"Tras la Sombra de la Eternidad"


TRAS LA SOMBRA DE LA ETERNIDAD


INDICE

HISTORIA NARRADA POR ASHLEY CULLEN

1. INMORTALIDAD.……………………………………...Pág. 1

2. LUNA LLENA.………………………………………...Pág. 10

3. BUENA ESPERANZA.………………………………..Pág. 19

4. VIDA NUEVA.………………………………………..Pág. 27


HISTORIA NARRADA POR LA HIJA VULTURI

1. LIBERTAD E INDEPENDENCIA………………………Pág. 37

2. FALSAS APARIENCIAS………………………………...Pág. 46

3. LA VERDAD PUEDE MATAR ………………………….Pág.55

4. MENTIRAS………………………………………………...Pág.64

5. DECISIÓN...……………………………………………….Pág.73


Inmortalidad

¡Inmortalidad! Una palabra que para los humanos es la vida eterna, para Carlisle mi, padre en todo efecto, es la continuidad indefinida de la existencia de la vida del hombre, bien sea material o espiritual, una vez producida la muerte física y la corrupción orgánica del cuerpo, el alma sobrevive al mundo físico y pervive indefinidamente en otros mundos metafísicos que son de impracticable codificación para el entendimiento de la raza humana.- según me explicó una vez-  Pero para mí es vivir para siempre junto al hombre que amas. Ese hombre que te hace sentir especial, limpia por dentro, te hace sentir amada en todos los aspectos, ese hombre que tienes a tu lado día y noche dándote todo su cariño y ternura. Esa es para mí, la Inmortalidad.

- ¿Cómo te sientes? – me preguntó mi salvador cuando me incorporé de la cama.
- Diferente.- le dije, me sentía extraña y avergonzada al ver a todos los miembros varones de la familia mirándome un poco tensos.- Es una sensación extraña, me siento fuerte y débil a la vez, no sé, puedo oírlo todo y veo diferente…. Me quema la garganta.
- Eso es porque estás sedienta.- me afirmó Emmett acariciándome la cara.
- Deberías llevarla a cazar Emmett antes que regrese Reneesme.- dijo Carlisle tocándole el hombro a mi esposo.
- Si.
- ¿Por qué? ¿Qué ocurre con Nesi?- pregunté un poco desconfiada.
- Recuerda que es medio humana y es peligroso.- me recordó mi amado cogiéndome la mano.
Pero no se que le ocurría a mi celebro vampiro que casi no recordaba cosas de cuando era humana, me habían hablado de eso ¿pero tan pronto? ¿Por qué se me olvidaban tan pronto los recuerdos? Casi ni recordaba la cara de mi mejor amiga, mi nerviosita, así es como la llamaba, que yo recuerde. Pero si sentía un dolor muy fuerte en mi pecho ¿De qué era? Intenté recordad mientras todos miraban mi reacción, tras unos segundos logré entender ese dolor que me presionaba el pecho ¡Marcos!
- No temas Ashley cuando regreses te pondremos al día de todo.- me dijo Carlisle con una sonrisa al ver mi cara de espanto y furia a la vez.
- Si amor vamos necesitas alimentarte.
Emmett me ayudó a incorporarme de la cama, aunque no hacía falta mi cuerpo vampiro actuaba sin que mi cerebro le diera orden. Era increíble la forma en que me movía.
Me toqué mi brazo asombrada al ver el cambio de mi piel, Emmett sonrío al ver mi reacción.
- Es increíble, estaba acostumbrada a verte a ti así y ahora.- le dije a mi amado también sonriendo.
- Pues eso no es nada, veras lo que puedes llegar hacer.
- ¿Me enseñaras a cazar osos como una vez me prometiste?
- Claro que si mi ángel, te lo prometí y es lo primero que voy a cumplir.- me confirmó acercándose a mí y rodeándome la cintura.- pero hoy no, así que no me pongas esa cara, hoy no da tiempo.
Mi amado cambió de posición colocando sus dos manos en cada uno de los lados de mis mejillas y  me besó apasionadamente sin tener en cuenta los admiradores que teníamos en la habitación. A mí tampoco me importaron cuando sentí el contacto de sus labios en los míos.

¡Mi primer beso como vampira!
Examiné todas las nuevas sensaciones que me estaba provocando ese beso, eché de menos el temblar de mi cuerpo, pero era diferente, me gustaba aun mas que cuando era humana, mi cuerpo se acoplaba al suyo sin temor a nada, su piel cálida como la mía me estimuló como nunca lo había hecho anteriormente, fue una sensación agradable que no quería que terminara, mi cuerpo comenzó a trabajar sin mi permiso abrazando con fuerza a Emmett. Un nuevo tipo de deseo estaba creciendo en mi interior y me gustó.
Sin quererlo, sin darme apenas cuenta mis hormonas femeninas empujaron a Emmett contra la pared formando un enorme agujero.
-  Estoy bien.- afirmó Emmett casi gruñendo al ver la reacción de sus hermanos que se pensaban que le había atacado.- Jasper relájate.- le gruñó.
- Lo siento.- me disculpé bajando la mirada, me sentía avergonzada a esa reacción que yo no había pensado ejecutar.
- No te disculpes mi vida.- me puso un dedo en el mentón y me obligó a mirarle a los ojos.- ahora vas a tener que controlar tu fuerza, no temas yo te enseñaré mi amor. Ahora vamos.
Me llevó hasta la ventana abierta de la habitación y allí me paré en seco y lo miré seguidamente de Carlisle.
- ¿Por aquí?
- Si, las chicas están abajo y me gustaría no retardar tu alimentación.- miré a Carlisle y este me afirmó con la cabeza.
- Está bien vamos.
Fue impresionante la forma en que mi cuerpo saltaba y se movía en el aire imitando a mi amado, empecé a reír de satisfacción al ver que me sentía como una súper heroína de las películas. Cuando toqué suelo escuché como la pequeñas piedras se desquebrajaban bajos mis pies, reí de nuevo, también escuché a Jasper allí arriba en la habitación.
- ¿Estás seguro Carlisle de dejar a Emmett solo?
- Si Jasper, ella no es peligrosa, estate tranquilo.- ¿Peligrosa? Era otro tema que me tendría que recordar Carlisle.

Nos adentramos en el bosque los dos cogidos de la mano sin dejar de sonreír, corriendo como siempre lo hacían ellos, pero diferente ya que no iba en la espalda de Emmett si no que, eran mis piernas las que lo hacían. Tras unos segundos corriendo mi amado paró en seco obligándome hacerlo  a mi también.
- ¿Qué pasa amor?- le pregunté extrañada.
- ¿Lo notas? Allí detrás de esos matorrales.- me señaló con la mano.
Mis sentidos vampíricos se pusieron en marcha al mirar ese matorral que me señalaba mi esposo. Pude escuchar un pequeño corazón latir pausadamente, una respiración tranquila, el fluido de su sangre caliente corriendo por sus venas, ese calor que desprendía, me gustaba su aroma.
- ¿Qué es?
- Un alce y por su ritmo cardiaco debe de ser grande. ¿Te lanzas?- me provocó mi marido con una mirada tierna, en ese mismo instante lo único que quería era abrazarle y besarle apasionadamente ya que una zumbante electricidad salió a través de mi,  mi cuerpo me lo pedía pero mi garganta me recordó lo del alce.
- No sé hacerlo.- le dije aterrada, ¿Cómo iba hacerlo?
- Déjate llevar por tus sentidos.
Me quedé mirando de nuevo el matorral dejándome llevar por mis sentidos tal y como me dijo mi amado, este se colocó detrás de mi cogiéndome de la cintura con una mano y  susurrándome al oído como debía hacerlo, cerré los ojos recordando un fragmento que mi padre me contó una vez, si mi padre biológico, lo recordé sin borrones en el pensamiento, ¿sería cuestión de concentrarse?;

“El deseo de la vida eterna o de permanecer siempre joven ha atormentado a la humanidad desde el momento en que descubre que se es mortal, ¿por qué se tiene que morir uno?, ¿no hay una manera de vivir más o para siempre?, a lo largo de la historia muchos hombres y mujeres lo han intentado, ¿alguien lo logró? En culturas primitivas la sangre de animales siempre ha sido el portador de sus cualidades, por eso beberla las transfería al hombre. Así que beber la sangre de un hombre equivalía a absorber su "energía vital", que se añadía a la propia para prolongar la vida. De ahí el mito hace a los vampiros sedientos de sangre para permitirles vivir eternamente.”

También recordé un documental de animales donde el más fuerte cazaba al más débil, en este caso me acordé del león e intenté imitarlo.
Inicié una lenta aproximación hasta ir a situarme a corta distancia de mi presa, ese jugoso alce que me llamaba con su aroma, esperé el momento oportuno de abalanzarme como una flecha hacia su cuello.
Si no conseguía abatirlo con el golpe inicial, me agarraría a su lomo o costado hasta hacerlo caer en tierra y sujetándolo por la garganta le daría muerte.
Como disfruté alimentándome de ese pequeño ser indefenso, pero admito que el que más disfrutó fue mi amado que se mantenía al margen mirándome desde un tronco de árbol donde estaba apoyado y sonriendo abiertamente.
Al mirarle, esa nueva sensación que sentí en la habitación volvió a recorrerme el cuerpo y sin volver a dar orden mi cuerpo se abalanzó sobre mi marido partiendo el gran árbol por la mitad, cayendo los tres al suelo.
- Lo siento.- le dije sin poder dejar de besarle apasionadamente, él no dijo nada dejando que le besara con pasión.
Nuestros cuerpos se amoldaron uno contra otra, mi espalda acabó tocando el húmedo suelo del bosque cuando intenté quitarle la camisa a mi gran amor, pero cuanto más deseaba de él se apartó sonriendo.
- Deberías continuar cazando.- me interrumpió, una furia incontrolable fluyó dentro de mí, no quería cazar, quería sentir su cuerpo contra el mío.- Ashley, hay tiempo para todo.
Intenté ignorarlo volviendo a besarle de nuevo pero se apartó incorporándome del suelo, lo miré y puse de nuevo en movimiento mis sentidos en busca de una nueva presa.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?- le dije a mi amado de regreso a casa, él afirmó sin dejar de mirarme a los ojos, lleno de felicidad.- ¿Por qué las dos veces que intentemos la conversión me colocabas mirando al espejo?- me había acordado de ese detalle mientras acababa con la vida de un pobre ciervo adulto. Emmett comenzó a reírse suavemente.
- Porque viendo la belleza que tenía entre mis brazos frenaba el monstruo que llevo dentro, así estaba seguro que por muy apetecible y dulce que estuviera tu sangre no te mataría.
Emmett me rodeó con sus brazos frenando en seco justo en frente de la casa y besándome en el cuello me susurró  “te amo”.
Me quedé mirando la casa, la veía distinta, más grande, con más luminosidad, era diferente ver las cosas desde mis nuevos ojos.
- ¿Entramos?- le pregunté a mi marido impaciente al querer saber lo sucedido tras la muerte de mi hermano, aunque mi cuerpo seguía deseando tomar el cuerpo de Emmett.
Al entrar en la casa un golpe de aire me atrajo un aroma tan dulce y amargo a la vez que me contrajo los músculos de mi cuerpo. Mi sentido olfativo estaba súper desarrollado y me sentía extraña, también me golpeó en la nariz un aroma no tan agradable como el primero y no quise dar un paso más, agarrándome al brazo de mi marido.
- ¿Qué es ese olor?- me ardía la garganta a pesar de haberme alimentado para un mes.
- Es Reneesme, recuerda que es medio humana… se que lo harás bien amor.- me dijo Emmett al ver la cara de preocupación que puse.- también está Jacob, es ese aroma que no huele tan bien.- me dijo esto riéndose.- vamos vida nos están esperando.

Mi nueva familia se encontraba en el salón sentados en sus respectivos lugares donde se colocaban cada vez que la familia Cullen hacia una reunión. Me quedé mirándoles uno por uno con una sonrisa en la cara, ya era como ellos y me sentía como ellos, ya no era inferior, no era débil, ese pensamiento me hizo reírme dejando a mis admiradores con cara de circunstancia.
- Sois aun más hermosos que antes, cuando os veía con ojos humanos. – Intenté disimular un poco para que no pensaran que estaba loca, aunque Jasper seguía con el mismo semblante de antes, tenso y muy serio.
- Bienvenida de nuevo Ashley. – me dijo Carlisle cortésmente dándome dos besos.
- Gracias… esto es impresionante, me siento tan diferente.- me sentía diferente pero molesta por ese olor que desprendía el gran lobo que tanto admiraba y molesta porque Edward y Bella no dejaban a Reneesme acercarse a mí.

Cuando terminé de saludar a Esme que también me dio dos besos y un abrazo lleno de dolor – otra cosa que tendría que preguntar-  mis ojos enfocaron a la pequeña nerviosita que esta me dedicó una gran sonrisa, intenté acercarme a ella pero Jasper y Adam hicieron de pantalla.
- No voy hacerle daño.- le dije algo molesta, la misma furia que me entró en el bosque volvió a recorrer mi cuerpo, debía controlarme.
- Es por seguridad.- dijo Adam.
- No soy peligrosa ¿verdad Carlisle? – miré a mi padre político y este me afirmó con la cabeza.- No sé por qué estáis empeñados en decir que puedo ser peligrosa- miré a Jasper ya que la afirmación que hice iba para él.- ¿Por qué creen que soy peligrosa Carlisle?
- Eres descendiente de Gregoriska ¿recuerdas?
Mi corazón paralizado dio una pequeña punzada al recordar ese nombre, mi mano automáticamente me levantó el suéter dejando ver la marca de mi cadera.
- Eso no quita que pueda saludar a mi mejor amiga.- miré a Jasper algo furiosa.
- Si no te controlas no te vamos a dejar acercarte a mi hija.- me acusó Bella con miedo en su voz.
- Ya vale, dejaros de tonterías, no es peligrosa- gritó Reneesme deshaciéndose de los cuatro guardaespaldas que la escoltaban y acercándose a mí.- ¿Cómo estás?-me preguntó mi amiga abrazándome bajo las miradas alertas de todos.
- Bien, me siento muy bien, ya podemos jugar a esos juegos raros que te inventas sin tener miedo a que me ocurra algo.- las dos reímos fuertemente.
- Y podremos correr por el bosque sobrepasando a los lobos, así que se enteren de una vez que nosotros somos más rápidos. – Jacob bufó.
Después de saludar a todos, admito que el saludo de Jasper no me gustó nada,  él era el que más había confiado en la familia y odiaba que me tratara como un monstruo,  me senté en el sofá – no lo necesitaba pero era la costumbre- y me quedé mirando a Carlisle como esperando respuestas.
- ¿Qué quieres saber As?- preguntó sonriendo y sentándose enfrente de mí.
- Mis padres…. ¿Qué pasó con ellos? – me concentré mientras los demás se acomodaban y comencé a recordar lo sucedido en el recodo del bosque donde mataron a mi hermano.
- A tu padre lo mataron y tu madre quedó viva ya que ella tenía la mente limpia, solo era una marioneta en manos de tu padre y de Maison. – Recordé también a ese ser que me obligó a beber sangre y que casi mató a mi amado, también me vino la cara de mi padre, ¡estaba muerto!
- Viva ¿y donde esta? – pregunté asombrada, mis cambios de estado me sorprendía a mi misma ya que yo no los controlaba aun y los demás se mantenían quietos escuchando y vigilando mis expresiones.
- Aro le cedió un puesto al lado de ellos y ella aceptó.
- ¿Por qué mataron a mi hermano? – la furia volvió a mi cuerpo sin llamarla, los Vulturis habían matado a dos de las personas que siempre había admirado y querido a pesar de que mi padre cambió en los últimos años.
- Tranquilízate cielo.- me susurró mi amado al ver que se me tensaban los músculos.
Miré a Emmett y después miré a mi familia e intenté tranquilizarme, no podía permitir hacerles daño sin quererlo.
- Los Vulturis crearon una norma fundamental que consistía en que ningún vampiro podía convertir a un niño menores de quince años por ser incontrolables, por no entender las normas…
- Mi hermano era bastante mayor para entender las normas.- mi furia seguía creciendo al recordar la cara de ese ser tan hermoso que tanto amaba.
- Si, pero era un niño, y las normas de ellos es matar a quien lo ha convertido y por supuesto al niño, Ashley comprende que tu hermano no podría pasar por un humano en ninguna ciudad al no poder crecer como tal.
- Me estás diciendo que estas a favor del asesinato de mi hermano.- le acusé, la furia que iba manando dentro de mí hizo temblar el suelo y todo lo que me rodeaba.
Jasper y Adam se colocaron delante de su padre como protegiéndole de mi y Emmett me cogió de las manos intentando tranquilizarme. Los demás se miraron asombrados.
- No As sabes perfectamente que estoy en contra de matar, pero ellos crearon esas normas y debemos respetarlas.- dijo esto con voz suave y tocando el hombro a Jasper para que se relajara.
- Solo era un niño.- mi furia fue disminuyendo al notar en mi pecho una pena insoportable y al notar las manos de mi amado sobre mi piel,  Emmett me abrazó acariciándome el pelo sin dejar de mirar a su padre.
Cuando logré tranquilizarme me di cuenta de lo que había hecho minutos antes, mi furia hizo que el suelo temblara ¿sería un don sobrenatural que poseía mi antepasado? Volví a mirar la cara de Reneesme y me entraron ganas de llorar, al ver esa cara contraída por el miedo que le había infringido con ese movimiento de tierra.
- Lo siento.- me disculpé.- No sé lo que me ha ocurrido yo no….
- Vas a experimentar cambios en tu cuerpo que ni tú misma te los vas a esperar, no temas, con el tiempo y con practica lograrás controlarlo.- me tranquilizó Rosalie colocándose a mi lado.
 - Ahora nosotros tenemos una pregunta para ti As.- habló Edward dejando su expresión violenta a un lado.- ¿Por qué llamaste a los Vulturis?
Me quedé pensando unos segundos recordando esas caras que me aterraron nada más verlas en el jardín de la casa y recordando los traidores que habían sido al matar a mi hermano.
- ¿Sigues sin leerme la mente? – le pregunté, él me afirmó con un gesto de cabeza.- Los llamé al ver que no erais suficiente para derrotar a Grisko, no Edward – le corté cuando quiso quejarse.- necesitabais ayuda aunque me dijerais mil veces que no, no iba a permitir otra baja en mi familia o algún herido como la primera lucha que tuvisteis, no Edward sois las únicas personas que tengo en mi vida  y lo que más quiero en este momento y no podía permitir perderos, créeme cuando te digo que nadie más que yo está arrepentido de esa llamada por que en los que había confiado para que ayudaran a mi familia mataron a mi hermano, mi pequeño hermano que lo amaba con locura. Así que por favor dejar de acusarme por esa llamada.
- En ningún momento te hemos acusado As, pero fue muy arriesgado por tu parte, te arriesgaste a que en vez de haber matado a tu hermano te hubiera matado a ti.- Habló Jacob recordando que también había puesto en peligro la vida de su pareja. 
- Deberíamos dejar este asunto para otra ocasión, Ashley tiene que disfrutar su momento, ¿verdad Emmett?- dijo Carlisle sonriendo a su hijo, no sé lo que tramaban pero sonreí al ver la cara de felicidad que ponía mi amado.
- Si, pero antes quiero saber lo que pasó con los Vulturis después de que Emmett y yo nos fuéramos a la casa.
- Después de decidir el futuro de tu madre Ashley.- comenzó hablar Carlisle-  Aro quiso saber más de ti, le conté un breve resumen de tu historia y…. bueno Cayo decidió condenarte a la muerte. – Emmett gruño fuertemente cuando su padre dijo eso, él no lo sabía.- si Emmett no he querido decírtelo por qué no vi conveniente preocuparte por nada, se estuvieron debatiendo entre sí ir a por ti o no pero como sabéis Aro me tiene mucho aprecio y según Edward leyó en su mente que él no quería causarnos molestia alguna y no quería enfrentarse a nosotros, sabiendo que somos más poderosos que ellos por tener la maman a nuestro lado y el escudo de Bella que nos protege de sus dos mejores armas. Por eso decidieron marcharse sin arrebatar contra ti.
- Sin olvidarnos de que Cayo odia a los lobos y teme una batalla contra nuestros amigos.- dijo Alice con una media sonrisa.
- ¿Por qué teme Cayo a los lobos?- pregunté algo extrañada.
-  Tuvo un problema con los "hijos de la luna", hombres lobo originales, los que se transformaban con la luna llena. Estuvo a punto de morir en una lucha contra un licántropo, y en venganza, casi los extingue. Por eso nos tienen respeto, y se marcharon sin querer hacerte daño, como lo tenía previsto Cayo.- me aclaró Carlisle bajo la sonrisa de satisfacción de Jacob.
- Y poniendo en aviso que si llegaras a convertirte en lo que era Gregoriska vendrían a matarte. – dijo Jasper muy tenso.
- Podías a verte ahorrado eso.- gruñó Emmett levantándose del sofá.
- Calma Emmett, ella debe saberlo. – habló Reneesme con voz dulce tocándole el brazo a su tío.
- Que vengan cuando quieran, aquí estaré esperándoles para vengar la muerte de mi hermano.

Me levanté del sofá y me dirigí al jardín, quería tranquilizarme porque la furia estaba de vuelta dentro de mí. Odiaba el comportamiento de Jasper, odiaba ese olor de Jacob, odiaba a los Vulturis, odiaba ver a Esme dolida por algo, me odiaba a mi misma por estar poniendo en peligro a mi familia por no lograr manejar mis estados. En ese momento me sentía odiosa y lo mejor era estar sola lejos de ellos.
Los brazos de Emmett me rodearon la cintura y sus labios me dedicaron un dulce beso en el cuello.
- ¿Estás bien amor?
- Si, necesitaba respirar aire limpio.- sonreí.
- ¿Quieres que nos refugiemos en nuestro paraíso un tiempo largo?- me provocó mi marido pasando sus labios por toda mi garganta y hombro.
- Siiiii.- dije casi derritiéndome por el fuego que desprendía nuestro amor al contacto físico.- pero antes me gustaría hablar con Esme, está muy distinta.
- Como quieras, ha subido a…
- Lo sé mi vida, recuerda que yo también la huelo ahora.- me besó apasionadamente en los labios volviéndome a distraer de lo que quería hacer.
Cuando por fin pude controlar esa pasión que sentía por mi marido subí las escaleras mirando de reojos a Jasper y a Edward que me miraban con recelo y me dirigí a la habitación de Esme donde estaba distraída arreglando el armario.- poco inusual en ella.
- ¿Puedo pasar? – pregunté abriendo la puerta despacio, sin mirar a tras noté como Carlisle me seguía ¿Por qué? ¿No estaba segura su esposa? Lo ignoré.
- Si cariño pasa.- cerré la puerta a mi paso y me coloqué al lado de Esme que continuaba sacando y metiendo ropa del armario.
- ¿Te puedo ayudar?- me ofrecí queriendo estar a su lado y sacar el tema poco a poco.
- No cariño, tú disfruta de tu día cielo.
- ¿Qué te ocurre Esme? – No podía aguantar más y le saqué el tema de golpe.
- Nada.- dijo sin ánimo.
- Si no te ocurre nada ¿por qué estas dolida ante mi presencia? Tú no eras así antes de mi transformación.
Esme dudó unos segundos si contestarme o no y sin dejar de mirar el armario.
- Esme, ¿Por qué?
Ella me cogió del brazo y me llevó a un espejo que tenía en un rincón de su habitación y me colocó enfrente de él.
- Por eso.- señaló mi reflejo.- ya no eres como antes, ya no hueles a niña dulce como lo hacías antes, mírate Ashley.
Me quedé mirando mi reflejo un poco contraída de miedo, si, mi reflejo me daba miedo, me vino a la mente la escena del jardín cuando los Vulturis se presentaron para ayudar a mi familia, era como ellos, con esos ojos rojos como el fuego y esa expresión de cara que asustaría hasta el más valiente. ¿Cómo Emmett podía seguir amando mi rostro? Esa no era yo, no podía ser yo.
- Cuando llegaste a esta casa me hiciste muy feliz As, porque tu aroma me recordó a mi bebe, ese bebe que tuve cuando era humana y que murió en mis brazos, por eso siempre has sido mi protegida, no quería que cambiaras, sé que puedo ser egoísta pero me gustaba sentir tu humanidad, tu olor, me hacía sentir bien.
- Pero… sabias que al estar con Emmett querría ser como él.
- No tenias porque, Emmett es demasiado fuerte y hubiera conseguida estar junto a ti sin tener que llegar a esto.
- ¿Y ver como envejezco? Lo siento Esme, pero no lo logro entender, tú eres como yo ahora ¿Te arrepientes?
- No, ahora no, pero admito que al principio me hubiera gustado morir antes que esto.
- Y Carlisle ¿lo sabe?
- Nunca han habido secretos para nosotros.
Me quedé mirando mi reflejo durante un tiempo sin apartar mi mirada de esos ojos que daban terror y seguidamente la miré a ella.
- ¿Vas a dejar de quererme por esto?- le dije con tristeza en mi voz.
- Claro que no vida, solo que necesito un poco de tiempo para superar esto, siento si te he causado dolor cielo, jamás he tenido la intención de herirte pero debes comprenderme, debes darme un poco de tiempo. Pero ten muy claro que jamás te voy a dejar de querer.
Esme me abrazó fuertemente y seguidamente me dio un beso en la mejilla, yo seguía mirando esa extraña del espejo que me provocaba terror.
- Ves a disfrutar de tu nuevo día con tu marido, creo que necesitáis estar solos.- me dijo riéndose,- no sabes el tostón que nos ha dado durante estos dos días que has estado, bueno, ya sabes.
- ¿Dos días? Me dijo Emmett que la transformación duraba tres.- me extrañó que Esme se hubiera equivocado en eso.
- Han sido dos día y creo que no ha llegado a cumplirse las cuarenta y ocho horas, en tu sangre recorre los genes de Gregoriska  recuerda que nada es usual en ti cielo.
Las dos reímos sin mucho ánimo y me despedí de ella con otro abrazo emotivo,  cuando me disponía a salir Carlisle abrió la puerta, me sonrío y se abrazó a su esposa sin decir nada.
Bajé las escaleras en busca de mi amado y allí estaba esperándome con las llaves del coche en la mano.
- ¿Preparada para viajar?- dijo con una enorme sonrisa despertando la pasión que se había relajado en cuanto cruzamos la puerta por la mañana, con una sonría le afirmé y nos fuimos directamente al garaje sin despedirnos de la familia.

De camino a nuestro pequeño paraíso mis labios quedaron congelados en una postura de velero, al pensar que íbamos a correr por el bosque como a mí me apasionaba y también iba a experimentar el escalar una montaña con mis propias manos. Me sentía alucinada. Emmett me cogió de la mano y compartió la felicidad que sentía conmigo.
Mientras corríamos sin separar nuestras manos aun, el frío aroma del bosque húmedo me envolvió en un bienestar difícil de describir, me sentía especial, me sentía feliz, me sentía enamorada de esa persona que corría junto a mí. Y la escalada de la montaña fue alucinante, hicimos una apuesta antes de subir y – sin querer presumir.- le gané yo.

- Recuerdo esos dos árboles que se enlazan entre sí.- le dije a mi amado desde la apertura de nuestra cueva.
- Si vida.- me rodeó con sus brazos mirando también la montaña.- esos árboles me dieron la fuerza suficiente para declara mi amor hacia ti.
- Emmett…- me giré y lo miré a los ojos, algo asustada al recordar mi reflejo en el espejo.- En la habitación de Esme… me he visto reflejada en el espejo y…. ¿Cómo puedes seguir amando este rostro? Soy tan diferente.
- Eres aun más hermosa.
- Pero tengo…
- Ese rostro que tanto te horroriza desaparecerá con el tiempo, para mí no has cambiado nada mi vida, sigues siendo ese ángel que me enamoró hace casi un año y siempre estaré enamorado de ti. – mi cuerpo comenzó a sentir una electricidad invisibles cuando sus labios comenzaron a besarme por la cara bajando a mi clavícula y acabando en mi cuello mientras sus manos suaves me acariciaba la espalda.- ¿Tú has dejado de amarme al verme diferente con esos ojos nuevos que te ha dado la inmortalidad?
- No, jamás – dije algo asustada al pensar que podía dejar de amar a esa belleza que tenía entre mis manos.- eres el mismo hombre que me salvó ese día, eres mi salvador y eso nunca va a cambiar.
Involuntariamente de nuevo mi cuerpo se echó encima de mi amado apoyándole, esta vez con más suavidad, contra la pared que estaba detrás de él y como un molde de hacer flan me acoplé a su cuerpo sintiendo como su cuerpo aplastaba el mío sin hacer apenas daño, noté como esa pasión que fluía dentro de mi cuerpo salía y agarraba a mi marido con garras sin dejar de besarle.
Esa misma tarde mi amado y yo completamos la noche de bodas, sintiéndonos físicamente y demostrando todo el fuego de nuestro interior, toda esa pasión y todo es amor que siendo humana no pudimos hacer florecer en nuestra luna de miel.
La luna de miel…. Cuando terminamos de demostrarnos nuestro amor, aun tumbados en el suelo saqué el tema de nuestro viaje, ya que recordé que por culpa de Grisko mi luna de miel fue desastrosa.
- Emmett… ahora que soy vampira....pues me gustaría acabar nuestro viaje de novios, ese viaje que no pudimos acabar cuando era humana.- mi salvador empezó a reírse suavemente.
- Eso ya estaba en mi mente, vas a tener el viaje de novios más hermoso que no haya tenido nadie mi ángel de amor.- volvió a besarme delicadamente.
- ¿Iremos al mismo lugar?
- No, te voy a llevar a un lugar mejor… que no voy a decirte todavía. – le hice mala cara y me abracé a él fuertemente, mis labios comenzaron a besarle por el cuello, sintiendo de nuevo esa pasión que me volvía loca.
 - No me vas a sacar ninguna información con esa persuasión tuya.- dijo divertido.
- Sabes…- le dije separándome un centímetro de él.- Estoy enamorada de la inmortalidad.- le dije aun sin deshacerme de sus fuertes brazos que me rodeaban.
- ¿Creía que estabas enamorada de mí? – me dijo sonriendo mi amado.
- Y lo estoy mi vida, pero agradezco a la inmortalidad que me has ofrecido por concederme estar junto a ti para siempre, por que tu eres mi eternidad, cuando pase el tiempo amor seguiremos mirándonos con magia y complicidad a los ojos, nos miraremos una y otra vez sonriendo, y después de muchos años el amor que llevamos dentro, nuestro amor, seguirá siendo el mismos, o más profundo aun, ya que hemos vencido las barreras del tiempo juntos.
- Y juntos venceremos todo lo que se nos ponga en nuestro camino que no aceptemos como bueno.- me dijo acariciándome la espalda sin dejar de mirarme a los ojos.
Me volvía loca esa mirada provocadora que siempre me dedicaba con esos ojos color miel que me hacían arder por dentro, arder de pasión. Un deseo incontrolable surgió de mi cuerpo abrazándole aun más fuerte, fundiéndome en sus labios y enredando mi cuerpo en el suyo.

¡¡Abrazados vimos el atardecer!!

Luna Llena

El día de Luna llena, ese día que el indicio de suicidios, crímenes pasionales, incendios a propósito y todo tipo de conductas aberrantes que parecían dispararse estaba a punto de llegar, esa luna llena de mayo que Carlisle temía tanto estaba a la vuelta de la esquina.

Había pasado casi un año desde ese día que Maison quiso transformarme en un demonio y todas las noches desde mi transformación Carlisle estudiaba mi conducta y obtenía más información sobre mi pasado. ¿Por qué?  Porque las noche de luna llena, esas noches que siempre habían verdaderos caos de accidentes y crímenes violentos, la luna llena  estimulaba mis sentidos, me volvía agresiva, violenta, sin poder controlar mi propio ser, y sobre todo tenía un sobre elevado índole sexual.

Con el paso de los meses fuimos descubriendo mis poderes, algunos surgieron luchando  tranquilamente con Emmett, era la actividad que más nos apasionaba, él disfrutaba enseñándome a luchar y yo disfrutaba al ver ese cuerpo tan perfecto y que me llevaba loca, pero el poder que más temía Carlisle surgió esos días de luna llena donde mi cuerpo jugaba un papel asesino.
El primer poder que descubrimos fue el movimiento de tierra, ese día en que me desperté pero fui obteniendo control de él con el paso del tiempo, un día estando en el bosque mi marido, Carlisle y yo estudiando mis poderes llegué a provocar un pequeño terremoto en la zona, Carlisle se sorprendió bastante porque hasta ese día solo alcanzaba a pequeños movimientos sísmicos apenas notables para los humanos y ese día llegué a derrumbar cuarenta arboles y a realizar dos aperturas en la tierra.
Con la ayuda de Adam y Edward descubrimos mi segundo poder, cuando mi cuerpo se sentía amenazado, este desprendían un escudo alrededor de él protegiéndome de mis atacantes  – estas prácticas las odiaba Emmett porque sufría al ver como sus dos hermanos me atacaban.-
El tercer poder los descubrimos Reneesme y yo una tarde que pasamos juntas en el rio, - juntas pero con media familia observando cada movimiento o cada gesto que realizaba por si le hacía daño-  nos encontrábamos tumbadas en el césped planeando el próximo verano, la familia tenía previsto trasladarse de ciudad ya que habíamos pasado bastante tiempo en Seattle y antes del traslado queríamos hacer un pequeño viaje todas la mujeres juntas a un lugar hermoso pero apartado de la gente ya que a pesar de a ver pasado casi un año de mi transformación aun no poseía el autocontrol suficiente en presencia de humanos. Mi tercer poder apareció sin apenas darme cuenta, estábamos hablando y bromeando cuando de repente Nessi se percató de que con un solo movimiento de muñeca las pequeñas piedras que estaban a nuestro alrededor se pegaban  a mi mano como un imán.
- ¿Cómo has hecho eso?- me dijo asombrada.
- ¿El qué? No he hecho nada.- le contesté un poco confusa.
- Acabas de coger una piedra sin tocarla.
Las dos nos incorporamos y miramos mi mano que se encontraba jugueteando con una piedra.
- Simplemente la he cogido del suelo Nessi.
- No, la piedra ha ido a tu mano.- dijo aun asombrada.

Nos pusimos de pie e intenté repetir la operación colocando mi mano a la altura de mi cintura y realizando en el aire el movimiento de coger la piedra, sin apenas llegar a moverla mucho, una piedra que se encontraba incrustada en la tierra se desprendió de su escondite colocándose en mi mano.
- Guau, impresionante.- dije alucinando.
- Hay que decírselo a Carlisle esto le va a molar.- dijo Nessi riéndose a pierna suelta.
- Lo dudo.- me puse seria.- Carlisle no le ha gustado hasta ahora ninguno de mis poderes, cada cosa nueva que descubrimos su cara parece la de un ogro malhumorado.  – a Nessi se le escapó una risita tonta que me hizo reír.

