jueves, 26 de noviembre de 2009

TRAS LA SOMBRA DE LA ETERNIDAD: 6º Capítulo: Falsas Apariencias



Falsas Apariencias.
Me encontraba en la biblioteca real buscando información sobre mi especia. No me había entrado la curiosidad de saber de dónde provenía hasta aquella tarde de otoño, unas dos semanas después de mi nombramiento, cuando unos vampiros que iba a liquidar por traidores me llamaron “ demonio succionador de sangre”, nunca antes me habían llamado de esa forma y menos un vampiro.

Alec quiso quitarle importancia cuando le pregunté sobre el tema y mi padre se enfadó muchísimo conmigo al saber que un simple comentario me había dolido. Esa frase ya la había oído anteriormente y no utilizada precisamente para describir a un vampiro.
Sin que nadie supiera mis intenciones comencé a investigar por mi parte sin obtener resultado alguno.
Quería saber de dónde provenía porque yo no era normal, no era como los otros, mi piel era más oscura que la de mi madre y más aun que la de mi padre con esa piel de cebolla que poseía, pero no era tan oscura como la de un humano.
Brillaba al sol como ellos pero no podía estar más de dos horas bajo los rayos solares porque mi piel se quemaba y lo más extraño, en lo que más me entraba la curiosidad fue que yo era la única que poseía colmillos, esos dos dientes afilados que solo aparecían cuando estaba furiosa o tenía que alimentarme. ¡Extraño! Si en realidad era hija de Aro y de Catherine. –Vampiros normales- porque yo no era como ellos. También había otra cosa curiosa que mi padre jamás quiso hablarme de ello, la marca de mi brazo.

- Si tu padre te ve aquí te encerrará en los calabozos hasta que obedezcas una orden suya sin contradecirla al mínimo.- me susurró Alec a mis espaldas acariciándome el cuello con su aliento.
- ¿No deberías estar de patrulla?- le pregunté cambiando de posición quedándome a solo dos centímetros de sus labios.
-Ya hemos regresado.- Se apartó de mi bruscamente.- Sabes que no deberías estar aquí y aun menos con esos libros que tu padre te prohibió que leyeras.
- Quiero saber por qué no soy como vosotros, simplemente es eso.
- No eres como nosotros porque eres especial.- Cuando su mano me acarició la mejilla un deseo ardiente recorrió mi cuerpo.- ¿Subimos a la torre? Esta anocheciendo.
- Si me prometes que no le dirás nada a mi padre…no pensaras en esto.- le pedí enseñándole los libros.
- ¿Cuándo tu padre ha conocido alguno de nuestros secretos?
- No sé, como últimamente estas mucho con él, he llegado a pensar que te has vuelto como Dexter.- Me reí bajo su gruñido de rabia.- Vamos.

Subimos a la torre donde se podía ver la mejor puesta de sol de toda Italia. Era muy hermoso, como un cuadro pintoresco de antaño. Un paisaje digno de admirar.

- No deberías provocar la ira de tu padre desobedeciendo sus normas.- me dijo Alec subiendo las escaleras de la torre.
- Si él me contara la verdad no tendría que estar buscándola por mi cuenta.
- ¿Qué verdad Saray? – Me dijo con un gesto de ocultar algo, no le di importancia.
- Los vampiros no podemos tener hijos.- él se quedó dudativo unos segundos.

Me apoyé en la muralla junto a Alec y nuestras manos se rozaron provocando una electricidad compatible entre los dos cuerpos, él no añadió nada a mi afirmación, se limitó a mirarme fijamente a los ojos.

- Es tan hermoso este momento del día – comencé a decir cambiando de tema.- recuerdo cuando era pequeña y me subías aquí todas las tardes para que pudiera disfrutar de esta maravilla de paisaje. También recuerdo el poema que me leías día tras días de Gabriel y Galán…. “Puesta de sol” se titulaba si mal no recuerdo.- Alec asintió con un gesto de cabeza y los dos comenzamos a susurrar ese hermoso poema sin dejar de mirarnos fijamente a los ojos….- ¿Por qué lo hacías? ¿Por qué me subías aquí todas las tardes?- le pregunté curiosa.
- Era el único momento que tu cuerpo se relajaba dejando paso a la niña dulce y bonita Saray.
- ¿Te estás burlando de mi?- le pregunté arrimándome aun mas a él.
- No,- sus dedos me acariciaron la mejilla atrayendo mi cara más cerca de la suya.- te volvías muy dulce cuando el sol se escondía en el horizonte dejando reflejos rojos entre las nubes, yo disfrutaba viendo esa dulzura.
- Puedo ser dulce siempre que quiera.- esta vez, aunque mi cuerpo lo deseaba, me contuve, con miedo a que me rechazara de nuevo, dejando que él llevase la situación.
- Lo sé y eso es un peligro que no debemos cometer.- se apartó de mi volviendo a su postura anterior.
- Odio que me hagas esto Alec.- mi tono de voz se puso un poco brusco a su reacción.- Estoy cansada de rehuir lo evidente.
- ¿Lo evidente de que?- preguntó también con un tono elevado.
- De que nos amamos.
- No Saray te equivocas, tú me amas yo no.- y con esto se alejó de mí cerrando la puerta de la torre con fuerza.




Sus palabras me dejaron rota en mil pedazos, mi cuerpo quedó clavado allí arriba donde la noche se hacía paso tras los reflejos sangrientos del sol, sin saber cómo reaccionar.
Estaba mintiendo, sabía que lo estaba haciendo porque su cuerpo reaccionaba igual que el mío al estar juntos a pocos centímetros.
Cuando mi ser reaccionó bajé a mi habitación, quería encerrarme allí queriendo alejarme del mundo y estar sola hasta que mi garganta me quemara por la sed pero mi propósito duró muy poco cuando Chelesa vino a buscarme.

- ¿Puedo pasar?- preguntó muy educada.
- Si… ¿Qué ocurre Chelesa?
- Aro quiere ver reunida a la guardia en cinco minutos en el gran salón, es muy importante.

Le hice un gesto de afirmación y colocándome la capa salimos de mi habitación las dos juntas, al llegar a nuestro destino todos se encontraban en posición de escucha mientras mi padre andaba de arriba abajo algo nervioso, miré Alec y este bajó la mirada ignorando mi entrada.

- ¿Qué ocurre padre? Está muy nervioso.
- Si hija, es para estarlo….Hemos recibido un comunicado de guerra….- al decir esto hubo unos cuantos susurros que desaparecieron con la mirada furiosa de mi padre.- los Rumanos nos ha declarado la guerra, quieren poseer Volterra y echarnos de estas tierras, quieren hacerse con el poder de los Vulturis…
- Pero no hay problema ¿no? – le contesté sin preocupación.- podemos con ellos como hemos podido con todos a los que hemos matado.
- Esta vez no hija…. Los rumanos se han aliado con los ucranianos y nos superan en número.
- ¿Qué vamos hacer señor?- preguntó Demetri con rabia.
- Tendremos que pedir ayudad.- le contestó Marcus bajo la mirada de Cayo y Aro.
- Los Vulturis nunca piden ayuda.- le contesté molesta por ese comentario.
- Esta vez la tenemos que pedir….- comenzó hablar Cayo con voz paciente.- Demetri y Felix ir al norte a buscar toda la ayuda posible, Jane y Chelesa vosotras ir al sur, llevaros a cuatro miembros de la corte para que os podáis dispersar, esa zona es donde más habitan los de nuestra especia, Dexter y Renata ir al este y……
- Deberíamos deliberar todo esto primero Cayo.- insistió mi padre no muy convencido de pedir ayuda.

