jueves, 3 de diciembre de 2009

TRAS LA SOMBRA DE LA ETERNIDAD: 8º Capítulo: Mentiras



Mentiras


Nos encontrábamos en el bosque a las afueras de la región Toscana en posición de ataque, esperando con recelo a esos traidores que pretendía robarle el poder a mi familia y hacerse con el control de mundo humano.
La nieve cubría buena parte del bosque, los copos de nieve caían sobre nosotros con fuerza empapando nuestras ropas, el cielo lucia gris y encapotado, era el momento esperado, - los rumanos atacarían con la primera tormenta de nieve del invierno.- según nos dijo Alice Cullen.- Y la tormenta ya estaba formándose encima de nosotros.

Alec y yo nos miramos fijamente en cuanto comenzamos a sentir el aroma desagradable que desprendían esos vampiros a los que íbamos a liquidar, mi demonio interior comenzó a regocijarse de ganas por acabar con sus vidas.
Alec me guiñó un ojo aumentando así mis ganas de aniquilar, yo le contesté con una sonrisa provocadora y demoníaca que le hizo sonreír también.
Observé con detalla cada movimiento de mis enemigos absorbiendo el don de cada sanguijuela que poseía uno, para a si después poder utilizarlos contra ellos, me familiaricé con cada aroma para no tener fallos a la hora de atacar, noté cada miedo que desprendían, cada fallo que podían cometer ya que la mayoría nos tenían terror, eso nos daba ventaja al ser a si mas débiles ante nosotros.
Sentía que estaban acabados ya que nosotros éramos más fuertes que ellos y teníamos mas experiencia que ellos en la lucha, “que insulsos eran al pensar que podían acabar con la realeza”- me reí en mi interior al pensar esto último.-

Esperamos con impaciencia que se acercaran a nuestra posición, dejándoles ventaja a que ellos atacaran primero, tras varios minutos de espera treinta vampiros aparecieron por los lindes del bosque que se situaba justo enfrente de nosotros.
Sus rostros llenos de ira y sed de venganza asomaron con impaciencia convirtiéndose en miedo al ver que nosotros no nos movíamos ni un solo centímetro. Con ansia de matar y pánico en sus cuerpos se echaron encima nuestros sin pensar en los movimientos, sin pensar en un ataque en concreto, sin tener ninguna coordinación entre ellos, cada uno tenia su propia instrucción individual, sin llevar un plan que seguir, ¡que estupidos fueron!

En un abrir y cerrar de ojos acabamos con quince de ellos y nos dispersamos tras el resto que comenzó a huir por el bosque aterrorizados y llenos de arrepentimiento por haberse enfrentado a nosotros.
Fui tras Alec que seguía a cuatro vampiros por el noroeste, tras de mi cuatro compañeros de la guardia nos siguieron.

- Saray encárgate de esos dos, yo me encargaré de los otros. Armand, Antoni seguirme- me - ordenó Alec cuando logré alcanzarlo.

Asentí con al cabeza y seguidamente absorbí su poder utilizándolo contra las dos sanguijuelas que pretendía huir, dejándolos en el suelo desorientados y muertos de dolor, Alec hizo lo mismo con los otros dos, a varios kilómetros de mi posición. Vittorio y Amparo acabaron con sus vidas mientras los inmovilizaba.

- Bien chicos vamos…-dijo Alec dirección al norte.
- Deberíamos ir al oeste Alec…
- No, tenemos que buscar a Jane, no debemos separarnos.
- Pero Vladimir…
- Ya se encargaran los Cullen de Vladimir ahora….

En ese preciso momento ocho vampiros surgieron de la nada sin apenas darnos cuenta, echándose encima de nosotros sin piedad, aunque en ese momento debo admitir que ninguno sentíamos piedad por nadie.
Tuvimos un poco de dificultad para aniquilarlos ya que nos hicieron una encerrona costosa de resolver, dos vampiros intentaron inmovilizarme antes de que pudiera protegerme con mi escudo mientras que separaban a Alec de mi lado logrando que no pudiera absorber su poder, los muy traidores sabían mi punto débil, uno de ellos no dejaba de gritar ansiosamente que nos separaran, estos si estaba entrenados y coordinados, el asunto comenzaba a ponerse difícil pero terminamos con sus vidas al igual que las de sus compañeros.

Pusimos rumbo al norte en busca de Jane que también se encontraba teniendo alguna que otra dificultad, Alec con la ayuda de Antoni y Vittorio se encargaron de cinco desleales mientras, Rebecca, Amparo, Angelo y yo nos encargábamos del resto.
Sin ningún problema evidente absorbí el poder de Jane y de Alec que juntos hicimos que esos mal nacidos se retorcieran de dolor y suplicaran perdón.
Hubo un momento que la actitud de Rebecca hizo que gozara de satisfacción al ver como acababa con la vida de algunos, arrancándoles la cabeza con ira y rabia, mi mejor amiga odiaba que su victima pidiera perdón después de haber sido ellos los que habían provocado la lucha.

- Cada vez están mas preparados señor.- le comentó Antoni a Alec que este buscaba con el olfato a más enemigos para aniquilar.
- Lo sé, Vladimir los ha entrenado bien…- dijo mirándome recordando la situación vivida minutos antes.- Saray te voy a pedir que mantengas tu escudo activado todo el tiempo no podemos arriesgarnos a tener otro fallo como el cometido anteriormente.
- De acuerdo.- le contesté mirándole fijamente a los ojos.
- No cometas ninguna locura ¿vale?- me advirtió leyendo en mi mirada lo que quería hacer, sabia que ansiaba ir al oeste.
- No voy aponer en peligro a la guardia, no temas. –Jane me echó una mirada en silencio que no me gustó en absoluto, en ese mismo instante activé mi escudo
- Esta bien…. Vamos en busca de Demetri en esta zona ya no queda nadie.

La relación entre mi hermana Jane y yo nunca fluyó como debería a ver fluido, su personalidad nunca fue compatible con la mía, jamás tuve una relación sólida con ella, tampoco tuvimos ocasión.
Ella realizaba su vida sin llamar mucho la atención, escondiéndose en su propio mundo y yo realizaba mi vida apartada de ella, yo la consideraba una mas de la guardia y ella a mi también, nos saludábamos cuando lo teníamos que hacer y nos ignorábamos cuando era ocasión, reconociendo que ella siempre tubo celos de mi y yo siempre la vi como el Chihuahua de mi padre.

De camino a la posición donde se encontraba Demetri otro grupo de vampiros, esta vez reducido, surgió entre los árboles algo descontrolados y llenos de pánico, fue fácil acabar con ellos.

- Señor he oído que la zona oeste están teniendo algún problemilla que otro, necesitan ayuda, Vladimir ha reunido gran parte de vampiros a esa zona.- nos comunicó Demetri.
- ¿Aquella zona esta controlada? – preguntó Alec señalando con la cabeza la zona norte.
- Si, no existe riesgo a que burlen el grupo de Maurice, Volterra esta a salvo, lo tienen bastante controlado.
- Pues vamos entonces a ayudar a los Cullen….- Alec me miró de reojos y se puso a correr rumbo al oeste, los demás le seguimos con la misma urgencia.