Como unas niñas pequeñas comenzamos a juguetear con las piedras cogiéndolas con mi nuevo poder y tirándolas al rio, las dos nos divertimos bastante hasta que nos interrumpió Jacob, era la hora de regresar a casa.
Cuando le comenté a Carlisle mi nuevo poder, este no dijo nada, se limitó anotar en una libreta el nuevo descubrimiento.
Y el cuarto poder y el más temido por todos (en realidad el segundo poder que descubrimos desde mi nacimiento a vampira, pero Carlisle los anotaba de menor a mayor grado de peligrosidad por eso era el cuarto en sus apuntes) lo descubrimos la primera luna llena que pasé al regreso de nuestra luna de miel.

¡Nuestra luna de miel!

Pasados unas semanas de mi nacimiento como vampira Emmett organizó nuestra luna de miel, no me quiso decir nada hasta última hora cuando me entregó el billete privado de avión,  donde el destino era Tanzania. Íbamos a pasar unas semanas en la Isla de Pemba donde la naturaleza y los animales africanos abundaban excesivamente y donde quedaban pocas tribus humanas debido a una epidemia ocurrida recientemente.
- ¿Te gusta el destino?- preguntó mi amado provocando mis sentidos con el roce de sus dedos en mi espalda.
- Debe ser tan hermoso ese lugar y de saber que voy a estar sola contigo aun lo hace más hermoso.- reímos los dos con una sonrisa provocadora que hizo que nuestros labios se unieran en un beso lleno de pasión.
- Vale chicos, no pienso recoger otra cosa que rompáis por culpa de esa pasión incontrolable que tenéis a sí que por favor manteneros lejos de la casa si vais a seguir con eso.- se quejó Adam al ver que ese beso duraba más de la cuenta.

Nos separamos riéndonos del comentario de Adam ya que siempre que nuestros padres políticos y algunos hermanos no se encontraban en la casa (por respeto a la familia) nos volvíamos muy apasionados y siempre se encargaban otros de recoger lo que rompíamos y los que se inventaban una escusa para justificarle a Esme la rotura de ese objeto, aunque reconozco que Esme sabía quien era el culpable verdadero.
Volvimos abrazarnos y los dos a la vez nos susurramos “Te quiero”. Cogidos de la mano subimos a nuestra habitación a preparar la maleta, el avión salía al día siguiente.

De camino al aeropuerto Jacob, que fue nuestro chofer, no paró de quejarse del lugar elegido para nuestra luna de miel, se sentía preocupado por los pocos humanos de la isla y por la epidemia ocurrida allí, también del sol, allí el sol arrebataba contra la isla con sus ponentes rayos todo el día. 
- Solo un loco lleva a su mujer de luna miel a Pemba.- gruñó Jacob sin apartar la vista de la carretera.
- Puede ser el peor lugar del mundo Jacob pero solo te digo que con el ángel tan hermoso que me acompaña, para mi es  el mejor lugar de la tierra.- Jacob bufó y Emmett me dedicó esa sonrisa que me aturdía tanto.
- Pero te has parado a pensar que acaban de pasar una epidemia, que la zona está muy controlada  y que Tanzania está pegado a la isla y os pueden ver, es peligroso Emmett.
- Jacob si fuera peligroso no llevaría a la dueña de mi corazón a ese lugar, confía en mí cuando te digo que nada va a ocurrir.
- Estás loco.-  Con esto Jacob dejó de hablar colocándose serio en el volante.

El viaje fue largo y tedioso. En el  tiempo que duró el mismo no paré de mirar ni de besar a mi gran amor, a mi salvador. Pasé todo el vuelo mirando el rostro de mi amado. Invente 200 besos distintos y al menos 10 formas distintas de aplicarlos. Emmett  solo sonreía, dejando que le llenara con mis labios.
Cuando llegamos al aeropuerto de Tanzania un coche con las lunas tintadas nos esperaba en la puerta, era de noche, un hombre abrió la puerta del conductor y al oler su aroma mi cuerpo se tensó, era un vampiro.
- Tranquila vida, es amigo de la familia.- me tranquilizó mi marido pero algo en su rostro mantenía mis sentidos en alerta, no me inspiraba confianza, me mantuve detrás de Emmett bien alerta.

Estuvieron unos cuantos minutos hablando en un idioma, que no era inglés, era muy primitivo, deduje que sería de alguna tribu, sus ojos eran como los míos. Al poco rato le dio las llaves del coche y con una sonrisa mi amado me invitó a entrar en él.
Emmett arrancó el coche y dándome un beso suave en los labios nos pusimos de camino a Pemba, tardamos una media hora en llegar, en esa media hora nos mantuvimos abrazados, él rodeándome con su brazo libre y yo abrazándome a su cintura dedicándole continuamente besos por el cuello. El camino era oscuro y con muchos baches en el asfalto, me recordó ese día que Emmett me llevó a la antigua casa Cullen de Forks pero esta vez mi cuerpo no sentía miedo, yo era fuerte y eso me enorgulleció.
Llegamos a nuestro lugar y me quedé impresionada, primero al poder ver todo con bastante claridad en la oscuridad y segundo al ver nuestra casita hecha de madera en lo alto de un árbol. Emmett  me sonrió nuevamente, y tomándome en brazos subimos por una pequeña escalera también de madera, al llegar a la puerta visualicé cada rincón de la casa. Estaba alumbrada con farolitos de gasolina como se alumbraban nuestros antepasados antes de existir la electricidad, poseía dos ventanas orientadas al mar y una cama con fragantes sabanas blancas y velas dispersadas en el suelo de la pequeña cabaña.
Emmett me llevó a la cama y allí me acomodé mientras él dejaba las maletas en un rincón y apagaba los farolitos dejando solo la luz de las velas, cuando se acercó a mí, mi cuerpo salto sobre él besándole primero con furia y después tiernamente.
Me susurró “Te amo” y apoyándome en la cama delicadamente hicimos el amor en un lecho de flores de papel y con la brisa de mar envolviendo nuestra pasión.

-         Feliz luna de miel mi amor.- me dijo mi salvador acunándome en sus brazos.
-         Feliz luna de miel mi amor.- Le dije besándole en silencio mientras que mi alma seguía sintiendo ese fuego que despertó en mi, minutos antes.

Me levanté de su lado delicadamente y provocando a mi marido que me siguiera lo conduje al mar, al llegar a la orilla las olas de ese tranquilo mar nos envolvió, abracé a mi marido con dulzura y dejé que la paz y el sosiego del mar me cautivara.
Con sus caricias y con mis besos vimos el amanecer tapados con el manto de la brisa del mar.

¡¡Mi primera luna llena!!

El descubrimiento de mi segundo poder, cuarto para Carlisle, hacía exactamente tres días que habíamos regresado de nuestro viaje de novios y mi poco autocontrol me estaba fallando conforme la luna se iba llenando,  cuando llegaba la noche, el demonio de mi interior iba surgiendo sin tener compasión de nada, todo me inquietaba, la presencia de Jasper me malhumoraba, cualquier comentario me enfurecía pero lo que más me hizo arder en un odio incontrolable fue que Edward apartara a Reneesme de mi lado en esos días.
Tras mi mascara de belleza y donaire se ocultaba un depredador, un cazador de los vivos, un peligroso compañero de piso para mi familia.
Conforme se iba llenando la luna mis poderes nigrománticos y el hambre antinatural de sangre humana me estaban corrompiendo.
Me sentía asustada, no quería hacer daño a mi familia y lo que me dolía era hacerle daño a mi gran amor.  Un daño que sin quererlo se lo provoqué en varias ocasiones.

La noche del sexto día de nuestro regreso, el cielo dejó paso a una luna llena, hermosa como ninguna, una luna que se reflejaba con su esplendor sobre la casa Cullen. Nos encontrábamos en la habitación mi amado y yo recordando esos días de pasión vividos en nuestro viaje cuando las nubes se despejaron dejando ver a mi rival, mi furia comenzó a fluir sin provocación ninguna, mis ojos comenzaron a brillar con una luz antinatural, y mi cuerpo se sentía poderoso y sediento, esa bestia de mi interior me estaba dominando sin dar permiso alguno.
- ¿Cariño te encuentras bien?- preguntó mi amor con el rostro lleno de pánico.
No dije nada, me aparté de sus brazos con brusquedad y salí de la habitación lo más rápido que mis piernas me dejaron, bajé las escaleras directa a la puerta.
Mi lado bueno, asustado y sin obtener ayuda tras mis gritos, no sabía dónde iba pero mi lado demonio ansiaba sangre humana e iba a conseguirla pasara lo que pasara.

Cuando me disponía a salir de la casa una fuerza superior a la mía me sujetó del brazo.
- Suéltame.- dije sin mirar.
- ¿Dónde vas?- preguntó Emmett sin apenas aliento en su voz.
- No es asunto tuyo.- le contesté aun sin mirarle, esa no era yo, era el demonio que me consumía por dentro, yo gritaba en mi interior pidiendo ayuda, pero nadie me escuchaba. Mi mandíbula se tensó mientras mis músculos se ponían rígidos.
- Deberíamos hablar cielo.- intentó atraerme hacia el interior de la casa con palabras suaves mi esposo.
- Creo que hablando no me vas a convencer.
- No sé qué pretendes pero déjame ayudarte vida.

Me giré para mirarle a los ojos pero mi cuerpo rompió en una furia indeseable al ver a los varones de la familia detrás de Emmett, tensos, preparados para atacarme.
En ese momento mi frio e inmóvil corazón no albergó piedad ni compasión alguna hacia mi marido y arremetió contra él sin tocarlo, con solo mirarle a los ojos su cuerpo se elevó y fue despedido con gran velocidad y fuerza contra el gran ventanal situado en la parte de atrás de donde se encontraban todos, rompiendo en mil pedazos el cristal, y creando un gran agujero en el jardín al impacto del cuerpo de Emmett contra este. Carlisle y sus hijos se echaron encima de mí intentando  inmovilizarme, mientras escuchaba los gritos de terror de Esme que se dirigía a donde estaba su hijo. El demonio de mi interior repitió la operación lanzando a Adam contra el techo, tras eso Jasper me inmovilizó con su ponzoña. Una punzada afilada penetró en mi cuello dejándome inmóvil por culpa del escozor que me provocaba su veneno. Me encerraron en el sótano donde habían preparado una cámara acorazada, Carlisle sabía lo que iba a ocurrir, por eso mandó construirla días antes.
Estuve toda la noche encerrada en esa celda bajo la mirada de Jasper que con su poder consiguió tranquilizarme.

- Quiero ver a Emmett.- le exigí a Jasper, sentada en el suelo sin dejar de mirarme las manos.
- Cuando te calmes.- me dijo muy serio.
- Estoy calmada, quiero ver a Emmett.- le dije con la mandíbula tensa, seguía sin poder controlar mi propio ser.
- Déjame entrar Jasper.- escuché la voz de Emmett detrás de esa puerta blindada.
- Es mejor que no.- se negó
- Está controlada, no me va hacer nada.

Tras una pequeña discusión entre mi marido y su hermano que me puso algo nerviosa Emmett entró en la celda cerrando la puerta a su paso, yo me abracé a él con sollozos.
- Perdóname amor, yo no era esa, nunca he querido hacerte daño, perdóname cariño.
- ¡Sssss! Tranquila cielo, se que tu jamás me harías daño, no temas.- me dijo acunándome en sus brazos y besándome la frente.
- No sé lo que me ha pasado, yo era consciente de todo pero no podía…. No podía manejar la situación, el demonio de mi interior no me lo permitía. Lo siento tanto, he puesto en peligro la vida de mi familia, estoy tan avergonzada. ¿Y Adam como esta?
- Adam está bien, nadie te culpa amor, estamos aquí para ayudarte, pronto acabará mi ángel.
- No va acabar Emmett me voy a convertir en una asesina, en un monstruo que todos van a temblar con solo escuchar mi nombre.
- No voy a permitir que el amor de mi vida, mi razón de ser, la dueña de mi alma se convierta en lo que más teme su corazón, no mi vida, te convertí en vampira porque tenía seguro que nada te iba a ocurrir y te prometo que nada te va a suceder mientras los Cullen estén a tu lado, así que te pediría amor que dejes de lamentarte por lo ocurrido, nadie te culpa.

Con suavidad Emmett me apoyó en la pared y me regaló un beso apasionado que hizo que el demonio de mi interior se durmiera. Mi amado me había perdonado a pesar de lo apunto que estuve de matarle, era un cielo.

Ese día fue cuando descubrimos el peor de mis poderes, lanzar la gente a gran velocidad, con una fuerza descomunal y con solo la simple mirada enfurecida.
Y desde aquel día, todas las noches de luna llena mí amado y yo nos encerrábamos en el sótano, escoltados por Jasper y Edward, bajo las negativas de Carlisle que no quería que Emmett estuviera a mi lado, pero mi amado odiaba verme encerrada, sola y vigilada como una presa, por eso exigió estar conmigo esas noches.
Con el paso de los meses fui controlando más mi furia, mi descontrol y lo más importante la bestia de mi interior. Solo en dos ocasiones volví a utilizar ese poder  que yo misma odiaba, contra Jasper y mi propio amor.

Faltaban solo tres semanas para la luna llena de mayo, el día en que Gregoriska sumergió del propio infierno, ese día que tanto temíamos y que hacía que mi tranquilidad se desvaneciera. ¡¡Tenía miedo!! Irónico que un vampiro tuviera miedo pero lo tenía, más que miedo era terror a ser una bestia.

- Bienvenido a casa.- escuché decir a Esme desde el ático donde me encontraba con Alice y Bella jugando a las cartas bajo el cielo nubloso de ese día.
- Carlisle ha llegado de Rumania.- les dije a las chicas levantándome del suelo. – Ahora vuelvo.-  ellas decidieron seguirme.
Bajamos las escaleras las tres susurrando el por qué había llegado tan pronto cuando lo esperábamos cuatro días más tarde.  Allí estaba Carlisle con una caja en sus manos abrazando a su esposa.
- Carlisle… ¿Qué has encontrado?- le dije algo impaciente.
- Buenos días Ashley.- me saludó con una sonrisa en su cara.
- Hola, los siento.-me disculpé abrazándole.- tengo tantas ganas de saber lo que me va a ocurrir dentro de tres semanas que…. He sido impaciente.
- ¿Dónde está Emmett? Me gustaría hablar con los dos.- me preguntó mi padre dejando la caja en el recibidor.
- Ha ido con Edward y Adam al la Push Jorge necesitaba una mano con el traslado de su fabrica.- le explicó Alice también abrazándole.
- Entonces esperaremos.- con esto Carlisle subió las escaleras acompañado de su esposa y de esa caja que tanto ansiaba saber su contenido.

Carlisle había pasado unas semanas en Rumania buscando más información de la que ya poseíamos para verificar algunas dudas que tenía tras mi estudio. Yo me senté algo impaciente en el sofá y comencé a juguetear con unas figuritas que tenia Esme en la pequeña mesa de café, cogiendo postura de ausente.
- Ahora que estamos todas…- comenzó a decir Rosalie saliendo de la cocina.
- Falta Nesi.- le acusó Alice.
- Bueno pero luego se lo podemos comunicar… ¿Qué vamos hacer al final con ese viaje que teníamos planeado?
- Si no acabo con la vida de nadie dentro de tres semanas podemos realizarlo.- dije con tristeza en la voz.
- Ashley cariño, -me rodeó Bella con sus brazos.- no va a pasar nada, no vamos a dejar que ocurra nada, no estés sin ánimo.
- Siempre acabado haciendo daño al ser que más amo en esta vida Bella, no puedo estar de otra forma que no sea triste.
- Además Carlisle ha venido contento del viaje, eso es que tiene buenas noticias.- intentó animarme Alice con una gran sonrisa que hizo que yo también riera.
- Por supuesto que tiene grandes noticias, tú misma deberías estar contenta de los grandes progresos que has realizado en un año.
- Rosalie no puedo acercarme a más de un kilometro de un humano sin poner en peligro su vida.
- Pero has logrado controlar a la bestia que llevas dentro los días de luna llena y eso es el mejor progreso que hasta hora es el más importarte.
- Si en eso te tengo que dar la razón, pero tengo tanto miedo a causaros daño, tengo tanto miedo de que Reneesme deje de quererme por ser un vampiro descontrolado y tengo….
- Nesi jamás, me oyes, jamás va a dejarte de quererte, así que quítate esa idea de la cabeza.- me riñó Bella con un poco de furia.- Eres una hermana para ella, eres su mejor amiga, y si ahora esta mas en la Push que con nosotros es simple seguridad, nunca dejará de quererte.
- Ya están aquí los chicos.- anunció Alice con los ojos cerrados.

Me levanté del sofá sonriendo a Bella sin ánimo y me dirigí al garaje donde los chicos ya estaban aparcando el coche, nada más ver a Emmett me abracé a él con toda la ternura que poseía en ese mismo instante.
- ¡Ummm! Voy a tener que irme más a menudo para disfrutar de mi regreso como lo estoy disfrutando ahora.- dijo algo provocativo.
- Te he echado mucho de menos mi amor.-  mientras le decía esto mis labios no paraban de besarle por el cuello y la mejilla.
- Veo que ya ha llegado Carlisle.- dijo mi amado mirando el coche de nuestro padre.
- Si, quiere hablar con los dos, ha encontrado algo en Rumania.
- Pues no le hagamos esperar.

Mi gran amor me cogió de la mano y acariciándonos con la mirada subimos al despacho de Carlisle donde se encontraba con su mujer.  Al entrar a su despacho con previo aviso Esme nos dejó a solas con su esposo despidiéndose con una enorme sonrisa que le hacía brillar los ojos de felicidad.

- Bienvenido a casa Carlisle, estos días que no has estado As ha estado algo preocupada.- le comunicó mi amado acariciándome la mejilla.- ¿Qué has encontrado?
- Ashley no debes estar preocupada, he conseguido estos libros específicos que solo hablan de Gregoriska, también he encontrado unos pergaminos redactados por Cayo, y tras estudiarlo todo muy bien, solo puedo añadir a mis investigaciones que debemos estar tranquilos, dentro de tres semanas será como todos los meses, no hay peligro alguno si sabes controlarte por ti misma, que hasta ahora lo estás haciendo bien.
- Bien no Carlisle, no puede ir bien cuando hago daño a mi esposo o alguno de mis hermanos.
- Con el tiempo no hará falta que te encerremos en esa celda odiosa As, confía en mí. Sé que eres fuerte y que pronto serás tú quien me des consejos a mí. Y te aseguro que jamás llegaras a ser un monstruo como tú antepasado, solo serás un vampiro con el poder de poseer cuatro dones  distintos.

Carlisle parecía muy convencido de lo que me estaba diciendo, mi corazón paralizado se tranquilizó al ver que mi padre había dejado a un lado la cara de ogro de meses anteriores y que pronto yo tendría el suficiente autocontrol para poder enfrentarme a la luna llena, enfrentarme a mi misma y lo más importante para todos que no llegaría a ser un demonio succionador de sangre.

- También tengo una noticia que no sé si es segura o no.- comenzó a decir Carlisle interrumpiendo el beso dulce de mi amor.
-  ¿Peligrosa? – dije algo asustada separándome de esos labios que no quería dejar de besar.
- No, no es peligrosa pero no estoy del todo seguro de que sea cierta, dicen las leyendas que el descendiente de Gregoriska que posea la marca podrá tener descendientes.
- ¿Descendiente? Eso quiere decir  que As puede ser mama.- preguntó mi marido con entusiasmo.
- Sí, pero como he dicho no lo tengo muy seguro, me gustaría acabar de leerme estos libros para averiguar más cosas de ese tema. Sabes que las mujeres vampiras no pueden tener hijos al paralizarse todos sus órganos, pero… déjame estudiarlo.
- Seria genial.- dije pensando en que podría tener un bebe para cuidarlo, quererlo, amarlo estar siempre a su lado y enseñarle a vivir  como nunca lo habían hecho mis padres conmigo.

Después de finalizar la reunión con nuestro padre Emmett y yo nos fuimos a nuestro lugar privado, a nuestro paraíso de amor. Queríamos estar solos, necesitamos estar solos y ese era el lugar idóneo para estarlo.
Esta vez no cogimos el coche, ansiaba correr por el bosque sintiendo las frías gotas de agua que caían del cielo en mi piel para luego refugiarme en el pecho de mi gran amor.
Y llenos de felicidad, entrelazados uno contra el otro envueltos bajo el manto de la fría humedad de la cueva volvimos a encender la llama de la pasión, haciendo el amor como en nuestra luna de miel, sin miedo a que nos vieran, sin miedo a romper algo y con toda la furia y la pasión que nuestros cuerpos demostraban sin compasión.

¡No dejemos a un lado el día en que me presenté como vampira a la manda!

Fue exactamente dos días antes de irnos de viaje de novios.  Edward había reunido a la manada al completo en el bosque,- seguridad para los humanos de la Push,- me encontraba algo nerviosa al pensar que no me iban aceptar en mi nuevo estado, una sanguijuela como decía Paul cariñosamente, ya que mi familia me hablaban de ellos como algo distante, dándome la sensación de que ellos no aceptaban mi transformación, pero me llevé una gran sorpresa al ver el recibimiento de mis amigos licántropos.
Cuando llegamos al centro del bosque los lobos habían organizado una fiesta sorpresa, algo raro ya que adornaron los arboles con tiras de colores y globos, montaron una mesa con comida y hasta trajeron un equipo de música, la idea fue de Reneesme.
Al llegar allí Seth fue el primero en abrazarme cariñosamente.
- Bienvenida a nuestro mundo As, estas muy hermosa.- me dedicó unas palabras muy bonitas mi mejor amigo licántropo.
- Gracias Seth.- me abracé con mucha fuerza a él que este tubo que apartarse un poco debido al dolor que le estaba causando.- lo siento, tengo que controlar mi fuerza.-los dos reímos.
-  Lleva toda la mañana preocupadísima por si no la aceptabais.- dijo mi amado divertido.
- Eso no se dice ¿vale?- le acusé riéndome.
- Como no vamos a aceptar a la mejor vampira de este clan, eres la única que vales aquí- dijo bajito riéndose con ganas.
- Te hemos oído Seth.- gruñó Bella tirándole una piedra a la cabeza.
- Que tonto eres pequeñajo.- le dije desordenándole el pelo.

A pesar del olor tan fuerte que desprendían mis amigos, que pronto me acostumbraría, me abracé a cada uno de ellos echando de menos a sus novias humanas que por seguridad no asistieron a la fiesta. Echando de menos también a uno de los miembros más importantes de la manada.
-¿Y Sam?- pregunté a  Embry que fue el último a quien saludé.
- Sam siente mucho no asistir a la fiesta pero…..- Embry se quedó pensativo unos segundos.
- Sam ha decidido dejar la manada.- interrumpió Kankana los pensamientos de su compañero.-  No quiere volver a pasar lo que pasó con Emily, no soportaría ver envejecer de nuevo a su nueva pareja, quiere envejecer con ella y morir con ella.
- Pero…. Sam es…
- El Alfa de las dos manadas es ahora Jacob, volvemos a ser una.- me aclaró Seth.
- Pobre Sam, si esto era su pasión, creía que adoraba ser licántropo.
- Lo adora pero no quiere sufrir.

Miré a Emmett algo triste por la decisión de Sam y nos unimos a la fiesta donde ya estaban la mayoría bailando y riendo, sin dejar a un lado que casi ya no quedaba comida en las mesa.

Estuvimos hasta el anochecer en el bosque celebrando mi nuevo nacimiento.


Buena Esperanza

Como todos los días específicos de cada mes antes de anochecer Emmett y yo nos estábamos preparando para afrontar una noche más de luna llena, yo estaba asustada a pesar de la tranquilidad de Carlisle. Era ese 22 de Mayo que tanto miedo tenia, ese día que los antiguos brujos despertaron a mi antepasado demoniaco y que casualmente también era luna llena este año.

- Te aseguro vida mía que esta noche va a ser inolvidable.- me susurró Emmett en el oído cogiéndome por la cintura obligándome a dejar encima de la cama lo que llevaba en las manos.
- Espero que si.- dije sin ánimo.- Estoy muy nerviosa, hoy es el día que resucitaron a la bestia y….
- Confía en Carlisle…
- Si yo confío en él, de quien no confío es de mi, Emmett, no quiero hacerte daño.
- No voy a dejar que ese ser diabólico de tu interior se muestre esta noche, tengo algo muy especial preparado para ti.- Emmett comenzó a besarme por el cuello.
- ¿Si? ¿Y puedo saber lo que es?- le pregunté metiendo mis manos por el interior de su camisa para acariciarle la espalda.
- No.
Emmett se separó de mí con una enorme sonrisa y me ayudó a recoger nuestra habitación que estaba algo desordenada debido a la planificación del viaje de chicas.
Al anochecer, después de despedirme de mi familia y de mi gran amiga que ese día lo pasó junto a mí, Emmett y yo nos dirigimos al sótano y algo inusual me sorprendió.
- ¿Jasper y Edward?- pregunté a mi amado al ver que no nos seguían.
- No va hacer falta que nos acompañen, esta noche la voy a controlar yo.
- Pero no…
- ¡Sssss! Confía en mí.
Emmett abrió la puerta de la celda y cortésmente me cedió el paso, en mi cara se dibujó una gran sonrisa al ver en el suelo la misma cama que en Tanzania, rodeada de velas y adornada de pétalos de flores de muchos colores. Miré los ojos de mi amado y una felicidad recorrió mi cuerpo obligándome abrazarle fuertemente.
Fuera llovía como nunca, los truenos retumbaban en las cuatro paredes blindadas de la celda avivando más el fuego de nuestra pasión.
Y como dijo Emmett esa noche la bestia de mi interior murió para siempre, esa misma noche poseí el autocontrol de mi propio ser dejando muy pequeño al demonio que quería dominarme meses atrás. Eso era lo que necesitaba esas noches, el amor de mi marido, la pasión que hacía a la bestia tenerme miedo a mí y a mi salvador.

Habían pasado tres meses desde que Carlisle regresó de Rumania con las buenas noticas que mi pésima autoestima esperaban que fueran malas, habían pasado casi cuatro meses de esa luna llena de mayo que tanto temíamos y que en realidad no fue grave, solo diría que fue una noche muy especial, una noche que mi marido y yo jamás olvidaremos.
Y habían pasado dos meses de ese viaje especial que hicimos todas las mujeres Cullen.
Estuvimos en Cangas de Onís, a las puerta de los Picos de Europa, un lugar lluvioso y con arte románico, un lugar donde siempre había deseado ir, al norte de España, Asturias un lugar hermoso, que mis padres me prometieron cuando era pequeña que me llevarían a conocer esa tierra bonita, pero que no cumplieron su promesa debido a circunstancias paranormales.
Asturias, un paraíso para el viajero que la visita por primera vez, encontrando en esta tierra un estallido de colores entre el verde de los prados y bosques y el azul del mar omnipresente. Montañas espectaculares, puertos de montaña y de mar, recónditos lugares donde el espíritu puede volver a encontrarse a sí mismo. Modos de vida que en otras zonas peninsulares hacía mucho tiempo que habían desaparecido.
Esa ilusión de ir al norte de España que mi familia dio por cumplido mi sueño.
Estuvimos hospedadas en una cabaña en lo más profundo del bosque que rodeaba los enormes prados de Asturias, rodeadas de bella naturaleza y de animales que jamás habíamos probado.
Nada más llegar, con la pena de haber dejado a nuestros hombres solos y sin poder deshacer las maletas,  Reneesme planificó una ruta turística ya que nos advirtió a todas que ella no se iba a quedar en casa aburrida sin saber qué hacer, a pesar de haberle dicho una y otra vez que sería un viaje de relax.
En primer lugar fuimos a la  bahía de San Lorenzo, que era la playa de Gijón, por suerte estaba lloviendo, estuvimos paseando por su paseo marítimo  disfrutando de esa imagen tan perfecta que jamás habíamos visto en nuestro país natal, en el mismo paseo se encontraba la Iglesia de San Pedro. Era una estampa espectacular.
De allí Nesi nos llevó a la plaza del Ayuntamiento, también hermoso de ver, con un gran monumento que según Alice, que había estudiado historia europea, era la estatua de Pelayo. Acabando ese día en una colina verde muy grande donde la gente en días de sol iba a relajarse, a pasear o simplemente tumbarse al sol.
Regresamos a casa al anochecer haciendo una parada por el camino.
- ¿Estás segura que estos bichos que dan leche están buenos?- preguntó Nesi con cara de asco.
- No son bichos hija, son vacas y supongo que si, el flujo de su sangre es apetecible.
- Pero huelen fatal.
- Cariño las vacas son…
Mientras madre e hija se debatían por el sabor de las vacas Rosalie y yo ya estábamos atacando a una inocente vaquita lechera que pastaba tranquilamente en el prado.
No se parecía en nada al sabor de los ciervos, panteras o los osos pero estaba buena, tuvimos que compartir una para dos ya que eran bastante grandes y con una ya te quedabas saciada para varios días. Alice y Esme siguieron nuestro paso dejando a un lado a las Swan.
Al amanecer del día siguiente Reneesme nos llevó a visitar el pueblo de Cangas de Onís donde estábamos hospedadas, nada más entrar al pueblo nos topamos con el Puente Romano, un atractivo puente que fue creado en la edad media por los romanos y que aún conservaba su esplendor, nos hicimos un montón de fotos en el puente, con mil posturas diferentes inventadas por Nesi que se le veía más entusiasmada que a mí.
De Cangas nos dirigimos a Covadonga, paseando bajo el cielo negro de una tormenta próxima viendo el Rio Sella. En ese trayecto se me encaprichó probar la sangre de caballo y debo admitir que estaba más jugosa que la de vaca, tuve una pequeña discusión con Alice sobre este tema ya que ella los adoraba tanto que no podía ver como mi sed de sangre acababa con la vida de una pobre yegua. Fuimos a visitar el monasterio y vimos la virgen de  la cueva, era muy bonita, era preciosa. La virgen morena de Asturias. A Esme le impresionó muchísimo que hasta le hizo varias fotos. Y de ahí partimos a los grande y anchos lagos, el lago Ercina y el Enol. Una maravilla. Todo el paisaje rodeado de verde, una imagen difícil de describir. Visitamos muchos pueblos y muchas culturas distintas, fue un viaje fabuloso.

¡Un viaje que jamás olvidaremos!
Hacía apenas dos meses del regreso de nuestro viaje de chicas cuando nos habíamos trasladado a la Ciudad de Quibdó la capital del departamento colombiano del Chocó un pueblo donde Carlisle había pasado una temporada en su juventud y que disfrutó muchísimo su estancia allí.
Carlisle compró un terreno aislado del centro del pueblo donde mandó construir tres casas de dos pisos cada uno con sus respectivos garajes, con una distribución ovalada dejando en el centro de cada casa, el jardín privado, con una fuente de delfines, capricho de Reneesme.  En la primera casa, la más grande íbamos a vivir Carlisle, Esme, Emmett y yo, la casa de nuestra derecha vivirían Edward, Bella, Nessi y Jacob – que con pena en el corazón dejó a su familia en la Push con la condición que cada mes viajarían allí para reunirse de nuevo.- y a la izquierda de mi casa vivirían Rosalie, Adam, Jasper y Alice.
Vimos apropiada esa distribución y vivir cada uno en una casa para tener privacidad propia aun que pasaríamos más tiempo juntos, en la casa grande de Carlisle.
Todos encontraron trabajo excepto yo, que aun no poseía el control suficiente ante los humanos a pesar de que mi familia me ayudaba mucho a superarlo. Nessi, Alice y Bella comenzaron de nuevo el instituto y Jacob abrió su propio taller de coches, el sería dueño y  mecánico con la ayuda de Rosalie. Mi academia de música la dejé a cargo de Kankana que él se encargaría de mantenerla abierta con bastantes alumnos.- Es lo que me juró unas diez veces.-  ¡Era un cielo de chico!

- ¿Esme donde colocamos este jarrón? ¿En el comedor o en el despacho de Carlisle?- pregunté a mi madre mientras terminábamos de desembalar los paquetes.
- Lo pondremos en el despacho, al lado de la ventana, allí van esos cuadros también Bella, son del mismo pintor. Emmett ayúdala a subir el jarrón…. Adam trae la caja que esta encima de la mesa por favor, la necesito.
- Enseguida. – contestó Adam alegremente.
- Puedo yo sola Esme.- le espeté al no comprender que mi madre no confiara en mi fuerza.
- Lo sé cielo pero te encuentro con no muy buena cara. ¿Te ocurre algo?
- Que yo sepa no.- le dije dudosa, no la entendía, que yo supiera los vampiros jamás enfermaban y jamás se les ponía la cara de enferma, además me encontraba muy bien.
- Ahora que lo dices…. – dijo Emmett tocándome la cara.- ¿estás bien mi vida?

Pero al decir verdad cuando mi amado me tocó la cara comencé a sentirme  distinta, no llegaba a ser enferma si no diferente, una sensación de quemazón fluyó de mi interior y un mareo impredecible recorrió mi cuerpo hasta acabar en mi cabeza, esto hizo que mi vista se nublara dejando caer el jarrón de mis manos. Esme cogió al vuelo el jarrón y mi amado me sujetó por la cintura al ver que mi cuerpo se tambaleaba.
- Carlisle.- escuché gritar a mi esposo mientras yo me quedaba medio inconsciente.
- Ashley…. As ¿Qué te pasa?- mi marido me decía con voz angustiada.- Cariño ¿Qué te está ocurriendo?
- No lo sé,- logré decir casi sin aliento.
- Túmbala Emmett… Edward mi maletín…. Esto no es muy natural en un vampiro. Apartaros, Reneesme apártate, dejarla respirar.
- ¿Qué le pasa Carlisle?- exigió saber Emmett con furia en su voz.
- No lo sé Emmett a sí que te pediría que te relajaras un poco.- le contestó su padre amablemente.- Ashley ¿Qué es lo que sientes?
- Siento… siento un fuego que me arde por todo el cuerpo y…. veo borroso….y… tengo sed.- le logré explicar a mi padre sin aliento.- es como si mi cuerpo estuviera luchando contra la ponzoña, no sé explicar esa sensación.
- ¿Cuánto hace que no cazáis Emmett? – peguntó Edward trayendo el maletín.
- Dos semanas solamente, ¿Qué le está pasando Carlisle?- mi marido cogió el brazo de Carlisle con una ligera presión que hizo que este se le quedara mirando con furia.
- Emmett te pediría paciencia ¿de acuerdo?
- Emmett déjalo trabajar.- Edward puso una mano en el hombro de su hermano y este soltó el brazo de Carlisle
Carlisle comenzó a examinarme como si fuera una humana sin obtener nada a cambio ya que no tenía pulso y el flujo de sangre en mis venas estaba paralizado. Esa quemazón que me angustiaba tanto seguía revolviéndome por dentro sin desistir.
- Emmett ¿desde cuándo tiene este hinchazón en el vientre?- peguntó Carlisle tocándome la barriga con las dos manos.
- Pues…. Desde hace poco, no sé exactamente desde cuando, pero eso es normal ¿no? Suele beber más sangre que los demás y creía que….
- Ashley te voy a llevar al hospital para hacerte una ecografía ¿de acuerdo? ¿Cómo te encuentras para andar?
- Bien…. Creo.
- Eso no es normal Emmett un vampiro por mucha sangre que beba no se le hincha la barriga….- Le acusó Edward algo nervioso.
- ¿Os acompañamos? – preguntó Alice también nerviosa revoloteando alrededor de su padre.
- No, es mejor que os quedéis aquí, no quiero llamar mucho la atención en el hospital.