De muy pequeñita mi padre me enseñó que los Vulturis jamás se rebajaban a nadie, jamás éramos ayudados por nadie por ser los más fuertes y poderosos de la tierra. Como a mí, a Aro también le enfurecía este asunto.

- Deberíamos llamar a Carlisle….- dijo Marcus levantándose del trono, mi padre y Cayo lo miraron a la vez sorprendidos.- Carlisle tiene muchos amigos y la manada de lobos esa que dicen que son su familia, sería de buena ayuda.
- No, los Cullen no van a participar en esto.- agregó mi padre con furia.
- Aro necesitamos aliados, muchos vampiros nos odian y cuando se entere de que los rumanos quieren poseer nuestro trono se aliaran a ellos….
- Amenazar a todo aquel que no quiera defendernos.- añadió Cayo.- y si es necesario torturarlos, lo hacéis.
- No podemos hacer eso Cayo. – todos estábamos sorprendidos por Marcus jamás había entrado en una conversación y esta vez parecía él quien la llevara.- lo que menos necesitamos ahora son mas enemigos. Sigo pensando que deberíamos llamar a Carlisle, él nos ayudará, sabes que no soporta a los rumanos.
- Te recuerdo amigo mío que Vladimir y Stefan estuvieron con los Cullen cuando Irina nos mintió con respecto a Reneesme.- Añadió mi padre con el mismo rostro de furia.
- Si, es cierto pero me juego mis años de sabiduría que Carlisle nos ayudará, sabe como son los rumanos y no va a permitir que dominen el mundo. Además su hija sería de muy buena ayuda en el momento de saber cuándo y cuantos nos atacarán. Si llamamos ahora a Carlisle, Alice vería el futuro con su don y sabríamos cuanto nos queda de tiempo.

Mi padre se sentó en su trono con semblante abatido, no entendía la mitad de las cosas que estaba diciendo, pero si entendía el rostro de mi padre que estaba contraído en un dolor que no podía esconder, mirándome como si con la presencia de ese tal Carlisle iba a perder algo querido.

- Buscar toda la ayuda posible… iros.- añadió mi padre con la mirada perdida en la nada.

La corte entera salimos del salón dividiéndonos en los grupos que Cayo había nombra anteriormente, yo me fui con Rebecca, Alec y cuatro miembros más hacia el noroeste.
Estuvimos prácticamente dos días fuera de Italia, cuyos días Alec y yo no nos dirigimos ni una sola palabra y en que logramos recaudar a más de quince vampiros dispuestos a dar sus vidas por nosotros, por miedo o por lealtad, no me importaba.

Al regresar a palacio, mi padre y Marcus aun seguían discutiendo sobre pedir ayuda a Carlisle y su familia. A mi llegada estos se metieron en la sala privada de Aro. Por lo que pudo informarme Rebecca, ese hombre era un buen amigo de los Vulturis desde hacía siglos, residía en esos momentos en Canadá y el motivo de por qué no quería mi padre obtener su ayuda no lo sabía.
Fui directamente a mi habitación, dolida a un por el rechazo de Alec y por su ausencia verbal durante el camino, me tumbé en la cama y colocándome los cascos de música me quedé pensando en los momentos vividos junto a él cuando era pequeña.
Cansada de estar encerrada entre cuatro paredes sin ninguna motivación existente me levanté de la cama y me puse a pasear por las calles de Volterra bajo la luz potente de la luna llena, no había absolutamente nadie en ellas debido al frío que hacía, los charcos estaban congelados y los pocos animales que habitaban allí se encontraban refugiados bajos los coches o en algún agujero de las callejuelas. ¡Para mí era un clima perfecto!

- ¿Por qué me has seguido Alec? – dije sin girarme notando su olor a distancia.
- Es peligroso que una chica ande sola por las calles de noche.- me contestó poniéndose a mi altura, yo en ningún momento paré de andar.
- Es peligroso para una chica humana no para mí.
- Saray…- me frenó cogiéndome del brazo.- No me gusta que estemos sin dirigirnos la palabra por una tontería.
- Has sido tú quien no me ha hablado en estos últimos días, y no creo que sea una tontería, amarte no es ninguna tontería Alec.
- Sabes que no podemos…
- A veces es preferible hacer las cosas aunque al final salgan mal, que quedarse con la duda de cómo hubiera sido. Yo no temo a nada ni a nadie, de hecho ya nada me puede hacer daño ni tampoco tengo miedo de gritar a los cuatro vientos todo lo que te quiero, no temo a mi padre, si tengo que enfrentarme a siglos de tortura lo haré pero jamás dejaré de amarte Alec.
- No sabes lo que es capaz de hacer tu padre Saray.
- ¿Por qué le tienes tanto miedo? Dime….- Alec se quedó mirándome algo contraído.- Si no me amas dímelo, pero dímelo mirándome a los ojos, si me amas enfréntate a mi padre como lo haré yo.
- Tu padre… ese ser que tanto adoras mató a su propia hermana menor por que mantenía una relación con Marcus.
- ¿Qué?- dije asombrada.
- Cuando tu padre se enteró de que estaban juntos y que planeaban separarse de los Vulturis, cosa que no le gustó a tu padre ya que Marcus era, y es, de mucha ayuda para él, la mató con sus propias manos. Marcus jamás lo perdonó pero decidió quedarse e intentar hacerle feliz con su don.

Me quedé atónita con su historia, mi padre mató a su propia hermana ¿podría hacer lo mismo conmigo? No podía creerme lo diabólico y desagradable que podía llegar a ser Aro.

- No le tengo miedo. – Logré decir tras unos minutos en silencio.- No creo que sea capaz de hacerme daño, además tiene la ventaja de que siempre estaremos a su lado porque nosotros no nos iremos de aquí, jamás abandonaremos a los Vulturis.
- No subestimes a tu padre.
- No creo que se atreva a enfrentarse a mi.- una furia recorrió mi cuerpo y comencé a andar de nuevo sin dirección.- sabe perfectamente que puedo acabar con su vida en menos de un segundo.
- Saray….- Volvió a cogerme del brazo obligándome a parar.
- ¿Qué quieres?

Alec me apoyó contra la pared acercando su cuerpo al mío, me cogió de la cintura con las dos manos y con pasión sus labios se unieron a los míos provocándome una excitación que nunca antes había sentido.
Esas ganas de besarle que se encontraban dentro de mí hacia tiempo, salieron obligando a mis brazos a que se enredaran en su cuerpo. Quedando unidos en un solo cuerpo, escondidos en la oscura calle de Volterra.
Al amanecer volvimos a ser llamados al salón real para obtener más información sobre los atacantes. Al llegar allí solo mi padre y Cayo se encontraban en la sala con no muy buena cara. Alec y yo nos miramos extrañados pero felices.
Habíamos pasado la noche juntos en un lugar oscuro y abandonado de la montaña más alta de Volterra regalándonos ese amor que tantos años habíamos reprimido.