Comencé a sentir algo de nerviosismo por mi interior al pensar que podía cruzarme con esa mujer que tanto tiempo había ocupado mi mente, tenia curiosidad por conocerla y por saber en realidad que de importante era esa persona en mi vida y si ella reaccionaria igual que su familia al verme.
Me centré tanto en mis pensamientos que cuando mis compañeros se dividieron en dos grupos seguí a Demetri en vez de Alec, quedando solamente como protección mi escudo.
Pero no se me dio nada mal cuando dos vampiros me atacaron por la espalda, terminé con sus sosas vidas en un santiamén.
Al finalizar de descuartizar el último vampiro para echarlo en la hoguera un olor muy conocido entró en mí provocando que me despistara por unos segundos, provocando que solo me centrara en el lugar de donde provenía. Tiré el cuerpo sin vida de mi enemigo a las llamas y deshaciéndome de Demetri fui al lugar de donde provenía ese olor dulce y agradable.

Mientras me acercaba al lugar, ese olor provocó en mí una sensación que jamás antes había sentido, una sensación dulce, llena de alegría, de bienestar, era como si en un pasado hubiera convivido con él.
Esa sensación era tan hermosa sentir en mi interior que me entraron ganas de llorar, llorar al pensar que esa persona podía ser alguien especial en mi vida, su olor me era muy conocido y afirmaría en ese momento que ese aroma poseía algo de mi.
También noté una fuerza increíble, esa persona tenía un don muy fuerte que mi cuerpo fue absorbiendo con necesidad y gozo.
Apenas un unos kilómetros de donde se encontraba él o ella, tres vampiros me atacaron a la vez inmovilizándome contra el suelo, en ese mismo instante en que me encontraba aplastada mi cuerpo reaccionó de una forma extraña dejando a los tres con la boca abierta, comencé a reírme a carcajada limpia. Los vampiros me miraron incrédulos sin entender muy bien lo que me estaba sucediendo.
Me reí de satisfacción gracias a ese poder que había absorbido, ese don tan poderoso que hacía que mi ser se impacientara por usarlo.

De un empujón me los quité de encima colocándome en pie sin quitar la risa de mi cara, con un pequeño gesto elevé a uno de ellos sin llegar a tocarlo y con una simple mirada el vampiro al que había elevado comenzó arder en llamas, los demás se quedaron asombrados y sus cuerpos comenzaron a temblar de pánico.
El poder de esa persona que ansiaba conocer me gustó aun mas que el de Alec, elevar a las personas sin tocarlas era asombroso pero hacer que su cuerpo ardiera en llamas, increíble, eso era lo….

-¡Cuidado!- gritó un chico tras de mí interrumpiendo mi orgulloso don.

El chico me empujó cayendo los dos al suelo y sin dejar de protegerme con sus brazos hizo arder en llamas a cinco vampiros que en ese mismo instante nos habían rodeado.
Me quedé extraña a mi reacción, nunca antes había permitido que alguien me tocara de esa forma, nunca había permitido que me protegieran con tanta ímpetu, el que lo hacía acaba malherido o estampado contra una pared pero, él no, mi alma ordenó a mi cuerpo que se estuviera quieto, dejándose proteger por ese chico que sin verle la cara sentí que lo amaba, su cuerpo hizo que el mío reaccionara de una forma diferente, ansiaba abrazarle pero ese no era mi protocolo, su aroma me provocaba que lo besara, pero eso no era propio de mi.

-¿Estas bien? – me preguntó ese chico levantándome del suelo.

En cuanto nuestras miradas se cruzaron nuestros cuerpos quedaron paralizados al instante. Asombrados nos miramos de arriba abajo con la boca medio abierta como queriendo decir algo pero sin llegar a pronunciar palabra.
Ese chico tenía el mismo rostro que yo y podía afirmar que era de mi misma especie, era el único vampiro al que me había cruzado hasta ese momento que poseía los mismos colmillos que yo, su color de piel era exactamente igual que la mía, era exactamente igual que yo, lo único que nos diferenciaba era el color de ojos.
Cuando quiso tocarme la cara mi cuerpo reaccionó dando un paso atrás y posando los ojos en su brazo desnudo, mi corazón dio un vuelco de dolor en cuanto divisé la marca que poseía en su brazo derecho...

-¿Quién eres? – le exigí que me dijera con voz temblorosa alternando la mirada en su rostro y su brazo.
- Me llamo Brian Cullen…. ¿Tú eres? – peguntó también asombrado.
- Saray Vulturi…. ¿Porque tienes esa marca?

(COMO SE SUPONE QUE BRIAN ES IGUAL QUE SU PADRE PUES PONGO ESTA FOTO)

El chico se tocó el brazo con expresión dudativa y tras unos segundos me miró a los ojos con una mirada llena de afirmación.

- Es mi marca de nacimiento.- dijo entrecortando las palabras. - ¿Tu también la tienes?- dijo esto dudando.
- Si…me levanté la manga del suéter dejando ver la misma marca que ese chico.
- Mi padre estaba en lo cierto.- dijo abriendo los ojos como un búho.

Con suavidad Brian se colocó a mi izquierda uniendo su brazo derecho con el mío dejando ver en que se convertía esas marcas al unirlas, era impresionante como encajaban a la perfección formando un circulo con signos extraños en su interior.

- Es la misma marca que tiene nuestra madre en su barriga.- dijo mirándome a los ojos con una mirada llena de alegría.
Al escuchar esa palabra me aparté de él bruscamente mirándole a la cara con ansiedad, híper ventilando y dejando ver mis colmillos.

- Tranquila Saray… sé que es muy fuerte esta situación, yo la estoy viviendo igual que tú, te… te daban por muerta y mama…
- ¿Por muerta?.... Tú eres mí….
- Tu hermano.

Me apoyé en el tronco de un árbol sin parar de híper ventilar, una reacción estúpida ya que nosotros no necesitábamos respirar para vivir pero fue así como reaccionó mi cuerpo. Ese chico que decía ser mi hermano intentó acercarse a mí con gesto tranquilizador pero a pocos centímetros de tocarme el brazo, tras nosotros aparecieron dos lobos enormes como caballos salvajes y un vampiro que ya conocía, Jasper.

- Brian necesitamos tu….- dejó la frase en el aire en cuanto me miró, mi escudo se activo de nuevo automáticamente recordando lo que me contó mi padre antes de conocerlo.- Brian tu padre necesita ayuda tenemos que ir.- le informó en voz baja sin apartar la vista de mi.
- ¿Nos acompañas? – peguntó Brian con una sonrisa de oreja a oreja.
- Tengo…. Tengo que buscar a mis compañeros… no… no me debería haber separado de ellos.- le dije tartamudeando.
- Saray, no voy a dejar que mama y papa te vuelvan a perder….
- Mira Brian esto es muy…. es… necesito hablarlo con mi padre…. Yo….
- Ella es Saray.- habló Jasper tenso, Brian le afirmó con la cabeza.
- Saray deja que solo te vea por favor, no sabes lo que ha pasado mama tras tu perdida, ha estado tan…
- Lo siento Brian…

Tras esto salí corriendo en busca de Alec y el resto de la guardia, escuché como Brian gritaba mi nombre y como Jasper le obligaba a que continuara con la lucha, su padre…mi verdadero padre necesitaba ayuda, mi cuerpo seguía híper ventilando volviendo a mi mente esa mujer tan perfecta y a ese hombre tan corpulento y hermoso.
Tuve que parar en seco y apoyarme en un árbol cuando mi cuerpo comenzó a temblar de pánico, jamás había pedido perdón a nadie desconocido, en cambio al escuchar su suplica me sentí culpable por no corresponderle, tenía una familia…un hermano….
Tras pensar en él de nuevo otra sensación recorrido mi interior pero esta vez de furia, me sentía traicionada por Aro, él no era mi padre, él era un demonio que me había separado de mi verdadera familia manteniéndome engañada desde mi nacimiento.