Me levantaron del sofá entre mi marido y mi padre y nos dirigimos al coche, nos acompañó Esme y Nesi que se puso muy nerviosa al verme en estado débil y se empeñó en acompañarnos.
Al llegar al hospital, donde Carlisle había empezado a trabajar pocos días antes, me llevó a una sala llena de aparatos de rallos x y donde solo podían entrar el paciente y el doctor. Emmett se quedó fuera muy preocupado y furioso al no poder estar a mi lado, Esme y Nesi lograron tranquilizarlo un poco ya que estaba llamando mucho la atención de los pacientes y de los médicos por esa furia incontrolable que se le ponía cuando estaba demasiado nerviosos y preocupado.
Carlisle acercó un pequeño monitor  a la camilla donde estaba tumbada, lo enchufó a la red eléctrica y  levantándome la camisa empezó a pasar por mi barriga un aparato rectangular lleno de gel.
Tras unos minutos mirando el monitor, que yo no vi nada inusual  debido a mi capa gruesa e irrompible piel de vampiro, Carlisle apagó el monitor e izo entrar a Emmett.
- ¿Qué has visto Carlisle? ¿Qué le ocurre a Ashley?- preguntó alarmado mi marido mientras me abrazaba con ternura.
- Yo no he visto nada, estaba todo negro. – le dije mirándole a sus ojos que en ese momento trasmitían preocupación.
- Tú no has logrado ver nada…- empezó hablar Carlisle sonriendo.- por que tus ojos no te han dejado ver más allá de la ciencia…. Emmett tu mujer….como decirte que…
- Ves al grano Carlisle por favor.- le acusé también un poco molesta por su tardanza.
-  Tu mujer está embarazada.
- ¿Qué? – dijimos mi amado y yo a la vez.
- No puede ser yo soy un….
- Si Ashley pero te recuerdo que eres especial, y como descubrí en mis investigaciones, la heredera de Gregoriska que lleva la marca podrá tener descendencia pero…. solo podrá ser fecundada la noche de luna llena cuando fue despertado. A sí que As estas embarazada y de gemelos.
Emmett y yo nos miramos con expresión de incredulidad y automáticamente nos besamos con un dulce beso, que a mi gusto fue corto.
- Pero ¿será como Reneesme? Me explico…. El desarrollo del feto, ¿será tan rápido como Nesi?- preguntó mi amado recordado lo duro que fue el embarazo de Bella.
- No, lo más seguro que sea un embarazo normal, estas embarazada de tres meses según mis cálculos y de momento los fetos tienen la medida  de doce semanas, lo más seguro que sea un desarrollo normal, humano.
- ¿Y el parto? ¿También serán ellos los que desgarren a la madre para salir de dentro?- esta vez Emmett se puso muy tenso al pensar que podrían hacerme daño.
- No lo sé Emmett con el paso de los meses iremos averiguándolo. Nunca he llevado un caso como este.
- Porque nunca se ha quedado una vampira embarazada, Carlisle ¿Cómo es posible si mis órganos están muertos?
- Eres la elegida, como ya te dije una vez, todo es posible en ti.
- Pero serán monstruos o….
- Van a ser los niños mas adorables que hayamos visto jamás.- dijo Carlisle tocándome la cara con gesto tranquilizador.- no temas As todo va a salir bien, deberías estar contenta de tu nuevo hallazgo.
- No me puedo creer que vaya a ser papa, nunca me había imaginado esto.- la sonrisa de Emmett me llenó de felicidad cuando miré ese rostro tan perfecto.
- Vamos a ser papas Emmett.
- Y por partida doble.- afirmó Carlisle sonriendo.

Mi salvador me abrazó fuertemente y nos fundimos en un beso lleno de ternura mientras Carlisle hacia pasar a su esposa y a su nieta, la nerviosita. Cuando les comunicamos la noticia Nesi pegó un grito de alegría seguido de un abrazo eufórico, su grito hizo que unas enfermeras asustadas entraran a la sala de rallos para ver lo ocurrido y Esme se quedó tan atónita que su marido tuvo que besarla para que reaccionara.
Ese embarazo era un milagro, era algo fuera de lo normal en el mundo vampírico, para Carlisle era algo mágico, para mí y para Emmett era algo especial y hermoso.
Cuando regresamos a casa toda la familia, se encontraban reunidos en el salón preocupados por mi estado.
- ¿Qué ha pasado? ¿Cómo estás?- me preguntó Alice abrazándome.
- Estoy bien,  tranquilos nada malo me está pasando solo que….- miré a Emmett y lo cogí de la mano.- Emmett y yo vamos a ser papas.
- Será una broma ¿no?- dijo Jasper incrédulo.
Observé las caras de todos mis hermanos una por una y todos tenían la misma postura de asombro, duda e incredulidad.

- No, Ashley está embarazada…. Sé que…- continuó Carlisle haciendo callar los susurros de sus hijos.- imposible, increíble y sobrenatural pero es cierto Ashley está embarazada.
- Lleva gemelos. –gritó Reneesme entusiasmada abrazándose a su amado.
- Es una broma.- Afirmó Rosalie muy seria.- No puede ser, ella es…
- Rosalie, lo mismo he dicho yo pero Carlisle está muy seguro de lo que dice.- fui a cogerle de la mano para transmitirle mi alegría pero ella se apartó algo seria y salió de la casa con un gran portazo y se dirigió a la suya.
- Rosalie…- grité pero ella me ignoró cerrando la puerta de su casa fuertemente.
- Se le pasará, no te preocupes cielo.- me calmó Emmett al notar la tristeza que me produjo su actitud.

Todos nos dieron la enhorabuena, Bella hizo las mismas preguntas que mi esposo le realizó a Carlisle en el hospital y este se las contestó igual de feliz que me sentía yo contestando todas las preguntas de futuro de mis pequeños.
Estuvimos toda la noche hablando de los pequeños, de cómo íbamos a decorar la habitación, de cómo se llamarían, esas cosas que se suelen hacer cuando una humana descubre el sexo de su bebe pero un poco adelantado por los nervios y la felicidad que le causaba a Nessi la noticia. Incluso hubo planes de maternidad entre Jacob y Reneesme que esta también soñaba en ser mama pronto.

Al amanecer me desprendí de las garras de Nessi que se había quedado dormida abrazada a mi barriga y me dirigí a casa de Rosalie, necesitaba hablar con ella. Quería saber por qué le molestaba tanto mi embarazo y por qué pasó toda la noche encerrada en su habitación junto a Adam sin querer participar en nuestra conversación.
- ¿Puedo pasar? – pregunté abriendo la puerta de su habitación.
- Si… pasa…-dijo Adam abandonando la habitación después de cederme el paso.
- Hola Rosalie.
- Hola.- me contentó con voz seca.
- ¿Qué te pasa? ¿No te ha gustado la noticia? ¿Te parece algo monstruoso que yo vaya a ser mama?
- La noticia…. la noticia me ha venido un poco grande As, no entiendo porque…. Eres una vampira como yo… tu sabes que siempre he deseado en esta vida…. he deseando tener un bebe y por culpa de mi condición no podré tener jamás un hijo y tu…. tu siendo como yo vas a tener dos….. Me aterra la noticia As….
- No estás contenta de mi felicidad. No quieres compartir mi felicidad, la felicidad de Emmett y mía….
- Si, si que estoy contentan solo que…. no asimilo aun lo que tienes ahí dentro. Siento si te molesta que no esté saltando de alegría como los demás, lo siento.
- No voy a echarte ningún sermón sobre  tu actitud, cada uno se toma las noticias como quiera solo decirte que espero que seas tú quien esté a mi lado cuando mis hijos nazcan porque quiero que seas tú la que me ayude a criar a mis hijos, quiero que seas tú una segunda madre para ellos. Buenos días Rosalie.

Con esto salí de la habitación dejando a Rosalie sola, por un lado comprendía su postura pero por otro me causaba una rabia incomoda que no quería dejar fluir, fui a por mi marido y juntos nos fuimos de caza.

Con el paso de los meses en mi vientre fue creciendo lentamente el fruto de un inmenso amor, una mezcla de emociones, sensaciones nuevas y una felicidad indescriptible  inundaba mi alma. De mis ojos brotaba una luz de felicidad.
¡Era el milagro de la vida!
Mi vientre poco a poco fue haciendo espacio a mis dos pequeños que pronto verían la luz, con el paso de los meses mi cuerpo empezó a sentir sensaciones extrañas, sensaciones que día a día iban amando con locura a esos seres que pronto tendría en mis brazos.
Con el paso de los meses iba enamorándome de mi cuerpo, amaba mis náuseas, esa quemazón que se provocaba en mi interior, adoraba ese cansancio y ese sueño constante aun sabiendo que jamás podría dormir, adoraba esa sensibilidad de mi olfato, mi sobre exagerada sed de sangre. Necesitaba el dolor que me infringía ese fuego que recorría mis venas, porque día a día sintiendo todo esto sabía que mis pequeños estaban ahí alimentándose  de la dulce miel de mis entrañas.
Mi amado y yo  contábamos los días esperando dulcemente la llegada del fruto de nuestra pasión, disfrutando cada hora, cada minuto, cada instante de esas pataditas que me daban cuando tenían hambre.

Mis dos pequeños eran mi primer pensamiento en la mañana y el último en la noche, cada día que pasábamos viendo como mi barriga se hinchaba Emmett y yo radiábamos  de felicidad.
Pasábamos  mañanas, tardes y noches enteras imaginando las hermosas caritas de nuestros bebes, pensando en cómo serían sus sonrisas y sus manitas, imaginando el color de sus miradas, el olor de sus cuerpecito.

Sintiendo cada segundo sus piernecitas pateando mi vientre maduro.
No nos importaba si eran nenes o nenas, porque desde el momento que supimos que existían dentro de mí comenzamos a amarlos desde lo más profundo de muestras almas y de muestro ser.

También adoraba las noches de luna llena, primero porque gracias a la presencia de mi amado, juntos controlábamos ese ser que odiaba y porque esas noches de luna llena mis bebes revoloteaban dentro de mí como si quisieran salir y agarrar la vida con las dos manos. Estaba enamorada de esa sensación que me provocaba cuando mis pequeños se movían dentro de mí.
Apenas me quedaban solo dos meses para ver las caritas de mis bebes, ilusionada y con ganas de saber que serían ya que debido a la dura e irrompible bolsa donde se desarrollaban mis bebes, Carlisle no logró ver el sexo de cada uno.

- ¿Puedo pasar? – preguntó Rosalie desde la puerta de mi habitación de Seattle donde me encontraba vistiéndome, para ir a la boda de un miembro de la manada que tras varios años de incertidumbre  por fin decidió formar parte del matrimonio.
- Pasa Ros…. Qué guapa estás.- le dediqué ese cumplido por que en realidad iba muy hermosa, llevaba un traje azul marino palabra de honor con pedrería y con una tocador en el pelo del mismo color que el traje, iba muy bonita.
- Gracias, tu también vas muy guapa, pero no he venido a que me inundes con cumplidos As… he venido a pedirte perdón por mi comportamiento estos meses atrás, sé que he estado muy distante a ti, que te he evitado y que no he sido una buena hermana por eso quiero pedirte perdón hoy. Ahora que te veo con es barriguita, que veo que mis sobrinos están a punto de nacer, me he dado cuenta que no mereces mi desprecio y que no vale la pena lamentarse como lo estoy haciendo yo. Siento mucha felicidad por ti y por Emmett, sobre todo por él que de verdad se merece todo lo que le esta pasando. Quiero que me des la oportunidad de estar al lado de tus hijos cuando nazcan.
- Nunca he estado enfadada contigo Ros por eso no puedo perdonarte algo que no has hecho, tu…- la cogí de la manos y las puse en mi barriga.- vas a ser la madrina de uno de mis bebes, vas a ser las segunda mama de mis pequeños y jamás pienses que eres desdichada por qué no lo eres, mas de una se mure de envidia por ser como tú eres, por tener tu cuerpo y por ser la mejor hermana que una puede tener, a si que, por favor no te lamentes y me vuelvas a pedir perdón por que nunca me has hecho daño.
- Pero has sufrido por mi culpa… no lo niegues Emmett me lo ha dicho.
- Otra vez discutiendo sobre mí a mis espaldas.
- No, esta vez no hemos discutido, te lo aseguro. Te quiero mucho As.

Las dos nos abrazamos con pesar, las dos nos habíamos equivocado, ella por alejarse de mí y yo por no intentar acercarme a ella. Me ayudó a colocarme mi tocador en el pelo y juntas bajamos al salón donde todos nos esperaban impacientes por salir ya de la casa.

- Que hermosa esta mi ángel de amor. – Me dijo mi salvador cogiéndome de la mano y besándomela mientras bajaba las escaleras.-
- No exageres Emmett, como puedo estar hermosa si casi no me veo los zapatos, no sé si me he puesto los rojos o los negros.- todos rieron a mi comentario.
- Fuiste hermosa cuando eras humana, fuiste hermosa cuando pasantes a ser vampira y eres más hermosa aun con esa barriguita que te han creado nuestros hermosos hijos, para mí siempre estás hermosa vida.- todo esto me lo dijo abrazándome y besándome por el cuello provocando esa sensación de pasión y fuego que tanto me gustaba de él.
- Será mejor que lo dejes si no quieres llegar tarde a la boda.- le susurré en el odio a mi amado con la llama de la pasión a todo fuego, nos miramos dulcemente y sonreímos dejándome con ganas de besar esos labios que me habían dedicado la sonrisa que tanto amaba.

Los demás se miraron entre ellos y hubo alguno quien resopló ignorando nuestra enamorada conversación.
En la Push ya estaba todo preparado para recibir en el altar a Aadi y su futura esposa Eila. Ese mismo día nos enteramos la familia Cullen que Eila pasó a formar parte de la manada un mes antes de la boda.

Fue una ceremonia muy hermosa y emotiva, me recordó tanto a mi boda humana que Emmett y yo estuvimos prácticamente todo el día abrazados y besándonos sin importarnos las miradas, los susurros y los comentarios de los demás. Cerrándonos en nuestro propio mundo donde tan solo existíamos él y yo.



Vida Nueva

El camino a Colombia fue algo pesado, tras a verme alimentado recientemente y en abundante cantidad mis dos pequeños me pedían más, mi garganta me ardía con el olor tan dulce y apetecible que desprendían los pilotos, mi cuerpo temblaba de deseo por clavar mis colmillos en esos cuellos débiles de los dos humanos y aun quedaban horas para aterrizar. Mi cuerpo ansiaba sangre.
Jasper se sentó a mi lado contándome historias de su pasado para calmarme y Emmett me sostuvo la mano besándola de vez en cuando sin decir nada. Los demás se colocaron alrededor mío haciendo guardia, algo tensos por si me entraba la furia y arremetía contra ellos.
- Carlisle…
- ¿Te encuentras bien? – me preguntó mi amado preocupado cambiando de postura.
- Carlisle, por favor, sácamelos ya… no aguanto esta sed, esta quemazón – Carlisle se acercó a mí y me cogió de las manos arrodillándose enfrente mía.- no lo aguanto, se que os voy hacer daño, no puedo controlarme.
- Si que puedes As, - me dijo con voz dulce, mi cuerpo comenzó a temblar y la quemazón se hacía cada vez más insoportable.- Ashley recuerda esas noches que pensabas que jamás controlarías y ahora lo haces sin esfuerzo.
- No puedo Carlisle, esto me supera.- el avión tembló como si lo hubiera sacudido un tren de alta velocidad.
- Cariño tranquilízate por favor.- me dijo mi amado tocándome la cara.
- No puedo.- de mi pecho salió un gruñido que no quise producir y miré a mi amado con furia.
- Ashley… As mira a Reneesme.- Carlisle me cogió la cara con las dos manos y me obligó a mirarla.- ¿La ves? Si el avión se estrella, ella moría junto a Jacob. Debes tranquilizarte, estamos a punto de aterrizar.
Miré a mi nerviosita que esta me miraba a su vez con pánico en su rostro, estaba aterrorizada, Jacob la abrazaba también asustado de pensar que su único amor podía morir por mi culpa.
- Sé que puedes hacerlo hija, respira.- las palabras de Carlisle no me tranquilizaban, la bestia de mi interior era avivado por la sed incontrolable de mis bebes.
Cerré los ojos unos instantes pensando en otra cosa que no fuera el ardor de mi garganta, mi cuerpo seguía temblando y pausadamente el avión reproducía pequeñas sacudidas que no eran turbulencias del exterior.
En un breve instante un olor a sangre dulce se metió por mi nariz provocando movimientos bruscos en mi vientre.
- ¿Qué estás haciendo Emmett?- oí gritar a Rosalie, abrí los ojos y miré a mi marido que era el lugar donde provenía la sangre.
- Toma As……- mi salvador me ofreció su muñeca donde se había hecho un corte previamente dejando fluir su sangre.
- ¿Estás loco?- se quejó Jasper
- No voy a dejar que mi esposa lo pase mal por culpa de la sed…. Mi vida toma.
- No lo hagas Emmett…no – le empujé el brazo para que lo apartara, no quería beber su sangre por que no estaba segura hasta que punto podía parar de beber.
- Confía en mi cielo esto hará que nuestros bebes se calmen.- vi como todos miraban a Carlisle con la intención de que fuera él quien lo parara pero él se limitó a mirarme y a decirme si con la cabeza.
- Estáis todos locos….- volvió a quejarse Rosalie que se dio la vuelta para no ver el resultado.
Agarré el brazo de mi amado y comencé a succionar su sangre con un poco de furia, noté como Emmett se quejaba de dolor.
Mi corazón quería parar por qué no soportaba ver sufrir a mi salvador pero mi sed quería más, el demonio que ahora controlaba a mis bebes quería mas.
- Ashley es suficiente.- me dijo Carlisle con una voz suave.- para As…. Le estás haciendo daño.
¡Daño! Esa palabra que jamás quería producir a mi amado, al escuchar esa palabra mi pecho se encogió en un dolor insoportable, miré Emmett que intentaba esconder ese dolor bajo esa sonrisa que me aturdía tanto, le estaba haciendo daño, sus ojos lo delataban.
Me separé de su muñeca relamiéndome las pocas gotas que se habían quedado en mis  labios y le pedí perdón mirando a Edward que su cuerpo seguía muy tenso al saber lo que estaba pensando. ¡Sí! Edward conseguía leerme la mente cuando mi autocontrol desaparecía dejando salir mi lado animal. Nunca llegó a decírmelo pero sabía que si podía leerme la mente ya que Carlisle sabía cada pensamiento y cada movimiento que realizaba en esos días de luna llena incontrolables.
Edward estaba tenso porque por mi mente recorría la idea de aplacar a mis hermanos e ir a por los pilotos, él sabía lo que pensaba. ¿Llegaría hacer caso a mi mente? No lo tenía muy seguro, no estaba convencida si quería hacerlo en realidad y dejar que mi mejor amiga muriera al provocar que el avión se estrellara.
Emmett me abrazó obligándome acurrucarme en su pecho y con suaves caricias en la espalda y susurros de amor logré tranquilizar a esa bestia que me consumía por dentro.
Al llegar al aeropuerto Esme fingió un desmayo para así despistar a los guardias y a la poca gente que había mientras que  mi salvador me llevaba lo antes posible y  a toda velocidad al bosque sin esperar a ningún miembro de la familia.
En el bosque me alimenté hasta que mi cuerpo quedó saciado  bajo la mirada enamorada de mi marido que sin duda daría la vida por mí.
¡Ahora mis bebes estaban dormidos!

- Perdóname Emmett.- me disculpé mirando el suelo del bosque de regreso a casa, un dolor de culpabilidad me arañaba el pecho.
- ¿Por qué me pides perdón mi vida?- me preguntó Emmett abrazándome y obligándome a parar en seco.- No has hecho nada que merezca mi perdón.
- Te he hecho daño, siempre acabo haciéndote daño y no puedo soportarlo más, tu eres tan bueno, tan dulce y tan cariñoso y yo… mírame soy el demonio personificado que siempre acaba haciendo daño a la persona que más amo en esta vida.- Emmett me cogió la cara con sus dos manos y me obligó a mirarle a los ojos.
- ¿Sabes por qué te quiero? Te quiero no solo por cómo eres, sino por como soy yo cuando estoy a tu lado. Tú me haces sentir la persona más feliz de la tierra, tu eres la estrella que siempre quise alcanzar, la que robó mi dolor en la mañana y lo convirtió en pasión. Eres el sol que calienta mi mundo y la luna que me alumbra en la noche. Eres todo lo que siempre he buscado y lo que nunca antes había encontrado. Verte entre mis brazos es un soplo de aire que me inspira, me alimenta, me excita, me tranquiliza, me perturba y si no te tuviera entre ellos me mataría... Nunca y créeme cuando te digo nunca me has hecho daño mi vida.

Emmett me besó delicadamente acariciándome a su vez la espalda y apoyándome dulcemente en un árbol, mi cuerpo se relajó dejándose llevar por la ternura de mi salvador, hasta que fue interrumpida por Jasper y Adam.
- Emmett, Ashley, Carlisle quiere veros en seguida.- nos comunicó Jasper nervioso.
- Reunión familiar urgente.- añadió Adam.
- ¿Qué ha sucedido?- quiso saber mi amado al ver el estado de nerviosismo de Jasper, que de vez en cuando podía usar su poder para el mismo ¡Pensé!
- Alice ha tenido una visión.- no añadió más a la frase y salió corriendo seguido de Adam.

Seguimos a Jasper y a Adam con la misma velocidad que cogieron ellos y entramos en la casa los cuatro juntos, en el sofá se encontraba Alice acurrucada en los brazos de Esme y los demás alrededor de ella, Carlisle bajaba las escaleras en ese mismo instante.
- Carlisle…- saludó mi amado a su padre mientras este bajaba las escaleras.
- Tranquilos esto no va con nosotros…. – le dijo a mi amado tocándole el hombro al ver la preocupación en sus ojos.- Alice ha tenido una visión, es un grupo de vampiros neofitos que están convirtiendo tanto a niños como ancianos, están descontrolados. No sabemos quien los ha creado pero quien lo hizo no era con un buen propósito.
- Pero de eso se puede encargar los Vulturis ¿no?- dijo Nesi como si no le  importara la historia.
- Si y no Reneesme, ese grupo de neofitos pasaran por nuestro territorio dentro de un mes, si los Vulturis no se hacen cargo anteriormente tendremos que enfrentarnos a ellos.
- ¿Por qué Carlisle? No hemos tenido suficiente con todo lo que hemos pasado con As.- se quejó Rosalie no gustándole la idea de volver a luchar.
- Se enfrentaran a nosotros cuando pasen por nuestro camino.- afirmó Alice aun con la vista ida.
- Rosalie, ahora son unos diez vampiros sin contar los niños inmortales que les siguen.- mi corazón dio una punzada al recordad a mi hermano.- dentro de un mes serán unos veinte si no son mas y no voy a permitir que unos neofitos descontrolados acaben con la raza humana. Si en mi mano esta detenerlos lo haré. No voy a dejarles pasar por mi casa como si nada. Sé que no os gusta la idea como a mí, tampoco me entusiasma, por eso no os voy a obligar a que lo hagáis.
- Tampoco te vamos a dejar solo ¿verdad?- le afirmé yo mirando al resto de la familia.
- Tú no vas a luchar.- dijo Emmett muy convencido.
- ¿Por qué?
- Porque estarás a punto de tener a tus hijos Ashley y yo voy a ser el primero en negarte la participación.- dijo Carlisle con autoridad en su voz.- te quedaras con Reneesme.
- Como siempre, Reneesme al cuidado y protección de Ashley.- me quejé.
- No, esta vez serás tu quien la cuide y la proteja.- me dijo Edward sonriente.
- Si me dejarais luchar no haría falta ni la mitad de la familia para enfrentarse a ellos, sabéis perfectamente que con mi poder…. rectifico mis poderes podría con todos.
- No te hagas la valiente Ashley.- dijo Nesi con tristeza.
- No me hago….
- Ashley no vamos a entrar en una discusión, no te vamos a dejar luchar llevando a nuestros hijos aun dentro, además estarás apunto de dar a luz y no sería conveniente que te pusieras de parto en mitad de la lucha… No As, aquí se zanja el tema.- mi marido se puso serio y con una simple mirada de esos ojos que hacían que mi alma se derritiera se me quitaron las ganas de seguir con el tema.
- Ahora os pediría que no os preocuparais y que siguierais vuestra vida normal, yo me encargaré de todo junto a Alice, os iré informando.
La familia fue dispersándose, yéndose cada uno a sus respectivas casa, algunos no muy contentos por la decisión tomada de Carlisle.
Me dolía que me mantuvieran al margen después de adquirir unos poderes que todos sabían perfectamente que controlaba bien y que sería de muy buena ayuda en la lucha, pero mi amado tenía razón no podía poner en peligro a mis bebes.

Faltaban apenas pocas semanas para que esos vampiros neofitos sucumbieran la paz y tranquilidad de mi familia, todos estaban un poco nerviosos por la situación pero muy convencidos de que lo tenían controlado. Alice vio en Volterra movimientos pero todavía no estaban decididos si actuar o no. Yo tenía la esperanza de que Aro al final se decantara por liquidar a esa tropa incontrolable y junto a mi familia derrotar hasta el último ser diabólico de ese alquerre.
Y faltaba apenas un mes para que mis bebes vieran la luz de la vida, para que mis brazos acunaran a esos dos pequeños seres creados desde lo más hondo del amor de mi marido y el mío, para saber por fin como serían esos ojitos llenos de ternura de mis pequeños.
Me encontraba en el sofá viendo documentales sobre el parto y los cuidados del bebe cuando me vino un dolor insoportable en la zona baja de mi abultado vientre. Me incorporé de inmediato no soportando el dolor ¿Cómo un vampiro podía sentir dolor? No sabía que me estaba ocurriendo, el dolor fue aumentando con cada respiración que daba, estaba sola, todos estaba trabajando o en la escuela.
Caí al suelo cundo noté un fuerte desgarro en mi vientre, comencé a gritar de dolor pero nadie podía escucharme, nadie se encontraba cerca de la zona,  como pude llegué al teléfono y como pude también marqué el número de mi padre.
- Carlisle…-Grité.- Carlisle ayúdame……
- Ashley ¿Qué pasa? Ashley ¿Dónde estás?- me preguntó mi padre con pánico en su voz.
- Estoy en casa…. mis bebes…. quieren salir….- volví a gritar de  dolor al notar otro fuerte desgarrón en mi vientre.-  Carlisle…. me están mordiendo.
- En seguida voy…- Carlisle colgó inmediatamente.
Me quedé tumbada en el suelo, gritando de dolor y provocando movimientos en la tierra del mismo sufrimiento que me estaban produciendo mis dos pequeños diablillos.
A los pocos segundo Emmett, Edward y Rosalie aparecieron por la puerta seguidos de Carlisle que en ese instante estaba dejando el coche en la puerta.
- Ashley… cariño.- mi salvador me cogió y me incorporó mirándome con la cara llena de pesar al ver mi sufrimiento, en sus ojos vi reflejado mi dolor.
- Emmett súbela a mi despacho, allí tengo montado todo lo necesario para el parto.- le comunicó Carlisle entrando por la puerta.- Edward voy a necesitar tu ayuda.
- De acuerdo.
Me subieron al despacho de Carlisle donde habían montado una sala de operaciones, yo seguí gritando de dolor, mi vientre se iba abriendo desde su interior dejando paso a mis pequeños, mi amado me tumbó en la camilla y me cogió de los hombros dándome su cariño.
- Carlisle sácamelos ya por favor…- exigí con un grito de dolor.
- No le tocaba aun… ¿Por qué se han adelantado?- preguntó Rosalie con movimiento nerviosos alrededor de la camilla.
- No lo sé Rosalie, te pediría que no te movieran tanto…. Ashley escúchame hija voy a intentar abrirte desde fuera para acabar con este sufrimiento…. Te va a doler.
- Más aun…. sácamelos Carlisle por favor.- no podía aguantar más ese sufrimiento, ese dolor insoportable como tampoco podía ver la cara de mi salvador descompuesta por mi angustia.
Aunque debo reconocer que no se si era peor el dolor que me producían mis pequeños o el dolor insoportable que me produjo el bisturí de mi padre cuando se clavó en mi vientre de mármol. Un rugido salió de mi pecho cuando intentó clavar la hoja afilada del bisturí.
- ¿Por qué no la anestesias Carlisle? – gruñó también  mi marido al ver que me retorcía en la camilla.
- No le va hacer nada la anestesia Emmett, lo sabes…. tiene que aguantar.
- Aguantar,  pero ni siquiera has cortado la piel superficial de su barriga y ya la estas matando de dolor.- Emmett estaba muy alterado.- No podemos dejar que sufra a si Carlisle haz algo.
- De momento te voy a pedir que te relajes o que salgas de la habitación, con tu actitud no ayudas en nada, a mi tampoco me gusta verla en esta situación, así que por favor cálmate un poco y déjame trabajar.- Carlisle parecía algo furioso, estaba sufriendo por mi estado.
- Emmett por favor calma tío.- le dijo Edward con voz pausada pero también lleno de preocupación.
- Todo pasará mi vida….- le dije casi sin voz a mi amado intentando tocarle la cara, pero no logré alcanzarle porque mi mano se agarró a mi barriga automáticamente cuando sentí otro desgarro.
Emmett gruñó de nuevo pero esta vez de desesperación, Edward andaba muy rápido alrededor de mi con artilugios de medico en la mano, Rosalie cogió a mi amado del brazo y lo apartó de mi lado diciéndole palabras tranquilizadoras y Carlisle abrió mi barriga con el bisturí, ese fue el último dolor desagradable que me impidió tocar a mi salvador. Un chorro de sangre acompañado de un grito salió de mí.
- Aguanta As… aguanta.- me animó Carlisle contraído por la angustia que le provocaba mis gritos.- Edward acerca las cunas los voy a sacar ya…. Rosalie prepara los biberones saldrán hambrientos.
Cuando Carlisle dijo que iba a sacar a mis pequeños, Emmett se colocó a mi lado cogiéndome fuertemente de la mano y acariciándome la cara.
- Ya está cielo, todo va acabar pronto.
Y le creí porque cuando mi amado me susurraba que pronto iba acabar escuché el llanto de mi primer bebe, un llanto lleno de fuerza, un llanto sin lagrimas pero lleno de emociones y el dolor desapareció de mi cuerpo sangriento.
- Es un nene.- dijo Carlisle sonriendo, y me entregó a mi niño enrollado en una mantita mientras terminaba de sacar a mi otro bebe.
- Se llamará Brian, ¿Verdad vida?- me preguntó mi amado con una sonrisa llena de felicidad.
- Si… Brian.- le di un beso a mi bebe y se lo entregué a Rosalie para que lo limpiara y lo alimentara.
- Ashley te voy a sacar a tu hijo y te voy a tener que quemar la herida para que se cierre lo antes posible…. te va a doler.- dijo Carlisle con pesar y Emmett lo miró con cara de pánico.- tengo que hacerlo Emmett, esta perdiendo mucha sangre.
- Hazlo Carlisle….- mi voz era casi imperceptible, Carlisle tenia razón estaba perdiendo mucha sangre y me encontraba débil y sedienta a la vez.

Pero de nuevo olvidé mi dolor y mi quemazón de garganta cuando Carlisle sacó a mi pequeño y me lo entregó.
- Es una nena Ashley.- me comunicó mi padre feliz.- ¿Cómo la vas a llamar?
- Saray….
- As voy a proceder a quemarte la herida…. aguanta.
Le afirmé con la cabeza y cogiéndome de los brazos de Emmett intenté soportar ese dolor y esa quemazón que me producía mi padre por mi propio bien, intenté aguantar esa angustia hasta que el demonio de mi interior se despertó provocando un temblor en la casa. En ese mismo instante Esme, Jasper y Alice aparecieron por la puerta. Jasper se colocó a mi lado tocándome la frente e intentando tranquilizarme.
- Ashley aguanta, no provoques ningún terremoto…. mira a nuestros bebes.- me dijo mi amado girándome la cara donde estaban mis bebes en brazos de Esme y Rosalie.
- Ya no queda nada hija, aguanta unos pocos segundos más.- me dijo mi padre animándome, cerrando los ojos me relajé y suspiré cuando el dolor fue desapareciendo poco a poco.

El parto, no fue tan hermoso como los documentales vistos anteriormente decían, ¿por no ser humana? Seguro, pero lo único que podía decir es que el momento más bonito de un parto es cuando una segunda vida toma contacto con el exterior, cuando el niño llora y empieza a moverse independiente, cuando ves esos rostros tan pequeños e indefensos que te llenan el corazón de amor. Tener un hijo es lo más hermoso que te puede pasar, pero tener dos te produce doble  sentimiento.
Cuando vi entre mis brazos esas pequeñas criaturas que mi marido y yo habíamos creado con amor sentí varias emociones a la vez, la primera fue ternura de verlos tan pequeños e indefensos, a continuación una sensación de protegerlos contra todo lo peligroso y el tercero un amor más grande que jamás había sentido, un amor sin límite, incondicional, desinteresado hacia unos pequeños seres que robaban el corazón de mi salvador y el mío con sus simples miradas.

Tras varias horas de recuperación por fin pude sostener a mis pequeños en mis brazos pudiendo abrazarles y besarles sin cansarme y sin peligro a que mi ser les hiciera daño, sosteniéndoles en mis brazos sin querer hacer otra cosa que solo mirarles y acariciarles.
- Brian y Saray, me gusta mucho sus nombres As ¿me dejas coger a uno?- me pidió permiso mi mejor amiga con los ojos brillantes de felicidad.
- Si…. toma…
Le entregué a Brian que en ese momento estaba más tranquilo mientras yo acunaba a mi pequeña que se removía en mis brazo como queriendo algo sin entender el qué.
- ¿Te has dado cuenta mi vida que son iguales a ti?- me preguntó mi marido rebosante de felicidad
- No, si te das cuenta Brian tiene tu cara, es igualito a ti.- le dije contestándole con un dulce beso en los labios.
- ¿Y esto que lleva en el brazo?- preguntó Nesi alarmada, me sobresalté en la cama pero me relajé al ver lo que mi amiga señalaba.
- Es la marca que lleva Ashley en la cadera.- aclaró Carlisle las dudas a su nieta mientras terminaba de recoger los utensilios médicos.
- Si… mira tráelo… si colocamos a los peques así… mira….
Tumbamos a Brian y a Saray en la cama colocándolos uno al lado del otro, y subiéndoles las mangas de las camisetas dejé ver que al unir el brazo derecho de Brian con el izquierdo de Saray se encajaba perfectamente mi marca. Mis bebes habían nacido con la marca dividida.
- ¡Guau! Es increíble, es tan perfecta la división de la marca…. parece un tatuaje.- Nesi alucinó con los ojos abiertos de par en par.-  ¿tendrán poderes como los tuyos As?
- Aun no se sabe Reneesme, son muy pequeños, con el tiempo tal vez.- le aclaró Emmett.