- Buenos días padre. Cayo.- les hice una reverencia con una media sonrisa.
- Alec. – comenzó a decir mi padre. ¿Dónde estuviste anoche? Mande llamar a las guardia y no estabas en tus aposentos.
- Salí a pasear.- dijo muy tranquilo sin dejar de mirarle a los ojos.
- ¿Y tu hija? – Cuando mi padre me preguntó me quedé bloqueada, quise decirle algo coherente pero mi mente se quedó en blanco debido al nerviosismo que estaba recorriéndome el cuerpo en ese momento.
- Salí de caza.- Metí la pata, vi como Alec puso los ojos en blanco y como sus dientes mordían su labio inferior a la vez.
- ¿Sin permiso? – Mi padre se acercó a mí y yo di un paso atrás porque no quería que me tocara.- Sabes que está prohibido cazar fuera de los días previstos.
- Lo sé padre y lo…
- También sabes….- continuó hablando con furia interrumpiendo mi escusa.- que no puedes salir de palacio sola y sin permiso.
- Lo sé padre pero…
- Estoy cansado de que desobedezcas mis normas y mis órdenes….Alec ¿Dónde estuviste anoche? – le volvió a preguntar mi padre con furia.
- Ya se lo he dicho señor….

En ese mismo instante que Alec estaba contestando a su pregunta mi padre me pegó una bofetada provocando que mi cuerpo chocara contra la pared lateral de la sala dejando un enorme agujero en uno de los pilares. Me quedé petrificada al igual que Alec, nuestras miradas se encontraron cuando me levanté del suelo un poco contraída de dolor. Su cara era de espanto y en su mirada había miedo. Miré a mi padre rota de dolor por la reacción que había tenido contra mí.

¡Mi padre me había pegado!

- No me gusta que me mientan…. Lo odio…. ¿Donde estuviste anoche Alec?- Alec me miró con el rostro lleno de amargura y miró a mi padre sin decir nada.- ¿Alec?
- Estuvo conmigo. – le contesté sintiendo la furia emanar de mi interior.- Si padre, Alec y yo estuvimos anoche juntos- Aro miró a Cayo.
- No es difícil decir la verdad ¿no crees?- mi padre se acercó a mi tendiéndome una mano para que se la cogiera, le negué el gesto.- Mi fuente de confianza no me engañó cuando me dijo que os vio juntos en la cueva abandonada de la montaña suroeste.
- Tu perrito faldero ahora ¿también es mi vigilante?- le dije un poco burlona.
- No me gusta tu tono de voz hija.
- Y a mi….
- No me contestes….- me dijo con furia.- Creo que te dejé bien claro Alec que no tocaras a mi hija.
- Le amo señor.- a Aro se le escapó una risita diabólica.
- Le amas…es tan ridículo.
- Porque tú no hayas amado en tu vida no significa que los demás no puedan amar padre.

Mi furia estaba descontrolada y no soportaba mas la actitud de mi padre, él no tenía derecho de controlar mi vida, no tenía derecho de hablar como lo estaba haciendo, no tenía derecho a negarme el amor de Alec, era mayor y autosuficiente para escoger a mi propia pareja.
Aro arremetió contra mí cogiéndome del cuello y postrando mi cuerpo contra la pared.

- Te he dicho que no me contestes, estas bajo mis órdenes y como tal tienes que respetarlas y obedecerlas ¿entendido? Tú y Alec jamás podéis estar juntos.
- ¿Por qué? – escuché decir a Alec a espaldas de mi padre, Aro me soltó y se giró mirando a Alec con rostro tranquilo. Esos cambios de estados los tenía muy a menudo.
- Mi querido Alec, mi niño prodigo, ¿Cuántos años llevas a mis órdenes? Usss- le mandó callar cuando quiso contestarle- mil años o más y sabes a la perfección que un miembro real jamás da explicaciones cuando da una orden. ¿No?
- Si señor.- Alec me miró de reojos y agacho la cabeza bajo la mirada de Aro.
- Ahora te voy a pedir que nos dejes a solas a mi hija y a mí…. Saray tiene que aprender a cumplir mis órdenes….De ti me ocuparé mas tarde.
- ¿Qué vas hacer si no las cumplo? ¿Qué vas a hacer si no quiero alejarme de Alec? ¿Vas a matarme como hiciste con tu hermana?- Me estaba poniendo muy nerviosa, quise controlarme ya que no quería usar contra mi maestro el odio que me había enseñado a tener contra los vampiros desleales pero no soportaba su actitud, mi demonio interno quería aplastarle la cabeza, pero era mi padre.
- ¿Cómo sabes eso?- preguntó extrañado, vi el rostro de Cayo que también lo contrajo en un gesto de asombro.



- Parece mentira padre que no sepas aun que puedo usar tu don con cualquiera, hasta la rata mas inmunda de este palacio sabe lo asesino que fuiste con tu hermana.
- Ella se lo merecía. – me contestó con los dientes apretados.
- Nadie merece la muerte por amar, padre.
- Créeme que se lo merecía por traidora y usurpadora.
- Tú propia hermana…. Y yo que pensaba que eres un héroe….que estúpida he sido.
- Creo que le va a venir bien unos días de castigo duro Aro.- Replicó mi tío Cayo sentándose en su trono.
- Demetri, Felix…- llamó mi padre con urgencia, a los pocos segundos entraron por la puerta uno seguido del otro.- Llevaros a Saray a los calabozos.
- ¿Señor? – preguntó extrañado Demetri.
- No señor castígueme a mí, no le haga daño a ella.- le suplicó Alec cogiéndole del brazo, una acción que se arriesgó mucho a realizar.
- Para ti tengo otro tipo de castigo.
- No te atreverás a hacerle daño.- dije enseñándole los colmillos.

La llama de mi interior se encendió provocándome una furia aterradora cuando mi padre pronunció esas palabras, no iba a permitir que le hiciera daño al ser que tanto amaba, intenté echarme sobre él con rapidez y llena de odio pero Alec arremetió contra mí empujándome de nuevo contra la pared.

- No Saray, no voy a permitir que le hagas daño a mi amo. Lo siento pero no pudo…

Aro dejó ver una sonrisa de satisfacción mientras daba orden a Demetri que me cogiera.
Los dos guardianes de mi padre me sostuvieron de los brazos con fuerza y me llevaron a los calabozos, no puse resistencia ya que la furia y el odio que recorría en mi cuerpo a penas segundos antes, se había desintegrado con el ataque de Alec. ¿Cómo podía defenderlo sabiendo que lo iba a castigar? Era un cobarde.
Me senté en un rincón del calabozo y allí pasé el resto del día, sola y sin nadie cerca de mí para poder usar su poder y escapar de allí, me sentía furiosa y dolida.
Al anochecer, mi padre entró en mi celda, acompañado de Felix, este se quedó en la puerta mientras mi padre se situaba enfrente de mí mirándome con un velero dibujado en sus labios.