- Saray… Saray ¿estas bien?- escuché decir a Alec acercándose a mi por mi derecha muy preocupado.- ¿Qué te ha pasado?

Cuando Alec se acercó a mi y posó su mano en mi hombro la primera reacción que tuve fue darle una bofetada en la cara dejándolo confuso.

- Me has estado engañando durante todos estos años…- comencé a decirle gritando llena de rabia.
- ¿De que me estas hablando? – preguntó intentando inmovilizarme los brazos.
- He visto a mi hermano… tu sabias que los Cullen eran mi verdadera familia y no me dijiste nada, has tenido la vergüenza de tratarme como un Vulturi cuando en verdad pertenecía a la familia Cullen, has alimentado la mentira de mi padre como a un perro, creí que éramos amigos, mas que eso…. Alec confiaba en ti, te confesé todos mis secretos, te consideraba mi hermano…. has sido el amor de mi corazón y tú me has engañado, eres un traidor, un mentiros.
- Tranquilizare Saray… perdóname pero no estaba autorizado para decirte nada…. Por favor tranquilízate no me culpes a mi por la mentira de Aro, te lo pido, yo solo cumplo ordenes….
- Tu lo que eres es un mentiroso igual que ellos, un vampiro sin personalidad que hace lo que su amo le dice sin tener opinión propia, eres…
- Soy miembro de la guardia Saray, ellos me salvaron la vida cuando era humano y les debo respeto y confianza tú mejor que nadie sabes como son, sabes que cuando vives con la realeza tienes que vivir bajo sus normas y sus leyes… no me culpes a mí por la mentira de tu padre.
- Eres igual que él.
- Saray….- gritó Alec en cuando me puse a correr dirección a Volterra.- ¿Dónde vas?
- Suéltame….- le gruñí intentando deshacerme de sus brazos.- ¿Qué hubieras hecho si no te hubiera dicho lo de Cayo? Dime… ¿Me hubieras entregado el collar? ¿Me hubieras dicho algo? ¿A que no Alec? ¿Dime?- le dije suavizando la voz y reduciendo la velocidad hasta quedarme quita en medio de un pequeño claro.
- No… te hubiera encerrado en el calabozo para que no pudieras asistir a esta lucha… te hubiera apartado de los Cullen por miedo a perderte…. Si Aro me hubiera permitido estar con tigo el resto de mi existencia, egoísta de mi no te hubiera dicho nada de la existencia de esa familia que un pasado fuimos a destruir, por que te amo Saray y no estaría dispuesto a perderte por nada del mundo…esto mas que a ti me duele, me mata por dentro por que no soporto perderte, pero prefiero verte feliz con tu familia verdadera que verte como la mujer de Cayo viviendo prisionera en resto de tu vida. Por eso te di el collar.
- Te odio.- le dije entre sollozos.
- Lo sé y no te culpo, me lo merezco pero por favor no te enfrentes a tu padre ahora, no sin nuestra protección….
- ¿Vuestra protección?- pregunté extrañada.
- La gente que te quiere de la guardia te va a poyar hasta el final, no vamos a permitir que Aro te haga daño o te impida elegir donde quieres estar…- ¿Elegir? Pensé con angustia ya que no me había planteado esa pregunta hasta ese momento.- Ninguno ve apropiado que te condenen de esa forma solo por que Cayo se haya encaprichado de una jovencita como tu, por eso te vamos a apoyar en todo. Además Marcus está al tanto de todo y vas a tener su protección en todo momento. Pero ahora no Saray… espera a que esto termine… la zona oeste necesita nuestra ayuda.
- No… no puedo….no tengo el valor suficiente para encontrarme con ellos, no se si voy a poder…no estoy preparada Alec.
- Tranquila vida.- Alec me abrazó fuertemente lleno de dolor y sentimiento, con suavidad me acarició el pelo y me susurró en el oído que él estaba a mi lado y que me amaba.- Vamos… afrontaremos esto lo más suave posible, no temas.
- Bésame Alec. – necesitaba sentirle, necesitaba el contacto de su piel fría contra mi cuerpo sin vida.

Alec me cogió con una mano la cara y con la otra me rodeó la cintura, seguidamente con delicadeza me besó apasionadamente, haciendo que sintiéramos arder nuestra pasión.

- Chicos creo que no es momento para eso y menos teniendo a Dexter por los alrededores.- Nos interrumpió Demetri, sonriendo y dándole un golpecito en la espalda a Alec.
- Siempre es momento para regalarle a la persona que amas un beso.- le contestó también con una sonrisa en los labios.- ¿Dónde esta Jane?
- Donde tendríamos que estar nosotros… se ha adelantado con el resto, ya deben estar allí.
- Pues entonces vamos…Saray…- me dijo tendiéndome la mano para que se la cogiera, dudé unos segundos por culpa del miedo que me recorría por dentro, miedo a encontrarme con mi familia.- Todo saldrá bien.

Dedicándole una media sonrisa le cogí de la mano y juntos nos pusimos a correr dirección a donde se encontraba mi destino.
A pocos kilómetros de llegar al lugar donde supuestamente estaban los Cullen con sus amigos y aliados tuvimos que parar en seco debido a que la tierra bajo nuestros pies comenzó a temblar bruscamente, se estaba produciendo un terremoto en esos instantes provocado, no por la madre naturaleza si no, por un vampiro cercano a nuestra posición.
Mi cuerpo tembló al sentir esa fuerza tan impulsiva llena de odio, es persona tan fuerte no solo poseía ese don, poseía tres mas que hicieron que diera un paso a tras.

- ¿Qué ocurre Saray?- preguntó alarmado Alec.

Al mirarle a los ojos sentí como el aroma de esa persona me atraía hacia él o ella, era como si tiempo a tras ese efluvio me hubiera alimentado, como si me hubiera protegido entre sus brazos, como si me hubiera llevado dentro de él.
Era un sentimiento parecido como el que sentí cuando vi a mi hermano pero este era más fuerte, tenía un poder de atracción más potente, como si los necesitara, mi cuerpo necesitaba acercarse a esa persona, era como si en un pasado no hubiera sobrevivido sin su ayuda.
Era una sensación nueva, sensible y llena de amor. Eso me asustó aun más.

- ¿Saray? – Me dijo Alec tocándome la cara.- ¿Qué ocurre?
- Ese vampiro es tan…. fuerte.- le dije con voz temblorosa.
- Tú eres más fuerte que ella… no temas.
- ¿Qué ella? ¿La conoces?
- Es….- la cara de Alec se contrajo en un gesto de pena.- Es tu madre.

Mi cuerpo retrocedió otro paso mas haciendo que me temblaran los brazos, comenzando de nuevo a híper ventilar.

- Saray…. Escúchame cielo, sé que esto es muy duro para ti y…. que en parte tengo yo la culpa pero no puedo dejar que te derrumbes ahora, por favor, te necesitamos al cien por cien en la lucha no podemos tener fallos.
- ¿Esa es mi madre? – le pregunté destrozada por dentro, el me afirmó con la cabeza y me cogió de nuevo las manos dándome un pequeño empujón para que siguiéramos.