Todo parecía tan perfecto tras el nacimiento de mis bebés… Esme volvió a ser la misma que fue cuando yo aun era humana, Rosalie, Bella y Nesi no se apartaron de mi lado en lo que duraba el día,  ayudándome a cuidar a mis pequeños, el amor de Emmett y el mío se hizo más grande con el paso de los días. Había vuelto a tener la confianza y la amistad de Jasper pero… siempre la vida te pone caminos difíciles de escoger o incluso te obliga a que elijas el camino que a ella le viene en gana.
La tropa de neofitos sin rumbo y sin un líder a que seguir estaban a punto de traspasar el territorio de los Cullen y nos teníamos que enfrentar a ellos.
Tras una larga discusión con mi marido y Carlisle,-  que gané yo,-  pude prepararme para la lucha  ya que Carlisle accedió a que participara mientras que Reneesme y Alice se hacían cargo de mis bebes lejos de allí mientras trascurría la lucha.
Los Vulturi también iban a participar según vio Alice días antes en una visión no muy clara debido a la presencia de Nesi.
¡Lo teníamos superado! – eso fue lo que dijo Edward tras leerle la mente a Jacob.

- Alice, Reneesme aquí os dejo estas mochilas, dentro tenéis ropa, pañales y los biberones…. Ahora os traerá Emmett la nevera con la sangre…..- les fui comunicando a mis hermanas algo nerviosa horas antes de la lucha.
- Toda va a salir bien As, no temas.- Me animó Nessi con una media sonrisa.
- No temo por la lucha, me siento orgullosa al sentir por fin que me voy a enfrentar a esos demonios…. la verdad es que tenía ganas de exponer mis poderes a alguien que no fuera mi marido o mi familia y me siento bien al saber que ahora no voy a ser yo la que se esconda de miedo si no ellos…. Estoy nerviosa porque me voy a separar de mis pequeños y no me gusta la idea.
- Los cuidaremos bien no temas.- me afirmó Alice tranquilamente.
- Eso no lo dudo.
- Aquí os traigo la nevera chicas.-dijo Emmett entrando por la puerta.
- Bien, recordar lo que os dijo Carlisle , no os salgáis del camino….- me abracé a cada una de ellas dejando por último a mi niños, Emmett cogió a Brian y yo a la nena y nos abrazamos los dos juntos observando y besando a nuestros pequeños.- mama y papa pronto estarán con vosotros mis pequeños… portaros bien .
Con un simple adiós y con pena en el corazón nos despedimos de Alice y Reneesme que vimos como se adentraban en el bosque acurrucando en sus pechos a mis bebés. Sin pronunciar palabra Emmett y yo fuimos donde se encontraba nuestra familia, preparados ya para ir al bosque y enfrentarnos a esa gente que habían perturbado nuestra  paz.
Una vez en los lindes del bosque nos dividimos en dos grupos para así poder rodear a los neofitos, hacia el Este irían Carlisle, Esme, Rosalie, Adam y Jasper que se encargarían de los niños inmortales y los ancianos que pudieran seguir con ellos ya que yo me negué a matar a unas pobres criaturas que me recordaban a mi hermano, y al  Oeste iríamos Jacob, Bella, Edward, Emmett y yo que nos haríamos cargo de los neofitos adultos e incontrolables. Sin saber cómo los Vulturis atacarían.

Me encontraba algo nerviosa debido a que esa iba a ser mi primera lucha, también me sentía orgullosa y poderosa al poseer esos cuatro dones que me facilitarían la pelea, pero estaba triste de saber que mis pequeños estaban lejos, de que Emmett estaría muy pendiente de mi con el riesgo de salir herido y de tener claro que mi familia iban a matar a unos niños inocentes como mi hermano.
- Se están acercando.- informó Edward parando suavemente de correr.- Emmett, As ir por ese camino, Jacob sigue adelante, nosotros iremos por aquí.- cogió la mano a su esposa y nos separamos de nuevo.
- Emmett prométeme que pase lo que pase no pondrás tu vida en peligro por salvar la mía.
- No pienso prometerte eso porque no lo voy a cumplir.
- Sabes que yo estaré bien….
- Ashley si en algún momento tu vida corre peligro voy a salvarla a sí que no me pidas que me mantenga al margen de ti porque no lo voy a estar.
- Emmett yo……
- Sssss…. Están ahí.
En cuestión de milésimas de segundo cuatro neofitos aparecieron entre los árboles sin mucho ánimo de hablar, sus intenciones eran atacar con furia y lo antes posible.
Mi cuerpo reaccionó inmediatamente colocándose delante de Emmett, algo que a él no le gustó.
- ¿Creéis que con esa sed de matanza vais a llegar muy lejos? Estáis equivocados….
Sin dejarles apenas reaccionar lancé a dos de ellos contra un árbol con mucha furia…. Emmett se echó encima de los otros dos enzarzándose en una pelea de tres. Mientras me aseguraba que Emmett lo tenía controlado me acerqué a los dos vampiros que se encontraban en el suelo, confundidos y exhaustos y usando mi poder de atraer cosas a mis manos los levanté  acabando con sus vidas en un breve periodo de tiempo.
Una nueva sensación de satisfacción recorrió por mi interior haciendo reír a la bestia que llevaba dentro, en ese momento anisaba matar mas esas sanguijuelas, fui a donde estaba Emmett pero este ya a había acabado con sus vidas.
- Vamos a por más…-le dije eufórica a mi marido.
Me frenó en seco al cogerme del brazo cuando me disponía a correr hacia el interior del bosque.
- No dejes que la bestia de tu interior te domine As…. esta lucha no es solo tuya, controla tu furia….
- Pero….
- Hazme caso cuando te digo que te controles….- mi marido me cedió una media sonrisa y acariciándome la mejilla me animó a que fuéramos a por mas, no muy convencido de la nueva sensación que me producía el matar vampiros.

A pocos metros nos reunimos con Bella y Edward que se estaban enfrentado a unos cinco vampiros mas, sin llegar a acercarme a ellos lancé a un vampiro que se disponía a atacar a Bella por la espalda poniendo en peligro a Edward que no quitaba ojo a su mujer.  También acabamos con ellos en muy poco tiempo. Nos reunimos con Jacob y juntos fuimos en busca del resto de la familia.
- ¿Qué ocurre cariño? – preguntó Bella a su marido cuando este se paró con no muy buena cara.
- Los Vulturis…- todos nos giramos en la dirección donde él estaba mirando.
- Me alegra volver a veros familia Cullen.- saludó cortésmente Demetri apareciendo entre los árboles seguido de Felix y Alec.
- No sé si puedo decir lo mismo.- Le contestó mi marido recordando que estos querían matarme aquel día.
- Vuestra familia está reunida con Aro al otro lado del bosque…. ¿Nos acompañáis?
- Y ¿porque tenemos que fiarnos de vosotros? – le espeté sintiendo la rabia fluir por mis venas, ellos habían matado a mi hermano y a mi padre, Emmett me rodeó la cintura atrayéndome hacia él.
- Ashley… Qué bien te sienta la inmortalidad, estas muy guapa – Me halagó  Alec con una sonrisa de no fiar.
- Gracias pero no me vas a convencer con tus sucias palabras.
- Ashley… Carlisle esta con Aro al otro lado, vamos.- me cortó Edward poniéndome mala cara.
Por una parte le agradecí a mi hermano que lo hiciera porque, si no me hubiera interrumpido, la bestia de mi interior abría sumergido enfrentándose a ese ser miserable que tantas ganas quería ver muerto.
Alec me miró con una sonrisa diabólica y nos hizo gesto que les siguiéramos, respiré e intente relajarme pensando en mis dos pequeños.
Al llegar al otro extremo del bosque donde una montaña de cadáveres se alzaba quemándose a llama viva, vimos a mi familia hablando con Aro, Cayo y Marcus.


- El causante de esta tropa inhumana…-escuché decirle Aro a mi padre.- fue un  vampiro también neofito…alguien se alimentó de él sin terminar con su vida y eso es lo que ocurre cuando…. Ashley, - interrumpió la conversación en cuanto me vio aparecer detrás de sus súbitos.- Que hermosa te veo, te sienta bien ser una de los nuestros…. ¿que poderes has obtenido de tu antepasado?- preguntó con mucha curiosidad y con un tono urgente, la cara de Cayo no era muy amigable.
- Estamos estudiándolo aun…- dijo Carlisle mirándome con una expresión contraída.- de momento solo puede crear un escudo alredor de su cuerpo para protegerse de lo ataques.
- ¡Ummm! – Dijo no muy convencido- ¿el escudo lo puedes alargar como hace tu hermana Bella? – miré a mi padre que me hizo un gesto para que le contestara la verdad.
-  No, solo puedo emplearlo alrededor mío.
- Señor… - nos interrumpió un miembro de la guardia de los Vulturi haciéndose paso entre la multitud de guardianes de la corte y con mucha urgencia.
Mi familia y yo nos quedamos sin aliento cuando vimos aparecer a ese chico con Alice en brazos, inconsciente con el cuerpo en convulsión continua.
Mi cuerpo comenzó a temblar al recordad que en sus brazos iba mi pequeña.
- Alice…- gritó Esme acercándose a ella seguida de Carlisle y Edward.
- Fue atacada por tres vampiros, cuando hemos llegado ella estaba inconsciente, la han mordido varias veces…- escuché a Jasper gruñir de furia, una furia que nunca le había visto emplear, cogiendo a su amada de los brazos del Vulturi.
- ¿Llevaba un bebe en brazos? – preguntó mi amado con terror en la voz.
- ¿Un bebe? – preguntó Aro, seguidamente Marcus, Cayo y él se miraron.
- No, solo llevaba esta manta y….- yo seguía sin poder moverme escuchando cada palabra que decía ese ser como si estuviera en un sueño, la manta que puso en alto para que la visualizáramos era de mi pequeña Saray, mis piernas se aflojaron dejando caer mis rodillas al suelo, Emmett me abrazó
- Reneesme… ¿iba con otra chica?- preguntó Bella asustada igual que yo.
- No, estaba sola.
Jacob salio corriendo transformándose en lobo mientras lo hacía, Bella y Edward les siguió con la misma velocidad y la misma preocupación en sus pensamientos.
- ¿Nos puedes llevar donde la encontraste? – preguntó mi padre sin fuerza en su voz, mirándome de reojos con el mismo sufrimiento que estaba recorriendo mi cuerpo.
- Si…. vamos.
- Jasper, Esme llevar a Alice a casa.- cuando mi padre terminó de decir esas palabras la voz de Alice surgió casi sin audio de su boca.- Alice hija… ¿Qué ha ocurrido?
- Alice…- me levanté del suelo en cuanto escuché su voz y me acerqué a ella con demasiada fuerza, una fuerza que no quería enseñar a los Vulturis.- Alice y mi pequeña… ¿Dónde esta Saray, Alice? – mi cuerpo comenzó a descontrolarse un poco y zarandeó el cuerpo de Alice.- Alice donde esta mi hija.- Jasper me gruñó al ver como trataba a su esposa en sus propios brazos.
- Alice cálmate…- me dijo mi padre separándome de ella y entregándome a los brazos de Emmett que este me abrazó con bastante fuerza.- Alice hija ¿Qué ha pasado? ¿Y Reneesme?
- Nos…. nos separamos….cuando nos iban a atacar….
- ¿Saray esta con Nesi?- pregunté con sollozos.
- No…. A Nesi no la siguieron…. me siguieron a mi….me quitaron a…. Saray de los brazos…. Lo siento….
- Hay que ir a buscarla.- dijo mi amado sin expresión.
- Lo siento Emmett… esta muerta….lo siento.

Muerta, mi pequeña muerta, cuando Alice pronunció esas palabras llenas de dolor y culpabilidad el mundo se me cayó encima aplastándome sin piedad. Mi cuerpo comenzó a temblar de furia dejando que mi demonio interior me dominara, de rodillas en el suelo un fuerte gruñido acompañado de un grito salió de mi pecho y la tierra bajo los pies de mis admiradores comenzó a temblar fuertemente, Emmett intentó calmarme abrazándome aun mas fuerte pero sin querer hacerle daño lo lancé quitándomelo de encima. Vi como los Vulturis me dedicaban una sonrisa demoníaca al descubrir mi potente poder.
Escuché decir una y otra vez “Lo siento” de los labios de Alice que esta se removía de dolor en brazos de su amado, ella no tenia la culpa, jamás la culparía, pero la rabia de no poder vengar la muerte de mi pequeña por estar ya muertos esos desgraciados, me comía por dentro.
Emmett se colocó de rodillas enfrente de mí obligándome a mirarle mientras los árboles caían detrás de él, debido al terremoto que estaba provocando mi furia. Al mirarle a los ojos, llenos de dolor igual que los míos, comprendí que no era la única que sufría, mi cuerpo comenzó a relajarse y abrazándome a mi salvador comencé a llorar.

Mi vida se vio envuelta en un camino de dolor y sufrimiento por la desaparición forzosa de mi querida hija. Tras el curso de los días me resultaba durísimo enfrentarme a la pérdida de mi niña querida, porqué tras su marcha se perdió también mi propio ser.

La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y dolorosas que puede sufrir un ser humano, pero que con el tiempo se supera. Al ser vampira e inmortal nunca llegas a superar esa muerte al no poseer el corazón que hace que el sufrimiento se vuelva cada vez mas pequeño con el paso de los años. Y se hace mas duro al ver reflejado la cara de ese ser fallecido cuando la ves en su hermano gemelo.
Emmett y yo nos sentíamos culpables por su perdida por a ver dejado solos a nuestros pequeños, sentíamos que habíamos fracasado en la protección de nuestros hijos, yo jamás le culpé a él por que la culpa era solo mía, si no me hubiera empeñado en luchar ese día mi niña seguiría entre nosotros.

¡No existía manera alguna de describir la magnitud del dolor que sentía tras la muerte de Saray!

Libertad e Independencia

“Siempre me ha sorprendido como la gente juzga a los demás. Y como dicen odiar las mentiras. Mientras sin embargo te están mintiendo, se mienten a si mismos, y mienten también a los demás. Pero el hecho es que juzgan, casi por costumbre. Como si fueran miembros de una secta moralista cuyo lema principal es "haz lo que yo digo, mas no lo que yo hago". Yo creo que la verdad ha muerto hace rato. Que la gente la mata para preservar su autoimagen. Y presentar una cara bonita para el público. Pero esto es inútil porque nadie aplaudirá por tan brillante actuación, sin embargo, no todas las mentiras son iguales. Hay mentiras que no son conscientes, y hay mentiras que se dicen con plena conciencia. Hay mentiras que son para un buen propósito, y hay mentiras que son solo para salirte con la tuya. Aun en las mentiras no todo da igual, ni es lo mismo. Cada persona que conozco oculta algo a los ojos de los demás. Y ninguno es tan transparente, ni tan santo. Hay gente que se divierte burlándose de los demás. Pero se ofende cuando se sienten sorprendidos ellos mismos. O cuando se encuentran con algo que no esperan. La verdad nos hace libres, dice el dicho popular. ¿Pero quien es el que nos da la libertad? ¿Quien es completamente libre? ¿Quien recibe solo la verdad? ¿Quien no ha sido engañado? ¿La verdad nos hace libres cuando la compartimos, nada más? mientras tanto, seguimos siendo prisioneros, de esta costumbre. O de esta verdad.”
“epi-k”

Que gran verdad dijo esta persona en su día, me llamo Saray Vulturi y os voy a contar como mi vida cambió de la noche a la mañana, como mis sueños se rompieron en pedazos y como mi identidad desapareció con una simple mentira.

La vida en una mentira.

El día de hoy era muy especial para mi, era un día importante esperado con ansia durante años, por fin había alcanzado la edad suficiente para formar parte de la guardia, por fin iba a ser libre e independiente para hacer lo que mejor se me daba, defender a mi familia.
Hoy era mi nombramiento y mi cumpleaños, 25 años de edad, mi padre había organizado una fiesta donde no faltaba ningún miembro de la corte, amigos íntimos y en especial nuestro único plato favorito, un grupo de jóvenes canadienses penitenciarios que se encontraban en esos momentos de excursión por Italia.
 ¡Nadie les echaría de menos!

Ese día me había levantado de mi siesta obligada, - (para mi era aburrimiento total ya que como era evidente al ser vampira jamás podía dormir, pero mi padre me obligaba a que me tumbara para relajarme ya que era bastante nerviosa)- muy contenta al saber que se acercaba el momento de mi gran fiesta, con una sonrisa de oreja a oreja me puse el traje de gala y me coloqué frente al espejo retocándome el traje mientras esperaba a que vinieran a buscarme.
- ¿Puedo pasar? – Preguntó el líder la de guardia y mi mejor amigo abriendo la puerta y haciendo que mi corazón recobrara vida por unos instantes.
- Si… ya estoy lista.- le dije terminándome de abrochar el cinturón.
- Aun no estás sin esto.- sacó de su espalda mi nueva capa, la capa que me distinguiría de la simple corte a la adorada y temible guardia.

Alec, así como se llamaba el hombre que mantenía vivo mi corazón, me colocó la capa grisácea de la guardia por los hombros y me cerró el broche con cuidado en mi cuello. Acomodándomela le sonreí abiertamente con mucha felicidad en mi interior.
- Ahora si que estás lista, te sienta muy bien, diría que estás muy hermosa.- me dedicó una sonrisa acompañada de una mirada provocadora llena de fuego que hizo que mi cuerpo se echara a sus brazos.- No… sabes que tu padre no aprueba esto.
- No tiene por que enterarse.- le dije apartándome de él algo molesta por su rechazo, no era la primera vez que lo hacía.
- Tu padre siempre acaba enterándose de todo, lo sabes perfectamente.- le hice mala cara y él me dedicó una media sonrisa.

Alec era uno de los guardianes de mi padre “su protegido” como él siempre me decía,  el líder de la guardia junto a su hermana Jane y mi mejor amigo desde que nací.
Fue convertido por mi padre apenas con 13 años de edad junto a su hermana gemela Jane, alrededor de unos mil años atrás cuando se enteró que poseían unos dones que les harían invencibles, aunque antes tubo que arrasar una ciudad entera cuando estos pretendían quemar en la hoguera a los gemelos por brujería.
Yo adoraba su poder y sabía que en un futuro, juntos seríamos un arma invencible, Alec tenía el poder de bloquear los sentimientos de las personas dejándolas vacías por dentro y sin orientación,  produciendo  una densa niebla que anulaba todos los sentidos: olfato, gusto, oído, vista y tacto. Era impresionante porque lo podía aplicar a un número elevado de personas. Era terriblemente poderoso, haciendo prácticamente invencible a los Vulturis. Poseyendo uno de los tres dones mentales más formidables del mundo y con mi ayuda su poder se triplicaba en fuerza y en posibilidades.
Él era con quien mejor me llevaba de todo el palacio. Con él pasé mis 25 años de vida, él fue quien me enseñó andar, me enseñó a cazar sin derramar ni gota de sangre, fue quien guardaba mis secretos, quien me hacia compañía en mis noches tristes y el que me ayudó a controlar mis poderes. Para mi Alec siempre fue mi hermano mayor, pero al cumplir mis 16 cumpleaños mi paralítico corazón cambio ese cariño de hermano por un amor que pasando los años se izo incontrolable.
Él siempre me rechazaba cuando intentaba besarle o abrazarle pero sabía perfectamente que él sentía lo mismo por mi, solo que me rechazaba por respeto o por miedo a mi padre.
Mi padre nunca aceptó que me enamorara de él, nunca permitió ese amor, no queriéndome explicar el por qué, cuando se lo exigía, se limitaba a decirme que éramos diferentes y que la diferencia de edad era muy grande. ¡Paparruchas a mi pensar!
Por una parte le daba la razón a mi padre cuando decía que éramos diferentas, yo no era como ellos, pero vivía como ellos, eso debería vastar.

Salí de mi habitación escoltada por Alec y por Demetri, este último nos esperaba en la puerta. – él también era miembro de la guardia, nuestro mejor rastreador, quedó huérfano desde muy pequeño, vagó por el mundo hasta que cumplidos los 16 años se encontró con mi padre – Nos dirigimos al gran salón donde todos me esperaban con ansiedad debido a mi tardanza. Al cruzar el largo pasillo que separaba mi habitación del gran salón real observé que mi padre había mandado cambiar los cuadros y las cortinas como días anteriores le había pedido, estaban muy anticuados y eso,  me ponía nerviosa. 
En la puerta de la gran sala nos esperaba Dexter, para darnos la bienvenida,  también era miembro de la guardia al que le tenía bastante respeto, desde muy pequeñita siempre tuve miedo de ese hombre con apariencia de niño, nunca me paré a pensar porque me aterraba solo verlo. Dexter manipulaba la mente de cualquier humano y vampiro, podía ver los recuerdos de las personas y hasta los podía modificar, tal vez por eso le temía tanto, aunque nunca me llegó a caer bien por su actitud arrogante e irónico, pero admito que teníamos algo en común, cuando se nos metía algo en la cabeza no parábamos hasta conseguirlo, hubo una época que estuvo detrás de mi padre para ser su preferido por lo que quedó marcado “como el perrito faldero de Aro”. Mi padre le venia de muy buena ayuda a la hora de borrar la memoria a todos los nuevos integrantes de la corte.
Dexter nos abrió las dos enormes puertas de acero y nos cedió el paso, mi sonrisa se agrandó al ver toda la fiesta que mi padre me había montado. Los grandes reyes – como así los solía llamar yo.- se pusieron de pie haciendo una reverencia a mi llegada, con paso ligero me acerqué a ellos con una gran sonrisa.

- Felicidades mi preciosa muñeca.- me saludó mi padre cogiéndome de la cara con las dos manos, sabía perfectamente sus intenciones.- Estás muy hermosa con esa capa, te hace… mayor.
- Ya soy mayor padre ¿No cree que con 25 años ya es ser bastante mayor?- le dije muy sonriente dejándole ver lo que en realidad no buscaba en mi mente.
- Si cariño, pero compréndeme, has crecido tan rápido, aun recuerdo cuando correteabas por esta sala utilizando el poder de Jane contra Felix….- este se quejó con no muy buena cara.-  o cuando nos sentábamos junto a la chimenea y escuchabas mis historias con mucho ánimo…eran tan hermosos esos años…
- No nos pongamos melodramáticos padre, hoy es un día muy especial.
- Si Aro, hoy tu hija cumple 25 años y va a ser nombrada miembro de la guardia, nuestra mejor arma.- dijo mi tío Cayo tocándole el hombro a mi padre con expresión malvada en su rostro, seguidamente me felicitó dándome un beso en la frente.
- Pues que empiece la fiesta.- al finalizar esa frase, Marcus, Cayo y mi padre se colocaron en frente de mi, los tres muy sonrientes.- Alec, Demetri, Felix, Jane, Chelsea, Renate, Dexter, por favor…
Cuando mi padre terminó de nombrar a los miembros de la guardia más poderosos estos se colocaron detrás de mí formando una línea horizontal.
- Como ya sabíais de hace años… hoy mi hija cumple 25 años de edad y va a ser nombrada nuevo miembro de la guardia, algunos os preguntareis el por qué…, pues bien, primero deciros que Saray junto a Alec serán los guardianes de Cayo,- Alec y yo nos miramos de reojos dedicándonos una media sonrisa de satisfacción.-  eso no quiere decir que no tengan la obligación de protegernos a Marcus y a mi, no….cualquier miembro de la guardia esta en el deber de proteger a sus amos.- esto lo dijo atrayendo mi mirada que se había quedado congelada en el rostro de Alec.-  Y en segundo lugar que se que algunos ignoráis y os estáis preguntando aun el por qué miembro de la guardia… mi hija… no es porque sea mi ojito derecho, no….- todo este sermón que mi padre estaba dando, que a mi poca paciencia le parecía aburrido, lo decía andando de arriba abajo sin dejar de mirar a todos los presentes de la sala.-  Como algunos sabéis ya, Saray posee un don espectacular, sobrenatural y muy poderoso, ella posee la capacidad de absorber todos los poderes de esta sala y utilizarlos sin apenas movimiento… cariño ¿Nos haces una pequeña demostración?- me preguntó mi padre con el rostro relajado, raro en él ya que últimamente estaba muy tenso y en ningún momento dijo el por qué. Le afirmé con la cabeza dedicándole una sonrisa diabólica y me giré mirando uno por uno a mis hermanos, así era como los consideraba.

Al principio dudé cual usar primero, si el de Dexter y por fin poder usarlo contra él o el de Jane, a los pocos segundos me decanté por el de Jane ya que resultaba mas fiable a la vista, y mas creíble a los ojos de los demás. Miré a mi hermana e hice retorcerse de dolor a Santiago que se encontraba en el fondo del lado este de la sala. Jane poséis el don de infligir dolor solo con sus pensamientos, no era un dolor físico si no psíquico.
Para hacerlo mas creíble usé ese poder contra su propia dueña dejando a Santiago y Jane en el suelo retorciéndose de dolor.
- Como veis Saray a absorbido el poder de Jane y lo a utilizado contra dos personas distintas pudiendo hacer que toda la sala se revuelque de dolor…. Cariño para.- vi como mi padre se contraía al ver a su amada Jane sufriendo.- Se que vosotros no os habéis dado cuenta pero Jane ha intentado defenderse ¿verdad querida?
- Si.- afirmó algo furiosa levantándose del suelo.
- Pero no ha logrado que Saray caiga con ella ¿Por qué? Pues por que mi hija posee otro don, proyecta un escudo tanto físico como psíquico alrededor de ella neutralizando los ataques de sus enemigos apartándola del peligro.
- Un escudo que también puedo emplear sobre otra persona padre.
-Si, si en este mismo instante somos atacados, nosotros tres.- dijo señalando a mis tíos.- Saray aplicaría su escudo alrededor nuestro y ninguno podría hacernos daño, también puede extender el escudo por toda la sala protegiéndonos a todos a la vez.
Hubo muchos susurros en la sala, susurros que fueron apagándose tras el gruñido de Marcus.
- Por eso señores y señoras, mi hija va a ser nombrada de la guardia, porque será nuestra mejor arma, con ella y junto a todos vosotros no habrá vampiro que se imponga a las reglas.
- Pero ella no es de nuestra especie.- gritó un vampiro algo alterado dejando reflejar su miedo.
- ¿Tienes miedo Fran?- le preguntó Cayo con educación pero tensándose por segundos.
-Si algún día llega a revelarse contra todos nosotros…- comenzó a decir Fran saliendo de entre la multitud y dejándose ver.
- Jamás traicionaría a mi padre ¿me consideras un monstruo solo por ser diferente a ti?- le pregunté acercándome a él como si fuera una presa.
- No. –noté como tragaba saliva, un pánico recorrió su cuerpo de los pies a la cabeza haciendo que sus manos temblaran cuando acerqué mi boca a su cuello.
- Entonces vuelve a tu sitio y cierra esa boquita.- le dije casi gruñendo.- Cuando se te pida opinión por favor las das, mientras tanto trágate tus palabras.
- Saray… ven, acércate.- mi padre me invitó a que fuera donde él estaba, alargando sus manos para que se las cogiera, le obedecí al instante.- Sabéis que mi niña es especial, es un regalo digno de poseer por eso hoy cielo…. te nombro nuevo miembro de la guardia.
Tras estas palabras mi padre colocó alrededor de mi cuello una cadena de oro, -que se la entregó Cayo previamente,-  con grandes eslabones donde colgaba la insignia de nuestro apellido.

¡La insignia de los Vulturi!

Ese apellido que ha perdurado durante siglos desde que mi padre y sus hermanos llegaron a Volterra, trayendo tras ellos la paz a este pueblo. Creando una corte digna de alabar y manteniendo un palacio que ni los reyes humanos podrían poseer jamás.

¡Los Vulturis! Los grandes amos de nuestra especia, creadores de las normas vampíricas y grandes consejeros de aquellos pobres vampiros que tras su transformación se negaban a alimentarse de humanos o eran bestias incontrolables que ansiaban matar por placer.
Los grandes reyes… la Toscana debería estar orgullosa de tener a los Vulturis como reyes al mantener a salvo a su gente de los ataques de otros vampiros.

Me sentí orgullosa al poder llevar mi apellido colgado en mi cuello, enseñando a la gente quien era y de donde provenía, dejando claro que al llevar esa insignia era intocable y poderosa. Tras el nombramiento Aro fue el primero en trasmitirme su alegría presumiendo de tener a su hija en la guardia.

¡Aro Vulturi!

Mi padre, ese ser que he idolatrado desde mi nacimiento, con esos ojos color vino y con esa piel tan pálida casi translúcida, que me enseñó a ser fuerte, a ser una gran líder como él lo era junto a mis tíos Cayo y Marcus, a no dejarme llevar por nadie y a saber como escoger una decisión acertada en momentos delicados. Me obsesionaba su poder ya que podía leer la vida de alguien a través de su mente, de saber lo que pensaba, de oír todo cuanto le había pasado a lo largo de su vida, aunque para ello primero necesitábamos contacto físico, eso no era un obstáculo ni para mi padre ni para mí. Disfrutaba usar ese poder con mis presas o con algún miembro que no me cayera demasiado bien, con intención de destruirle la existencia. Admito que jamás me atreví a usarlo con Alec y con mi padre.
Adoraba a mi padre por que él era el líder y el porta voz de los Vulturis. El más oscuro miembro de la realeza, como todos le decían.

- Por fin has conseguido lo que en tantos años llevas luchando.- dijo mi padre abrazándose a mí, orgulloso de mi logro-.
- Gracias a ti he conseguido esto padre, sin tu ayuda jamás lo hubiera logrado.
- También tu madre tiene que ver en esto, gracias a ella te encuentras hoy con nosotros.-alargó el brazo invitando a mi madre que se acercara a nosotros.

Ella se encontraba entre la corte porque mi padre jamás la amó como una esposa, nunca fue digna de su linaje, pero la adoraba tanto que jamás hubo nadie que se atreviera a tocarla. Mi madre  llegó a palacio poco  antes de que yo naciera.
Mi padre la encontró con un grupo de vampiros que fueron a liquidar por no cumplir las normas y le perdonó la vida al haber sido engañada por su ex-esposo, cediéndole un lugar entre ellos.
- Madre, que debo decir de la mujer que me ha dado la vida, solo puedo darte las gracias.- le dije abrazándome a ella.- Gracias por ayudarme a conseguir mi sueño, por hacer que alcance mi propio objetivo.
- Tu sola has llegado aquí hija, tu fuerza y tus ganas de luchar es lo que te han traído hasta aquí.- me dio un beso en la mejilla y se alejó sin añadir más palabras.

Debo aclarar que ella, aunque me dio la vida, nunca estuvo a mi lado, fue mi padre quien me crío, Catherine, así era como se llamaba mi madre, pasaba muy poco tiempo con migo, de pequeña y de mayor sobre todo, podría llegar a decir que jamás tuve una figura materna en mi infancia. Pero jamás la culpé ya que fue mi padre el egoísta que quiso criarme él solo a su manera.
Cuando mi madre abandonó el altar donde nos encontrábamos, uno de los hermanos de mi padre se acercó a darme la enhorabuena por mi ascenso, mi tío Cayo.


¡Cayo Vulturi!

Mi tío, el insensible, egoísta, gruñón, y negativo. Con esas cuatro palabras definía yo a mi tío, pero lo adoraba, desde que tuve razón de ser siempre quise tener su actitud arrogante, su personalidad de hombre que se comía el mundo con un solo gesto, me encantaba su forma de ser  porque con solo una mirada hacía retorcerse de miedo al mas valiente.
Cayo siempre ha sido la mano derecha de mi padre, juntos crearon esas leyes que a más de uno le provocaba angustia, rabia y odio. Era un buen líder y posiblemente el más peligroso de todos al no poseer ningún poder, esto le hacía ser el mismo demonio en persona.
- Saray…- pronunció mi nombre con un gesto de reverencia y me cogió de las manos.- la pequeña y revoltosa Saray…. que mayor te has hecho niña,  es todo un honor que tu padre te haya confiado a mi, he sabido que desde siempre he sido idolatrado por ti y me enorgullece muchísimo. Enhorabuena querida.
- Gracias, creo que no te vas a sentir arrepentido de tenerme como tú guardiana, eso te lo aseguro.- le di un beso en la mejilla y me separé de él con pasos lentos.- Mi apellido lo llevo en la sangre y me siento poderosa llevando esto. –Dije tocándome el collar.- en ningún momento os sentiréis defraudados.- Cayo me sonrío muy satisfecho de mis palabras.
También era un de los líderes de los Vulturi junto a mi padre y Marcus, este último me alargó el brazo para que se lo cogiera y así poder darme la enhorabuena.

¡Marcus Vulturi!

El mas tranquilo de la corte, el poder al que nunca logré alcanzar, nunca llegaría a ser como él por mi poco autocontrol nervioso, pero admito que gracias a él he sido educada con mucha calma desde muy pequeñita ya que he tenido un nervio que a mi padre le alteraba muchísimo y se descontrolaba muy a menudo, gracias a Marcus mi padre supo como educarme, él ha sabido trasmitirme ese amor dulce que toda familia debe poseer en sus casa, a juzgar “a veces” – digo a veces por mi carácter parecido a mi tío Cayo.- con el corazón, a ser paciente en asuntos delicados.
Aunque reconozco que aprendí muy poco de él. Marcus siempre ha sido el más cayado de todos, el que dejaba que otros dieran su opinión sin exponer los suyos, el que siempre decidía lo que mi padre le recomendaba ¡El pasota! Como mi amiga Margaret decía.
En Volterra adoraban a San Marco, quien limpió sus tierras de Vampiros, a lo que resultaba una tremenda ironía por parte de los humanos ya que su San Marco, el mismo vampiro, vivía bajo Volterra.
Su don era el poder ver las relaciones de las personas, no era un don romántico sino que podía ver la lealtad de una persona hacia otra, eso fue lo que le salvó a mi madre de la muerte después de acabar con esa tropa desleal. Un don que me impresionaba muchísimo y al que poco usaba.


Estas eran las tres personas más importantes en mi vida, mi familia a la que adoraba y a la que entregaría mi vida sin pensármelo.
Ellos eran la realeza italiana y mi ser se sentía orgulloso de ser la hija Vulturi, la intocable.


- Saray… mi pequeña nerviosa, la hija que todo ser quiere poseer, la niña más adorable y temida por todos. Enhorabuena por formar parte de la guardia. Solo decirte que seas como tu misma quieras ser sin dejarte influir por nada ni por nadie.- dijo esto mirando de reojos a mi padre y a Cayo.

Marcus nunca le gustó que cogiera el camino de mi tío por que como él me contó una vez mi belleza y mi carácter no eran compatibles.
- Muchas gracias Marcus, lo tendré en cuenta.- y dándole dos besos me separé de él colocándome enfrente de mis hermanos y nuevos compañeros de lucha.

Empezando por Felix en el extremo derecho y acabando por Jane en el extremo izquierdo todos los miembros de la sala me dedicaron una reverencia y seguidamente aplaudieron mi nuevo cometido.
- Andrómeda por favor dile a Heidi que dé paso a nuestros invitados de hoy.- informó mi padre.

A los pocos segundos Heidi, nuestro cebo para atraer la comida, la que se encargaba de recolectar a los humanos  más jugosos y que no tuvieran familia para no entrar en investigaciones,  cruzó las grandes puertas de acero con un plato muy  suculento.
 ¡Los jóvenes penitenciarios!

- Hija te hago los honores….- con un gesto de mano mi padre me cedió el honor de que fuera yo quien bendiciéra la comida, siendo yo y no él, la primera en probarla.