- ¿Cómo estas hija?- preguntó con ánimo.
- ¿Cómo quieres que esté padre?- le dije sin mirarle a la cara.
- Este no es el peor castigo que puedo imponer.- Aro se acercó a mí y me careció el cabello como lo solía hacer cuando estaba preocupada o triste por algo.- Estar encerrada aquí es como estar encerrada en tu habitación. ¿No crees? – me preguntó con una sonrisa suave.
- En mi habitación tengo música…- le contesté sarcásticamente.- Haz lo que tengas que hacer ya y déjate de royos padre.
- ¿Por qué piensas a si de mí? No voy hacerte daño, jamás sería capaz de hacer daño a mi pequeña.
- ¿Entonces por qué me encierras aquí y obligas a mi corazón que no ame Alec?
- Sobre encerrarte aquí es simple rutina mi vida, estabas muy nerviosa y esta era la única manera de que te tranquilizaras y…. sobre Alec, no acepto esa relación por que sois compañeros de trabajo y amor con trabajo no es compatible….
- Eso son tonterías padre…. Ya no soy una niña a la que pueda convencer con paparruchas….- me levanté del suelo quitándome su mano bruscamente de encima.- Dime la verdad si no quieres que la busque en tu mente a la fuerza.
- ¿Mes estas amenazando?
- No, te lo estoy pidiendo….
- Está bien hija quieres la verdad…. Pues te diré la verdad, ya va siendo hora que la conozcas….No puedes estar con Alec porque desde tu nacimiento, estas comprometida con Cayo.
- ¿Qué? – dije sin aliento con los ojos abiertos de par en par.
- Si cariño, cuando cumplas el siglo te esposaré con él para que formes parte de la realeza.
- Estás loco…- le dije escupiéndole las palabras con ira.- ¿Qué pasa con Athenodora?
- De ella ya nos encargaremos cuando llegue el momento.
- No pienso casarme con él. Esto es…. Es desagradable padre….a tu hermana la matas por estar con Marcus y a mí me casas con un vejestorio de cuatro mil años…- Aro volvió a pegarme una bofetada en la cara pero esta vez más suave.
- No voy a consentir que hables así de Cayo. Si no quieres pasarte lo que te queda para cumplir el siglo aquí encerrada tendrás que aceptarlo. Y no me repliques nada ¿entendido? Nadie de esta casa se ha atrevido a contradecirme así que no voy a consentir que tú seas la primera.
- Pues entonces me pudriré aquí dentro.
- Tú lo has querido…. Vamos Felix.

Cuando mi padre abandonó la celda escoltado por Felix comencé a dar patadas y puñetazos contra la puerta con toda la furia y la ira que en ese momento estaba sintiendo en mi cuerpo. No podía creerme a lo que mi padre me había condenado, era peor que estar encerrada en ese zulo putrefacto sin luz y sin alimento. Era tanta la rabia que sentía que no dejé de golpear la puerta hasta que míos manos quedaron ensangrentadas, la puerta era de doble acero fabricada con la intención de parar a los vampiros que mi padre torturaba allí dentro.

Agotada me senté en el suelo y comencé a sollozar mirando como mis manos se curaban pausadamente.
No sé cuánto tiempo estuve allí dentro encerrada entre esas cuatro paredes oscuras y frías como el corazón de mi padre, mi garganta me ardía por la sed, mis ropas estaban ya rasgadas por mis manos debido a la rabia que me daba verme vestida como ellos, no sabía si era de noche o de día y a pesar de mis gritos nadie vino a ver mi estado. Me sentía derrotada, traicionada y sola.
Resignada dejé de gritar. Mi garganta me ardía como las llamas del infierno y no sabía cuánto tiempo iba a soportar más la sed. Me moría por sentir la dulce sangre humana recorrer mi garganta y notar como lentamente desaparecía esas llamas que me estaban matando de inanidad. Cuando más lo pensaba más ardía mi interior.
Días más tarde de mi silencio un olor dulce abrasador me golpeó con furia cuando la puerta se abrió.

- Buenas noches mi niña.- la voz de mi padre me desgarró el corazón, su voz hizo que me sintiera triste y sin fuerzas.- Te he traído la cena.
- Gracias padre.- le contesté sin ánimo, mi voz parecía un hilo inaudible para los humano.

En un gesto de mano de mi padre, Felix entró en el calabozo llevando entre sus brazos a una joven muchacha de unos veinte años de edad, aterrorizada y provocando que su miedo me excitara bruscamente.

- Mi niña aquí tienes a esta joven, cuando termines volveré para hablar contigo y…
- ¿Cuánto tiempo llevo encerrada?- le pregunté sin quitarle la vista a esa joven, sintiendo como mi bestia desgarraba mi interior para abalanzarse sobre ella.
- Dos semanas.- a mi me parecieron meses.- Felix…- llamó mi padre a Felix para que me entregara la presa.

Felix dejo a la niña asustada en el centro de la celda y salió tras mi padre cerrando la puerta a cal y canto.
Como la asesina que era sedienta de sangre me abalancé sobre la niña atrapándola con mis brazos y clavándole los colmillos sin perder el tiempo en jugar con ella.
La gran bestia que me dominaba se hacía paso tras mi pecho con rugidos que congelaban de pánico a mi presa, mientras le absorbía toda su sangre.
Estaba ansiosa de sangre y esa pobre chica me supo a poco cuando acabé con su vida.

¡Necesitaba más!

Finalizada mi cena, mi padre volvió a entrar en ese sucio calabozo y acercándose a mí colocó sus dos manos en mi rostro. Yo no dije nada limitándome a mirarle a los ojos únicamente, dejándole ver lo que él buscaba, ¡Mi arrepentimiento! Aun que en realidad no me sentía nada arrepentida.

- Veo mi niña que estas arrepentida de lo que has hecho…Se que yo tampoco he sido muy bueno contigo y créeme que estoy arrepentido de haberte pegado, - que mentiroso, seguro que estaba arrepentido, no me creí ninguna sucia palabra de él, pero tenía que aceptarlo para poder salir de ese infierno.- estoy arrepentido de haber encerrado a mi dulce hija en estas condiciones, pero tenias que aprender una lección y qué manera si no está. Hoy vas a salir de aquí pero antes quiero que me jures que vas a cumplir todas mis órdenes, hasta la más insignificante que pueda mandarte, sin rechistar y sin desobedecerla a la mínima.
- Si padre, te prometo que seré una hija ejemplar, que no volverás a tener problemas por mi parte y que cumpliré todas las ordenes que me mandes, tanto tu como mis tíos. Estos días me he dado cuenta padre, que lo que más tormenta a un hombre o a un vampiro es lo que no le ordenan hacer.
- Muy bien dicho hija, los hombres tanto como los vampiros han nacido para obedecer órdenes si no ¿no crees que el mundo entero seria un descontrol?
- Si padre.
- Ahora Felix te acompañará a tus aposentos y allí te darás una ducha y te cambiaras esas ropas. Cuando finalices de asearte te acompañará al gran salón donde te estaremos esperando.
- Gracias padre.- Sonriendo abandonó la celda de tortura.

Cuando Felix se aseguró de que mi padre ya había abandonado el sótano donde se encontraban los calabozos, me hizo gesto con las manos para que yo también saliera de allí. En silencio me acompañó hasta mi habitación, donde la luz artificial de las lámparas, me arañaron los ojos. Había pasado mucho tiempo a oscuras, y aunque los vampiros podíamos ver en la oscuridad, el cambio de luz también nos afectaba bastante.
Sin darle las gracias a Felix como era de costumbre, me encerré en mi habitación sentándome en el suelo y mirando mi reflejo desaliñado en el espejo de mi tocador.
Con un pequeño resumen, mi mente describió a mi especia mientras odiaba ese reflejo de mí ser en el espejo.