Con resignación y temor seguí adelante, mi familia necesitaba ayuda y yo debía ofrecerles esa ayuda. Alec tenía razón no me podía derrumbar en esos momentos, me necesitaban y solo yo podía ayudarles a acabar con ellos, mi orgullo no podía flanquear ahora a pesar de que había perdido fuerza tras esa noticia.
Nos adentramos de nuevo en el bosque poniendo rumbo a donde se encontraban los Cullen luchando contra ese demonio que mis manos deseaban descuartizar, Vladimir, esa la sanguijuela rumana traidora.

- Señor la zona oeste está a salvo, Vladimir ha muerto.- nos comunicó Dexter interponiéndose en nuestro camino con el resto de la guardia.
- ¿Quién ha acabado con la vida de Vladimir?- preguntó Alec con voz autoritaria.
- Los lobos bajo las órdenes del doctor Cullen.
- ¿Estás seguro que todo ha acabado? Hace apenas unos segundos necesitaban nuestra ayuda con suma urgencia.- le dijo Alec no confiando en su palabra.
- Sí señor, la lucha a finalizado con existo. En ocasiones cuando uno se cree que todo está acabado siempre hay algo que da la vuelta a ese destino y hace que cambien tu vida para bien.
- Déjate de rollos Dexter, vamos a asegurarnos de que todo está en orden.- ordenó Alec dando un paso adelante y haciendo gesto con la mano para que el resto le seguiremos.
-No señor, me temo que no puedo dejarle pasar.- le interrumpió Dexter colocándose en su camino impidiéndole el paso.
- ¿Estas desobedeciendo una orden mía?- le preguntó con furia, él asintió con la cabeza.- quítate del medio Dexter.
- Me temo que no puedo hacerlo señor, tengo ordenes.
- ¿Ordenes de quien? – le dijo con la mandíbula tensa. - En este momento estas bajo mis órdenes y te estoy ordenando que te quites de mi camino.
- Lo siento señor pero tengo ordenes de que la señorita Saray no puede pasar a la zona oeste.
- La señorita Saray también está bajo mis órdenes y digo que vamos a la zona oeste a asegurarnos que los Cullen se encuentran en buenas condiciones.- Alec intentó pasar de nuevo, pero el grupo de Dexter se colocó en fila impidiéndole el paso.
- Dexter apártate de mi camino.
- Lo siento Alec, Aro me ordenó que no dejara pasar a Saray a esa zona por nada del mundo y como es una orden de nuestro amo no puedo desobedecerla, tu mando no quita autoridad al de Aro. Lo siento señor pero me temo que no puedo dejarle pasar mientras la señorita Saray le acompañe.

Alec cogió a Dexter por el cuello con toda la furia que le había causado su desobediencia y lo empujó contra un árbol haciendo que se retorciera de dolor.

- En este mismo instante yo doy las ordenes, Aro no se encuentra entre nosotros para quitarme autoridad, a si que si quieres nos acompañas al oeste si no corre como un perrito faldero a decirle a Aro lo ocurrido.
- ¿Qué esta pasando aquí Alec?- preguntó Jane apareciendo entre los árboles con otro grupo de la guardia.
- Dexter está intentando desobedecer una orden.
- ¿Es la orden que te mandó Aro que cumplieras?- le dijo Jane muy segura de sí misma.
- Si mi señora.
- Suéltale Alec. – le ordenó su hermana muy tensa.
- Tú estabas al corriente de esto.- dijo su hermano afirmando.
- Si, como Aro no confiaba mucho en Dexter me pidió a mí que si él – señaló a Dexter con la cabeza.- no conseguía cumplir su orden que me hiciera cargo yo.
- Los Cullen necesitan ayuda…- volvió a recordad Alec con la mandíbula tensa sin soltar a Dexter del cuello.
- Ya nos hemos hecho cargo nosotros en ayudarles hermano. Todo ha acabado, te pediría que lo soltaras por favor si no quieres que acabemos peleándonos.
- Suéltale Alec- le pedí con un tono de voz suave.- volvamos a Volterra tenemos mucho de qué hablar con Aro.
- La próxima que desobedezcas una orden mía te descuartizo Dexter.- le amenazó apretando con fuerza su cuello.
- Suéltale Alec.- gritó Jane con autoridad.
- No me grites hermanita… - Alec soltó a Dexter dejándole caer al suelo de golpe.- sabes que no soporto que me grites.
- Lo que pasa es que te fastidia que yo posea la misma autoridad que tu y que no puedas desobedecer mis órdenes. – Alec comenzó a reírse con sarcasmo.
- Hermanita sabes que es lo que me fastidia que te hayas ganado el puesto solo por acostarte con tu amo.
- Eres repugnante….

En cuestión de segundos los dos hermanos comenzaron a pelearse utilizando sus poderes contra ellos y en cuestión de milésimas de segundo me coloqué entre ellos separándoles con un gran empujón, activando mi escudo para que ninguno de ellos continuara haciéndose daño.
- ¡Parar ya! parecéis dos niños inmortales a los que nunca les han enseñado las normas, hemos venido aquí para luchar contra nuestros enemigos no para luchar contra nosotros mismo, pediros perdón ahora mismo y pongámonos de camino a casa ¿entendido?
- Tu no me das ordenes niña.- me contestó Jane con brusquedad.
- ¿Tú crees? Ahora no tengo el poder suficiente pero cuando llegue el momento y me convierta en una de las esposas me suplicaras que te admita como mi perrito faldero.
- Tú no llegaras a ser la esposa de Cayo.
- ¿Tienes miedo? O es simple enviada por que tu jamás llegaras a ser una esposa.
- Vamos Saray.- me cogió Alec de la cintura empujándome hacia atrás.- deja el tema por favor. Regresamos a casa chicos, dar la orden al resto de aliados que aun siguen dispersados por el bosque.
Jane y yo nos miramos con odio hasta que Alec me apartó la cara de su trayectoria con un suave empujón.

- Déjalo ya Saray. – me dijo mi amado con urgencia, lo miré a los ojos y bajé la mirada poniéndome a correr dirección Volterra.

Lo que duró el trayecto de vuelta a casa no dijimos ni una sola palabra de lo ocurrido, todos los de la guardia nos seguían victoriosos por haber terminado la lucha sin ninguna baja. Nada mas llegar a la puerta subterránea que unía la entrada de Volterra con el palacio Alec me cogió del brazo y me apartó de los demás con no muy buena cara.
- Piensa las cosas antes de hacerlas Saray, no tomes ninguna decisión errónea a la ligera por que puedes salir perjudicada.
- Lo sé Alec…tengo miedo a lo que vaya a ocurrir después de esto.- se le escapó una media sonrisa.
- La temible Saray tiene miedo….- le puse mala cara a su comentario burlón.- No te voy a dejar sola, no temas.
- Dime que pase lo que pase, decida lo que decida estarás siempre a mi lado, dime que sí, que serás mi apoyo y mi susurro, dime que estarás siempre cuando te llame, y que vendrás cuando no te llame, dime que me amarás siempre por favor.
- Te amo y te amara siempre pase lo que pase y estés donde estés mi corazón siempre te pertenecerá amor.

Con eso último Alec me besó en los labios apasionadamente y sin importarnos las miradas y los susurros de los demás entramos cogidos de la mano al túnel preparándonos para enfrentarnos a los grandes Vulturis.


Safe Creative #0912035054975
Safe Creative #0912035054975






domingo, 29 de noviembre de 2009

TRAS LA SOMBRA DE LA ETERNIDAD: 7ª Capítilo: La verdad puede matar.