Mis hermanos rompieron la fila dejándome pasar entre ellos, la mirada de Alec y la mía se cruzaron  dedicándose una sonrisa tierna llena de pasión y con su mejor mirada me guiño un ojo dejándome algo enloquecida.
Con mucho orgullo al concederme mi padre los honores de ser la primea  me acerqué a un joven que a mi parecer tenía la característica de ser el líder del patio carcelero.

- ¿Qué es todo esto?- Preguntó ese chico algo asustado pero haciéndose el valiente cuando me miró a los ojos, en su mirad vi reflejada la bestia de mi interior.
- Esto es mi fiesta de cumpleaños ¿te gusta?- me acerqué a él con pasos lentos seduciéndole con mi mejor mirada asesina.- Hoy cumplo 25 años….- le susurré en el oído. – Y estoy muy feliz… así que no sufrirás mucho.
- ¿Qué clase de criaturas sois?- Su voz comenzó a flaquear cuando me acerqué a él y la piel fría de mi mano entró en contacto con su cuello, su piel estaba ardiendo.
- Somos vampiros y tu vas a ser mi comida hoy ¿sabes el por qué?...- el chico comenzó a temblar de pánico provocándome una excitación exagerada.- Porque estamos  celebrando una fiesta y como te habrán enseñado de pequeño, en todas las fiesta nunca falta la comida,…. ¿sabes? Las fiestas me entran hambre.- mis labios fueron rozando su cálido cuello mientras su corazón bombeaba sangre a gran velocidad bajo la mirada sonriente de mi padre.
- Pero yo….

El chico comenzó a tartamudear palabras inteligibles y antes de que pudiera parpadear acabé con su vida clavándole mis afilados colmillos en su tierno cuello, alimentándome hasta de la última gota de sangre de su cuerpo.  Dejando un cuerpo sin vida bajo mis pies,  gozando de alegría y disfrutando como una niña bajo la mirada  feliz de mi padre que me observaba con orgullo
Los compañeros de la cárcel de ese chico comenzaron a gritar y a correr por el gran salón.
Con un gesto de mano de mi padre todos los miembros de la corte y de la guardia se echaron encima de ellos alimentándose como las criaturas del infierno que eran.
Cuando me quité de una ligera patada el cadáver que había dejado en mis pies observé con un ligero movimiento de cabeza a los hombres que quedaban revoloteando por la sala llenos de pánico y escogí el mas corpulento, entregándoselo a mi padre para que el también se alimentara.
- Gracias mi niña.- tras estas palabras mi padre clavó sus dientes en el cuello de ese hombre dejándole sin vida en cuestión de segundos.

Una vez alimentados de esas jugosas criaturas nos deshicimos de los cuerpos arrojándoles en un foso situado en la parte baja del palacio. Donde nadie, excepto nosotros, podía acceder sin peligro a que un humano descubriera esa fosa llena de cadáveres.

Así éramos nosotros, Los Vulturis,  el clan más respetado por todos los vampiros, demonios y hombres lobo. Los fríos como algún renegado nos etiquetaban, los más poderosos diablos del infierno.
Todos los vampiros nos temían y eso me excitaba muchísimo, me hacía sentirme la diosa entre los dioses.
Tras ese gran festín, toda la guardia y la corte fueron dispersándose  cada uno por un lado, dejándonos intimidad propia.  Tenía la intención de invitar a Alec que me acompañara a la torre pero mi padre se lo llevó a su sala privada donde muy pocos podían acceder, yo solo accedí una vez y porque me escapé de él escondiéndome allí cuando era muy pequeña, llevándome una horrorosa broca por parte de Aro.
Resignada me metí en una pequeña sala donde la chimenea ardía con furia y sentándome en el sofá me quedé recordando el pasado.

Recordé la historia que mi padre me contó en este mismo lugar, con apenas cinco años de edad queriendo inculcarme la historia familiar desde pequeña. – nos encontrábamos en este mismo sofá, yo en el regazo de mi padre y el rodeándome con sus brazos mientras orgulloso me contaba su historia, bajo la protección de Alec y su hermana Jane.-

“Los Vulturis”

“Los Vulturis residíamos en Volterra, Italia, desde el principio de los tiempos, cuyo dominio ostentaba en el secreto de la especie desde hace tres mil años, desde tiempos de los etruscos. Somos una familia antigua y poderosa, algo similar a la realeza. En un principio éramos tres: Aro, Cayo y Marco,  dos hembras se nos  unieron con el paso del tiempo, y los cinco creamos esta familia. Solemos vivir  juntos de forma pacífica, negando la trasformación a los niños, (llamados niños inmortales) Hubo una época que  estudiamos a los niños inmortales durante muchos años después de que tuviera lugar la catástrofe que habían causado algunos vampiros al convertir a esos niños incontrolables, creando una norma que a  todo vampiro que creara un niño inmortal se le daría muerta junto al mismo. Tu tío Cayo fue quien decidió que los más jóvenes eran incapaces de proteger el secreto y por eso debían de ser destruidos.
 Nuestras joyas más preciadas eran y siempre serán nuestra guardia, especialmente Jane y Alec.- repitiéndomelo una y otra vez.-Para formar parte de la guardia es necesario poseer un don excepcional o tener unas cualidades físicas extraordinarias. Tu mi niña posees más que eso, tu don es sobrecogedor por eso cuando cumplas la edad suficiente serás miembro de la guardia. Los líderes de la guardia son Jane y Alec, a los que deberás obedecer, son los líderes  debido a que son poseedores de los dones más poderosos. Tal es su poder que decidimos, que al igual que sus señores llevaran puesto capas negras para distinguirlas de la guardia restante cuyo color es de un tono grisáceo. Así pequeña no tendrás problema en recordar que debes obedecer sus órdenes. – Me recordaba una y otra vez.- con el tiempo lo sabrás todo pequeña”

Mi padre no era muy bueno contando historias y con mi poca paciencia para estar en un mismo lugar quieta durante varias horas no ayudaba.
Con el paso del tiempo fui descubriendo todo lo que tenía que saber sobre mi familia y su linaje, convirtiéndome en la mejor vampira del palacio con el apodo de;

¡La Hija Vulturi!

Falsas Apariencias.

Me encontraba en la biblioteca real buscando información sobre mi especie. No me había entrado la curiosidad de saber de donde provenía hasta aquella tarde de otoño, unas dos semanas después de mi nombramiento, cuando unos vampiros que iba a liquidar por traidores me llamaron “ demonio succionador de sangre”, nunca antes me habían llamado de esa forma y menos un vampiro.
Alec quiso quitarle importancia cuando le pregunté sobre el tema y mi padre se enfadó muchísimo conmigo al saber que un simple comentario me había dolido. Esa frase ya la había oído anteriormente y no utilizada precisamente para describir a un vampiro.
Sin que nadie supiera mis intenciones comencé a investigar por mi parte sin obtener  resultado alguno.
Quería saber de dónde provenía porque yo no era normal, no era como los otros, mi piel era más oscura que la de mi madre y más aun que la de mi padre con esa piel de cebolla que poseía, pero no era tan oscura como la de un humano.
Brillaba al sol como ellos pero no podía estar más de dos horas bajo los rayos solares porque mi piel se quemaba y lo más extraño, en lo que más me entraba la curiosidad fue que yo era la única que poseía colmillos, esos dos dientes afilados que solo aparecían cuando estaba furiosa o tenía que alimentarme. ¡Extraño! Si en realidad era hija de Aro y de Catherine. –Vampiros normales- ¿porque yo no era como ellos? También había otra cosa curiosa que mi padre jamás quiso hablarme de ello, la marca de mi brazo.

- Si tu padre te ve aquí te encerrará en los calabozos hasta que obedezcas una orden suya sin contradecirla al mínimo.- me susurró Alec a mis espaldas acariciándome el cuello con su aliento.
- ¿No deberías estar de patrulla?- le pregunté cambiando de posición quedándome a solo dos centímetros de sus labios.
 -Ya hemos regresado.- Se apartó de mi bruscamente.- Sabes que no deberías estar aquí y aun menos con esos libros que tu padre te prohibió que leyeras.
- Quiero saber por qué no soy como vosotros, simplemente es eso.
- No eres como nosotros porque eres especial.- Cuando su mano me acarició la mejilla un deseo ardiente recorrió mi cuerpo.- ¿Subimos a la torre? Esta anocheciendo.
- Si me prometes que no le dirás nada a mi padre…no pensaras en esto.- le pedí enseñándole los libros.
- ¿Cuándo tu padre ha conocido alguno de nuestros secretos?
- No sé, como últimamente estas mucho con él, he llegado a pensar que te has vuelto como Dexter.- Me reí bajo su gruñido de rabia.- Vamos.

Subimos a la torre donde se podía ver la mejor puesta de sol de toda Italia. Era muy hermoso, como un cuadro pintoresco de antaño. Un paisaje digno de admirar.
- No deberías provocar la ira de tu padre desobedeciendo sus normas.- me dijo Alec subiendo las escaleras de la torre.
- Si él me contara la verdad no tendría que estar buscándola por mi cuenta.
- ¿Qué verdad Saray? – Me dijo con un gesto de ocultar algo, no le dí importancia.
- Los vampiros no podemos tener hijos.- él se quedó dudando unos segundos.

Me apoyé en la muralla junto a Alec y nuestras manos se rozaron provocando una electricidad compatible entre los dos cuerpos, él no añadió nada a mi afirmación, se limitó a mirarme fijamente a los ojos.
- Es tan hermoso este momento del día – comencé a decir cambiando de tema.- recuerdo cuando era pequeña y me subías aquí todas las tardes para que pudiera disfrutar de esta maravilla de paisaje. También recuerdo el poema que me leías día tras días de Gabriel y Galán…. “Puesta de sol” se titulaba si mal no recuerdo.- Alec asintió con un gesto de cabeza y los dos comenzamos a susurrar ese hermoso poema sin dejar de mirarnos fijamente a los ojos….- ¿Por qué lo hacías?  ¿Por qué me subías aquí todas las tardes?- le pregunté curiosa.
- Era el único momento que tu cuerpo se relajaba dejando paso a la niña dulce y bonita Saray.
- ¿Te estás burlando de mi?- le pregunté arrimándome aun mas a él.
- No,- sus dedos me acariciaron la mejilla atrayendo mi cara más cerca de la suya.- te volvías muy dulce cuando el sol se escondía en el horizonte dejando reflejos rojos entre las nubes, yo disfrutaba viendo esa dulzura.
- Puedo ser dulce siempre que quiera.- esta vez, aunque mi cuerpo lo deseaba, me contuve,  con miedo a que me rechazara de nuevo, dejando que él llevase la situación.
- Lo sé y eso es un peligro que no debemos cometer.- se apartó de mi volviendo a su postura anterior.
- Odio que me hagas esto Alec.- mi tono de voz se puso un poco brusco a su reacción.- Estoy cansada de rehuir lo evidente.
- ¿Lo evidente de qué?- preguntó también con un tono elevado.
- De que nos amamos.
- No Saray te equivocas, tú me amas yo no.- y con esto se alejó de mí cerrando la puerta de la torre con fuerza.

Sus palabras me dejaron rota en mil pedazos, mi cuerpo quedó clavado allí arriba donde la noche se hacia paso tras los reflejos sangrientos del sol, sin saber como reaccionar.
Estaba mintiendo, sabía que lo estaba haciendo porque su cuerpo reaccionaba igual que el mío al estar juntos a pocos centímetros.
Cuando mi ser reaccionó bajé a mi habitación, quería encerrarme allí queriendo alejarme del mundo y estar sola hasta que mi garganta me quemara por la sed pero mi propósito duró muy poco cuando Chelesa vino a buscarme.
- ¿Puedo pasar?- preguntó muy educada.
- Si… ¿Qué ocurre Chelesa?
- Aro quiere ver reunida a la guardia en cinco minutos en el gran salón, es muy importante.
Le hice un gesto de afirmación y colocándome la capa salimos de mi habitación las dos juntas, al llegar a nuestro destino todos se encontraban en posición de escucha mientras mi padre andaba de arriba a bajo algo nervioso, miré  Alec y este bajó la mirada ignorando mi entrada.
- ¿Qué ocurre padre? Está muy nervioso.
- Si hija, es para estarlo….hemos recibido un comunicado de guerra….- al decir esto hubo unos cuantos susurros que desaparecieron con la mirada furiosa de mi padre.- los Rumanos nos ha declarado la guerra, quieren poseer Volterra y echarnos de estas tierras, quieren hacerse con el poder de los Vulturis…
- Pero no hay problema ¿no? – le contesté sin preocupación.- podemos con ellos como hemos podido con todos a los que hemos matado.
- Esta vez no hija…. Los rumanos se han aliado con los ucranianos y nos superan en número.
- ¿Qué vamos hacer señor?- preguntó Demetri con rabia.
- Tendremos que pedir ayuda.- le contestó Marcus bajo la mirada de Cayo y Aro.
- Los Vulturis nunca piden ayuda.- le contesté molesta por ese comentario.
- Esta vez la tenemos que pedir….- comenzó hablar Cayo con voz paciente.- Demetri y Felix ir al norte a buscar toda la ayuda posible, Jane y Chelesa vosotras ir al sur, llevaros a cuatro miembros de la corte para que os podáis dispersar, esa zona es donde mas habitan los de nuestra especia, Dexter y Renata ir al este y……
- Deberíamos deliberar todo esto primero Cayo.- insistió mi padre no muy convencido de pedir ayuda.
De muy pequeñita mi padre me enseñó que los Vulturis jamás se rebajaban a nadie, jamás éramos ayudados por nadie por ser los mas fuertes y poderosos de la tierra. Como a mí, a Aro también le enfurecía este asunto.

-  Deberíamos llamar a Carlisle….- dijo Marcus levantándose del trono, mi padre y Cayo lo miraron a la vez sorprendidos.- Carlisle tiene muchos amigos y la manada de lobos esa que dicen que son su familia, sería de buena ayuda.
- No, los Cullen no van a participar en esto.- agregó mi padre con furia.
- Aro necesitamos aliados, muchos vampiros nos odian y cuando se entere de que los rumanos quieren poseer nuestro trono se aliaran a ellos….
- Amenazar a todo aquel que no quiera defendernos.- añadió Cayo.- y si es necesario  torturarlos, lo hacéis.
- No podemos hacer eso Cayo. – Todos estábamos sorprendidos por Marcus, jamás había entrado en una conversación y esta vez parecía él quien la llevara.- lo que menos necesitamos ahora son mas enemigos. Sigo pensando que deberíamos llamar a Carlisle, él nos ayudará, sabes que no soporta a los rumanos.
- Te recuerdo amigo mío que Vladimir y Stefan estuvieron con los Cullen cuando Irina nos mintió con respecto a Reneesme.- Añadió mi padre con el mismo rostro de furia.
- Si, es cierto pero me juego mis años de sabiduría que Carlisle nos ayudará, sabe como son los rumanos y no va a permitir que dominen el mundo. Además su hija sería de muy buena ayuda en el momento de saber cuándo y cuantos nos atacarán. Si llamamos ahora a Carlisle, Alice vería el futuro con su don y sabríamos cuanto nos queda de tiempo.

Mi padre se sentó en su trono con semblante abatido, no entendía la mitad de las cosas que estaba diciendo, pero si entendía el rostro de mi padre que estaba contraído en un dolor que no podía esconder, mirándome como si con la presencia de ese tal Carlisle iba a perder algo querido.
- Buscar toda la ayuda posible… iros.- añadió mi padre con la mirada perdida en la nada.

La corte entera salimos del salón dividiéndonos en los grupos que Cayo había nombra anteriormente, yo me fui con Rebecca, Alec y cuatro miembros mas hacia el noroeste.
Estuvimos prácticamente dos días fuera de Italia, cuyos días Alec y yo no nos dirigimos ni una sola palabra y en que logramos recaudar a más de quince vampiros dispuestos a dar sus vidas por nosotros, por miedo o por lealtad, no me importaba.

 Al regresar a palacio, mi padre y Marcus aun seguían discutiendo sobre pedir ayuda a Carlisle y su familia. A mi llegada estos se metieron en la sala privada de Aro. Por lo que pudo informarme Rebecca, ese hombre era un buen amigo de los Vulturis desde hacia siglos, residía en esos momentos en Canadá y el motivo de por qué no quería mi padre obtener su ayuda no lo sabía.
Fui directamente a mi habitación, dolida a un por el rechazo de Alec y por su ausencia verbal durante el camino, me tumbé en la cama y colocándome los cascos de música me quedé pensando en los momentos vividos junto a él cuando era pequeña.

Cansada de estar encerrada entre cuatro paredes sin ninguna motivación existente me levanté de la cama y me puse a pasear por las calles de Volterra bajo la luz potente de la luna llena, no había absolutamente nadie en ellas debido al frío que hacía, los charcos estaban congelados y los pocos animales que habitaban allí se encontraban refugiados bajos los coches o en algún agujero de las callejuelas. ¡Para mi era un clima perfecto!

- ¿Por qué me has seguido Alec? – dije sin girarme notando su olor a distancia.
- Es peligroso que una chica ande sola por las calles de noche.- me contestó poniéndose a mi altura, yo en ningún momento paré de andar.
- Es peligroso para una chica humana no para mí.
- Saray…- me frenó cogiéndome del brazo.- No me gusta que estemos sin dirigirnos la palabra por una tontería.
- Has sido tú quien no me ha hablado en estos últimos días, y no creo que sea una tontería, amarte no es ninguna tontería Alec.
- Sabes que no podemos…
- A veces es preferible hacer las cosas aunque al final salgan mal, que quedarse con la duda de cómo hubiera sido. Yo no temo a nada ni a nadie, de hecho ya nada me puede hacer daño  ni tampoco tengo miedo de gritar a los cuatro vientos todo lo que te quiero, no temo a mi padre, si tengo que enfrentarme a siglos de tortura lo haré pero jamás dejaré de amarte Alec.
- No sabes lo que es capaz de hacer tu padre Saray.
- ¿Por qué le tienes tanto miedo? Dime….- Alec se quedó mirándome algo contraído.- Si no me amas dímelo, pero dímelo mirándome a los ojos, si me amas enfréntate a mi padre como lo haré yo.
- Tu padre… ese ser que tanto adoras mató a su propia hermana menor porque mantenía una relación con Marcus.
- ¿Qué?- dije asombrada.
- Cuando tu padre se enteró de que estaban juntos y que planeaban separarse de los Vulturis, cosa que no le gustó a tu padre ya que Marcus era, y es, de mucha ayuda para él, la mató con sus propias manos. Marcus jamás lo perdonó pero decidió quedarse e intentar hacerle feliz con su don.

Me quedé atónita con su historia, mi padre mató a su propia hermana ¿podría hacer lo mismo conmigo? No podía creerme lo diabólico y desagradable que podía llegar a ser Aro.
- No le tengo miedo. – Logré decir tras unos minutos en silencio.- No creo que sea capaz de hacerme daño, además tiene la ventaja de que siempre estaremos a su lado porque nosotros no nos iremos de aquí, jamás abandonaremos a los Vulturis.
- No subestimes a tu padre.
- No creo que se atreva a enfrentarse a mi.- una furia recorrió mi cuerpo y comencé a andar de nuevo sin dirección.- sabe perfectamente que puedo acabar con su vida en menos de un segundo.
- Saray….-  Volvió a cogerme del brazo obligándome a parar.
- ¿Qué quieres?

Alec me apoyó contra la pared acercando su cuerpo al mío, me cogió de la cintura con las dos manos y con pasión sus labios se unieron a los míos provocándome una excitación que nunca antes había sentido.
Esas ganas de besarle que se encontraban dentro de mí hacia tiempo, salieron obligando a mis brazos a que se enredaran en su cuerpo. Quedando unidos en un solo cuerpo, escondidos en la oscura calle de Volterra.

Al amanecer volvimos a ser llamados al salón real para obtener más información sobre los atacantes. Al llegar allí solo mi padre y Cayo se encontraban en la sala con no muy buena cara. Alec y yo nos miramos extrañados pero felices.
Habíamos pasado la noche juntos en un lugar  oscuro y abandonado de la montaña mas alta de Volterra regalándonos ese amor que tantos años habíamos reprimido.

- Buenos días padre. Cayo.- les hice una reverencia con una media sonrisa.
- Alec. – comenzó a decir mi padre. ¿Dónde estuviste anoche? Mandé llamar a la guardia y no estabas en tus aposentos.
- Salí a pasear.- dijo muy tranquilo sin dejar de mirarle a los ojos.
- ¿Y tu hija? – Cuando mi padre me preguntó me quedé bloqueada, quise decirle algo coherente pero mi mente se quedó en blanco debido al nerviosismo que estaba recorriéndome el cuerpo en ese momento.
- Salí de caza.- Metí la pata, vi  como Alec puso los ojos en blanco y como sus dientes mordían su labio inferior a la vez.
- ¿Sin permiso? – Mi padre se acercó a mí y yo di un paso atrás porque no quería que me tocara.- Sabes que está prohibido cazar fuera de los días previstos.
- Lo sé padre y lo…
- También sabes….- continuó hablando con furia interrumpiendo mi escusa.- que no puedes salir de palacio sola y sin permiso.
- Lo sé padre pero…
- Estoy cansado de que desobedezcas mis normas y mis órdenes….Alec ¿Dónde estuviste anoche? – le volvió a preguntar mi padre con furia.
- Ya se lo he dicho señor….

En ese mismo instante que Alec estaba contestando a su pregunta mi padre me pegó una bofetada provocando que mi cuerpo chocara contra la pared lateral de la sala dejando un enorme agujero en uno de los pilares. Me quedé petrificada al igual que Alec, nuestras miradas se encontraron cuando me levanté del suelo un poco contraída de dolor. Su cara era de espanto y en su mirada había miedo. Miré a mi padre rota de dolor por la reacción que había tenido contra mí.
¡Mi padre me había pegado!

- No me gusta que me mientan…. lo odio…. ¿Donde estuviste anoche Alec?- Alec me miró con el rostro lleno de amargura y miró a mi padre sin decir nada.- ¿Alec?
- Estuvo conmigo. – le contesté sintiendo la furia emanar de mi interior.- Si padre, Alec y yo estuvimos anoche juntos- Aro miró a Cayo.
- No es difícil decir la verdad ¿no crees?- mi padre se acercó a mi tendiéndome una mano para que se la cogiera, le negué el gesto.-  Mi fuente de confianza no me engañó cuando me dijo que os vio juntos en la cueva abandonada de la montaña suroeste.
- Tu perrito faldero ahora ¿también es mi vigilante?- le dije un poco burlona.
- No me gusta tu tono de voz hija.
- Y a mi….
- No me contestes….- me dijo con furia.-  Creo que te dejé bien claro Alec que no tocaras a mi hija.
- Le amo señor.- a Aro se le escapó una risita diabólica.
- Le amas…es tan ridículo.
- Porque tú no hayas amado en tu vida no significa que los demás no puedan amar padre.
Mi furia estaba descontrolada y no soportaba mas la actitud de mi padre, él no tenía derecho de controlar mi vida, no tenía derecho de hablar como lo estaba haciendo, no tenía derecho a negarme el amor de Alec, era mayor y  autosuficiente para escoger a mi propia pareja.
Aro arremetió contra mí cogiéndome del cuello y postrando mi cuerpo contra la pared.
- Te he dicho que no me contestes, estas bajo mis órdenes y como tal tienes que respetarlas y obedecerlas ¿entendido? Tú y Alec jamás podéis estar juntos.
- ¿Por qué? – escuché decir a Alec a espaldas de mi padre, Aro me soltó y se giró mirando a Alec con rostro tranquilo. Esos cambios de estados los tenía muy a menudo.
- Mi querido Alec, mi niño prodigo, ¿Cuántos años llevas a mis órdenes? Usss- le mandó callar cuando quiso contestarle- mil años o más y sabes a la perfección que un miembro real jamás da explicaciones cuando da una orden. ¿No?
- Si señor.- Alec me miró de reojos y agachó la cabeza bajo la mirada de Aro.
- Ahora te voy a pedir que nos dejes a solas a mi hija y a mí…. Saray tiene que aprender a cumplir mis órdenes….de ti me ocuparé mas tarde.
- ¿Qué vas hacer si no las cumplo? ¿Qué vas a hacer si no quiero alejarme de Alec? ¿Vas a matarme como hiciste con tu hermana?-  Me estaba poniendo muy nerviosa, quise controlarme ya que no quería usar contra mi maestro el odio que me había enseñado a tener contra los vampiros desleales pero no soportaba su actitud, mi demonio interno quería aplastarle la cabeza, pero era mi padre.
- ¿Cómo sabes eso?- preguntó extrañado, vi el rostro de Cayo que también lo contrajo en un gesto de asombro.
- Parece mentira padre que no sepas aun que puedo usar tu don con cualquiera, hasta la rata mas inmunda de este palacio sabe lo asesino que fuiste con tu hermana.
- Ella se lo merecía. – me contestó con los dientes apretados.
- Nadie merece la muerte por amar, padre.
- Créeme que se lo merecía por traidora y usurpadora.
- Tú propia hermana…. y yo que pensaba que eres un héroe….que estupida he sido.
- Creo que le va a venir bien unos días de castigo duro Aro.- Replicó mi tío Cayo sentándose en su trono.
- Demetri, Felix…- llamó mi padre con urgencia, a los pocos segundos entraron por la puerta uno seguido del otro.-  Llevaros a Saray a los calabozos.
- ¿Señor? – preguntó extrañado Demetri.
- No señor castígueme a mí, no le haga daño a ella.- le suplicó Alec cogiéndole del brazo, una acción que se arriesgó mucho a realizar.
- Para ti tengo otro tipo de castigo.
- No te atreverás a hacerle daño.- dije enseñándole los colmillos.

La llama de mi interior se encendió provocándome una furia aterradora cuando mi padre pronunció esas palabras, no iba a permitir que le hiciera daño al ser que tanto amaba, intenté echarme sobre él con rapidez y llena de odio pero Alec arremetió contra mí empujándome de nuevo contra la pared.
- No Saray,  no voy a permitir que le  hagas daño a mi amo. Lo siento pero no pudo…

 Aro dejó ver una sonrisa de satisfacción mientras daba orden a Demetri que me cogiera.
Los dos guardianes de mi padre me sostuvieron de los brazos con fuerza y me llevaron a los calabozos, no puse resistencia ya que la furia y el odio que recorría en mi cuerpo a penas segundos antes, se había desintegrado con el ataque de Alec. ¿Cómo podía defenderlo sabiendo que lo iba a castigar? Era un cobarde.
Me senté en un rincón del calabozo y allí pasé el resto del día, sola y sin nadie cerca de mí para poder usar su poder y escapar de allí, me sentía furiosa y dolida.

Al anochecer, mi padre entró en mi celda, acompañado de Felix, este se quedó en la puerta mientras mi padre se situaba enfrente de mí mirándome con un velero dibujado en sus labios.

- ¿Cómo estas hija?- preguntó con ánimo.
- ¿Cómo quieres que esté padre?- le dije sin mirarle a la cara.
- Este no es el peor castigo que puedo imponer.- Aro se acercó a mí y me careció el cabello como lo solía hacer cuando estaba preocupada o triste por algo.- Estar encerrada aquí es como estar encerrada en tu habitación. ¿No crees? – me preguntó con una sonrisa suave.
- En mi habitación tengo música…- le contesté sarcásticamente.- Haz lo que tengas que hacer ya y déjate de royos padre.
- ¿Por qué piensas a si de mí? No voy hacerte daño, jamás sería capaz de hacer daño a mi pequeña.
- ¿Entonces por qué me encierras aquí y obligas a mi corazón que no ame  Alec?
- Sobre encerrarte aquí es simple rutina mi vida, estabas muy nerviosa y esta era la única manera de que te tranquilizaras y…. sobre Alec, no acepto esa relación porque sois compañeros de trabajo y amor con trabajo no es compatible….
- Eso son tonterías padre…. ya no soy una niña a la que pueda convencer con paparruchas….- me levanté del suelo quitándome su mano bruscamente de encima.-  Dime la verdad si no quieres que la busque en tu mente a la fuerza.
- ¿Mes estas amenazando?
- No, te lo estoy pidiendo….
- Está bien hija quieres la verdad…. pues te diré la verdad, ya va siendo hora que la conozcas….no puedes estar con Alec porque desde tu nacimiento estas comprometida con Cayo.
- ¿Qué? – dije sin aliento con los ojos abiertos de par en par.
- Si cariño, cuando cumplas el siglo te esposaré con él para que formes parte de la realeza.
- Estás loco…- le dije escupiéndole las palabras con ira.- ¿Qué pasa con Athenodora?
- De ella ya nos encargaremos cuando llegue el momento.
- No pienso casarme con él. Esto es…. es desagradable padre….a tu hermana la matas por estar con Marcus y a mi me casas con un vejestorio de cuatro mil años…- Aro volvió a pegarme una bofetada en al cara pero esta vez mas suave.
- No voy a consentir que hables así de Cayo. Si no quieres pasarte lo que te queda para cumplir el siglo aquí encerrada tendrás que aceptarlo. Y no me repliques nada ¿entendido? Nadie de esta casa se ha atrevido a contradecirme así que no voy a consentir que tú seas la primera.
- Pues entonces me pudriré aquí dentro.
- Tú lo has querido…. vamos Felix.

Cuando mi padre abandonó la celda escoltado por Felix comencé a dar patadas y puñetazos contra la puerta con toda la furia y la ira que en ese momento estaba sintiendo en mi cuerpo. No podía creerme a lo que mi padre me había condenado, era peor que estar encerrada en ese zulo putrefacto sin luz y sin alimento. Era tanta la rabia que sentía que no dejé de golpear la puerta hasta que mis manos quedaron ensangrentadas, la puerta era de doble acero fabricada con la intención de parar a los vampiros que mi padre torturaba allí dentro.
Agotada me senté en el suelo y comencé a sollozar mirando como mis manos se curaban pausadamente.
No sé cuánto tiempo estuve allí dentro encerrada entre esas cuatro paredes oscuras y frías como el corazón de mi padre,  mi garganta me ardía por la sed, mis ropas estaban ya rasgadas por mis manos debido a la rabia que me daba verme vestida como ellos,  no sabía si era de noche o de día  y a pesar de mis gritos nadie vino a ver mi estado. Me sentía derrotada, traicionada y sola.
Resignada dejé de gritar. Mi garganta me ardía como las llamas del infierno y no sabía cuánto tiempo iba a soportar más la sed. Me moría por sentir la dulce sangre humana recorrer mi garganta y notar como lentamente desaparecía esas llamas que me estaban matando de inanidad. Cuando más lo pensaba más ardía mi interior.
 Días más tarde  de mi silencio un olor dulce abrasador me golpeó con furia cuando la puerta se abrió.

- Buenas noches mi niña.- la voz de mi padre me desgarró el corazón, su voz hizo que me sintiera triste y sin fuerzas.- Te he traído la cena.
- Gracias padre.- le contesté sin ánimo, mi voz parecía un hilo inaudible para los humano.

En un gesto de mano de mi padre, Felix entró en el calabozo llevando entre sus brazos a una joven muchacha de unos veinte años de edad, aterrorizada y provocando que su miedo me excitara bruscamente.
- Mi niña aquí tienes a esta joven, cuando termines volveré para hablar contigo y…
- ¿Cuánto tiempo llevo encerrada?- le pregunté sin quitarle la vista a esa joven, sintiendo como mi bestia desgarraba mi interior para abalanzarse sobre ella.
- Dos semanas.- a mi me parecieron meses.- Felix…- llamó mi padre a Felix para que me entregara la presa.

Felix dejo a la niña asustada en el centro de la celda y salió tras mi padre cerrando la puerta a cal y canto.
Como la asesina que era sedienta de sangre me abalancé sobre la niña atrapándola con mis brazos y clavándole los colmillos sin perder el tiempo en jugar con ella.
La gran bestia que me dominaba se hacía paso tras mi pecho con rugidos que congelaban de pánico a mi presa, mientras le absorbía toda su sangre.
Estaba ansiosa de sangre y esa pobre chica me supo a poco cuando acabé con su vida.
¡Necesitaba más!
Finalizada mi cena, mi padre volvió a entrar en ese sucio calabozo y acercándose a mí colocó sus dos manos en mi rostro. Yo no dije nada limitándome a mirarle a los ojos únicamente, dejándole ver lo que él buscaba, ¡Mi arrepentimiento! Aun que en realidad no me sentía nada arrepentida.

- Veo mi niña que estas arrepentida de lo que has hecho…se que yo tampoco he sido muy bueno contigo y créeme que estoy arrepentido de haberte pegado, - que mentiroso, seguro que estaba arrepentido, no me creí ninguna sucia palabra de él, pero tenía que aceptarlo para poder salir de ese infierno.- estoy arrepentido de haber encerrado a mi dulce hija en estas condiciones, pero tenías que aprender una lección y qué manera si no está. Hoy vas a salir de aquí pero antes quiero que me jures que vas a cumplir todas mis órdenes, hasta la más insignificante que pueda mandarte, sin rechistar y sin desobedecerla a la mínima.
- Si padre, te prometo que seré una hija ejemplar, que no volverás a tener problemas por mi parte y que cumpliré todas las ordenes que me mandes, tanto tu como mis tíos.  Estos días me he dado cuenta padre, que lo que más tormenta a un hombre o a un vampiro es lo que no le ordenan hacer.
- Muy bien dicho hija, los hombres tanto como los vampiros han nacido para obedecer órdenes si no ¿no crees que el mundo entero sería un descontrol?
- Si padre.
- Ahora Felix te acompañará a tus aposentos y allí te darás una ducha y te cambiaras esas ropas. Cuando finalices de asearte te acompañará al gran salón donde te estaremos esperando.
- Gracias padre.- Sonriendo abandonó la celda de tortura.

Cuando Felix se aseguró  de que mi padre ya había abandonado el  sótano donde se encontraban los calabozos, me  hizo gesto con las manos para que yo también saliera de allí. En silencio me acompañó hasta mi habitación, donde la luz artificial de las lámparas, me arañaron los ojos. Había pasado mucho tiempo a oscuras, y aunque los vampiros podíamos ver en la oscuridad, el cambio de luz también nos afectaba bastante.
Sin darle las gracias a Felix como era de costumbre, me encerré en mi habitación sentándome en el suelo y mirando mi reflejo desaliñado en el espejo de mi tocador.
Con un pequeño resumen, mi mente describió a mi especia mientras odiaba ese reflejo de mí ser en el espejo.
Los vampiros eran odiosos,  trataban de lograr sus propias metas en un ambiente hostil tanto externa como internamente. El mundo de los vampiros era engañoso, nada era lo que parecía, nada era lo que me habían explicado de pequeña, las acciones que uno cometía podían favorecer los intereses de otro y terminar perjudicandolo a uno, era lo que hacía la guardia y la sinceridad era una joya muy escasa.
Los Vulturis se veían como algo superiores a los demás vampiros por tener más de cuatro mil años,  contra más viejo era un vampiro, mas frio, arrogante y cerrado se hacían.  Eso era casi inevitable. Con los años  adquirían  poder, pero se perdía la poca humanidad que uno poseía tras la trasformación,  ese era el caso de mi padre, no me había dado cuenta de cómo era, hasta aquel día que todo mis sueños de formar parte de la guardia, todo  mi poder y mi grandeza  se desvaneció con la primera bofetada que Aro me dio. En el mundo de los Vulturis, todo lo que uno hiciera le serbia a otro, y las acciones propias a veces no eran tan propias como creía de pequeña, ya que los grandes Vulturis  dominaban la mente de todos hasta el punto de hacer creer que las ideas realmente le pertenecen a uno mismo. De esto me di cuenta estando encerrada en ese foso de tortura. ¡Me sentía odiosa y sucia por dentro!

