.

- ¿Qué ocurre señorita? – pegunto una alumna con curiosidad al ver los movimientos extraños que habían realizado los Cullen.

Emmett me miró como diciéndome que le dijera algo a la chica, que me la quitara de encima.

- Nada Susi… chicos cinco minutos de descanso.

Me dirigí a la puerta escoltada por Emmett, las hermanas se quedaron sentadas para no alarmar al resto de compañeros.

Cuando salimos nos encontramos de cara a Edward que colgaba su teléfono en ese mismo instante.

- Dice Carlisle que cuando acabe la clase la lleves al hospital, de allí os iréis a casa.
- ¿Ha casa? ¿Está seguro? ¿Y Adam?
- El sabe lo que hace.
- ¿Quien es Adam?- dije al ver la tensión de Emmett.
- Es la pareja de nuestra hermana Rosalie, volvamos a clase.- dijo Edward casi empujándonos para que entráramos en clase, estaba nervioso y eso me preocupaba.

Al finalizar la clase nos dirigimos al parking sin hacer ninguna parada de camino, como era evidente mi hermano ya no estaba pero yo salí del colegio con alguna esperanza de verle, Emmett visualizó el perímetro del bosque y me introdujo en su coche con suavidad y puso rumbo al hospital.

- Relájate Ashley, te va a dar un ataque al corazón como sigas temblando y híper ventilando de esa manera. Tu corazón te va muy deprisa.
- Lo siento… le tengo miedo pero a la vez quiero abrazarle, besarle y hablarle.

Los ojos se me llenaron de lagrimas Emmett hizo un intento de cogerme la mano pero se lo pensó mejor y volvió a colocar la mano en el volante.

- Todo saldrá bien ya lo veras.

Estuvimos unos minutos en silencio, lo odiaba necesitaba distraerme para lograr tranquilizar a mi corazón, fui yo quien rompió el silencio.

- ¿Que se siente al ser vampiro?- Emmett me miro de reojos y sonrío.
- Bueno es algo… diferente, te sientes libre, poderoso y puedes hacer cosas que siendo humano estarías muerto a la mínima.
- Pero vosotros no sois como mi hermano ¿por que?
- Porque somos vegetarianos, nos alimentamos de animales porque no queremos hacer daño a los humanos.- Me quede asombrada con la boca abierta, él sonrío.- somos diferentes, es duro porque la sangre animal no es tan apetecible como la humana pero lo sobrellevamos bien.
- Pero…
- Ashley dejemos las explicaciones para más tarde, hay tiempo para todo.
- Si… pero ¿Cómo te convertiste?
- Mas tarde ahora tenemos que hablar con Carlisle.

No me había dado cuenta pero ya estábamos dentro del parking del hospital y Emmett estaba abriéndome la puerta del coche. Subimos el ascensor en silencio mirándonos de reojos muy de vez en cuando. Al llegar a la tercera planta Carlisle ya nos esperaba en la puerta del ascensor.

- Buenos días Ashley. – me saludó el doctor intentando ser natural como si nada estuviera pasando pero me di cuenta enseguida que estaba horrorizado. – vamos a mi despacho.

En el despacho Emmett le contó lo ocurrido a su padre, Carlisle iba de arriba abajo de un lado a otro de la habitación, me estaba poniendo nerviosa pero no debía decirle nada porque estaba muy concentrado pensando en la situación vivida esa mañana.

- No es normal que se muestre en público, si hubiera querido hacerle daño hubiera acudido a la casa.
- Eso si no ha estado ya allí. – mire a Emmett con pánico en los ojos.- tranquila no hay rastro de efluvio vampírico en tu casa.- se le daba muy mal mentir a Emmett su cara lo delataba.
- Tenemos que averiguar lo que quiere, Ashley tu hermano se está dejando ver porque de algo quiere avisarte…..- se quedó en silencio unos segundos que para mí me parecieron minutos.- puede que esté relacionado con la pulsera…. A lo mejor quiere decirte que estas en peligro o….