Los vampiros eran odiosos, trataban de lograr sus propias metas en un ambiente hostil tanto externa como internamente. El mundo de los vampiros era engañoso, nada era lo que parecía, nada era lo que me habían explicado de pequeña, las acciones que uno cometía podían favorecer los intereses de otro y terminar perjudicandolo a uno, era lo que hacia la guardia y la sinceridad era una joya muy escasa.
Los Vulturis se veían como algo superiores a los demás vampiros por tener más de cuatro mil años, contra más viejo era un vampiro, mas frio, arrogante y cerrado se hacían. Eso era casi inevitable. Con los años adquirían poder, pero se perdía la poca humanidad que uno poseía tras la trasformación, ese era el caso de mi padre, no me había dado cuenta de cómo era, hasta aquel día que todo mis sueños de formar parte de la guardia, todo mi poder y mi grandeza se desvaneció con la primera bofetada que Aro me dio. En el mundo de los Vulturis, todo lo que uno hiciera le serbia a otro, y las acciones propias a veces no eran tan propias como creía de pequeña, ya que los grandes Vulturis dominaban la mente de todos hasta el punto de hacer creer que las ideas realmente le pertenecen a uno mismo. De esto me di cuenta estando encerrada en ese foso de tortura. ¡Me sentía odiosa y sucia por dentro!

Encima de mi cama estaba puesta mi nueva capa, esperándome burlonamente a que la colocara sobre mis hombros. Con rabia la tiré al suelo y me metí en el baño, no podía tardar más ya que Aro comenzaría a impacientarse y no era conveniente después de las dos semanas terroríficas que había pasado.

¡No podía hacerles esperar!


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lunes, 23 de noviembre de 2009

TRAS LA SOMBRA DE LA ETERNIDAD; Capítulo 5º: Libertad e Independencia



Libertad e Independencia

“Siempre me ha sorprendido como la gente juzga a los demás. Y como dicen odiar las mentiras. Mientras sin embargo te están mintiendo, se mienten a si mismos, y mienten también a los demás. Pero el hecho es que juzgan, casi por costumbre. Como si fueran miembros de una secta moralista cuyo lema principal es "haz lo que yo digo, mas no lo que yo hago". Yo creo que la verdad ha muerto hace rato. Que la gente la mata para preservar su autoimagen. Y presentar una cara bonita para el público. Pero esto es inútil porque nadie aplaudirá por tan brillante actuación, sin embargo, no todas las mentiras son iguales. Hay mentiras que no son conscientes, y hay mentiras que se dicen con plena conciencia. Hay mentiras que son para un buen propósito, y hay mentiras que son solo para salirte con la tuya. Aun en las mentiras no todo da igual, ni es lo mismo. Cada persona que conozco oculta algo a los ojos de los demás. Y ninguno es tan transparente, ni tan santo. Hay gente que se divierte burlándose de los demás. Pero se ofende cuando se sienten sorprendidos ellos mismos. O cuando se encuentran con algo que no esperan. La verdad nos hace libres, dice el dicho popular. ¿Pero quien es el que nos da la libertad? ¿Quien es completamente libre? ¿Quien recibe solo la verdad? ¿Quien no ha sido engañado? ¿La verdad nos hace libres cuando la compartimos, nada más? mientras tanto, seguimos siendo prisioneros, de esta costumbre. O de esta verdad.”
“epi-k”

Que gran verdad dijo esta persona en su día, me llamo Saray Vulturi y os voy a contar como mi vida cambió de la noche a la mañana, como mis sueños se rompieron en pedazos y como mi identidad desapareció con una simple mentira.

¡La vida en una mentira!

El día de hoy era muy especial para mi, era un día importante esperado con ansia durante años, por fin había alcanzado la edad suficiente para formar parte de la guardia, por fin iba a ser libre e independiente para hacer lo que mejor se me daba, defender a mi familia.
Hoy era mi nombramiento y mi cumpleaños, 25 años de edad, mi padre había organizado una fiesta donde no faltaba ningún miembro de la corte, amigos íntimos y en especial nuestro único plato favorito, un grupo de jóvenes canadienses penitenciarios que se encontraban en esos momentos de excursión por Italia.
¡Nadie les echaría de menos!
Ese día me había levantado de mi sienta obligada, - (para mi era aburrimiento total ya que como era evidente al ser vampira jamás podía dormir, pero mi padre me obligaba a que me tumbara para relajarme ya que era bastante nerviosa)- muy contenta al saber que se acercaba el momento de mi gran fiesta, con una sonrisa de oreja a oreja me puse el traje de gala y me coloqué frente al espejo retocándome el traje mientras esperaba a que vinieran a buscarme.

- ¿Puedo pasar? – Preguntó el líder la de guardia y mi mejor amigo abriendo la puerta y haciendo que mi corazón recobrara vida por unos instantes.
- Si… ya estoy lista.- le dije terminándome de abrochar el cinturón.
- Aun no estás sin esto.- sacó de su espalda mi nueva capa, la capa que me distinguiría de la simple corte a la adorada y temible guardia.

Alec, así como se llamaba el hombre que mantenía vivo mi corazón, me colocó la capa grisácea de la guardia por los hombros y me cerró el broche con cuidado en mi cuello. Acomodándomela le sonreí abiertamente con mucha felicidad en mi interior.

- Ahora si que estás lista, te sienta muy bien, diría que estás muy hermosa.- me dedicó una sonrisa acompañada de una mirada provocadora llena de fuego que hizo que mi cuerpo se echara a sus brazos.- No… sabes que tu padre no aprueba esto.
- No tiene por que enterarse.- le dije apartándome de él algo molesta por su rechazo, no era la primera vez que lo hacía.
- Tu padre siempre acaba enterándose de todo, lo sabes perfectamente.- le hice mala cara y él me dedicó una media sonrisa.

Alec era uno de los guardianes de mi padre “su protegido” como él siempre me decía, el líder de la guardia junto a su hermana Jane y mi mejor amigo desde que nací.
Fue convertido por mi padre apenas con 13 años de edad junto a su hermana gemela Jane, alrededor de unos mil años atrás cuando se enteró que poseían unos dones que les harían invencibles, aunque antes tubo que arrasar una ciudad entera cuando estos pretendían quemar en la hoguera a los gemelos por brujería.
Yo adoraba su poder y sabia que en un futuro, juntos seriamos un arma invencible, Alec tenía el poder de bloquear los sentimientos de las personas dejándolas vacías por dentro y sin orientación, produciendo una densa niebla que anulaba todos los sentidos: olfato, gusto, oído, vista y tacto. Era impresionante porque lo podía aplicar a un número elevado de personas. Era terriblemente poderoso, haciendo prácticamente invencible a los Vulturis. Poseyendo uno de los tres dones mentales más formidables del mundo y con mi ayuda su poder se triplicaba en fuerza y en posibilidades.
Él era con quien mejor me llevaba de todo el palacio. Con él pasé mis 25 años de vida, él fue quien me enseñó andar, me enseñó a cazar sin derramar ni gota de sangre, fue quien guardaba mis secretos, quien me hacia compañía en mis noches tristes y el que me ayudó a controlar mis poderes. Para mi Alec siempre fue mi hermano mayor, pero al cumplir mis 16 cumpleaños mi paralítico corazón cambio ese cariño de hermano por un amor que pasando los años se izo incontrolable.
Él siempre me rechazaba cuando intentaba besarle o abrazarle pero sabia perfectamente que él sentía lo mismo por mi, solo que me rechazaba por respeto o por miedo a mi padre.
Mi padre nunca aceptó que me enamorara de él, nunca permitió ese amor, no queriéndome explicar el por que, cuando se lo exigía, se limitaba a decirme que éramos diferentes y que la diferencia de edad era muy grande. ¡Paparruchas a mi pensar!
Por una parte le daba la razón a mi padre cuando decía que éramos diferentas, yo no era como ellos, pero vivía como ellos, eso debería vastar.