Encima de mi cama estaba puesta mi nueva capa, esperándome burlonamente  a que la colocara sobre mis hombros. Con rabia la tiré al suelo y me metí en el baño, no podía tardar más ya que Aro comenzaría a impacientarse y no era conveniente después de las dos semanas terroríficas que había  pasado.
¡No podía hacerles esperar!

La Verdad Puede Matar

La guardia al completo se encontraba en la sala observando en silencio a Aro, Marcus y Cayo que sentados en sus tronos, esperaban mi llegada.
Debo reconocer que al principio sentí miedo, miedo de la forma en que me miraban los tres, miedo de como los de la guardia susurraban a mis espaldas, miedo de no volver a tener la confianza de Alec, miedo de ser rechazada por todos, miedo….

- Bienvenida de nuevo hija.- dijo mi padre levantándose de su trono.
- Gracias padre, estaba ansiosa por volver.- mi mirada se desvió a Alec que se encontraba de pie al lado del trono de Cayo, él bajó la mirada.
- Ahora que estamos todos os tengo que comunicar que dentro de unos momentos vamos a reunirnos con los Cullen en la sala sudoeste del palacio, para hablar sobre el ataque de los rumanos…
- ¿En la sala sudoeste?- pregunté algo extraña debido a que esa sala jamás la había visitado, no sabía de su existencia.
- Si mi niña, es donde solemos reunirnos con nuestros aliados lejanos.- me dedicó una sonrisa que le devolví sin dudarlo.- Hemos hablado con Carlisle y ha visto conveniente que nos reunamos para hablar sobre el tema…
- ¿Nos va ayudar?- preguntó Demetri con brusquedad.
- No me ha comunicado nada de eso.- le contestó mi padre algo molesto por la interrupción.- Carlisle se le veía preocupado por la noticia y ha decidido venir personalmente para hablarlo.
- ¿No hemos conseguido bastantes vampiros para que luchen a nuestro lado?- pregunté preocupada.
- No hija, por eso hemos tenido que llamar a  los Cullen. Demetri, Felix, Jane, Renata, Saray y Alec vosotros asistiréis a la reunión, los demás quiero que os quedéis aquí pendientes a cualquier cosa que ocurra.
- ¿Son peligrosos padre? – le pregunté extrañada tras pronunciar esas palabras de aviso.
- No, pero no podemos confiar en nadie. Hija….- Aro se acercó a mi con una sonrisa abierta.- quiero que desde que salgamos del salón hasta que los Cullen salgan por la puerta principal tengas activado tu escudo en todos nosotros.
- ¿Por qué padre?
- Carlisle tiene dos hijos con poder y no me gustaría que lo emplearan sobre nosotros, Edward lee la mente…
- ¿Cómo tu?- pregunté extrañada de nuevo ya que me habían explicado de pequeña que ningún don se repetía en dos vampiros distintos.
- No, Edward puede leer la mente sin necesitad de tener contacto físico.- se me escapó un soplido.- y Jasper… ese chico tiene el poder de manipular el estado de ánimo de cualquier persona, relaja al mas nervioso y altera al mas tranquilo. Por eso no quiero que actúen contra nosotros, no quiero que Edward sepa de nuestras vidas ¿entendido?
- Si padre.
- Y otra cosa…. lo que dure la reunión no quiero que hables ni que en ningún momento te quites la capucha de la cabeza. Mantén tu rostro oculto.
- ¿Pero por…..?
- Haz lo que te ordeno.- me interrumpió poniéndose serio.
- Si padre, lo haré.
- Bien querida así me gusta que….
- Señor…- interrumpió Baptiso entrando por la puerta.- Señor, los Cullen ya se encuentran en la sala prevista para la reunión.
- Gracias Baptiso, vamos pues entonces, recuerda lo que te he dicho hija.- me volvió a repetir mi padre con un poco de brusquedad, yo asentí con la cabeza y me coloqué detrás de Cayo junto a Alec que en ningún momento me miró.

Subimos las escaleras centrales del holt en silencio y nos dirigimos al suroeste de palacio donde esa familia extraña nos esperaba. Mi padre estaba bastante nervioso y preocupado, el motivo no lo tenía muy claro pero estaba decidida a leer su mente después de la reunión aunque eso me costara dos semanas más en el calabozo.
A dos puertas de llegar a la sala un aroma dulce y conocido entró por mi garganta poniendo en duda mi preocupación antes ellos.

- Ese olor….me es conocido- le susurré a Alec cerca de su oído para que los demás no pudieran escucharme.
- Lo dudo, nunca antes has estado con esta familia.- me contestó Alec sin apartar la vista de enfrente.- No te distraigas Saray y no bajes la guardia con el escudo.

No dije nada, le miré con desprecio y continúe oliendo ese aroma que me recordaba a algo hermoso de mi pasado, algo que no lograba recordar, me gustaba ese olor, me hacía sentirme bien, diferente, me reconfortaba. ¡Era extraño!
Cuando mi padre abrió la puerta pude divisar a cinco hombres y dos mujeres que se tensaban al instante colocándose uno al lado del otro formando una fila horizontal.
- Buenos días Carlisle, bienvenido a nuestra casa…. de nuevo.
- Buenos días Aro.- le contestó el miembro que encabezaba la fila con extrañez en su rostro, mirando de reojos a uno de sus supuestos hijos que se encontraba a su derecha.
- Hace siglos que no visitas Italia, sabes que Volterra es tu casa.- le dijo mi padre sonriendo.
- Si, lo sé y solo puedo decirte que no hemos tenido ocasión de visitarla.- le contestó ese hombre con mucha educación.

Observé uno por uno cada miembro de la familia Cullen que tanto me era conocido su aroma, desde la pequeña chica que parecía un duende hasta el más grande y musculoso chico que no dejaba de mirar a Demetri con la mandíbula tensa.
Había algo extraño en ellos, desprendían bondad y su forma de vida era muy diferente a la nuestra, se veían humildes.
Nunca antes había visto vampiros de ese estandi. Sus ojos lucían color miel y sus bellezas se unían entre si para deslumbrar al observador. Me quedé atónita mirando esos rostros tan bellos.
- El tema es preocupante Aro.- comenzó a decir el cabeza de familia sentándose en un pequeño sofá de la sala, sus hijos quedaron de pie detrás de él.
- Si mi querido amigo, no te hubiéramos llamado si no fuera preocupante.
Mi padre y mis tíos imitaron la acción de Carlisle sentándose en sus debidos sofás. Nosotros nos quedamos de pie tras ellos quedándonos enfrente de la familia Cullen.
- Mi hija Alice ha logrado ver cuantos vampiros atacarán aproximadamente, pero debo añadir que el número puede variar con el trascurso de los días.
- Lo sé y eso nos tiene un poco alterados.- le contestó mi padre contraído, nunca lo había visto así, el asunto debía ser extremadamente peligroso.
- Alice a logrado ver unos ciento cincuenta, - vi como el rostro de Marcus cambiaba de serio a sorprendido, nunca nos habíamos enfrentado a tantos.- aunque algunos aun no lo tienen decidido, muchos os tienen respeto y dudan si atacar o no.
- ¿Sabes cuando nos van a atacar?- preguntó Cayo con suavidad a la hija de Carlisle.
- No, Vladimir aun no lo tiene demasiado claro, duda entre el próximo verano, para poder recaudar mas aliados o con la próxima nevada que será dentro de cuatro semanas.- habló la pequeña duende con voz aterciopelada, una voz que me hizo temblar de satisfacción. Su voz me provocó confusión.

Tras esa confusión salí de la conversación que mantenía mi padre con Carlisle centrándome en el lector de mentes, Edward, ese chico desgarbado con el pelo negro y ojos como la miel, bastante guapo.
Era impresionante su poder, podía escuchar todo lo que en ese momento se le estaba pasando por la cabeza a cada uno de ellos al mismo tiempo. Lastima que mi escudo no me dejaba escuchar los pensamientos de mi padre, era una buena oportunidad, pero no podía arriesgarme, así que me centré en ellos.
El chico musculoso y grande del grupo, muy guapo y con un rostro que me parecía familiar a simple vista, ese tal Emmett, estaba pensando en las diversas formas de matar a Demetri. Lo odiaba desde hacia años y se satisfacía pensar en la muerte de mi compañero.
A su lado se encontraba el manipulador de estados de animo, Jasper, su mente estaba centrada en mi padre, se encontraba algo tenso al ver que no lograba su propósito, estaba confuso.
Algo mas relajado estaba Adam pensando en la hermosa y dulce mujer que le esperaba en Canadá, Rosalie, pero eligiendo a la vez a Chelsea si se ocasionaba una lucha entre nosotros.
Alice la pequeña hermosa niña del grupo estaba centrada en el futuro, era asombroso como se plasmaba las escenas de la lucha en su mente, como podía ver a cada miembro de su familia y la guardia peleando con los rumanos con tanta claridad, era un poder maravilloso.
La otra chica, del mismo semblante que Alice, Bella, por lo que pude leer en la mente de Carlisle ya que en la suya no pude ver nada,  también tenía un poder parecido al mío, esta proyectaba un escudo alrededor de su familia pero solo servia para parar los ataques psíquicos de Jane o Alec, su don era poderoso aunque… mi interior sonrío al ver que no me llegaba a los talones, pero la admiraba ya que en ningún momento dejó de proteger a su familia tal y como yo lo hacía con la mía.  
Edward estaba muy tenso y preocupado, su mente estaba dividida en dos pensamientos, el que mas se escuchaba era la preocupación que en ese momento le recorría en el cuerpo, al ver que no lograba leernos la mente a ninguno de nosotros, se imaginó mil motivos distintos pero ninguno se acercó a la verdad, se sentía frustrado y eso me enorgullecía, mi don era poderoso. Y el otro pensamiento….el otro pensamiento débil de leer pero potente, me llenó de envidia y frustración, Edward sentía un amor indescriptible por esa persona situada a su derecha, un amor que cegaba cualquier pensamiento de odio, un amor que siempre soñé tener y que nunca poseí…. en ese amor había una niñita más hermosa que ellos, Reneesme, dulce y tierna como el que mas y que también compartía su amor con su pareja Jacob un…. Licántropo.
Cundo vi la gran bestia en la mente de Edward pegué un pequeño alarido de sorpresa, todos, - incluso Chelesa que estaba detrás mía- posaron los ojos en mi.
- ¿Qué ocurre mi niña?- preguntó Marcus con una ligera sonrisa bajo la mirada de furia de mi padre.
- Es impresionante el don de Edward y el poder que tiene esta familia.- cometí el error de quitarme la capucha y dar un paso a delante, pero no me importó, fue alucinante ese pensamiento suyo.
Toda la familia Cullen se quedó asombrada mirando mi rostro, proyectando todos a la vez la imagen de una bella mujer con mis mismos rasgos de cara, Ashley, fue el nombre que leí en la mente de Emmett, su esposo. Eso me dejó aun mas confundida.
Noté las manos de Alec que con rapidez me colocó la capucha de nuevo y empujándome bruscamente me puso detrás de él.
- Bien Aro, puedes contar con nuestra ayuda, pero no puedo aseguraros la participación de los licántropos, intentaré convencerles, pero no puedo asegurar si lucharan al lado nuestro.- dijo Carlisle volviendo a posar su mirada en Aro.- Emmett no apartó la mirada de mi, esta vez pensando en un bebe que perdió hace años, su mente se llenó de duda, fue extraño.
- Muchas gracias Carlisle, los Vulturis siempre estaremos muy agradecidos de vuestra bondad.- le contestó mi padre levantándose del sofá.
- Cualquier cambio que vea Alice seréis informados inmediatamente, no vamos a dejar que esos traidores se hagan con el control, no mientras esté en nuestras manos el poder evitarlo.- mi padre le asintió con la cabeza, un gesto de agradecimiento por su apoyo.
- Demetri, Alec acompañar a los Cullen a la salida, muchas gracias de nuevo Carlisle, pronto nos veremos.
- Si, muy pronto.
Con esto último la familia Cullen abandonó la estancia seguidos de Demetri y Alec. Cuando me aseguré que los Cullen se encontraban ya lejos de palacio desactivé el escudo y me quité la capucha mirando a mi padre que estaba bastante furioso.
-  Las dos semanas que has pasado en el calabozo no te ha servido de nada ¿verdad hija?- comenzó mi padre a hablar acercándose a mi, yo di un paso a tras con miedo.
- Saray no tiene la culpa Aro. – Dijo Marcus colocándose entre mi padre y yo.- no voy a permitir que le pegues.
- Quien te ha dicho a ti querido amigo que iba a pegar a mi niña.
- Tampoco voy a consentir que la encierres de nuevo en ese zulo, a sido simplemente un despiste, un error que con el tiempo justificará ¿verdad hija?- le afirmé con la cabeza por que las palabras no me salían en ese instante.- No voy a permitir que tu justifiques tus fallos con ella Aro.
- Lo que hay que llegar a oír, Saray puedes ir a tu habitación, mas tarde mandaré que te llamen para poder asistir esta noche a la cena…. ya hablaremos de esto.
- Si padre.- sin nada más que añadir me dirigí a mi habitación dándole vueltas a la imagen de esa hermosa mujer que los Cullen pensaron en cuanto me vieron.

No volvimos hablar de lo ocurrido, mi padre no llegó a castigarme ni a decirme nada sobre el desobedecimiento que tuve, tal vez por que mi tío Marcus lo convenciera, no lo se, pero no me preocupé demasiado ya que mi mente estaba centrada en esa mujer, tenía que averiguar quien era, no podía quedarme con los brazos cruzados, no después de ver la reacción que tuvieron unos desconocidos con migo.
Unos días después Aro recibió la llamada de Carlisle, una llamada que hizo que todo palacio se pusiera en guardia y que se llenara de vampiros aliados y fieles a nuestras costumbres. Los rumanos nos iban a atacar al caer la primera nevada del invierno, en tres semanas.

Nos encontrábamos reunidos en el salón  recibiendo las instrucciones de mi padre, lo primero que hice en cuanto entré, fue divisar si los Cullen se encontraban presente pero me llevé una desilusión, los Cullen acudirían a la lucha con sus propias instrucciones, - fue lo que me informó Rebecca- me coloqué al lado de Alec y me puse a prestar atención a mi padre que en ese momento estaba dividiendo los grupos.
- Nuestros enemigos tienen previsto atacarnos en la misma Volterra con la intención de exponerse a los ojos humanos, entraran en los bosque de  la Toscana dentro de diecinueve días y como es evidente no lo vamos a permitir, nos dividiremos en varios grupos para peinar toda la zona fronteriza de nuestra región, no podemos dejar ningún hueco libre donde puedan pasar esos demonios traidores….- mi padre se quedó pensativo unos segundos.-  Deciros que la familia Cullen  ha logrado conseguir a ochenta vampiros que lucharan a nuestro lado, mas la manada de licántropos que consideran su familia, serán unos ciento diez en total, mas nosotros que somos también unos cien…. vamos hacer que esos rumanos y los ucranianos muerdan el polvo… os pediría que no atacarais a ningún miembro aliado, Cayo en breve os informará los nombres de cada miembro del bando de los Cullen, no os enfrentéis a los lobos, luchan a nuestro lado pero no son de fiar, ir con cuidado.
- Y ellos ¿nos atacaran a nosotros? – preguntó un vampiro del norte de Italia que no aceptaba la lianza entre licántropos y vampiros.
- No, Carlisle sabe quienes sois cada uno, no habrá problema.
- ¿Vosotros luchareis padre?
- Si mi niña.- contestó Aro con expresión extraña en su rostro.
- Os pediría que no lo hicierais… como tu has dicho los superamos en número y nos podemos permitir tres ausencias.
- Saray tiene razón…- me apoyó Alec mirándome de reojos.- señor vuestros guardianes lucharían mas rápido y mejor si no estuviéramos pendiente de vuestras vidas…. Saray tiene un poder muy fuerte que podría emplear contra ellos sin tener que estar pendiente del escudo que os protege a vosotros.
- Estoy de acuerdo con la opinión de Alec señor. – dijo Demetri dando un paso adelante.

Los tres Vulturis se miraron entre si y se reunieron en un circulo donde sus voces no fueron perceptibles por ningún miembro de la sala.
- Padre, podríais defender a vuestras esposas desde aquí.- mi padre me miró de rojos sin dejar de hablar con sus hermanos.
Tras unos minutos largos hablando entre ellos, el círculo se dispersó formando una fila.
- Bien…. estas son las instrucciones, nos dividiremos en ocho grupos, uno de ellos se quedará en Volterra por si algún grupo enemigo se filtra, Saray, Alec y Jane vosotros estaréis en el mismo grupo, iréis al sur de Italia, defenderéis esa zona junto al grupo de Maurice y el grupo de Vanio, los grupos que quedan defenderéis el norte y el este.
- ¿Quién defenderá el oste señor? – preguntó  Dexter desde el fondo derecho de la sala.
- Los Cullen se encargaran de toda esa zona y habrá un grupo que se dispersará para ayudarnos en cualquier momento, a quien necesite ayuda. No vamos a permitir ninguna baja por nuestra parte.
- ¡Gracias padre! – le agradecí que no participara en la lucha, era mi oportunidad de acercarme a los Cullen sin que mi padre pudiera impedírmelo.

Aro me miró con tristeza en su rostro y me dedicó una media sonrisa. Veía dolido a mi padre por algo, tal vez porque no aceptaba que su pequeña se enfrentara a la mayor lucha que jamás había vivido o tal vez no aceptaba que él no iba a estar para protegerme, no iba a estar dándome su apoyo ya que físicamente yo era autosuficiente para cuidarme de mi misma.

Salí de la sala en cuanto finalizó la instrucción y me dirigí a la sala de entrenamiento, necesitaba perfeccionar unos ataques que nunca había utilizado antes y que tenía previsto usarlos en la batalla contra esos desleales.
- ¿No deberías practicar los ataques con alguien?- preguntó Alec entrando por la puerta.
- Yo sola me basto.- le contesté sin mirarle, desde que salí del calabozo Alec no me había dirigido la palabra en ningún momento y me sentía dolida.
- ¿Cómo estás?- preguntó inmovilizando mi ataque, sujetándome de los brazos fuertemente obligándome a mirarle a la cara.- ¿Cómo estas Saray?
- ¿Quieres saber la verdad? Mal, ¿Por qué no has venido a preguntármelo antes?
- Lo siento, solo puedo decirte eso.
- ¿Qué te hizo mi padre?
- Nada, vio cumplido mi castigo con el sufrimiento que pasé al saber que estabas allí encerrada.- en el rostro de Alec se reflejó el dolor que le produjo y le seguía produciendo mi castigo.
- ¿Por qué nunca me dijiste lo de Cayo, Alec?- le pregunté furiosa, él pasaba la mayoría de su tiempo junto a ellos, algo tenía que saber.
- ¿Lo de Cayo? ¿A qué te refieres?
- ¿No lo sabes o no quieres saberlo?- le dije con un tono elevado.
- No sé de qué me estas hablando Saray. – dudé ante su respuesta.
- Mi padre me quiere esposar con Cayo al cumplir los cien años, por ese motivo Aro no permite que estemos juntos.- La cara de Alec cambió dejando ver un estado de sorpresa, dolor y rabia a la misma vez.
- ¿Qué me estás diciendo?- La mandíbula de Alec se tensó por segundos.
- Si, es lo que me confesó mi padre estando encerrada en el calabozo, quiere condenarme la vida eterna.
- No tenía ni la menor idea, jamás supe nasa de eso.- le creí, su rostro de ira no podía mentir.
- ¿Y sobre los Cullen? ¿Qué relación tengo con ellos? ¿Sabes algo de eso?
- No.- ese ¡no! no me lo creí.- No vayas por caminos equivocados Saray, saldrás perjudicada.
- En sus mentes vi a una mujer que se parecía a mí ¿Por qué?
- No lo sé Saray.
- No me mientas Alec… voy a averiguarlo como sea, no pienso quedarme aquí y pasar el resto de mi existencia junto a Cayo.
- Y que vas hacer si no, ¿Qué quieres acabar como tu tía?.. Recuerda como acabó ella por querer…
- Yo no voy a ser tan estúpida.

Alec abandonó la sala un poco molesto, sin decir nada mas, dejándome allí dudando su supuesta ignorancia sobre los Cullen, dejándome pensando en la reacción que tubo cuando le pregunté lo de los Cullen, él sabía algo, sabía el por qué esa familia y yo guardábamos relación. Seguí con mi entrenamiento personal sin dejar de pensar en lo sucedido.

Ya entrada la madrugada recibí una visita de mi padre en mi propia intimidad, nunca antes Aro había entrado en mi habitación y menos aun de madrugada, cortésmente le cedí la entrada y nos sentamos en mi cama mirándonos con una sonrisa, que a mi parecer era bastante falsa por mi parte. No es que odiara a mi padre o es que le hubiera dejado de querer, no, solo que estaba dolida por la mentira en que me había sometido durante años y porque me ocultaba algo muy importante.
- ¿Qué hace aquí a estas horas de la noche padre?- le pregunté con una gran sonrisa.
- Quería estar con mi pequeña.- me contestó acariciándome el cabello.- dentro de muy poco te vas a ver envuelta en un lucha que…. No sé si estas preparada…
- Padre, no me diga a estas alturas que no estoy preparad por favor, porque  yo…
- ¡Sssss!- me interrumpió poniéndome el dedo en los labios.
- Anoche quise decirte algunas cosas, pero no pude, siempre me es difícil decir que pienso o siento cuando te tengo cerca, eres tan bonita, eres mi niña y…. esta lucha hija no va a ser como las demás
- ¿De qué tienes miedo padre?
- De perderte.
- ¿Por qué piensas eso? ¿Hay algún motivo que pueda originar mi marcha?- mi padre se quedó extraño a mi pregunta y tras ver su rostro quité de mi mente a los Cullen, porque sabía perfectamente que tras eso me iba a tocar…me cogió de las manos con una media luna pintada en su boca,  pero no le dejé ver nada.
- Te puede ocurrir alguna desgracia.
- Lo dudo….
- Las cosas no son siempre como parecen, las cosas no salen siempre como uno desea que salga.
- Pues entonces nos diremos adiós por si no vuelvo tras la lucha.- esta conversación fue convirtiéndose en algo incoherente…. no sabía en verdad lo que le pasaba a mi padre, estaba…. extraño. Intenté mirar en su mente  pero él también fue muy listo…. en su mente no había nada, mi padre me conocía bien y sabía a la perfección lo que estaba haciendo en ese momento.
- No digamos adiós cariño, mejor un hasta pronto, pues la vida continua con o sin tu compañía, - lo que me faltaba por oír, ¿Qué estaba haciendo allí?....- quiero que enterremos el odio por lo que hubo hace unos días, vivamos con los recuerdos de los días hermosos, lo demás al olvido.
- Padre no logro entenderte ¿Qué ocurre?- le dije algo confusa.
- Te quiero mi niña.- Y con una simple sonrisa mi padre salió de la habitación, sin saber en realidad que estaba haciendo allí. Algo me ocultaba y eso lo hería por dentro.

Ese día que todos estaban esperando con nerviosismo llegó sin apenas darnos tiempo a coordinarnos con el resto de alquerres, que iban acudiendo a Volterra con el paso de los días. Cuando aun el sol no había despertado la mañana Alec entró en mi habitación sin previo aviso, horas antes de partir.
- ¿Qué estás haciendo aquí?- le pregunté preocupada por si mi padre nos veía juntos.- Si mi padre te ve aquí nos matará a los dos.
- Tenía que entregarte esto….- me dijo colocando una caja en la mano.
- ¿Qué es esto?- le pregunté nerviosa al ver ese rostro lleno de angustia y dolor.
- No me hagas a mí las preguntas… sobre todo no le digas a tu padre de dónde has conseguido esto, si se entera estoy muerto….
- Pero… ¿Qué es?- le dije alterada ya que no me gustaba su estado de animo en ese momento.
- Es el colgante de tu tía Alice…
- ¿Mi tía Alice pero… quien es…? – le pregunté dudando y tartamudeando ya que ninguna hermana de mi padre se llamaba Alice.
 - No puedo decirte mas, las respuestas las tiene tu padre, pregúntale a él, Aro te ha estado engañando todo este tiempo… lo siento Saray pero no puedo decirte nada mas… tengo que irme…
- Alec, esto no…. ¿por qué haces esto?- le dije con la mente llena de confusión, no sabía lo que había dentro de la caja pero al escuchar ese nombre montones de dudas recorrieron mi interior.
- Porque te amo y no estoy dispuesto a que vivas condenada en los brazos de Cayo por el resto de la eternidad… tengo que irme si….
- Alec no…- las palabras se quedaron bloqueadas en mi garganta aferrándose sin querer ver la luz.
Alec se acercó a mí con dulzura y sin dejar a un lado esa angustia me regaló su mejor beso, ese beso que tan feliz me hizo en la cueva de la montaña, ese beso que tanto ansiaba notar a mi salida del calabozo. Dejándome sin aliento Alec abandonó la estancia cerrando la puerta con suavidad.
Me senté en la cama observando la caja aun sin aliento y con gran inquietud al no saber lo que contenía dentro, sentía terror de lo que podía ocurrir tras saber su contenido.
Tras unos minutos de duda rompí la cinta que envolvía la pequeña caja y saqué su contenido quedándome helada en el instante. En mi mano sostenía una cinta de terciopelo donde colgaba el escudo familiar de los Cullen. Mi corazón paralizado se contrajo en un dolor lleno de ira hacia mi padre, ¿en qué me estaba engañando? ¿Por qué Alec me dijo que Alice era mi tía? ¿Qué relación tenía yo con esa familia?
Unos suaves golpeteos en la puerta me trajeron de vuelta de mis pensamientos, Chelesa me estaba llamando para reunirnos en el salón antes de partir a las afueras de Volterra.
Me puse el collar en el cuello escondiéndolo bajo mi jersey de culle alto, a mi regreso Aro tendría que explicarme absolutamente todo, a buenas o a la fuerza.
Sin decir apenas nada nos dirigimos al salón donde vampiros que no conocía aun, estaban entrando con permiso de Demetri que les iba ordenando donde colocarse.

- A llegado el día que todos estábamos esperando…-comenzó a decir mi padre en cuanto sus ojos se posaron en mi.- solo deciros que no tengáis piedad, acabar con sus vidas, no quiero que ninguno salga vivo de Italia ¿entendido? –Todos afirmaron entre susurros.- pues en marcha…. hija…- mi padre me llamó haciendo gesto a que me acercara a él.

Mientras la multitud de aliados salían por la puerta principal me acerqué a mi padre con rostro serio ya que  ni la sonrisa falsa quería salir al exterior y agradar a ese ser que me ocultaba un gran secreto de suma importancia en mi vida.
- Cariño no quiero que te separes de Alec y de Jane… si en algún momento os separáis por cualquier motivo siempre busca el poder de alguien para defenderte….
- Lo se padre no es necesario que me lo recuerde, no me va a suceder nada…- no como a ti cuando regrese, pensé- no temas.
- Sobre todo no os alejéis de vuestra posición- esto lo dijo mirando a Alec que este le afirmó con al cabeza- intentar no mezclaros con el resto de los alquerres, cada uno tiene su instrucción, no quiero errores. ¿Entendido hija?
- Si padre.
- Tener cuidado hijos.- al decir esto Aro me abrazó y posó su mirada en Alec y Jane que también los consideraba sus hijos.
- Regresaremos pronto señor.- le afirmó Alec con una media sonrisa.

Aro me soltó con pesar y tras una reverencia a Marcus y Cayo salimos del salón poniendo rumbo al sur de la Toscana.

De camino a nuestras posiciones en mi mente solo estaba Carlisle y su familia, analizando todo lo ocurrido en esa sala, recordando cada detalle de sus pensamientos, observando a esa hermosa mujer que tanto se parecía a mi, sus gestos, sus rasgos, la importancia que tenía para su familia en especial su marido, recordando ese bebe que Emmett pensó cuando me vio… ella podía ser… afirmaría que ella era…
- Alec…- le cogí del brazo en cuanto pensé esa posibilidad, apartándole del grupo. Jane nos miró con mala gana pero siguió el camino sin prestar atención.
- ¿Qué ocurre Saray? – preguntó con voz pausada.
- Esa mujer que vi en las mentes de los Cullen, esa tal Ashley ¿es mi madre?
- Cállate.- dijo con brusquedad cogiéndome del brazo y mirando a su alrededor.- esto no es lugar para hablar se eso. Ya te dije que las respuestas las tiene Aro.
- Pero tú sabes la verdad, lo has sabido desde que nací y…
- Pero no soy quien para decírtela…
-Alec por favor necesito saber la verdad…
- No estoy autorizado para decirte nada Saray. Ahora deja el tema hay muchos oídos alrededor y muchos traidores.
- Si has tenido valor para entregarme esto, que no se de donde lo has sacado exactamente, ni me importa.- le dije enseñándole el collar.- ten valor para contarme quien soy en verdad.- le dije enseñándole los colmillos ya que una ira incontrolable estaba fluyendo en mi interior.
- Saray….- Alec me empujó contra un árbol en cuanto vio mi estado y apoyando su mano en mi pecho presionó para inmovilizarme.- cállate ya y céntrate en la lucha, por favor no seas estupida vas a conseguir que me maten a mi también.
- Solo piensas en ti, eres un egoísta…
- Si solo pensara en mi no te hubiera entregado esto – cogió el collar con un dedo y lo levanto unos centímetros.- y te hubiera dejado morir en brazos de Cayo.

Alec me soltó y con gran rapidez se colocó al lado de su hermana de nuevo, yo me quedé en la misma posición un poco impotente al no poder sacar nada claro de Alec hasta que el resto del grupo me miró con extrañez, con mala cara me puse a la altura de ellos continuando el camino en silencio.

Mentiras

Nos encontrábamos en el bosque a las afueras de la región Toscana en posición de ataque,  esperando con recelo a esos traidores  que pretendía robarle el poder a mi familia y hacerse con el control del mundo humano.
La nieve cubría buena parte del bosque, los copos de nieve caían sobre nosotros con fuerza empapando nuestras ropas, el cielo lucia gris y encapotado, era el momento esperado, - los rumanos atacarían con la primera tormenta de nieve del invierno.- según nos dijo Alice Cullen.- Y la tormenta ya estaba formándose encima de nosotros.

Alec y yo nos miramos fijamente en cuanto comenzamos a sentir el aroma desagradable que desprendían esos vampiros a los que íbamos a liquidar, mi demonio interior comenzó a regocijarse de ganas por acabar con sus vidas.
Alec me guiñó un ojo aumentando así mis ganas de aniquilar, yo le contesté con una sonrisa provocadora y demoníaca que le hizo sonreír también.
Observé con detalle cada movimiento de mis enemigos absorbiendo el don de cada sanguijuela que poseía uno, para a si después poder utilizarlos contra ellos, me familiaricé con cada aroma para no tener fallos a la hora de atacar, noté cada miedo que desprendían, cada fallo que podían cometer ya que la mayoría nos tenían terror, eso nos daba ventaja al ser a si mas débiles ante nosotros.
Sentía que estaban acabados ya que nosotros éramos más fuertes que ellos y teníamos mas experiencia que ellos en la lucha, “que insulsos eran al pensar que podían acabar con la realeza”- me reí en mi interior al pensar esto último.-

Esperamos con impaciencia que se acercaran a nuestra posición, dejándoles ventaja a que ellos atacaran primero, tras varios minutos de espera treinta vampiros aparecieron por los lindes del bosque que se situaba justo enfrente de nosotros.
Sus rostros llenos de ira y sed de venganza asomaron con impaciencia convirtiéndose en miedo al ver que nosotros no nos movíamos ni un solo centímetro. Con ansia de matar y pánico en sus cuerpos se echaron encima nuestro sin pensar en los movimientos, sin pensar en un ataque en concreto, sin tener ninguna coordinación entre ellos, cada uno tenia su propia instrucción individual, sin llevar un plan que seguir, ¡que estupidos fueron!
En un abrir y cerrar de ojos acabamos con quince de ellos y nos dispersamos tras el resto que comenzó a huir por el bosque aterrorizados y llenos de arrepentimiento por haberse enfrentado a nosotros.
Fui  tras Alec que seguía a cuatro vampiros por el noroeste, tras de mi cuatro compañeros de la guardia nos siguieron.
- Saray encárgate de esos dos, yo me encargaré de los otros. Armand, Antoni seguirme- ordenó Alec cuando logré alcanzarlo.

Asentí con al cabeza  y seguidamente absorbí su poder utilizándolo contra las dos sanguijuelas que pretendía huir, dejándolos en el suelo desorientados y muertos de dolor, Alec hizo lo mismo con los otros dos, a varios kilómetros de mi posición. Vittorio y Amparo acabaron con sus vidas mientras los inmovilizaba.

- Bien chicos vamos…-dijo Alec dirección al norte.
- Deberíamos ir al oeste Alec…
- No, tenemos que buscar a Jane, no debemos separarnos.
- Pero Vladimir…
- Ya se encargaran los Cullen de Vladimir ahora….

En ese preciso momento ocho vampiros surgieron de la nada sin apenas darnos cuenta, echándose encima de nosotros sin piedad, aunque en ese momento debo admitir que ninguno sentíamos piedad por nadie.
Tuvimos un poco de dificultad para aniquilarlos ya que nos hicieron una encerrona costosa de resolver, dos vampiros intentaron inmovilizarme antes de que pudiera protegerme con mi escudo mientras que separaban a Alec de mi lado logrando que no pudiera absorber su poder, los muy traidores sabían mi punto débil, uno de ellos no dejaba de gritar ansiosamente que nos separaran, estos si estaba entrenados y coordinados,  el asunto comenzaba a ponerse difícil pero terminamos con sus vidas al igual que las de sus compañeros.

Pusimos rumbo al norte en busca de Jane que  también se encontraba teniendo alguna que otra dificultad, Alec con la ayuda de Antoni y Vittorio se encargaron de cinco desleales mientras, Rebecca, Amparo, Angelo y yo nos encargábamos del resto.
Sin ningún problema evidente absorbí el poder de Jane y de Alec que juntos hicimos que esos mal nacidos se retorcieran de dolor y suplicaran perdón.
Hubo un momento que la actitud de Rebecca hizo que gozara de satisfacción al ver como acababa con la vida de algunos, arrancándoles la cabeza con ira y rabia, mi mejor amiga odiaba que su victima pidiera perdón después de haber sido ellos los que habían provocado la lucha.

- Cada vez están mas preparados señor.- le comentó Antoni a Alec que este buscaba con el olfato a más enemigos para aniquilar.
- Lo sé, Vladimir los ha entrenado bien…- dijo mirándome recordando la situación vivida minutos antes.- Saray te voy a pedir que mantengas tu escudo activado todo el tiempo no podemos arriesgarnos a tener otro fallo como el cometido anteriormente.
- De acuerdo.- le contesté mirándole fijamente a los ojos.
- No cometas ninguna locura ¿vale?- me advirtió leyendo en  mi mirada lo que quería hacer, sabía que ansiaba ir al oeste.
- No voy a poner en peligro a la guardia, no temas. –Jane me echó una mirada en silencio que no me gustó en absoluto, en ese mismo instante activé mi escudo
- Esta bien…. Vamos en busca de Demetri en esta zona ya no queda nadie.