La Verdad Puede Matar


La guardia al completo se encontraba en la sala observando en silencio a Aro, Marcus y Cayo que sentados en sus tronos, esperaban mi llegada.
Debo reconocer que al principio sentí miedo, miedo de la forma en que me miraban los tres, miedo de como los de la guardia susurraban a mis espaldas, miedo de no volver a tener la confianza de Alec, miedo de ser rechazada por todos, miedo….

- Bienvenida de nuevo hija.- dijo mi padre levantándose de su trono.
- Gracias padre, estaba ansiosa por volver.- mi mirada se desvió a Alec que se encontraba de pie al lado del trono de Cayo, él bajó la mirada.


- Ahora que estamos todos os tengo que comunicar que dentro de unos momentos vamos a reunirnos con los Cullen en la sala sudoeste del palacio, para hablar sobre el ataque de los rumanos…
- ¿En la sala sudoeste?- pregunté algo extraña debido a que esa sala jamás la había visitado, no sabía de su existencia.
- Si mi niña, es donde solemos reunirnos con nuestros aliados lejanos.- me dedicó una sonrisa que le devolví sin dudarlo.- Hemos hablado con Carlisle y ha visto conveniente que nos reunamos para hablar sobre el tema…
- ¿Nos va ayudar?- preguntó Demetri con brusquedad.
- No me ha comunicado nada de eso.- le contestó mi padre algo molesto por la interrupción.- Carlisle se le veía preocupado por la noticia y ha decidido venir personalmente para hablarlo.
- ¿No hemos conseguido bastantes vampiros para que luchen a nuestro lado?- pregunté preocupada.
- No hija, por eso hemos tenido que llamar a los Cullen. Demetri, Felix, Jane, Renata, Saray y Alec vosotros asistiréis a la reunión, los demás quiero que os quedéis aquí pendientes a cualquier cosa que ocurra.
- ¿Son peligrosos padre? – le pregunté extrañada tras pronunciar esas palabras de aviso.
- No, pero no podemos confiar en nadie. Hija….- Aro se acercó a mí con una sonrisa abierta.- quiero que desde que salgamos del salón hasta que los Cullen salgan por la puerta principal tengas activado tu escudo en todos nosotros.
- ¿Por qué padre?
- Carlisle tiene dos hijos con poder y no me gustaría que lo emplearan sobre nosotros, Edward lee la mente…
- ¿Cómo tu?- pregunté extrañada de nuevo ya que me habían explicado de pequeña que ningún don se repetía en dos vampiros distintos.
- No, Edward puede leer la mente sin necesitad de tener contacto físico.- se me escapó un soplido.- y Jasper… ese chico tiene el poder de manipular el estado de ánimo de cualquier persona, relaja al más nervioso y altera al más tranquilo. Por eso no quiero que actúen contra nosotros, no quiero que Edward sepa de nuestras vidas ¿entendido?
- Si padre.
- Y otra cosa…. Lo que dure la reunión no quiero que hables ni que en ningún momento te quites la capucha de la cabeza. Mantén tu rostro oculto.
- ¿Pero por…..?
- Haz lo que te ordeno.- me interrumpió poniéndose serio.
- Si padre, lo haré.
- Bien querida así me gusta que….
- Señor…- interrumpió Baptiso entrando por la puerta.- Señor, los Cullen ya se encuentran en la sala prevista para la reunión.
- Gracias Baptiso, vamos pues entonces, recuerda lo que te he dicho hija.- me volvió a repetir mi padre con un poco de brusquedad, yo asentí con la cabeza y me coloqué detrás de Cayo junto a Alec que en ningún momento me miró.

Subimos las escaleras centrales del holt en silencio y nos dirigimos al suroeste de palacio donde esa familia extraña nos esperaba. Mi padre estaba bastante nervioso y preocupado, el motivo no lo tenía muy claro pero estaba decidida a leer su mente después de la reunión aunque eso me costara dos semanas más en el calabozo.
A dos puertas de llegar a la sala un aroma dulce y conocido entró por mi garganta poniendo en duda mi preocupación antes ellos.
- Ese olor….me es conocido- le susurré a Alec cerca de su oído para que los demás no pudieran escucharme.
- Lo dudo, nunca antes has estado con esta familia.- me contestó Alec sin apartar la vista de enfrente.- No te distraigas Saray y no bajes la guardia con el escudo.
No dije nada, le miré con desprecio y continúe oliendo ese aroma que me recordaba a algo hermoso de mi pasado, algo que no lograba recordar, me gustaba ese olor, me hacía sentirme bien, diferente, me reconfortaba. ¡Era extraño!
Cuando mi padre abrió la puerta pude divisar a cinco hombres y dos mujeres que se tensaban al instante colocándose uno al lado del otro formando una fila horizontal.
- Buenos días Carlisle, bienvenido a nuestra casa…. de nuevo.
- Buenos días Aro.- le contestó el miembro que encabezaba la fila con extrañez en su rostro, mirando de reojos a uno de sus supuestos hijos que se encontraba a su derecha.
- Hace siglos que no visitas Italia, sabes que Volterra es tu casa.- le dijo mi padre sonriendo.
- Si, lo sé y solo puedo decirte que no hemos tenido ocasión de visitarla.- le contestó ese hombre con mucha educación.
Observé uno por uno cada miembro de la familia Cullen que tanto me era conocido su aroma, desde la pequeña chica que parecía un duende hasta el más grande y musculoso chico que no dejaba de mirar a Demetri con la mandíbula tensa.
Había algo extraño en ellos, desprendían bondad y su forma de vida era muy diferente a la nuestra, se veían humildes.
Nunca antes había visto vampiros de ese estandi. Sus ojos lucían color miel y sus bellezas se unían entre sí para deslumbrar al observador. Me quedé atónita mirando esos rostros tan bellos.
- El tema es preocupante Aro.- comenzó a decir el cabeza de familia sentándose en un pequeño sofá de la sala, sus hijos quedaron de pie detrás de él.
- Si mi querido amigo, no te hubiéramos llamado si no fuera preocupante.

Mi padre y mis tíos imitaron la acción de Carlisle sentándose en sus debidos sofás. Nosotros nos quedamos de pie tras ellos quedándonos enfrente de la familia Cullen.
- Mi hija Alice ha logrado ver cuántos vampiros atacaran aproximadamente, pero debo añadir que el número puede variar con el trascurso de los días.
- Lo sé y eso nos tiene un poco alterados.- le contestó mi padre contraído, nunca lo había visto así, el asunto debía ser extremadamente peligroso.
- Alice a logrado ver unos ciento cincuenta, - vi como el rostro de Marcus cambiaba de serio a sorprendido, nunca nos habíamos enfrentado a tantos.- aunque algunos aun no lo tienes decidido, muchos os tiene respeto y dudan si atacar o no.
- ¿Sabes cuándo nos van a atacar?- preguntó Cayo con suavidad a la hija de Carlisle.
- No, Vladimir aun no lo tiene demasiado claro, duda entre el próximo invierno, para poder recaudar más aliados o con la próxima nevada que será dentro de cuatro semanas.- habló la pequeña duende con voz aterciopelada, una voz que me hizo temblar de satisfacción. Su voz me provocó confusión.