Salí de mi habitación escoltada por Alec y por Demetri, este último nos esperaba en la puerta. – él también era miembro de la guardia, nuestro mejor rastreador, quedó huérfano desde muy pequeño, vagó por el mundo hasta que cumplidos los 16 años se encontró con mi padre - y nos dirigimos al gran salón donde todos me esperaban con ansiedad debido a mi tardanza. Al cruzar el largo pasillo que separaba mi habitación del gran salón real observé que mi padre había mandado cambiar los cuadros y las cortinas como días anteriores le había pedido, estaban muy anticuados y eso, me ponía nerviosa.

En la puerta de la gran sala nos esperaba Dexter, para darnos la bienvenida, también era miembro de la guardia al que le tenia bastante respeto, desde muy pequeñita siempre tuve miedo de ese hombre con apariencia de niño, nunca me paré a pensar por que me aterraba solo verlo. Dexter manipulaba la mente de cualquier humano y vampiro, podía ver los recuerdos de las personas y hasta los podía modificar, tal vez por eso le temía tanto, aunque nunca me llegó a caer bien por su actitud arrogante e irónico, pero admito que teníamos algo en común, cuando se nos metía algo en la cabeza no parábamos hasta conseguirlo, hubo una época que estuvo detrás de mi padre para ser su preferido por lo que quedó marcado “como el perrito faldero de Aro”. Mi padre le venia de muy buena ayuda a la hora de borrar la memoria a todos los nuevos integrantes de la corte.
Dexter nos abrió las dos enormes puertas de acero y nos cedió el paso, mi sonrisa se agrandó al ver toda la fiesta que mi padre me había montado. Los grandes reyes – como así los solía llamar yo.- se pusieron de pie haciendo una reverencia a mi llegada, con paso ligero me acerqué a ellos con una gran sonrisa.

- Felicidades mi preciosa muñeca.- me saludó mi padre cogiéndome de la cara con las dos manos, sabia perfectamente sus intenciones,- Estás muy hermosa con esa capa, te hace… mayor.
- Ya soy mayor padre ¿No cree que con 25 años ya es ser bastante mayor?- le dije muy sonriente dejándole ver lo que en realidad no buscaba en mi mente.
- Si cariño, pero compréndeme, has crecido tan rápido, aun recuerdo cuando correteabas por esta sala utilizando el poder de Jane contra Felix….- este se quejó con no muy buena cara.- o cuando nos sentábamos junto a la chimenea y escuchabas mis historias con mucho ánimo…eran tan hermosos esos años…
- No nos pongamos melodramáticos padre, hoy es un día muy especial.
- Si Aro, hoy tu hija cumple 25 años y va a ser nombrada miembro de la guardia, nuestra mejor arma.- dijo mi tío Cayo tocándole el hombro a mi padre con expresión malvada en su rostro, seguidamente me felicitó dándome un beso en la frente.
- Pues que empiece la fiesta.- al finalizar esa frase, Marcus, Cayo y mi padre se colocaron en frente de mi, los tres muy sonrientes.- Alec, Demetri, Felix, Jane, Chelsea, Renate, Dexter, por favor…

Cuando mi padre terminó de nombrar a los miembros de la guardia más poderosos estos se colocaron detrás de mí formando una línea horizontal.

- Como ya sabíais de hace años… hoy mi hija cumple 25 años de edad y va a ser nombrada nuevo miembro de la guardia, algunos os preguntareis el por qué…, pues bien, primero deciros que Saray junto a Alec serán los guardianes de Cayo,- Alec y yo nos miramos de reojos dedicándonos una media sonrisa de satisfacción.- eso no quiere decir que no tengan la obligación de protegernos a Marcus y a mi, no….cualquier miembro de la guardia esta en el deber de proteger a sus amos.- esto lo dijo atrayendo mi mirada que se había quedado congelada en el rostro de Alec.- Y en segundo lugar que se que algunos ignoráis y os estáis preguntando aun el por qué miembro de la guardia… mi hija… no es por que sea mi ojito derecho, no….- todo este sermón que mi padre estaba dando, que a mi poca paciencia le parecía aburrido, lo decía andando de arriba abajo sin dejar de mirar a todos los presentes de la sala.- Como algunos sabéis ya, Saray posee un don espectacular, sobrenatural y muy poderoso, ella posee la capacidad de absorber todos los poderes de esta sala y utilizarlos sin apenas movimiento… cariño ¿Nos haces una pequeña demostración?- me preguntó mi padre con el rostro relajado,- raro en él ya que últimamente estaba muy tenso y en ningún momento dijo el porqué- le afirmé con la cabeza dedicándole una sonrisa diabólica y me giré mirando uno por uno a mis hermanos, así era como los consideraba.

Al principio dudé cual usar primero, si el de Dexter y por fin poder usarlo contra él o el de Jane, a los pocos segundos me decanté por el de Jane ya que resultaba mas fiable a la vista, y mas creíble a los ojos de los demás. Miré a mi hermana e hice retorcerse de dolor a Santiago que se encontraba en el fondo del lado este de la sala. Jane poséis el don de infligir dolor solo con sus pensamientos, no era un dolor físico ni no psíquico.
Para hacerlo mas creíble usé ese poder contra su propia dueña dejando a Santiago y Jane en el suelo retorciéndose de dolor.

- Como veis Saray a absorbido el poder de Jane y lo a utilizado contra dos personas distintas pudiendo hacer que toda la sala se revuelque de dolor…. Cariño para.- vi como mi padre se contraía al ver a su amada Jane sufriendo.- Se que vosotros no os habéis dado cuenta pero Jane ha intentado defenderse ¿verdad querida?
- Si.- afirmó algo furiosa levantándose del suelo.
- Pero no ha logrado que Saray caiga con ella ¿Por qué? Pues por que mi hija posee otro don, proyecta un escudo tanto físico como psíquico alrededor de ella neutralizando los ataques de sus enemigos apartándola del peligro.
- Un escudo que también puedo emplear sobre otra persona padre.
-Si, si en este mismo instante somos atacados, nosotros tres.- dijo señalando a mis tíos.- Saray aplicaría su escudo alrededor nuestro y ninguno podría hacernos daño, también puede extender el escudo por toda la sala protegiéndonos a todos a la vez.

Hubo muchos susurros en la sala, susurros que fueron apagándose tras el gruñido de Marcus.

- Por eso señores y señoras, mi hija va a ser nombrada de la guardia, por que será nuestra mejor arma, con ella y junto a todos vosotros no habrá vampiro que se imponga a las reglas.
- Pero ella no es de nuestra especie.- gritó un vampiro algo alterado dejando reflejar su miedo.
- ¿Tienes miedo Fran?- le preguntó Cayo con educación pero tensándose por segundos.
-Si algún día llega a revelarse contra todos nosotros…- comenzó a decir Fran saliendo de entre la multitud y dejándose ver.
- Jamás traicionaría a mi padre ¿me consideras un monstruo solo por ser diferente a ti?- le pregunté acercándome a él como si fuera una presa.
- No. –noté como tragaba saliva, un pánico recorrió su cuerpo de los pies a la cabeza haciendo que sus manos temblaran cuando acerqué mi boca a su cuello.
- Entonces vuelve a tu sitio y cierra esa boquita.- le dije casi gruñendo.- Cuando se te pida opinión por favor las das, mientras tanto trágate tus palabras.
- Saray… ven, acércate.- mi padre me invitó a que fuera donde él estaba, alargando sus manos para que se las cogiera, le obedecí al instante.- Sabéis que mi niña es especial, es un regalo digno de poseer por eso hoy cielo…. Te nombro nuevo miembro de la guardia.