La relación entre mi hermana Jane y yo nunca fluyó como debería a ver fluido, su personalidad nunca fue compatible con la mía, jamás tuve una relación sólida con ella, tampoco tuvimos ocasión.
Ella realizaba su vida sin llamar mucho la atención, escondiéndose en su propio mundo y yo realizaba mi vida apartada de ella,  yo la consideraba una mas de la guardia y ella a mi también, nos saludábamos cuando lo teníamos que hacer y nos ignorábamos cuando era ocasión, reconociendo que ella siempre tubo celos de mi y yo siempre la vi como el Chihuahua de mi padre.

De camino a la posición donde se encontraba Demetri otro grupo de vampiros, esta vez reducido, surgió entre los árboles algo descontrolados y llenos de pánico,  fue fácil acabar con ellos.
- Señor he oído que la zona oeste están teniendo algún problemilla que otro,  necesitan ayuda, Vladimir ha reunido gran parte de vampiros a esa zona.- nos comunicó Demetri.
- ¿Aquella zona esta controlada? – preguntó Alec señalando con la cabeza la zona norte.
- Si, no  existe riesgo a que burlen el grupo de Maurice, Volterra esta a salvo, lo tienen bastante controlado.
- Pues vamos entonces a ayudar a los Cullen….- Alec me miró de reojos y se puso a correr rumbo al oeste, los demás le seguimos con la misma urgencia.

Comencé a sentir algo de nerviosismo por mi interior al pensar que podía cruzarme con esa mujer que tanto tiempo había ocupado mi mente, tenía curiosidad por conocerla y por saber en realidad que de importante era esa persona en mi vida y si ella reaccionaria igual que su familia al verme.
Me centré tanto en mis pensamientos que cuando mis compañeros se dividieron en dos grupos seguí a Demetri en vez de Alec, quedando solamente como protección mi escudo.
Pero no se me dio nada mal cuando dos vampiros me atacaron por la espalda, terminé con sus sosas vidas en un santiamén.
Al finalizar de descuartizar el último vampiro para echarlo en la hoguera un olor muy conocido entró en mí provocando que me despistara por unos segundos, provocando que solo me centrara en el lugar de donde provenía. Tiré el cuerpo sin vida de mi enemigo a las llamas y deshaciéndome de Demetri fui al lugar de donde provenía ese olor dulce y agradable.

Mientras me acercaba al lugar, ese olor provocó en mí una sensación que jamás antes había sentido, una sensación dulce, llena de alegría, de bienestar, era como si en un pasado hubiera convivido con él.
Esa sensación era tan hermosa sentir en mi interior que me entraron ganas de llorar, llorar al pensar que esa persona podía ser alguien especial en mi vida, su olor me era muy conocido y afirmaría en ese momento que ese aroma poseía algo de mi.
También noté una fuerza increíble, esa persona tenía un don muy fuerte que mi cuerpo fue absorbiendo con necesidad y gozo.
Apenas un unos kilómetros de donde se encontraba él o ella, tres vampiros me atacaron a la vez  inmovilizándome contra el suelo, en ese mismo instante en que me encontraba aplastada mi cuerpo reaccionó de una forma extraña dejando a los tres con la boca abierta, comencé a reírme a carcajada limpia. Los vampiros me miraron incrédulos sin entender muy bien lo que me estaba sucediendo.
Me reí de satisfacción gracias a ese poder que había absorbido, ese don tan poderoso que hacía que mi ser se impacientara por usarlo.
De un empujón me los quité de encima colocándome en pie sin quitar la risa de mi cara, con un pequeño gesto elevé a uno de ellos sin llegar a tocarlo y con una simple mirada el vampiro al que había elevado comenzó arder en llamas, los demás se quedaron asombrados y sus cuerpos comenzaron a temblar de pánico.
El poder de esa persona que ansiaba conocer me gustó aun mas que el de Alec, elevar a las personas sin tocarlas era asombroso pero hacer que su cuerpo ardiera en llamas, increíble, eso era lo….

-¡Cuidado!- gritó un chico tras de mí interrumpiendo mi orgulloso don.

El chico me empujó cayendo los dos al suelo y sin dejar de protegerme con sus brazos hizo arder en llamas a  cinco vampiros que en ese mismo instante nos habían rodeado.
Me quedé extraña a mi reacción, nunca antes había permitido que alguien me tocara de esa forma, nunca había permitido que me protegieran con tanta ímpetu, el que lo hacía acababa malherido o estampado contra una pared pero,  él no, mi alma ordenó a mi cuerpo que se estuviera quieto, dejándose proteger por ese chico que sin verle la cara sentí que lo amaba, su cuerpo hizo que el mío reaccionara de una forma diferente, ansiaba abrazarle pero ese no era mi protocolo, su aroma me provocaba que lo besara, pero eso no era propio de mi.

-¿Estas bien? – me preguntó ese chico levantándome del suelo.

En cuanto nuestras miradas se cruzaron nuestros cuerpos quedaron paralizados al instante.  Asombrados  nos miramos de arriba abajo con la boca medio abierta como queriendo decir algo pero sin llegar a pronunciar palabra.
Ese chico tenía el mismo rostro que yo y podía afirmar que era de mi misma especie, era el único vampiro al que me había cruzado hasta ese momento que poseía los mismos colmillos que yo, su color de piel era exactamente igual que la mía, era exactamente igual que yo, lo único que nos diferenciaba era el color de ojos.
Cuando quiso tocarme la cara mi cuerpo reaccionó dando un paso atrás y posando los ojos en su brazo desnudo, mi corazón dio un vuelco de dolor en cuanto divisé la marca que poseía en su brazo derecho...
-¿Quién eres? – le exigí que me dijera con voz temblorosa alternando la mirada en su rostro y su brazo.
- Me llamo Brian Cullen…. ¿Tú eres? – peguntó también asombrado.
- Saray Vulturi…. ¿Porque tienes esa marca?

El chico se tocó el brazo con expresión dudativa y tras unos segundos me miró a los ojos con una mirada llena de afirmación.
- Es mi marca de nacimiento.- dijo entrecortando las palabras. - ¿Tu también la tienes?- dijo esto dudando.
- Si…me levanté la manga del suéter dejando ver la misma marca que ese chico.
-  Mi padre estaba en lo cierto.- dijo abriendo los ojos como un búho.

Con suavidad Brian se colocó a mi izquierda uniendo su brazo derecho con el mío dejando ver en que se convertía esas marcas al unirlas, era impresionante como encajaban a la perfección formando un circulo con signos extraños en su interior.
- Es la misma marca que tiene nuestra madre en su barriga.- dijo mirándome a los ojos con una mirada llena de alegría.

Al escuchar esa palabra me aparté de él bruscamente mirándole a la cara con ansiedad, híper ventilando y dejando ver mis colmillos.
- Tranquila Saray… sé que es muy fuerte esta situación,  yo la estoy viviendo igual que tú, te… te daban por muerta y mama…
- ¿Por muerta?.... Tú eres mí….
- Tu hermano.

Me apoyé en el tronco de un árbol sin parar de híper ventilar, una reacción estúpida ya que nosotros no necesitábamos respirar para vivir pero fue así como reaccionó mi cuerpo. Ese chico que decía ser mi hermano intentó acercarse a mí con gesto tranquilizador, pero a pocos centímetros de tocarme el brazo tras nosotros aparecieron dos lobos enormes como caballos salvajes y un vampiro que ya conocía, Jasper.
- Brian necesitamos tu….- dejó la frase en el aire en cuanto me miró, mi escudo se activó de nuevo automáticamente recordando lo que me contó mi padre antes de conocerlo.- Brian tu padre necesita ayuda tenemos que ir.- le informó en voz baja sin apartar la vista de mi.
- ¿Nos acompañas? – peguntó Brian con una sonrisa de oreja a oreja.
- Tengo…. tengo que buscar a mis compañeros… no… no me debería haber separado de ellos.- le dije tartamudeando.
- Saray, no voy a dejar que mama y papa te vuelvan a perder….
- Mira Brian esto es muy…. es… necesito hablarlo con mi padre…. yo….
- Ella es Saray.- habló Jasper tenso, Brian le afirmó con la cabeza.
- Saray deja que solo te vea por favor, no sabes lo que ha pasado mama tras tu perdida, ha estado tan…
- Lo siento Brian…

Tras esto salí corriendo en busca de Alec y el resto de la guardia, escuché como Brian gritaba mi nombre y como Jasper le obligaba a que continuara con la lucha, su padre…mi verdadero padre necesitaba ayuda, mi cuerpo seguía híper ventilando volviendo a mi mente esa mujer tan perfecta y a ese hombre tan corpulento y hermoso.
Tuve que parar en seco y apoyarme en un árbol cuando mi cuerpo comenzó a temblar de pánico, jamás había pedido perdón a nadie desconocido, en cambio al escuchar su suplica me sentí culpable por no corresponderle, tenía una familia…un hermano….
Tras pensar en él de nuevo otra sensación recorrido mi interior pero esta vez de furia, me sentía traicionada por Aro, él no era mi padre, él era un demonio que me había separado de mi verdadera familia manteniéndome engañada desde mi nacimiento.

- Saray… Saray ¿estas bien?- escuché decir a Alec acercándose a mi por mi derecha muy preocupado.- ¿Qué te ha pasado?

Cuando Alec se acercó a mi y posó su mano en mi hombro la primera reacción que tuve fue darle una bofetada en la cara dejándolo confuso.
- Me has estado engañando durante todos estos años…- comencé a decirle gritando llena de rabia.
- ¿De que me estas hablando? – preguntó intentando inmovilizarme los brazos.
- He visto a mi hermano… tu sabías que los Cullen eran mi verdadera familia y no me dijiste nada, has tenido la vergüenza de tratarme como un Vulturi cuando en verdad pertenecía a la familia Cullen, has alimentado la mentira de mi padre como a un perro, creí que éramos amigos, mas que eso…. Alec confiaba en ti, te confesé todos mis secretos, te consideraba mi hermano…. has sido el amor de mi corazón y tú me has engañado, eres un traidor, un mentiros.
- Tranquilízate Saray… perdóname pero no estaba autorizado para decirte nada…. por favor tranquilízate no me culpes a mi por la mentira de Aro, te lo pido, yo solo cumplo ordenes….
- Tu lo que eres es un mentiroso igual que ellos, un vampiro sin personalidad que hace lo que su amo le dice sin tener opinión propia, eres…
- Soy miembro de la guardia Saray, ellos me salvaron la vida cuando era humano y les debo respeto y confianza tú mejor que nadie sabes como son, sabes que cuando vives con la realeza tienes que vivir bajo sus normas y sus leyes… no me culpes a mí por la mentira de tu padre.
- Eres igual que él.
- Saray….- gritó Alec en cuando me puse a correr dirección a Volterra.- ¿Dónde vas?
- Suéltame….- le gruñí intentando deshacerme de sus brazos.- ¿Qué hubieras hecho si no te hubiera dicho lo de Cayo? Dime… ¿Me hubieras entregado el collar? ¿Me hubieras dicho algo? ¿A que no Alec? ¿Dime?- le dije suavizando la voz y reduciendo la velocidad hasta quedarme quita en medio de un pequeño claro.
- No… te hubiera encerrado en el calabozo para que no pudieras asistir a esta lucha… te hubiera apartado de los Cullen por miedo a perderte…. si Aro me hubiera permitido estar contigo el resto de mi existencia, egoísta de mi no te hubiera dicho nada de la existencia de esa familia que en un pasado fuimos a destruir,  porque te amo Saray y no estaría dispuesto a perderte por nada del mundo…esto mas que a ti me duele, me mata por dentro porque no soporto perderte, pero prefiero verte feliz con tu familia verdadera que verte como la mujer de Cayo viviendo prisionera el resto de tu vida. Por eso te di el collar.
- Te odio.- le dije entre sollozos.
- Lo sé y no te culpo, me lo merezco pero por favor no te enfrentes a tu padre ahora, no sin nuestra protección….
- ¿Vuestra protección?- pregunté extrañada.
- La gente que te quiere de la guardia te va a poyar hasta el final, no vamos a permitir que Aro te haga daño o te impida elegir donde quieres estar…- ¿Elegir? Pensé con angustia ya que no me había planteado esa pregunta hasta ese momento.- Ninguno ve apropiado que te condenen de esa forma solo porque Cayo se haya encaprichado de una jovencita como tu, por eso te vamos a apoyar en todo. Además Marcus está al tanto de todo y vas a tener su protección en todo momento. Pero ahora no Saray… espera  a que esto termine… la zona oeste necesita nuestra ayuda.
- No… no puedo….no tengo el valor suficiente para encontrarme con ellos, no se si voy a poder…no estoy preparada Alec.
- Tranquila vida.- Alec me abrazó fuertemente lleno de dolor y sentimiento, con suavidad me acarició el pelo y me susurró en el oído que él estaba a mi lado y que me amaba.-  Vamos… afrontaremos esto lo más suave posible, no temas.
- Bésame Alec. – necesitaba sentirle, necesitaba el contacto de su piel fría contra mi cuerpo sin vida.

Alec me cogió con una mano la cara y con la otra me rodeó la cintura, seguidamente con delicadeza me besó apasionadamente, haciendo que sintiéramos arder de nuevo nuestra pasión.
- Chicos creo que no es momento para eso y menos teniendo a Dexter por los alrededores.- Nos interrumpió Demetri, sonriendo y dándole un golpecito en la espalda a Alec.
- Siempre es momento para regalarle a la persona que amas un beso.- le contestó también con una sonrisa en los labios.- ¿Dónde esta Jane?
- Donde tendríamos que estar nosotros… se ha adelantado con el resto, ya deben estar allí.
- Pues entonces vamos…Saray…- me dijo tendiéndome la mano para que se la cogiera, dudé unos segundos por culpa del miedo que me recorría por dentro, miedo a encontrarme con mi familia.- Todo saldrá bien.

Dedicándole una media sonrisa le cogí de la mano y juntos nos pusimos a correr dirección a donde se encontraba mi destino.
A pocos kilómetros de llegar al lugar donde supuestamente estaban los Cullen con sus amigos y aliados tuvimos que parar en seco debido a que la tierra bajo nuestros pies comenzó a temblar bruscamente, se estaba produciendo un terremoto en esos instantes provocado, no por la madre naturaleza si no, por un vampiro cercano a nuestra posición.
Mi cuerpo tembló al sentir esa fuerza tan impulsiva llena de odio, esa persona tan fuerte no solo poseía ese don, poseía tres mas que hicieron que diera un paso a tras.
- ¿Qué ocurre Saray?- preguntó alarmado Alec.
Al mirarle a los ojos sentí como el aroma de esa persona me atraía hacia él o ella, era como si tiempo a tras ese efluvio me hubiera alimentado, como si me hubiera protegido entre sus brazos, como si me hubiera llevado dentro de él.
Era un sentimiento parecido como el que sentí cuando vi a mi hermano pero este era más fuerte, tenía un poder de atracción más potente, como si los necesitara, mi cuerpo necesitaba acercarse a esa persona, era como si en un pasado no hubiera sobrevivido sin su ayuda.
Era una sensación nueva, sensible y llena de amor. Eso me asustó aun más.

- ¿Saray? – Me dijo Alec tocándome la cara.- ¿Qué ocurre?
- Ese vampiro es tan…. fuerte.- le dije con voz temblorosa.
- Tú eres más fuerte que ella… no temas.
- ¿Qué ella? ¿La conoces?
- Es….- la cara de Alec se contrajo en un gesto de pena.- Es tu madre.

Mi cuerpo retrocedió otro paso mas haciendo que me temblaran los brazos, comenzando de nuevo a híperventilar.
- Saray…. Escúchame cielo, sé que esto es muy duro para ti y…. que en parte tengo yo la culpa pero no puedo dejar que te derrumbes ahora, por favor, te necesitamos al cien por cien en la lucha no podemos tener fallos.
- ¿Esa es mi madre? – le pregunté destrozada por dentro, el me afirmó con la cabeza y me cogió de nuevo las manos dándome un pequeño empujón para que siguiéramos.

Con resignación y temor seguí adelante, mi familia necesitaba ayuda y yo debía ofrecerles esa ayuda. Alec tenía razón no me podía derrumbar en esos momentos, me necesitaban y solo yo podía ayudarles a acabar con ellos, mi orgullo no podía flanquear ahora a pesar de que había perdido fuerza tras esa noticia.
Nos adentramos de nuevo en el bosque poniendo  rumbo a donde se encontraban los Cullen luchando contra ese demonio que mis manos deseaban descuartizar, Vladimir, la sanguijuela rumana traidora.

- Señor la zona oeste está a salvo, Vladimir ha muerto.- nos comunicó Dexter interponiéndose en nuestro camino con el resto de la guardia.
- ¿Quién ha acabado con la vida de Vladimir?- preguntó Alec con voz autoritaria.
- Los lobos bajo las órdenes del doctor Cullen.
- ¿Estás seguro que todo ha acabado? Hace apenas unos segundos necesitaban nuestra ayuda con suma urgencia.- le dijo Alec no confiando en su palabra.
- Sí señor, la lucha ha finalizado con éxito. En ocasiones cuando uno se cree que todo está acabado siempre hay algo que da la vuelta a ese destino y hace que cambie tu vida para bien.
- Déjate de rollos Dexter, vamos a asegurarnos de que todo está en orden.- ordenó Alec dando un paso adelante y haciendo gesto con la mano para que el resto le seguiremos.
-No señor, me temo que no puedo dejarle pasar.- le interrumpió Dexter colocándose en su camino impidiéndole el paso.
- ¿Estas desobedeciendo una orden mía?- le preguntó con furia, él asintió con la cabeza.- quítate del medio Dexter.
- Me temo que no puedo hacerlo señor, tengo ordenes.
- ¿Ordenes de quien? – le dijo con la mandíbula tensa. - En este momento estas bajo mis órdenes y te estoy ordenando que te quites de mi camino.
- Lo siento señor pero tengo ordenes de que la señorita Saray no puede pasar a la zona oeste.
- La señorita Saray también está bajo mis órdenes y digo que vamos a la zona oeste a asegurarnos que los Cullen se encuentran en buenas condiciones.- Alec intentó pasar de nuevo, pero el grupo de Dexter se colocó en fila impidiéndole el paso.
- Dexter apártate de mi camino.
- Lo siento Alec, Aro me ordenó que no dejara pasar a Saray a esa zona por nada del mundo y como es una orden de nuestro amo no puedo desobedecerla, tu mando no quita autoridad al de Aro. Lo siento señor pero me temo que no puedo dejarle pasar mientras la señorita Saray le acompañe.

Alec cogió a Dexter por el cuello con toda la furia que le había causado su desobediencia y lo empujó contra un árbol haciendo que se retorciera de dolor.
- En este mismo instante yo doy las ordenes, Aro no se encuentra entre nosotros para quitarme autoridad, a si que si quieres nos acompañas al oeste si no corre como un perrito faldero a decirle a Aro lo ocurrido.
- ¿Qué esta pasando aquí Alec?- preguntó Jane apareciendo entre los árboles con otro grupo de la guardia.
- Dexter está intentando desobedecer una orden.
- ¿Es la orden que te mandó  Aro que cumplieras?- le dijo Jane muy segura de sí misma.
- Si mi señora.
- Suéltale Alec. – le ordenó su hermana muy tensa.
- Tú estabas al corriente de esto.- dijo su hermano afirmando.
- Si, como Aro no confiaba mucho en Dexter me pidió a mí que si él – señaló a Dexter con la cabeza.- no conseguía cumplir su orden que me hiciera cargo yo.
- Los Cullen necesitan ayuda…- volvió a recordad Alec con la mandíbula tensa sin soltar a Dexter del cuello.
- Ya nos hemos hecho cargo nosotros en ayudarles hermano. Todo ha acabado, te pediría que lo soltaras por favor si no quieres que acabemos peleándonos.
- Suéltale Alec- le pedí con un tono de voz suave.- volvamos a Volterra tenemos mucho de qué hablar con Aro.
- La próxima que desobedezcas una orden mía te descuartizo Dexter.- le amenazó apretando con fuerza su cuello.
- Suéltale Alec.- gritó Jane con autoridad.
- No me grites hermanita… - Alec soltó a Dexter dejándole caer al suelo de golpe.- sabes que no soporto que me grites.
- Lo que pasa es que te fastidia que yo posea la misma autoridad que tu y que no puedas desobedecer mis órdenes. – Alec comenzó a reírse con sarcasmo.
- Hermanita sabes que es lo que me fastidia que te hayas ganado el puesto solo por acostarte con tu amo.
- Eres repugnante….

En cuestión de segundos los dos hermanos comenzaron a pelearse utilizando sus poderes contra ellos y en cuestión de milésimas de segundo me coloqué entre ellos separándoles con un gran empujón, activando mi escudo para que ninguno de ellos continuara haciéndose daño.

- ¡Parar ya! parecéis dos niños inmortales a los que nunca les han enseñado las normas, hemos venido aquí para luchar contra nuestros enemigos no  para luchar contra nosotros mismo, pediros perdón ahora mismo y pongámonos de camino a casa ¿entendido?
- Tu no me das ordenes niña.- me contestó Jane con brusquedad.
- ¿Tú crees? Ahora no tengo el poder suficiente pero cuando llegue el momento y me convierta en una de las esposas me suplicarás que te admita como mi perrito faldero.
- Tú no llegaras a ser la esposa de Cayo.
- ¿Tienes miedo? O es simple enviada por que tu jamás llegaras a ser una esposa.
- Vamos Saray.- me cogió Alec de la cintura empujándome hacia atrás.- deja el tema por favor. Regresamos a casa chicos, dar la orden al resto de aliados que aun siguen dispersados por el bosque.

Jane y yo nos miramos con odio hasta que Alec me apartó la cara de su trayectoria con un suave empujón.
- Déjalo ya Saray. – me dijo mi amado con urgencia, lo miré a los ojos y bajé la mirada poniéndome a correr dirección Volterra.

Lo que duró el trayecto de vuelta a casa no dijimos ni una sola palabra de lo ocurrido, todos los de la guardia nos seguían victoriosos por haber terminado la lucha sin ninguna baja. Nada mas llegar a la puerta subterránea que unía la entrada de Volterra con el palacio Alec me cogió del brazo y me apartó de los demás con no muy buena cara.

- Piensa las cosas antes de hacerlas Saray, no tomes ninguna decisión errónea a la ligera porque puedes salir perjudicada.
- Lo sé Alec…tengo miedo a lo que vaya a ocurrir después de esto.- se le escapó una media sonrisa.
- La temible Saray tiene miedo….- le puse mala cara a su comentario burlón.- No te voy a dejar sola, no temas.
- Dime que pase lo que pase, decida lo que decida estarás siempre a mi lado, dime que sí, que serás mi apoyo y mi susurro, dime que estarás siempre cuando te llame, y que vendrás cuando no te llame, dime que me amarás siempre por favor.
- Te amo y te amaré siempre pase lo que pase y estés donde estés mi corazón siempre te pertenecerá amor.


Con eso último Alec me besó en los labios apasionadamente y sin importarnos las miradas y los susurros de los demás entramos cogidos de la mano al túnel preparándonos para enfrentarnos a los grandes Vulturis 

Decisión
1º Parte; Coraje

Tomar una decisión en la vida puede costarte la misma si eliges un futuro erróneo pero si eliges un futuro correcto para tu vida puedes gozar de satisfacción, llenarte de amor, amistad y de esa alegría que nunca antes habías sentido.
A veces las decisiones en la vida pueden ser difíciles de escoger pero escojas la que escojas siempre acabas perdiendo algo querido.

Entramos en el salón real esperando que mi padre y el resto de la corte se encontraran allí esperándonos para darnos la bienvenida y la enhorabuena por el gran triunfo pero en la sala solo encontramos a mi madre y cuatro amigas de ella hablando en susurros.
- Madre, ¿Dónde se encuentra padre?- pregunté a esa mujer que se hacía pasar por mi madre algo extrañada.
- Está en la sala de reuniones con el alquerre de la india, hija.
- Gracias madre. – ¡madre! Pensé, ¿Quién sería esa mujer que todo este tiempo se hacía llamar mi madre?

Esa pregunta y otras muchas más ocupaban mi mente en ese instante. Ansiosa por saber sus repuestas, Alec, Demetri, Felix y yo nos dirigimos a la sala de reuniones, donde con algo de impaciencia por mi parte esperamos en la entrada a que la reunión finalizara, para poder comunicarles a los Vulturis que la lucha ya había terminado. Alec y yo no apartamos nuestras miradas en lo que duró la espera, mirándonos con nerviosismo, preocupación, miedo y con un toque de ternura a la vez. Esas sensaciones fueron las que sus ojos reflejaban en los míos.
Cuando el jefe del alquerre de la india abandonó la sala acompañado de Roderick, encabezados por Alec, entramos todos en la sala, mis compañeros llenos de orgullo por la victoria y yo llena de odio por la mentira. Marcus, Cayo y mi padre se encontraban sentados en sus sillas alrededor de una pequeña mesa redonda que contenía bastantes pergaminos viejos, cuando entramos mi padre se levantó y nos hizo una reverencia.

- Alec…. mi niña…- comenzó a decir mi padre con esa sonrisa suya llena de falsedad- ya he sido informado que todo ha salido estupendamente ¿ha habido alguna baja por nuestra parte Alec?
- No señor, la mayoría de nuestros enemigos no estaban preparados para enfrentarse a una lucha de esta magnitud y acabamos con sus vidas sin apenas esfuerzo.
- Bien… hija, mi dulce niña ¿como te fue a ti esta experiencia?
- ¿Me puedes explicar que significa esto?- le dije furiosa colocando el collar de mi tía Alice encima de la mesa con brusquedad.
Vi como la cara de Aro y la de Cayo fue cambiando de un estado normal a un estado de sorpresa y pánico. Marcus se le escapó una media sonrisa que escondió bajo una tos fingida cuando Aro le miró con ira.
- ¿De donde has sacado eso?- preguntó mi padre mirando a Alec furioso.
- Creo que no estas en condiciones de hacer preguntas Aro, contesta, ¿Qué significa esto?
- Es el collar de los Cullen, ¿ha habido alguna baja? – dijo Cayo con voz pausada intentando cambiar de tema con los ojos posados en Alec.
- Este collar vino a Volterra el mismo día que yo entré a formar parte de vuestra familia…. Aro quiero que me expliques la verdad y dejar de mirar a Alec porque él no tiene nada que ver en este asunto.
- ¿Qué sabes? – me preguntó muy serio y con ojos tristes.
- Señor… disculpen que os moleste pero la familia Cullen esta en el salón real y exigen que sean recibidos inmediatamente… no están de muy buen humor, les acompañan dos lobos.- nos comunicó Rebecca entrando por la puerta con urgencia, algo alterada por la situación que se encontraba en ese momento en la sala.
 - Esto tenía que pasar tarde o temprano.- dijo Marcus con semblante tranquilo levantándose de su silla y guiñándome un ojo a su tiempo.
- Ahora tendrás tus respuestas hija. – el rostro de mi padre se contrajo en una pena que hizo que mi corazón también se contrajera de dolor, a pesar del daño que podía a ver causado a mi familia real y a mi, yo lo quería, lo adoraba y lo amaba como el padre que fue durante mis veinticinco años de vida.

Salimos de la sala dirigiéndonos al salón real donde en breves minutos me iba a encontrar cara a cara con mi verdadera familia.
- ¿Estas seguro de lo que haces Aro?- le preguntó Cayo intentando impedirle el paso.
- No tengo otra alternativa.- le contestó con la mirada perdida sumiéndose en una pena irrevocable.
- Si la tienes, enciérrala, no dejes que se encuentre con los Cullen, oblígala a desistir.
- Demasiado tarde.- habló Alec con seguridad.- su hermano le ha visto en la lucha, saben que esta viva y entre nosotros, los Cullen están aquí por ella, no se van a ir sin verla y sin tener una explicaron lógica.- recalcó esto último mirando a Aro que este le devolvió la mirado no muy amigable.
- Pues nos enfrentaremos a ellos.- insistió Cayo.
- No va haber mas peleas por hoy Cayo.- le espeté algo furiosa colocándome enfrente de él.- No tocaras a mi familia, creo que ya le habéis hecho bastante daño.

Cayo me miró con ira bajando la mirada tras un gesto invisible de mí… de Aro. Llegamos a la puerta del salón, que se encontraba cerrada en esos instantes y apoyándome en los picaportes para abrirla me quedé respirando unos segundos ese aroma tan agradable y dulce que desprendían los Cullen, con miedo a lo que me iba a enfrentar tras abrir esa puerta, sintiendo miedo a descubrir el futuro que me esperaba tras ella, Alec me tocó el hombro y dándome un sueva apretón me animó a abrirla.

Una sensación de protagonismo acompañado de un pánico escénico recorrió mi ser en cuanto abrí la puerta y fijé la mirada en esa familia que con ojos de asombro me miraban fijamente.
Formaron un pasillo en cuanto mi padre seguido de Marcus y Cayo, me sobrepasaron para ir a situarse en sus tronos, a la derecha estaban Carlisle y su esposa que sollozaba de alegría, pena y asombro al verme, tras ellos dos licántropos en forma humana posaban sus cuerpos tensos y con la nariz arrugada, como si les molestara algún olor de la sala, pudiendo ser el suyo ya que apestaban a perro sucio. Al lado de ellos estaba el lector de mente, Bella empleando su escudo alrededor de nuestra familia y Jasper.
Quedando a la izquierda, Brian, mi madre, Emmett, mi padre, también tenso y de muy mal humor, Alice, la hermosa mujer Rosalie y su enamorado Adam.
Alec me empujó para que los siguiera pero me quedé congelada mirando a esa mujer que me miraba con pena en su corazón, ¡mi madre! Alec me arrastró hasta colocarme justo delante de ellos entre mi familia verdadera y mi familia.
Todos estaban en silencio mirándose entre ellos y mirando mí rostro congelado en esa mujer tan hermosa que tanto se parecía a mí.
Deshaciéndome de los brazos de Alec me acerqué muy despacio a esa mujer que imitó mis pasos hasta quedarnos apenas dos centímetros una de la otra.
Ashley, así era como se llamaba mi madre levantó su la mano y la posó en mi mejilla emitiendo sonidos guturales de pena.
- Eres tu….mi niña esta viva.- me dijo con la voz temblorosa.- sabía que estabas viva yo….y yo que he pasado todos estos años conformándome con imaginarte al ver a tu hermano y resulta que estaba en lo cierto… Emmett esta viva.- se giró para mirar a su esposo que tanto amaba, con el rostro lleno de angustia y pena sin dejar de tocarme la mejilla. – Es ella amor, nuestra pequeña.

Me metí en su mente tras absorber el poder de Edward y la pena que pasó durante todo este tiempo hizo hundirme con ella en el dolor y la angustia que la mataba por dentro.
Cuando Emmett vio el dolor de su esposa por su mente le pasó la idea de arrancarle la cabeza a Aro en ese mismo instante, en milésimas de segundo pude leer lo que en ese momento iba a ejecutar y apartándome de mi madre con brusquedad me coloqué delante de Aro proyectando mi escudo en toda la realeza, parando con mis propias manos a Emmett.

- No.- le grité, tras él también gritó su familia aterrorizada- no voy a permitir que te enfrentes a él.
Mi padre me miró a los ojos desprendiendo ira por los suyos y con una mueca de rabia relajó sus músculos unos segundos.
No podía dejar que mi padre y Aro comenzaran un lucha donde los Cullen podían salir perjudicados, no podía permitir que mi padre Cullen resultara herido, tampoco podía dejar que Aro, al que siempre había adorado saliera perjudicado por mis propias manos si llegaba a matar algún miembro de mi familia verdadera.

- ¿Cómo has podido hacernos esto? Nosotros arriesgando nuestras vidas por salvar esta miserable familia, si eso así como se pude llamar, y vosotros disfrutando de nuestro dolor.
La furia de Emmett comenzó a descontrolarse de nuevo al mirar a Aro debido al mismo dolor que le infringía la situación, observé de reojos a mi madre cuando Jasper realizó un movimiento rápido abrazándola y susurrándole que se calmara, su cuerpo estaba temblando y bajo nuestros pies el suelo producía pequeñas sacudidas continuas.
- Vamos a calmarnos todos, ¿de acuerdo?- exigí a todos los presentes.- Creo que Aro tiene algo que decir. ¿No papa?- dije esto último sarcásticamente mirándole de perfil.
- No he venido hablar hija, he venido a por ti… vas  a pagar por lo que has hecho Aro.- le gruñó Emmett señalándole con el dedo.
- Emmett, - le llamó Carlisle acercándose a él y cogiéndole del brazo.- Cálmate y dale la oportunidad de hablar.- Emmett le miró con mala cara y desprendiéndose de Carlisle bruscamente fue donde su esposa abrazándola y regalándole tiernas caricias por la espalda.

Aro y Cayo se sentaron en sus tronos mientras que Marcus decidió quedarse en pie mirando a Carlisle con inexpresividad, Jane y Alec se colocaron detrás de sus respectivos amos. Yo me quedé en el mismo sitio sin bajar la guardia con el escudo, esta vez protegiendo a las dos familias, protegiéndolas una de la otra, mirando a mi padre con impaciencia para conocer la verdad.
- ¿Quién soy? – comencé a preguntar tras unos minutos en silencio, parecía que          Aro no estuviera  por la labor de hablar, se había quedado mudo en sus propios pensamientos, dudó la respuesta unos segundos mas.
- Saray… Cullen.- a mis espaldas mi madre gruñó suavemente, un fuerte dolor en mi pecho me oprimió los pulmones dejándome casi sin fuerzas.- Eres hija de Emmett y Ashley Cullen.- susurró sin mucho ánimo.
- ¿Y esa mujer que se ha hecho pasar por mi madre todo este tiempo? – le pregunté señalando a la derecha del trono donde se escondía mi supuesta madre.
Tras un breve suspiro Aro dijo; “Tu abuela”
- ¿Mi abuela?- pregunté extrañada, escuché también como los Cullen emitan sonidos de sorpresa.
- Déjate ver Catherine.- le exigió mí… Aro con un gesto de mano.