Tras esa confusión salí de la conversación que mantenía mi padre con Carlisle centrándome en el lector de mentes, Edward, ese chico desgarbado con el pelo negro y ojos como la miel, bastante guapo.
Era impresionante su poder, podía escuchar todo lo que en ese momento se le estaba pasando por la cabeza a cada uno de ellos al mismo tiempo. Lástima que mi escudo no me dejaba escuchar los pensamientos de mi padre, era una buena oportunidad, pero no podía arriesgarme, así que me centré en ellos.
El chico musculoso y grande del grupo, muy guapo y con un rostro que me parecía familiar a simple vista, ese tal Emmett, estaba pensando en las diversas formas de matar a Demetri. Lo odiaba desde hacía años y se satisfacía pensar en la muerte de mi compañero.
A su lado se encontraba el manipulador de estados de ánimo, Jasper, su mente estaba centrada en mi padre, se encontraba algo tenso al ver que no lograba su propósito, estaba confuso.
Algo más relajado estaba Adam pensando en la hermosa y dulce mujer que le esperaba en Canadá, Rosalie, pero eligiendo a la vez a Chelsea si se ocasionaba una lucha entre nosotros.
Alice la pequeña hermosa niña del grupo estaba centrada en el futuro, era asombroso como se plasmaba las escenas de la lucha en su mente, como podía ver a cada miembro de su familia y la guardia peleando con los rumanos con tanta claridad, era un poder maravilloso.
La otra chica, del mismo semblante que Alice, Bella, por lo que pude leer en la mente de Carlisle ya que en la suya no pude ver nada, también tenía un poder parecido al mío, esta proyectaba un escudo alrededor de su familia pero solo servía para parar los ataques psíquicos de Jane o Alec, su don era poderoso aunque… mi interior sonrío al ver que no me llegaba a los talones, pero la admiraba ya que en ningún momento dejó de proteger a su familia tal y como yo lo hacía con la mía.
Edward estaba muy tenso y preocupado, su mente estaba dividida en dos pensamientos, el que más se escuchaba era la preocupación que en ese momento le recorría en el cuerpo, al ver que no lograba leernos la mente a ninguno de nosotros, se imaginó mil motivos distintos pero ninguno se acercó a la verdad, se sentía frustrado y eso me enorgullecía, mi don era poderoso. Y el otro pensamiento….el otro pensamiento débil de leer pero potente, me llenó de envidia y frustración, Edward sentía un amor indescriptible por esa persona situada a su derecha, un amor que cegaba cualquier pensamiento de odio, un amor que siempre soñé tener y que nunca poseí…. En ese amor había una niñita más hermosa que ellos, Reneesme, dulce y tierna como el que mas y que también compartía su amor con su pareja Jacob un…. Licántropo.
Cundo vi la gran bestia en la mente de Edward pegué un pequeño alarido de sorpresa, todos, - incluso Chelesa que estaba detrás mía- posaron los ojos en mi.

- ¿Qué ocurre mi niña?- preguntó Marcus con una ligera sonrisa bajo la mirada de furia de mi padre.
- Es impresionante el don de Edward y el poder que tiene esta familia.- cometí el error de quitarme la capucha y dar un paso a delante, pero no me importó, fue alucinante ese pensamiento suyo.

Toda la familia Cullen se quedó asombrada mirando mi rostro, proyectando todos a la vez la imagen de una bella mujer con mis mismos rasgos de cara, Ashley, fue el nombre que leí en la mente de Emmett, su esposo. Eso me dejó aun mas confundida.
Noté las manos de Alec que con rapidez me colocó la capucha de nuevo y empujándome bruscamente me puso detrás de él.
- Bien Aro, puedes contar con nuestra ayuda, pero no puedo aseguraros la participación de los licántropos, intentaré convencerles, pero no puedo asegurar si lucharan al lado nuestro.- dijo Carlisle volviendo a posar su mirada en Aro.- Emmett no apartó la mirada de mi, esta vez pensando en un bebe que perdió hace años, su mente se llenó de duda, fue extraño.
- Muchas gracias Carlisle, los Vulturi siempre estaremos muy agradecidos de vuestra bondad.- le contestó mi padre levantándose del sofá.
- Cualquier cambio que vea Alice seréis informados inmediatamente, no vamos a dejar que esos traidores se hagan con el control, no mientras esté en nuestras manos el poder evitarlo.- mi padre le asintió con la cabeza, un gesto de agradecimiento por su apoyo.
- Demetri, Alec acompañar a los Cullen a la salida, muchas gracias de nuevo Carlisle, pronto nos veremos.
- Si, muy pronto.

Con esto último la familia Cullen abandonó la estancia seguidos de Demetri y Alec. Cuando me aseguré que los Cullen se encontraban ya lejos de palacio desactivé el escudo y me quité la capucha mirando a mi padre que estaba bastante furioso.

- Las dos semanas que has pasado en el calabozo no te ha servido de nada ¿verdad hija?- comenzó mi padre a hablar acercándose a mí, yo di un paso atrás con miedo.
- Saray no tiene la culpa Aro. – Dijo Marcus colocándose entre mi padre y yo.- no voy a permitir que le pegues.
- Quien te ha dicho a ti querido amigo que iba a pegar a mi niña.
- Tampoco voy a consentir que la encierres de nuevo en ese zulo, ha sido simplemente un despiste, un error que con el tiempo justificará ¿verdad hija?- le afirmé con la cabeza por que las palabras no me salían en ese instante.- No voy a permitir que tu justifiques tus fallos con ella Aro.
- Lo que hay que llegar a oír, Saray puedes ir a tu habitación, mas tarde mandaré que te llamen para poder asistir esta noche a la cena…. Ya hablaremos de esto.
- Si padre.- sin nada más que añadir me dirigí a mi habitación dándole vueltas a la imagen de esa hermosa mujer que los Cullen pensaron en cuanto me vieron.

No volvimos hablar de lo ocurrido, mi padre no llegó a castigarme ni a decirme nada sobre el desobedecimiento que tuve, tal vez porque mi tío Marcus lo convenciera, no lo sé, pero no me preocupé demasiado ya que mi mente estaba centrada en esa mujer, tenía que averiguar quién era, no podía quedarme con los brazos cruzados, no después de ver la reacción que tuvieron unos desconocidos hacia mí.
Unos días después Aro recibió la llamada de Carlisle, una llamada que hizo que todo palacio se pusiera en guardia y que se llenara de vampiros aliados y fieles a nuestras costumbres. Los rumanos nos iban a atacar al caer la primera nevada del invierno, en tres semanas.

Nos encontrábamos reunidos en el salón recibiendo las instrucciones de mi padre, lo primero que dice en cuanto entré, fue divisar si los Cullen se encontraban presente pero me llevé una desilusión, los Cullen acudirían a la lucha con sus propias instrucciones, - fue lo que me informó Rebecca- me coloqué al lado de Alec y me puse a prestar atención a mi padre que en ese momento estaba dividiendo los grupos.
- Nuestros enemigos tiene previsto atacarnos en la misma Volterra con la intención de exponerse a los ojos humanos, entraran en los bosque de la Toscana dentro de diecinueve días y como es evidente no lo vamos a permitir, nos dividiremos en varios grupos para peinar toda la zona fronteriza de nuestra región, no podemos dejar ningún hueco libre donde puedan pasar esos demonios traidores….- mi padre se quedó pensativo unos segundos.- Deciros que la familia Cullen ha logrado conseguir a ochenta vampiros que lucharan a nuestro lado, mas la manada de licántropos que consideran su familia, serán unos ciento diez en total, más nosotros que somos también unos cien…. Vamos hacer que esos rumanos y los ucranianos muerdan el polvo… os pediría que no atacarais a ningún miembro aliado, Cayo en breve os informará los nombres de cada miembro del bando de los Cullen, no os enfrentéis a los lobos, luchan a nuestro lado pero no son de fiar, ir con cuidado.
- Y ellos ¿nos atacaran a nosotros? – preguntó un vampiro del norte de Italia que no aceptaba la lianza entre licántropos y vampiros.
- No, Carlisle sabe quiénes sois cada uno, no habrá problema.
- ¿Vosotros luchareis padre?
- Si mi niña.- contestó Aro con expresión extraña en su rostro.
- Os pediría que no lo hicierais… como tú has dicho los superamos en número y nos podemos permitir tres ausencias.
- Saray tiene razón…- me apoyó Alec mirándome de reojos.- señor vuestros guardianes lucharían más rápido y mejor si no estuviéramos pendiente de vuestras vidas…. Saray tiene un poder muy fuerte que podría emplear contra ellos sin tener que estar pendiente del escudo que os protege a vosotros.
- Estoy de acuerdo con la opinión de Alec señor. – dijo Demetri dando un paso adelante.
Los tres Vulturis se miraron entre si y se reunieron en un circulo donde sus voces no fueron perceptibles por ningún miembro de la sala.