Carlisle se quedó en silencio cuando algo se le paso por la cabeza, se quedó helado, petrificado, se quedó congelado. Al ver su reacción me levante de la silla y le cogí de la mano.

- ¿Que está pasando Carlisle?
- Llevemos la a casa hijo, hay mucho de que hablar y este no es un lugar apropiado para hacerlo. Os sigo.
- Vamos. – me dijo Emmett muy despacio y empujándome hacia la puerta con dulzura.

De camino Emmett estaba de nuevo muy callado, tenso y con el rostro enfurecido, me daba miedo pero era tan guapo que eso lo compensaba todo.

- Emmett ¿puedo hacerte una pregunta?
- Si dime.- dijo si quitar la vista de la carretera.
- ¿Ya es mas tarde? – tuve pánico a su reacción pero enseguida me relajé cuando comenzó a reírse.
- Eres genial – me enrojecí, me sorprendía encontrar un extraño vinculo creciendo entre Emmett y yo, teniendo en cuenta que él era el que más miedo me daba de todos ellos aunque por otra parte era el que enloquecía a mi corazón.- está bien te voy a contar como me transformaron… tenia veinte tres años cuando me ocurrió, unos amigo y yo nos fuimos al bosque a cazar osos, era nuestro hobby favorito, ¡me encantan los osos! – dijo como recordando en ese momento a uno y con la cara llena de felicidad.- primero jugábamos con ellos le hacíamos sufrir un poco….- me miró de reojos.- dejaré los detalles aparte, no quiero asustarte ni que pienses que soy malvado… uno de ellos me tomó por sorpresa, y el que jugaba ahora era él, se ensaño con migo sin agotarse una sola pizca…..- se quedó en silencio recordando algo que no quería decirme, a lo mejor para no asustarme ya que lo miraba con angustia al estar imaginándome la situación.- Para ese entonces él ya había terminado de jugar conmigo, y supe que iba a morir.- Recordó Emmett suavemente, volviendo de sus pensamientos.- No podía moverme, y mi conciencia se estaba disipando, cuando escuché lo que pensé que sería otro oso, y una lucha por ver quien se quedaba con mi cadáver, supuse. De repente sentí como si volara. Me imaginé que había muerto, pero intenté abrir los ojos de todos modos. Y entonces la vi - Su rostro parecía incrédulo ante el recuerdo – y supe que estaba muerto. Ni siquiera me importaba el dolor, luché por mantener mis párpados abiertos, no quería perderme ni un segundo el rostro del ángel. Estaba delirando, por supuesto, preguntándome porque no habíamos llegado al cielo aún, pensando que debía de estar más lejos de lo que yo había creído. Y entonces me llevó ante Dios.- Él rió con una risa profunda y atronadora. - Pensé que lo que ocurrió a continuación era mi juicio final. Había tenido demasiada diversión durante mis 23 años humanos, así que no me sorprendieron las llamas del infierno.- Rió de nuevo, aunque yo me estremecí.- Lo que me sorprendió fue que el ángel no se marchó. No podía entender como algo tan hermoso podía estar en el infierno junto a mí, pero estaba agradecido. Cada vez que Dios venia a echarme una ojeada, yo temía que se la llevase, pero nunca lo hizo. Y entonces el dolor desapareció…y me lo explicaron todo. Les sorprendió lo poco que me afectó todo ese asunto de los vampiros. Pero si Carlisle y Rosalie, mi ángel, eran vampiros ¿Qué tan malo podía ser aquello? - yo asentí aunque debo reconocer que me sentía celosa por la forma que hablaba de ella.-Tuve unos cuantos problemas con las reglas.- rió entre dientes.- bueno y esta es la historia que querías saber. ¿Te ha gustado? - Me preguntó de forma juguetona.
- Impresionante. ¿Rosalie es tu pareja? – tenía que preguntárselo si no me moriría de ganas de saberlo.
- Lo era, pero esa historia ya te la contare cuando llegue el momento.

¡Ya habíamos llegado a la casa!



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