Tras estas palabras mi padre colocó alrededor de mi cuello una cadena de oro, -que se la entregó Cayo previamente,- con grandes eslabones donde colgaba la insignia de nuestro apellido.
¡La insignia de los Vulturi!

Ese apellido que ha perdurado durante siglos desde que mi padre y sus hermanos llegaron a Volterra, trayendo tras ellos la paz a este pueblo. Creando una corte digna de alabar y manteniendo un palacio que ni los reyes humanos podrían poseer jamás.

¡Los Vulturis! Los grandes amos de nuestra especia, creadores de las normas vampíricas y grandes consejeros de aquellos pobres vampiros que tras su transformación se negaban a alimentarse de humanos o eran bestias incontrolables que ansiaban matar por placer. Los grandes reyes… la Toscana debería estar orgullosa de tener a los Vulturi como reyes al mantener a salvo a su gente de los ataques de otros vampiros.
Me sentí orgullosa al poder llevar mi apellido colgado en mi cuello, enseñando a la gente quien era y de donde provenía, dejando claro que al llevar esa insignia era intocable y poderosa. Tras el nombramiento Aro fue el primero en trasmitirme su alegría presumiendo de tener a su hija en la guardia.

¡Aro Vulturi!

Mi padre, ese ser que he idolatrado desde mi nacimiento, con esos ojos color vino y con esa piel tan pálida casi translúcida, que me enseñó a ser fuerte, a ser una gran líder como él lo era junto a mis tíos Cayo y Marcus, a no dejarme llevar por nadie y a saber como escoger una decisión acertada en momentos delicados. Me obsesionaba su poder ya que podía leer la vida de alguien a través de sus mentes, de saber lo que pensaban, de oír todo cuanto le había pasado a lo lardo de sus vidas aunque para ello primero necesitábamos contacto físico, eso no era un obstáculo ni para mi padre ni para mí. Disfrutaba usar ese poder con mis presas o con algún miembro que no me cayera demasiado bien, con intención de destruirle la existencia. Admito que jamás me atreví a usarlo con Alec y con mi padre.
Adoraba a mi padre por que él era el líder y la porta voz de los Vulturis. El más oscuro miembro de la realeza, como todos le decían.


- Por fin has conseguido lo que en tantos años llevas luchando.- dijo mi padre abrazándose a mí, orgulloso de mi logro-.
- Gracias a ti he conseguido esto padre, sin tu ayuda jamás lo hubiera logrado.
- También tu madre tiene que ver en esto, gracias a ella te encuentras hoy con nosotros.-alargó el brazo invitando a mi madre que se acercara a nosotros.

Ella se encontraba entre la corte por que mi padre jamás la amó como una esposa, nunca fue digna de su linaje, pero la adoraba tanto que jamás hubo nadie que se atreviera a tocarla. Mi madre llegó a palacio poco antes de que yo naciera.
Mi padre la encontró con un grupo de vampiros que fueron a liquidar por no cumplir las normas y le perdonó la vida al haber sido engañada por su ex-esposo, cediéndole un lugar entre ellos.

- Madre, que debo decir de la mujer que me ha dado la vida, solo puedo darte las gracias.- le dije abrazándome a ella.- Gracias por ayudarme a conseguir mi sueño, por hacer que alcance mi propio objetivo.
- Tu sola has llegado aquí hija, tu fuerza y tus ganas de luchar es lo que te han traído hasta aquí.- me dio un beso en la mejilla y se alejó sin añadir más palabras.

Debo aclarar que ella, aunque me dio la vida, nunca estuvo a mi lado, fue mi padre quien me crío, Catherine, así era como se llamaba mi madre, pasaba muy poco tiempo con migo, de pequeña y de mayor sobre todo, podría llegar a decir que jamás tuve una figura materna en mi infancia. Pero jamás la culpé ya que fue mi padre el egoísta que quiso criarme él solo a su manera.
Cuando mi madre abandonó el altar donde nos encontrábamos, uno de los hermanos de mi padre se acercó a darme la enhorabuena por mi ascenso, mi tío Cayo.

¡Cayo Vulturi!

Mi tío, el insensible, egoísta, gruñón, y negativo. Con esas cuatro palabras definía yo a mi tío, pero lo adoraba, desde que tuve razón de ser siempre quise tener su actitud arrogante, su personalidad de hombre que se comía el mundo con un solo gesto, me encantaba su forma de ser por que con solo una mirada hacia retorcerse de miedo al mas valiente.
Cayo siempre ha sido la mano derecha de mi padre, juntos crearon esas leyes que a más de uno le provocaba angustia, rabia y odio. Era un buen líder y posiblemente el mas peligroso de todos al no poseer ningún poder, esto le hacia ser el mismo demonio en persona.

- Saray…- pronunció mi nombre con un gesto de reverencia y me cogió de las manos.- la pequeña y revoltosa Saray…. Que mayor te has hecho niña, es todo un honor que tu padre te haya confiado a mi, he sabido que desde siempre he sido idolatrado por ti y me enorgullece muchísimo. Enhorabuena querida.
- Gracias, creo que no te vas a sentir arrepentido de tenerme como tú guardiana, eso te lo aseguro.- le di un beso en la mejilla y me separé de él con pasos lentos.- Mi apellido lo llevo en la sangre y me siento poderosa llevando esto. –Dije tocándome el collar.- en ningún momento os sentiréis defraudados.- Cayo me sonrío muy satisfecho de mis palabras.
También era un de los líderes de los Vulturi junto a mi padre y Marcus, este último me alargó el brazo para que se lo cogiera y así poder darme la enhorabuena.


¡Marcus Vulturi!

El mas tranquilo de la corte, el poder al que nunca logré alcanzar, nunca llegaría a ser como él por mi poco autocontrol nervioso, pero admito que gracias a él he sido educada con mucha calma desde muy pequeñita ya que he tenido un nervio que a mi padre le alteraba muchísimo y se descontrolaba muy a menudo, gracias a Marcus mi padre supo como educarme, él ha sabido trasmitirme ese amor dulce que toda familia debe poseer en sus casa, a juzgar “a veces” – digo a veces por mi carácter parecido a mi tío Cayo.- con el corazón, a ser paciente en asuntos delicados.
Aunque reconozco que aprendí muy poco de él. Marcus siempre ha sido el más cayado de todos, el que dejaba que otros dieran su opinión sin exponer los suyos, el que siempre decidía lo que mi padre le recomendaba ¡El pasota! Como mi amiga Margaret decía.
En Volterra adoraban a San Marco, quien limpió sus tierras de Vampiros, a lo que resultaba una tremenda ironía por parte de los humanos ya que su San Marco, el mismo vampiro, vivía bajo Volterra.
Su don era el poder ver las relaciones de las personas, no era un don romántico sino que podía ver la lealtad de una persona hacia otra, eso fue lo que le salvó a mi madre de la muerte después de acabar con esa tropa desleal. Un don que me impresionaba muchísimo y al que poco usaba.


Estas eran las tres personas más importantes en mi vida, mi familia a la que adoraba y a la que entregaría mi vida sin pensármelo.
Ellos eran la realeza italiana y mi ser se sentía orgulloso de ser la hija Vulturi, la intocable.