- Padre, podríais defender a vuestras esposas desde aquí.- mi padre me miró de rojos sin dejar de hablar con sus hermanos.

Tras unos minutos largos hablando entre ellos, el círculo se dispersó formando una fila.
- Bien…. Estas son las instrucciones, nos dividiremos en ocho grupos, uno de ellos se quedará en Volterra por si algún grupo enemigo se filtra, Saray, Alec y Jane vosotros estaréis en el mismo grupo, iréis al sur de Italia, defenderéis esa zona junto al grupo de Maurice y el grupo de Vanio, los grupos que quedan defenderéis el norte y el este.
- ¿Quién defenderá el oeste señor? – preguntó Dexter desde el fondo derecho de la sala.
- Los Cullen se encargaran de toda esa zona y habrá un grupo que se dispersará para ayudarnos en cualquier momento, a quien necesite ayuda. No vamos a permitir ninguna baja por nuestra parte.
- ¡Gracias padre! – le agradecí que no participara en la lucha, era mi oportunidad de acercarme a los Cullen sin que mi padre pudiera impedírmelo.

Aro me miró con tristeza en su rostro y me dedicó una media sonrisa. Veía dolido a mi padre por algo, tal vez porque no aceptaba que su pequeña se enfrentara a la mayor lucha que jamás había vivido o tal vez no aceptaba que él no iba a estar para protegerme, no iba a estar dándome su apoyo ya que físicamente yo era autosuficiente para cuidarme de mi misma.
Salí de la sala en cuanto finalizó la instrucción y me dirigí a la sala de entrenamiento, necesitaba perfeccionar unos ataques que nunca había utilizado antes y que tenía previsto usarlos en la batalla contra esos desleales.

- ¿No deberías practicar los ataques con alguien?- preguntó Alec entrando por la puerta.
- Yo sola me basto.- le contesté sin mirarle, desde que salí del calabozo Alec no me había dirigido la palabra en ningún momento y me sentía dolida.
- ¿Cómo estás?- preguntó inmovilizando mi ataque, sujetándome de los brazos fuertemente obligándome a mirarle a la cara.- ¿Cómo estas Saray?
- ¿Quieres saber la verdad? Mal, ¿Por qué no has venido a preguntármelo antes?
- Lo siento, solo puedo decirte eso.
- ¿Qué te hizo mi padre?
- Nada, vio cumplido mi castigo con el sufrimiento que pasé al saber que estabas allí encerrada.- en el rostro de Alec se reflejó el dolor que le produjo y le seguía produciendo mi castigo.
- ¿Por qué nunca me dijiste lo de Cayo, Alec?- le pregunté furiosa, él pasaba la mayoría de su tiempo junto a ellos, algo tenía que saber.
- ¿Lo de Cayo? ¿A qué te refieres?
- ¿No lo sabes o no quieres saberlo?- le dije con un tono elevado.
- No sé de qué me estás hablando Saray. – dudé ante su respuesta.
- Mi padre me quiere esposar con Cayo al cumplir los cien años, por ese motivo Aro no permite que estemos juntos.- La cara de Alec cambió dejando ver un estado de sorpresa, dolor y rabia a la misma vez.
- ¿Qué me estás diciendo?- La mandíbula de Alec se tensó por segundos.
- Si, es lo que me confesó mi padre estando encerrada en el calabozo, quiere condenarme la vida eterna.
- No tenía ni la menor idea, jamás supe nasa de eso.- le creí, su rostro de ira no podía mentir.
- ¿Y sobre los Cullen? ¿Qué relación tengo con ellos? ¿Sabes algo de eso?
- No.- ese ¡no! no me lo creí.- No vayas por caminos equivocados Saray, saldrás perjudicada.
- En sus mentes vi a una mujer que se parecía a mí ¿Por qué?
- No lo sé Saray.
- No me mientas Alec… voy a averiguarlo como sea, no pienso quedarme aquí y pasar el resto de mi existencia junto a Cayo.
- Y que vas hacer si no, ¿Qué quieres acabar como tu tía?.. Recuerda como acabó ella por querer…
- Yo no voy a ser tan estúpida.

Alec abandonó la sala un poco molesto, sin decir nada mas, dejándome allí dudando su supuesta ignorancia sobre los Cullen, dejándome pensando en la reacción que tubo cuando le pregunté lo de los Cullen, él sabía algo, sabía el por qué esa familia y yo guardábamos relación. Seguí con mi entrenamiento personal sin dejar de pensar en lo sucedido.
Ya entrada la madrugada recibí una visita de mi padre en mi propia intimidad, nunca antes Aro había entrado en mi habitación y menos aun de madrugada, cortésmente le cedí la entrada y nos sentamos en mi cama mirándonos con una sonrisa, que a mi parecer era bastante falsa por mi parte. No es que odiara a mi padre o es que le hubiera dejado de querer, no, solo que estaba dolida por la mentira en que me había sometido durante años y porque me ocultaba algo muy importante.

- ¿Qué hace aquí a estas horas de la noche padre?- le pregunté con una gran sonrisa.
- Quería estar con mi pequeña.- me contestó acariciándome el cabello.- dentro de muy poco te vas a ver envuelta en un lucha que…. No sé si estas preparada…
- Padre, no me diga a estas alturas que no estoy preparad por favor, porque yo…
- ¡Sssss!- me interrumpió poniéndome el dedo en los labios.
- Anoche quise decirte algunas cosas, pero no pude, siempre me es difícil decir que pienso o siento cuando te tengo cerca, eres tan bonita, eres mi niña y…. esta lucha hija no va a ser como las demás
- ¿De qué tienes miedo padre?
- De perderte.
- ¿Por qué piensas eso? ¿Hay algún motivo que pueda originar mi marcha?- mi padre se quedó extraño a mi pregunta y tras ver su rostro quité de mi mente a los Cullen, porque sabía perfectamente que tras eso me iba a tocar…me cogió de las manos con una media luna pintada en su boca, pero no le dejé ver nada.
- Te puede ocurrir alguna desgracia.
- Lo dudo….
- Las cosas no son siempre como parecen, las cosas no salen siempre como uno desea que salga.
- Pues entonces nos diremos adiós por si no vuelvo tras la lucha.- esta conversación fue convirtiéndose en algo incoherente…. No sabía en verdad lo que le pasaba a mi padre, estaba…. Extraño. Intenté mirar en su mente pero él también fue muy listo…. En su mente no había nada, mi padre me conocía bien y sabia a la perfección lo que estaba haciendo en ese momento.
- No digamos adiós cariño, mejor un hasta pronto, pues la vida continua con o sin tu compañía, - lo que me faltaba por oír, ¿Qué estaba haciendo allí?....- quiero que enterremos el odio por lo que hubo hace unos días, vivamos con los recuerdos de los días hermosos, lo demás al olvido.
- Padre no logro entenderte ¿Qué ocurre?- le dije algo confusa.
- Te quiero mi niña.- Y con una simple sonrisa mi padre salió de la habitación, sin saber en realidad que estaba haciendo allí. Algo me ocultaba y eso lo hería por dentro.

Ese día que todos estaban esperando con nerviosismo llegó sin apenas darnos tiempo a coordinarnos con el resto de alquermes, que iban acudiendo a Volterra con el paso de los días. Cuando aun el sol no había despertado la mañana Alec entró en mi habitación sin previo aviso, horas antes de partir.

- ¿Qué estás haciendo aquí?- le pregunté preocupada por si mi padre nos veía juntos.- Si mi padre te ve aquí nos matará a los dos.
- Tenía que entregarte esto….- me dijo colocando una caja en la mano.
- ¿Qué es esto?- le pregunté nerviosa al ver ese rostro lleno de angustia y dolor.
- No me hagas a mí las preguntas… sobre todo no le digas a tu padre de dónde has conseguido esto, si se entera estoy muerto….
- Pero… ¿Qué es?- le dije alterada ya que no me gustaba su estado de ánimo en ese momento.
- Es el colgante de tu tía Alice…
- ¿Mi tía Alice pero… quien es…? – le pregunté dudando y tartamudeando ya que ninguna hermana de mi padre se llamaba Alice.
- No puedo decirte mas, las respuestas las tiene tu padre, pregúntale a él, Aro te ha estado engañando todo este tiempo… lo siento Saray pero no puedo decirte nada mas… tengo que irme…
- Alec, esto no…. ¿por qué haces esto?- le dije con la mente llena de confusión, no sabía lo que había dentro de la caja pero al escuchar ese nombre montones de dudas recorrieron mi interior.
- Porque te amo y no estoy dispuesto a que vivas condenada en los brazos de Cayo por el resto de la eternidad… tengo que irme si….
- Alec no…- las palabras se quedaron bloqueadas en mi garganta aferrándose sin querer
ver la luz.

Alec se acercó a mí con dulzura y sin dejar a un lado esa angustia me regaló su mejor beso, ese beso que tan feliz me hizo en la cueva de la montaña, ese beso que tanto ansiaba notar a mi salida del calabozo. Dejándome sin aliento Alec abandonó la estancia cerrando la puerta con suavidad.

Me senté en la cama observando la caja aun sin aliento y con gran inquietud al no saber lo que contenía dentro, sentía terror de lo que podía ocurrir tras saber su contenido.
Tras unos minutos de duda rompí la cinta que envolvía la pequeña caja y saqué su contenido quedándome helada en el instante. En mi mano sostenía una cinta de terciopelo donde colgaba el escudo familiar de los Cullen. Mi corazón paralizado se contrajo en un dolor lleno de ira hacia mi padre, ¿en qué me estaba engañando? ¿Por qué Alec me dijo que Alice era mi tía? ¿Qué relación tenía yo con esa familia?

Unos suaves golpeteos en la puerta me trajeron de vuelta de mis pensamientos, Chelesa me estaba llamando para reunirnos en el salón antes de partir a las afueras de Volterra.
Me puse el collar en el cuello escondiéndolo bajo mi jersey de culle alto, a mi regreso Aro tendría que explicarme absolutamente todo, a buenas o a la fuerza.
Sin decir apenas nada nos dirigimos al salón donde vampiros que no conocía aun, estaban entrando con permiso de Demetri que les iba ordenando donde colocarse.

- A llegado el día que todos estábamos esperando…-comenzó a decir mi padre en cuanto sus ojos se posaron en mi.- solo deciros que no tengáis piedad, acabar con sus vidas, no quiero que ninguno salga vivo de Italia ¿entendido? –todos afirmaron entre susurros.- pues en marcha…. Hija…- mi padre me llamó haciendo gesto a que me acercara a él.

Mientras la multitud de aliados salían por la puerta principal me acerqué a mi padre con rostro serio ya que ni la sonrisa falsa quería salir al exterior y agradar a ese ser que me ocultaba un gran secreto de suma importancia en mi vida.

- Cariño no quiero que te separes de Alec y de Jane… si en algún momento os separáis por cualquier motivo siempre busca el poder de alguien para defenderte….
- Lo sé padre no es necesario que me lo recuerde, no me va a suceder nada…- no como a ti cuando regrese, pensé- no temas.
- Sobre todo no os alejéis de vuestra posición- esto lo dijo mirando a Alec que este le afirmo con la cabeza- intentar no mezclaros con el resto de los alquermes, cada uno tiene su instrucción, no quiero errores. ¿Entendido hija?
- Si padre.
- Tener cuidado hijos.- al decir esto Aro me abrazó y posó su mirada en Alec y Jane que también los consideraba sus hijos.
- Regresaremos pronto señor.- le afirmó Alec con una media sonrisa.

Aro me soltó con pesar y tras una reverencia a Marcus y Cayo salimos del salón poniendo rumbo al sur de la Toscana.

De camino a nuestras posiciones en mi mente solo estaba Carlisle y su familia, analizando todo lo ocurrido en esa sala, recordando cada detalle de sus pensamientos, observando a esa hermosa mujer que tanto se parecía a mí, sus gestos, sus rasgos, la importancia que tenia para su familia en especial su marido, recordando ese bebe que Emmett pensó cuando me vio… ella podía ser… afirmaría que ella era…

- Alec…- le cogí del brazo en cuanto pensé esa posibilidad, apartándole del grupo. Jane nos miró con mala gana pero siguió el camino sin prestar atención.
- ¿Qué ocurre Saray? – preguntó con voz pausada.
- Esa mujer que vi en las mentes de los Cullen, esa tal Ashley ¿es mi madre?
- Cállate.- dijo con brusquedad cogiéndome del brazo y mirando a su alrededor.- esto no es lugar para hablar de eso. Ya te dije que las respuestas las tiene Aro.
- Pero tú sabes la verdad, lo has sabido desde que nací y…
- Pero no soy quien para decírtela…
-Alec por favor necesito saber la verdad…
- No estoy autorizado para decirte nada Saray. Ahora deja el tema hay muchos oídos alrededor y muchos traidores.
- Si has tenido valor para entregarme esto, que no sé de donde lo has sacado exactamente, ni me importa.- le dije enseñándole el collar.- ten valor para contarme quien soy en verdad.- le dije enseñándole los colmillos ya que una ira incontrolable estaba fluyendo en mi interior.
- Saray….- Alec me empujó contra un árbol en cuanto vio mi estado y apoyando su mano en mi pecho presionó para inmovilizarme.- cállate ya y céntrate en la lucha, por favor no seas estúpida vas a conseguir que me maten a mi también.
- Solo piensas en ti, eres un egoísta…
- Si solo pensara en mi no te hubiera entregado esto – cogió el collar con un dedo y lo levanto unos centímetros.- y te hubiera dejado morir en brazos de Cayo.

Alec me soltó y con gran rapidez se colocó al lado de su hermana de nuevo, yo me quedé en la misma posición un poco impotente al no poder sacar nada claro de Alec hasta que el resto del grupo me miró con extrañez, con mala cara me puse a la altura de ellos continuando el camino en silencio.

Safe Creative #0911295029266
Safe Creative #0911295029266