- Saray… mi pequeña nerviosa, la hija que todo ser quiere poseer, la niña más adorable y temida por todos. Enhorabuena por formar parte de la guardia. Solo decirte que seas como tu misma quieras ser sin dejarte influir por nada ni por nadie.- dijo esto mirando de reojos a mi padre y a Cayo.

Marcus nunca le gustó que cogiera el camino de mi tío por que como él me contó una vez mi belleza y mi carácter no eran compatibles.

- Muchas gracias Marcus, lo tendré en cuenta.- y dándole dos besos me separé de él colocándome enfrente de mis hermanos y nuevos compañeros de lucha.

Empezando por Felix en el extremo derecho y acabando por Jane en el extremo izquierdo todos los miembros de la sala me dedicaron una reverencia y seguidamente aplaudieron mi nuevo cometido.

- Andrómeda por favor dile a Heidi que dé paso a nuestros invitados de hoy.- informó mi padre.

A los pocos segundos Heidi, nuestro cebo para atraer la comida, la que se encargaba de recolectar a los humanos más jugosos y que no tuvieran familia para no entrar en investigaciones, cruzó las grandes puertas de acero con un plato muy suculento.
¡Los jóvenes penitenciarios!

- Hija te hago los honores….- con un gesto de mano mi padre me cedió el honor de que fuera yo quien bendecirá la comida, siendo yo y no él, la primera en probarla.

Mis hermanos rompieron la fila dejándome pasar entre ellos, la mirada de Alec y la mía se cruzó dedicándose una sonrisa tierna llena de pasión y con su mejor mirada me guiño un ojo dejándome algo enloquecida.
Con mucho orgullo al concederme mi padre los honores de ser la primea me acerqué a un joven que a mi parecer tenía la característica de ser el líder del patio carcelero.

- ¿Qué es todo esto?- Preguntó ese chico algo asustado pero haciéndose el valiente cuando me miró a los ojos, en su mirad vi reflejada la bestia de mi interior.
- Esto es mi fiesta de cumpleaños ¿te gusta?- me acerqué a él con pasos lentos seduciéndole con mi mejor mirada asesina.- Hoy cumplo 25 años….- le susurré en el oído. – Y estoy muy feliz… así que no sufrirás mucho.
- ¿Qué clase de criaturas sois?- Su voz comenzó a flaquear cuando me acerqué a él y la piel fría de mi mano entró en contacto con su cuello, su piel estaba ardiendo.
- Somos vampiros y tu vas a ser mi comida hoy ¿sabes el por qué?...- el chico comenzó a temblar de pánico provocándome una excitación exagerada.- Porque estamos de celebrando una fiesta y como te habrán enseñado de pequeño, en todas las fiesta nunca falta la comida,…. ¿sabes? Las fiestas me entran hambre.- mis labios fueron rozando su cálido cuello mientras su corazón bombeaba sangre a gran velocidad bajo la mirada sonriente de mi padre.
- Pero yo….

El chico comenzó a tartamudear palabras inteligibles y antes de que pudiera parpadear acabé con su vida clavándole mis afilados colmillos en su tierno cuello, alimentándome hasta de la última gota de sangre de su cuerpo. Dejando un cuerpo sin vida bajo mis pies, gozando de alegría y disfrutando como una niña bajo la mirada feliz de mi padre que me observaba con orgullo
Los compañeros de la cárcel de ese chico comenzaron a gritar y a correr por el gran salón.
Con un gesto de mano de mi padre todos los miembros de la corte y de la guardia se echaron encima de ellos alimentándose como las criaturas del infierno que eran.
Cuando me quité de una ligera patada el cadáver que había dejado en mis pies observé con un ligero movimiento de cabeza a los hombres que quedaban revoloteando por la sala llenos de pánico y escogí el mas corpulento, entregándoselo a mi padre para que el también se alimentara.

- Gracias mi niña.- tras estas palabras mi padre clavó sus dientes en el cuello de ese hombre dejándole sin vida en cuestión de segundos.

Una vez alimentados de esas jugosas criaturas nos deshicimos de los cuerpos arrogándoles en un foso situado en la parte baja del palacio. Donde nadie excepto nosotros podía acceder, sin peligro a que un humano descubriera esa fosa llena de cadáveres.

Así éramos nosotros, Los Vulturis, el clan más respetado por todos los vampiros, demonios y hombres lobo. Los fríos como algún renegado nos etiquetaban, los más poderosos diablos del infierno.
Todos los vampiros nos temían y eso me excitaba muchísimo, me hacía sentirme la diosa entre los dioses.
Tras ese gran festín, toda la guardia y la corte fueron dispersándose cada uno por un lado, dejándonos intimidad propia. Tenía la intención de invitar a Alec que me acompañara a la torre pero mi padre se lo llevó a su sala privada donde muy pocos podían acceder, yo solo accedí una vez y porque me escapé de él escondiéndome allí cuando era muy pequeña, llevándome una horrorosa broca por parte de Aro.

Resignada me metí en una pequeña sala donde la chimenea ardía con furia y sentándome en el sofá me quedé recordando el pasado.
Recordé la historia que mi padre me contó en este mismo lugar, con apenas cinco años de edad queriendo inculcarme la historia familiar desde pequeña. – nos encontrábamos en este mismo sofá, yo en el regazo de mi padre y el rodeándome con sus brazos mientras orgulloso me contaba su historia, bajo la protección de Alec y su hermana Jane.-

“Los Vulturis”

“Los Vulturis residíamos en Volterra, Italia, desde el principio de los tiempos, cuyo dominio ostentaba en el secreto de la especie desde hace tres mil años, desde tiempos de los etruscos. Somos una familia antigua y poderosa, algo similar a la realeza. En un principio éramos tres: Aro, Cayo y Marco, dos hembras se nos unieron con el paso del tiempo, y los cinco creamos esta familia. Solemos vivir juntos de forma pacífica, negando la trasformación a los niños, (llamados niños inmortales) Hubo una época que estudiamos a los niños inmortales durante muchos años después de que tuviera lugar la catástrofe que habían causado algunos vampiros al convertir a esos niños incontrolables, creando una norma que a todo vampiro que creara un niño inmortal se le daría muerta junto al mismo. Tu tío Cayo fue quien decidió que los más jóvenes eran incapaces de proteger el secreto y por eso debían de ser destruidos.
Nuestras joyas más preciadas eran y siempre serán nuestra guardia, especialmente Jane y Alec.- repitiéndomelo una y otra vez.-Para formar parte de la guardia es necesario poseer un don excepcional o tener unas cualidades físicas extraordinarias. Tu mi niña posees más que eso, tu don es sobrecogedor por eso cuando cumplas la edad suficiente serás miembro de la guardia. Los líderes de la guardia son Jane y Alec, a los que deberás obedecer, son los líderes debido a que son poseedores de los dones más poderosos. Tal es su poder que decidimos, que al igual que sus señores llevaran puesto capas negras para distinguirlas de la guardia restante cuyo color es de un tono grisáceo. Así pequeña no tendrás problema en recordar que debes obedecer sus órdenes. – Me recordaba una y otra vez.- con el tiempo lo sabrás todo pequeña”

Mi padre no era muy bueno contando historias y con mi poca paciencia para estar en un mismo lugar quieta durante varias horas no ayudaba.
Con el paso del tiempo fui descubriendo todo lo que tenía que saber sobre mi familia y su linaje, convirtiéndome en la mejor vampira del palacio con el apodo de;
¡La Hija Vulturi!!

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