Cuando esa mujer se dejó ver tras salir de las sombras que la ocultaban Ashley pronunció con palabras rotas de dolor “Mama”.
- ¿Me podéis explicar esta situación por favor?- exigí casi sin aliento debido a que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo.
- Aro ¿Qué fue lo que ocurrió aquel día en Colombia?- preguntó Carlisle agotándosele la paciencia.
- Catherine creo que tú mejor que nadie puedes explicarle a los Cullen por qué te llevaste a su hija.- le dijo Marcus con la misma sonrisa que poseía en la sala de reuniones, aunque su mirada era inexpresiva, Aro se encontraba sin palabra mirándome con pena.
- Lo siento hija…-comenzó Catherine contraída dirigiéndose a mi madre verdadera.- Saray, como bien ha dicho Aro yo no soy tu madre, soy tu abuela.- se dirigió a mí con miedo en su voz.- fui convertida tras una tragedia vivida en el pasado y como ya sabes los Vulturis me perdonaron la vida cuando mi marido…tu abuelo quiso hacerles daño a los Cullen, especialmente a tu madre.-su mirada se perdió en el rostro de Ashley que esta la miraba con rabia y pena.- Me perdonaron la vida pero me la destrozador cunado por orden de Aro, Demetri y Felix asesinaron a mi hijo Marcos de tan solo ocho años de edad.- noté como mi madre a mis espaldas emitía un sonido de odio acompañado de un dolor incurable.- siempre quise vengarme pero no tuve el valor suficiente debido a que ellos me habían cedido un lugar entre ellos y lo obvio como que son mas fuertes y poderosos que yo… me hicieron elegir entre la muerte o vivir con ellos y…
- Hubiera preferido la muerte.- susurró Brian exponiendo sus colmillos con mucha ira.
- Ese día…. En Colombia cuando me disponía alcanzar al resto de la corte capté el olor de esos dulces bebes que los Cullen querían proteger de la lucha, recordándome a mi pequeño y a mi niña, mi preciosa Ashley que por culpa de mi marido estuvimos a punto de transformarla en lo mas temible de nuestra especie, en un demonio succionador de sangre,- pegué un respingón al escuchar de nuevo esa frase, pero me callé dejando a esa mujer que continuara con la historia.- fui en busca de ese olor y es cuando me encontré a Alice tirada en el suelo con tres vampiros atacándola, acabé con uno de ellos y los otros dos huyeron, intenté ayudarla pero a pocos metro de donde nos encontramos escuché  un llanto que me llenó el alma, escuché tu llanto mi niña, cuando te cogí en brazos vi el mismo rostro de tu madre cuando era un bebe y te acurruqué en mi pecho, tus lagrimas cesaron al instante… Alice pronunció tu nombre con angustia y debilidad… me entró el pánico, no podía perder a mi bebe otra vez, no… y le susurré en el oído que habías muerto, ella cayó inconsciente y eché a correr dirección Volterra. No podía perderte… me habían destrozado la vida al matar a mi pequeño y…
- Decidiste destrozar la mía.- le acusó Ashley con la mandíbula tensa.
- No tenía otra opción cariño.
- Si la tenías, podías a verte quedado con nosotros.- dijo mi madre temblándole el cuerpo.
- No me dieron esa opción hija.- otra pequeña sacudida surgió bajo nuestros pies dejando a toda la guardia alarmada.
- ¿Por qué no la veías en tus visiones Alice si ella esta viva?- le preguntó Adam confuso, ella le miró con ojos entristecidos como pidiendo perdón.
- Eso tiene una explicación…- comenzó a decir uno de los lobos, Jacob el gran lobo que vi en la visión de Edward aquel día.- esta desagradable familia tienen licántropos en el sótano.
- ¿Licántropos? – preguntamos en un unísono Carlisle, Rosalie, Bella y yo.
- Son esclavos de estas sanguijuela.- gruñó Jacob con desagrado.- hay tres allí abajo.- señaló con la cabeza el suelo.
- ¿Desde cuando tenemos licántropos en palacio padre?- pregunté extrañada mirando a Cayo que supuse que era cosa de él.- y…- miré a Alice con confusión.- ¿Qué es eso de que no has podido verme en tus visiones de futuro porque hay licántropos en Volterra?- cada vez me sentía mas confusa.
- Cuando intento ver el futuro de alguien que esté cerca de un licántropo no logro ver nada de esa…
- Vale, ya tendremos ocasión de hablar mas a delante de ello.- le corté con rapidez ya que había otro asunto que me interesaba mas.- Aro ¿Por qué cuando esa mujer me trajo aquí no tuviste el valor de devolverme a mi familia? Tan amigo que te consideras de Carlisle… ¿Por qué automáticamente me nombraste tu hija haciendo sufrir a mi familia?

Aro me miró con desgana, con el rostro lleno de angustia y sin mover apenas ningún músculo de su cuerpo, comenzó hablar con voz contraída sin tener ganas de hacerlo.
- Cuando la realeza regresó a palacio fuimos informados inmediatamente de la situación que había vivido Catherine… la mandé llamar con urgencia teniendo en mente el castigo que le iba a imponer pero… cuando apareció contigo en brazos…- se quedó pensativo unos segundos.- algo en tu rostro me hizo cambiar de idea, desprendías una fuerza aterradora, tus ojos me hechizaron en cuanto los míos se posaron en ellos, cuando intenté tocarte me dedicaste una sonrisa que hizo que mi corazón palpitara de nuevo…
- Tú no tienes corazón bestia animal.- gruñó Rosalie algo nerviosa, Aro la miró con desprecio.
- … cogiéndome el dedo con tu pequeña manita, en mi interior sentí algo que jamás en mi larga vida había sentido “AMOR” hacia un cosita dulce como lo eras entonces, algo en mi egoísmo hizo que te quedaras a mi lado para que al fin pudiera tener esa felicidad que jamás había tenido.- la palabras de mi padre me llegaron a lo mas profundo de mi alma, no mentía, sus palabras estaban llenas de sinceridad y rotas por el dolor de la verdad.- mi niña, en ese preciso momento sentí que juntos podíamos hacer que este palacio brillara… Marcus se opuso a mi decisión pero Cayo me apoyó hasta la última palabra…
- Condenándome a que fuera su esposa ¿no?- le acusé sin fuerza.
- Eso vino mas tarde… tu marca en el brazo nos dio la información necesaria para saber que eras un vampiro de pura sangre y que serías más fuerte que tu madre, otro motivo que hizo que te quedaras…
- Si, el arma perfecta para los Vulturis.- recalqué esto con sarcasmo.
- Si mi niña, serías la mejor arma de la guardia, pensamos en aquel entonces, haciéndonos invencibles, aunque ya lo éramos antes de tu llegada, tu poder nos hizo más poderosos aun.- el rostro de Aro no cambió en ningún instante.
- ¿Por qué podéis ser tan obsesivos y compulsivos los Vulturis?- agregó Esme con esa dulce voz que nunca había oído, llena de amargura, cogida al brazo de su esposo.
- ¿Por qué nos acusáis de ser obsesivos cuando vosotros lo poséis todo y aun queréis más?- le preguntó Aro con un hilo de voz.
- Tan solo nos limitamos a vivir tranquilos y desapercibidos, no pedimos mas.- le contestó Carlisle algo molesto por la acusación.
- Nos tienen envidia.- agregó Edward con una media sonrisa en sus labios.- siempre te han envidiado Carlisle porque has llegado a formar una familia numeroso con tan solo amor y has conseguido una alianza permanente con los licántropos, cosa que ellos no lograron en antaño.
- ¿Por eso los esclaviza no? – preguntó Jacob muy malhumorado.
- Iros…salir todos de la sala…- pedí con urgencia.
- Saray…- me llamó mi verdadera madre con pena en su rostro.
- Salir de la sala, todos… quiero hablar con mi padre… con Aro.- rectifiqué- a solas por favor… Felix llévate a mi familia a la sala de reuniones.- vi como Felix miró a Aro antes de obedecer mi orden y este le asintió con la cabeza invitando a sus hermanos que también abandonaran la sala.- Pronto estaré con vosotros mama.- le dije a mi madre llenando la sala con esa palabra repleta de  amor, cogiéndola de la mano y transmitiéndole tranquilidad por que sabía a la perfección que si algo salía mal, sería ella la que con su poder acabaría con toda Volterra, ella me sonrió no muy convencida y me dio un dulce beso en la frente.

Una nueva sensación recorrió mi cuerpo al notar el contacto de sus labios en mi piel, notando ese amor de madre que jamás había sentido en mis veinticinco años de vida, sintiendo su aroma entrar en mis pulmones, haciendo que mis ojos se cerraran, recordando que tiempo atrás estuve dentro de ella alimentándome de ese aroma tan dulce. Eso hizo que mi demonio enfureciera pensando en como vengarme de ese ser tan miserable que era Aro, pero sin querer hacerle daño. ¡Me sentía frustrada!

En cuanto todos los presentes abandonaron la sala quedando tan solo Aro, Jane, Alec y yo comencé andar de arriba abajo intentando apaciguar la bestia de mi interior.
- ¿Cómo has podido hacerme esto Aro?- se limitó a mirarme.- Contesta Aro ¿Por qué me hiciste esto?- le grité con furia viendo a Jane ponerse tensa por segundos mientras que Alec se encontraba relajado mirándome con orgullo.
- A ti no te hice nada mi niña, a ti solo te críe como mi propia hija dándote una familia y un hogar donde vivir…
- Este no es mi hogar, nunca lo ha sido, destruiste la vida a una familia humilde…
- A la que odiaba por ser tan perfectos en todo.- gritó Aro poniéndose en pie.
- Es por eso por lo que decidiste quedarte conmigo en verdad, querías ver sufrir a los Cullen, esa familia que hacía que los Vulturis fueran inferiores.
- Cállate Saray.
- No tienes derecho a mandarme callar, creo que en la situación que ahora te encuentras no te da el poder a ordenarme nada Aro.
- Solo lo hice por ti mi niña, te necesitaba a mi lado.- sus palabras sonaron como si las estuvieran pinchando con un puñal.
- ¿Por mí?- le contesté con una risa irónica.

Aro bajó los dos escalones del trono dispuesto andar hacia mi posición, seguido de Jane que seguía sus pasos aun muy tensa, hasta que mi escudo lo dejó clavado en el sitio sin poder acercarse medio milímetro mas de donde me encontraba.
- Sea lo que intentes hacer Aro no lo hagas, no estoy de humor para tus tonterías. Me has engañado escondiéndome en este palacio lleno de maldad, apartándome de mi verdadera familia sin tener en cuenta mis sentimientos y los de mi madre.
- Eras y eres lo mejor que hemos tenido en la guardia, no podía dejarte escapar hija, Carlisle ya posee cinco miembros de su familia con poderes sobrehumanos y nosotros…
- Y vosotros no podías ser menos ¿verdad? Por eso decidisteis condenarme a esta vida.
- Tan mal me he portado contigo hija, creo que te he dado lo mejor de mí, te he enseñado a ser una vampira leal y justa, no merezco esto.
- Mereces esto y mucho mas…jamás negaré que te he querido Aro pero me has tenido viviendo en una mentira y esto no tiene perdón…- con esto último me dispuse a salir de la sala ya que no quería llevar la situación mas lejos, mi demonio ansiaba atacarle y yo no quería hacerle daño físico alguno.
- ¿Dónde vas hija?- exigió saber.
- Con los Cullen, quiero saber quien soy.
- Ya te he dicho quien eres.- dijo con pánico en su voz, con miedo a perderme.
- No, quiero saber que soy, cual es mi procedencia ya que un vampiro jamás ha podido tener hijos y esa mujer que es mi madre tubo dos, también quiero saber por que Brian y yo no somos iguales a los demás…siendo diferentes al resto de alquerres.
- Eso te lo puedo explicar yo hija.- suplicó Aro con voz temblorosa.
- No Aro, no quiero volver a verme envuelta en tus mentiras, prefiero escuchar la verdad en boca de mis verdaderos padres, en tu palabra ya no puedo confiar.
- Los Cullen jamás te contaran la verdad porque no las saben, ellos son igual que todos, mentiroso, compulsivos, somos vampiros, no poseemos la lealtad que tienen los humanos, acabaran engañándote…no puedes hacerme esto hija.- dio dos pasos mas con la mano en alto intentando cogerme del brazo pero no se lo permití.
- No te ensucies los labios con mentiras padre, ahora voy hablar con ellos y después de conocer su versión decidiré si quedarme aquí o irme con ellos.
- No.- pegó un grito ahogado.- no puedes irte y abandonarnos así sin mas ¿Por qué me haces daño hija? ¿Por qué eres tan cruel conmigo?
- ¿Cruel? Me estas llamando cruel, dices que te estoy haciendo daño y que soy cruel cuando has sido tu quien me ha herido con tus sucias mentiras, me acusas a mi cuando de ti aprendió mi corazón padre, no me reproches nada cuando yo nunca he tenido la culpa de ser como soy.- Aro quedó mudo al notar que alrededor de él un fuerte movimiento se produjo tras mis palabras de furia, el poder de mi madre me iba surgiendo sin querer emplearlo.
- Cálmate Saray, por el bien de todos.- me dijo Alec con serenidad. Le eché una mirada furiosa y seguidamente miré a Aro a los ojos.
- Ha sido tu quien me ha enseñado hacer sufrir a la gente, tu has sido mi maestro para hacer daño, si ahora soy mala es porque lo aprendí de ti….ahora no me preguntes como puedo ser así si lo he aprendido todo de ti Aro, de ti y de ese ser diabólico que se sienta a tu izquierda en el trono, de pensar que siempre he querido ser como él, me repugno a mi misma por haber pensado eso.
- No puedes júzgame por enseñarte a ser como nosotros, cada familia educa a sus hijos de una forma diferente te guste o no.
- Si, pero con la diferencia que cada hijo esta en la familia que le corresponde, yo no Aro, yo no pertenezco a esta familia.
Me dispuse a salir de nuevo de la sala y Aro volvió a gritar “No” con un sonido ahogado.
- Debo hacerlo Aro.- cada vez que le llamaba por su nombre era como si le estuviera clavando una estaca en el corazón, le dolía que no le siguiera llamando padre, pero no debía hacerlo ya que él nunca fue mi padre.
 -  Reúne aquí a los Cullen Alec, hablaremos en mi presencia.
-¿Por qué?- le espeté.
- Tengo derecho a defender mis ideales si esa familia pretende engañarte con mentiras hacia nosotros.
- Dudo que quieran mentirme después de descubrir que sigo viva.
- Por favor hija deja que nos reunamos aquí de nuevo… todas tus dudas serán resueltas, te lo prometo.- increíble Aro, el gran Vulturi estaba suplicando lleno de dolor, no me lo podía creer.
- Lo que tu quieras solo decirte que mi madre no te ha destruido ya gracias a mi, a si que tener cuidado con lo que decís o hacéis si no queréis que Volterra caiga destruida bajo tus pies.

Aro volvió a sentarse en su trono con cara descompuesta e hizo señal a Alec para que fuera en busca de los Cullen que con impaciencia y con furia esperaban mi regreso.
Yo me quedé en el mismo lugar de antes mirando a Aro con pasividad, cuando Alec pasó por mi lado me dedicó una sonrisa que hizo que temblara de deseo por unos segundos, yo le devolví la sonrisa y abandonó la estancia con andares glaciales.

Mientras mi familia acompañada de Alec, regresaban al salón, yo me quedé pensando en las miles de preguntas que tenia en mi mente y de cómo iba a realizarlas, sin olvidarme de ninguna, quería saber con todo detalle lo que me habían ocultado durante tantos años.
La mirada de Aro me hizo dudar unos segundos la principal pregunta que tenía en mente ese mismo instante -¿Con quien debía quedarme?- Ya que su pena me hizo recordar los años vividos con él, lo quería y no podía hacerle daño.
Un miedo recorrió mi cuerpo al saber que pronto sabría toda la verdad y que debía elegir una opción que hiciera que las dos familias no se enfrentaran por mí. ¿Que podía hacer? Quedarme con los temibles Vulturis y hacer crecer mi orgullo de asesina o quedarme con la familia Cullen y dejar a un lado la sangre humana comportándome como una dulce vampira vegetariana, esta última opción me iba a costar siglos de aceptar.
Mi mente era un huracán de dudas que pronto iba a estallar si no conocía la verdad de mi pasado.

Con esas dudas seguí en silencio esperando a que llegaran los Cullen.

2º Parte; Conclusión

Al notar el aroma de los Cullen mientras se acercaban a la sala volví a sentir ese bienestar que me provocaba su olor, sintiéndome en una nube flotando en un jardín lleno de rosas, relajando mi cuerpo de nuevo, provocándome una sensación de alegría y dulzura que tanto me agradaba.

En cuanto las puertas se abrieron me giré buscando el rostro de esa mujer que tanto amaba sin apenas conocerla, sintiendo como nuestras miradas se unían al mismo tiempo. Ella se acercó a mí sin dudarlo ningún segundo y con suavidad me cogió de la mano cediéndome suaves caricias con su pulgar y regalándome su mejor sonrisa, una sonrisa llena de amor materno que me hacía sentir bien, diferente, me hacía sentirme viva. Alice también se acercó a mi temerosa y con una media sonría contraída.

- Ten, creo que esto te pertenece.- le dije entregándole ese collar que hizo que me reuniera con mi verdadera familia tras años escondida en la oscuridad, viviendo como un demonio. Tras dárselo le dediqué mi mejor sonrisa que hizo que se abrazara a mí con ternura, llena de emoción y pena.
- Lo siento cariño.- se lamentó Alice.
- Tú no tienes la culpa.-dijimos a la vez mi madre y yo tensando la mandíbula, volvimos a mirarnos con amor y sonreímos a la vez.
- Todo se arreglará no temáis.- con esto me separé de ellas colocándome en medio de la sala quedando de nuevo entre mi familia y los Vulturis.

Cayo y Marcus regresaron a sus tronos sentándose sin pronunciar palabra, Cayo tenía el rostro enfurecido y pude leer en su mente que si él hubiera estado únicamente al mando la familia Cullen ya habría muerto en cuanto cruzaron el umbral y Marcus tenía la mente llena de satisfacción al ver como por fin sabía la verdad.
Aparte de mi familia la guardia entera entró al salón colocándose en sus lugares habituales que solían ponerse cuando mi padre ejecutaba algún traidor, con sus cuerpos en posición de ataque y muy tensos, excepto Demetri, Felix, Rebecca y Alec que relajados apoyaban mi postura.

En cuanto me percaté de la situación ejecuté mi escudo únicamente alrededor de los Cullen ya que no podía permitir que les atacaran a traición por órdenes de Cayo, aunque admito que mi tía Bella hacía su parte ayudándome a proteger a nuestra familia.

- Adelante hija, puedes comenzar con tus preguntas.-me cedió la palabra Aro con muy mal gusto, a mis espaldas escuché susurrar a mi hermano “ella no es tu hija”.
- No hacía falta que la guardia estuviera presente.- les acusé no gustándome el paisaje que estaba viendo.
- No podemos arriesgarnos a un ataque imprevisto.- me contestó Cayo malhumorado.
- ¿Tienes miedo Cayo?- se burló  mi padre Emmett con tono chulo, Cayo desvío la mirada a Aro.
- Cuando quieras mi niña.
- ¿Por qué me esposasteis con Cayo?- la pregunta le vino de sorpresa dejando ver la confusión en sus gestos, no se esperaba esa pregunta.
- ¿Qué hiciste que?- se quejó Athenodora dejándose ver.

Cayo miró a su esposa y con un gesto de ojos la mandó que regresara a su posición, ella bufando con rabia volvió a su sitio colocándose al lado de Catherine. Aro y Cayo compartieron una mirad que no me gustó en absoluto.
- No intentes engañarme Aro, Edward esta aquí a mi lado y puedo leerte la mente sin ningún obstáculo.
- Cuando cumpliste un año…- empezó hablar con el rostro contraído en un rictus de ira.-…comenzamos a descubrir tus poderes y eso hizo que Cayo pasara mas tiempo contigo, creciendo un vinculo muy especial entre los dos, mientras que yo me pasaba horas en la biblioteca investigando sobre tu pasado, llegando a averiguar que tenías un don de gobernar mas fuerte que el nuestro. Si observas tu mitad de la marca en la parte de abajo a la derecha tienes un símbolo parecido a una corona de un color más oscuro que el resto…

Me subí la manga de mi jersey dejando ver mi brazo, buscando ese símbolo donde él me había indicado.
- La corona de Akasha…- dijo Carlisle asombrado.- Ashley tú no la tienes.
- No, solo puede poseerla un hijo de la descendiente de Gregoriska.- le aclaró Aro con pasividad.- Por eso en ese mismo instante Cayo y yo vimos conveniente esposarte con uno de nosotros tres para que llegaras a ser miembro de la realeza, conmigo no pudimos ya que yo ejercía de padre, Marcus se negó y…
- Cayo aceptó sin más ¿no? Que patético.- les escupí las palabras con ira.- Carlisle ¿Quién es Akasha?- me giré preguntándole a mi… abuelo.
- Akasha era la reina de los vampiros, era reina del Kemt, el primer reino anterior al Egipcio, fue la primera en convertirse al reino de la noche cuando Amel un espíritu amante del sabor de la sangre humana se introdujo en su cuerpo, fusionándose con su corazón y transformando su cuerpo por completo, dándole la muerte para que la sangre ajena le diese la vida, transformando su carne en autentico mármol con el paso de los siglos, otorgándole fuerza para sobrevivir a los mortales, colmillos para beber la sangre de la yugular que Amel tanto deseaba, era un vampiro poderoso, Gregoriska fue su descendiente.- todo eso me dijo en un instante dejándome mas confundida de lo que estaba y haciendo que de mi mente desaparecieran todas las preguntas que tenía.
- La diosa de los vampiros.- susurró Rosalie asombrada.
- ¿Qué tiene que ver eso conmigo?- pregunté con pánico.
- Que si te propones destruir el mundo lo puedes conseguir con tan solo mover un dedo.- me aclaró Edward bajo la mirada de pánico de su esposa.
- Tu anímala- le dijo Jacob dándole un golpe en el hombre.
- No es un demonio Jacob.- le acusó Alice.
- Pero se ha criado con los Vulturis eso la hace aun mas peligrosa.- le contestó Jacob mirando de reojos a los Vulturis.

Jacob tenía razón me había criado con los Vulturis que habían dejado crecer dentro de mí el ansia de matar y la sed de venganza haciéndome poderosa ante los débiles, agrandando mi orgullo de asesina y haciendo que me sintiera satisfecha cada vez que acababa con la vida de alguien, ¡era peligrosa!

- ¿Por qué nunca he sabido esta historia Aro?
- Teníamos miedo a que te rebelaras contra nosotros, tenía miedo a perderte hija.- le puse mala cara y miré a Carlisle con desagrado.
- ¿Y quien es Gregoriska?- le pregunté con un hilo de voz temiendo su respuesta.
- Gregoriska era un antepasado de tu madre.- comenzó a relatar Carlisle señalando el lugar donde se encontraba mi madre.- Fue el demonio mas temido por todas las especies, su sed de venganza destruyó miles de poblaciones enteras de humanos y vampiros, en aquellos tiempos, los supervivientes afirmaban que él destruiría el mundo pero tras seis siglos de matanza fue derrotado por…- desvío la mirada posándola en Cayo.
- Si…. querido Carlisle, yo maté a Gregoriska y si Aro me lo hubiera permitido también hubiera matado ese demonio que tienes como hija.
- Mal nacido.- le insultó mi padre con rabia.
- Calma cariño el tiempo siempre castiga, tarde o temprano.- le suavizó mi madre con mucha tranquilidad (culpa de Jasper, yo también notaba su poder sobre mi) y acariciándole la cara con ternura.
- ¿Cómo lo mataste si era tan poderoso como decían y tu no tienes ningún poder?- le pregunté curiosa dudando, si mató a esa bestia podría con mi madre, mi hermano y conmigo que éramos los tres mas poderosos de esa sala.
- Le ataqué donde mas le dolió…
- Le hizo una encerrona utilizando a su amada….- susurró Edward concentrado en la mente de Cayo.
- ¿Qué fue lo que ocurrió?- le preguntó mi madre con serenidad, Cayo ignoró la pregunta y se quedó en silencio mirándonos con pasividad.
- Mi madre te ha hecho una pregunta… contesta Cayo ¿Qué fue lo que ocurrió?- le gruñí impaciente de conocer la verdad.
- Su querida amante, porque ese demonio nunca logró tener una esposa, llegó a Volterra un anoche de festividad con la intención de masacrar a nuestros pobres humanos – Jacob bufó ese irónico comentario.- y Dexter con su poder la manipuló para poder atraer a Gregoriska a los picos de la montaña, fueron sus propias manos, la de esa ilusa vampira quien a través del control de Dexter y bajo mis ordenes mató a su amado con un simple gesto de muñeca.
- Entonces no fuiste tu quien lo mató…. pero te colgaste la medalla y te convertiste en el vampiro mas heroico y temible de todos los tiempos, saliendo en pergaminos y libros de Gregoriska- Carlisle supo como avergonzarlo con unas palabras amables, era genial ese hombre.- Creo que el merito es de Dexter ¿Tu no lo crees? - Algunos miembros de mi familia verdadera rieron entre si haciendo que a mi también se me escapara una risita.
- Mi querido amigo, en una competición de perros o caballos cuando uno gana un trofeo ¿Quién se lleva el merito?... el amo por ser quien enseñó a ese animal a ser un ganador.- le contentó Cayo no gustándole que se rieran de él.
- Eres un cobarde y siempre lo serás.- le insulté con todas mis fuerzas.
- Y tu una niña consentida.- gruñó Cayo levantándose de su trono.
- Cálmate Cayo.- le susurró Marcus con una media sonrisa.
- No pienso consentir mas tus tonterías niña a si que ahora me vas a escuchar tu a mi...- comenzó a decir Cayo acercándose a mi con furia y con una mano levantada.

En milésimas de segundos el cuerpo de Cayo se elevó y con una gran sacudida fue golpeado contra la pared que teníamos a muestra derecha, dejándolo medio inconsciente en el suelo, en esas milésimas de segundo Aro se levantó de su trono y los de la guardia adoptaron una postura de ataque, dispuestos a contraatacar en cuando él le diera la orden.
- No mama- grité saliendo del perímetro del escudo dejado a mi familia a salvo dentro de él y acercándome a Cayo.- una acción imprudente por mi parte.
- No vuelvas a dirigirte con ese tono a mi hija.- gruñó mi madre con el cuerpo en continua convulsión.
- Cálmate Ashley.- le pidió Carlisle que como yo no quería entrar en una lucha.
- Mama no…. no vamos a entrar en una pelea ¿entendido?- pedí mirando a todos los miembros de la guardia.
- Eres una ingenua niña…- me dijo Cayo cogiéndome del cuello y apretando con todas sus fuerzas.- Crees que vais a salir de aquí sin pagar el error que habéis cometido…. no cielo.
- Déjamelo a mi mama.- le pedí casi sin aliento debido a que los dedos de Cayo se estaban incrustando en mi garganta, después de leerle la mente a mi madre.- dime Cayo y tu crees que vas a poder conmigo.
- Pude con Gregoriska y podré contigo…
- Suéltame si no quieres que te haga…- me costaba pronuncia palabra debido a que cada vez apretaba con mas fuerza mi garganta.
- ¿Qué me vas hacer? ¿Qué don vas a escoger para utilizarlo contra mí? No te tengo miedo niña.
- Tú lo has querido…

La mano de Cayo fue aflojándose en mi garganta en cuanto pudo divisar el cuerpo de Dexter elevándose en el aire, situándose en el centro de la sala  con todo su cuerpo en llamas, el don de  mi hermano era increíble. Los gritos ahogados de dolor contrajeron a Cayo que sin dejar de mirar a Aro corrió como un perrito faldero a las espaldas del mismo.
Con asombro todos observaron como el cuerpo de Dexter se deshacía en cenizas cuando las llamas cesaron de arder.
- ¿Qué decías Cayo?- le pregunté irónicamente colocándome de nuevo dentro de mi escudo, en ese momento en la sala solo se respiraba pánico. Los grandes Vulturis tenían miedo y más iban a tener si no dejaban que siguiera con mis preguntas.- Aun quieres que resuelva mis dudas en tu presencia Aro o puedo irme con los Cullen a la sala noroeste de palacio.
- Continua hija.-me contestó sin aliento, acababa de perder a un miembro de la guardia, el único que podía llegar a manipularme.
- Bien… ¿Por qué mi hermano y yo somos diferente a todos vosotros?- pregunté sin quitarle la vista a Cayo que seguía agotándome la paciencia.
- Como bien ha dicho Carlisle tu madre es descendiente de Gregoriska, un vampiro auténtico, de pura sangre, el vampiro de los mitos humanos, con colmillos, ojos color tierra, piel menos pálida que la nuestra, irresistibles al los rayos solares y con la felicidad de poder dormir- comenzó a explicarme Aro con la afirmación de Carlisle ya que de él poco me fiaba.- en antaño los verdaderos vampiros eran así, demonios de la noche que se ocultaban de día para que los rayos del sol no les convirtieran en polvo y cenizas.- dijo esto mirando lo que quedaba del pobre Dexter.- La sangre de Gregoriska recorre por tus venas hija por eso tu hermano y tu sois diferente a….
-¿Y vosotros?… si los vampiros de antaño, como tú has dicho, eran auténticos vampiros de los cuentos ¿de donde habéis salido vosotros? ¿Y por qué yo puedo resistir al sol un periodo corto de tiempo….?
- Tienes muchas dudas Saray.- me dijo Carlisle con aprensión.- no le habéis contado nada de su raza….- yo le negué con la cabeza.
 - Un vampiro brujo de hace ocho mil años…-empezó Carlisle a contarme la historia con una media sonrisa haciendo que me relajara un poco….- amante del sol, cayó en una fuerte depresión cuando fue transformado en vampiro debido a que, jamás podría ver el sol, sin poder exponerse jamás a “su sol” como él lo llamaba,  sin resultar vaporizado, tras años de pensar en una solución creó un hechizo, digamos como una vacuna, mezclando genes vamipíricos con humanos, animales y hierbas encontradas en los mas profundo de las montañas, obteniendo como resultado un vampiro resistente al sol, nuestra especie, pero no logró obtener buenos resultados ya que algo en ese hechizo hizo que nuestra piel brillara con demasiado fulgor al contacto con el sol y que nuestros dientes llenos de ponzoña no lograran obtener los colmillos que tu posees para alimentarte pero siendo bastantes afilados para permitir nuestra alimentación….y sin el factor mas importante para un hombre, el poder dormir.
- Me estas contando que sois un experimento…- me estaba volviendo loca, no entendía nada.
- Yo no lo llamaría de esa forma cariño.- me dijo mi madre.
- ¿Qué pasó con ese brujo?- preguntó Jacob interesándole la historia.
- Como a él no le curó su propio hechizo inyectó ese veneno en varios humanos nombrándoles hijos de él, creando una familia… murió a manos de uno de sus hijos que un día soleado le corrió la cortina de su habitación en venganza por no aceptar a su pareja.
- ¿Y por qué mi madre no es como yo si en sus venas corre la misma sangre que la mía?- pregunté algo temblorosa por la confusión que estaba viviendo en esos momentos.
- Tu madre era humana cuando Emmett la convirtió, por eso es como nosotros fue convertida con nuestro veneno y tu naciste siendo ella vampira ella logró concebiros a tu hermano y a ti debido a que las antiguas vampiras hembras descendientes de Akasha podían tener hijos, tu madre lleva el gen de Gregoriska…. se que es algo complicado para ti Saray en estos momentos, no temas con mas tiempo te lo explicaré todo.
- Ahora tengo yo una pregunta.- habló por primera vez Jasper.- ¿Por qué con el poder que tiene Saray no habéis echo que fuera un demonio descontrolado como Gregoriska, Aro?- esa preguntas me dejó mas concertada aun.
- No podíamos permitirnos que ella…. llegara….- dejó la frase en el aire dejando ver su derrota.
- Teníais miedo que os quitara el poder, por eso le habéis ocultado su pasado, que ingenuos sois los Vulturis, siempre velando por ellos mismos.- dijo mi padre.
- ¿Tienes alguna otra pregunta cielo?- me preguntó mi padre acariciándome el cabello, su reacción me hizo temblar de miedo.- ¿Estas bien?- preguntó con algo de pánico en su rostro.
- Si papa.- esa palabra hizo que mi padre sonriera de satisfacción, por fin había encontrado a su pequeña que creía muerta.- No tengo mas preguntas por ahora.
- Bien podemos irnos ya de aquí por favor.- se quejó Jacob deseando abandonar Volterra definitivamente.
- ¿En que situación nos encontramos ahora Saray?- me preguntó Marcus mirándome con satisfacción.
- Los Cullen abandonaran Volterra sin provocar ninguna discusión…- miré de reojos a mi padre que deseaba vengar mi desaparición.-…papa se que tienes motivos graves pero no va a ver mas peleas por hoy ¿de acuerdo? Como ha dicho mama el tiempo siempre castiga tarde o temprano….- le reñí en cuanto leí su mente, él me miró con odio y me dedicó seguidamente una sonrisa tierna.- Marcus yo me iré una temporada con los Cullen para poder conocer afondo a mi familia y poder así….
- No… no vas a salir de este palacio, no lo voy a permitir.- gritó Aro frustrado y con pánico en su voz.
- Tú no vas a impedir que mi hija se venga con nosotros…- dijo mi madre colocándose delante de mi seguida de mi padre.
- Mama, no por favor.- le impedí el paso cogiéndole con mis manos la cara,- mama deja que lleve yo esta situación conozco bien a Aro… deja que yo lo maneje.- susurré esto muy cerca de su oído para que no fuera escuchado por nadie mas.
- Ashley confía en Saray.- le dijo Edward con voz tranquila.
- Esto es increíble, papa deja que los pulverice a todos por favor.- pidió Brian con urgencia y cuadrando los hombros preparándose para atacar.
- He dicho que no Brian.- le eché una mirada enfurecida y relajó la postura inmediatamente, Jasper y yo ibas a conseguir que la familia Cullen acabaran dormidos si seguíamos así.
- Aro…- me giré y posé la mirada en sus ojos llenos de derrota, pero firmes.- no puedes hacer nada para impedir que me vaya con mi familia…. no después de lo que le ha pasado a Dexter. ¿No crees? Además no tienes ningún derecho de negarme el amor de mi familia.
- Si que puedo impedir tu marcha mi niña.
- ¿Cómo? ¿Qué piensas hacer para que mi hija no se venga con nosotros? Que arma secretas guardas por ahí.- preguntó mi madre con la mandíbula bien tensa.
- Jane…- pronunció Aro mirando a su protectora con una risa diabólica.

En el mismo instante que Jane le devolvió la sonrisa, Alec cayó al suelo revolcándose de dolor mientras se aferraba a su propio cuerpo como si le estuvieran desgarrando la piel.
- No…- grité.
- No puedes protegerlos a todos hija…Felix.- cuándo llamó a Felix supe lo que iba hacer seguidamente aun sabiendo que él no quería, Aro me tenía cogida por lo que mas me dolía ya que mi escudo no podía llegar donde se encontraba Alec, dejándolo a la merced de su hermana, tenía que hacer algo y pronto, no podía ver a mi amado sufriendo, mi hermano estaba apunto de carbonizarlos a todos y mi madre le faltaba una chispa mas para que descuartizara a Aro sin mencionar lo que estaba pensando mi padre. Pedí a Edward que los calmara.
- No…- grité de nuevo impidiéndole el paso a Felix.- esta bien, hablemos….
- No hay nada que hablar hija solo te pido que te quedes, nada mas.- insinúo Aro convencido de que había ganado la batalla.
- Esta bien, me quedaré…si me cedes el trono.
- Saray.- me llamó mi madre no gustándole la idea de que fuera un Vulturi, yo me giré y dedicándole una sonrisa le guiñé un ojo.
- Ni hablar, ¿que te has creído? Que voy a cederte el trono así sin más, estas muy equivocada… esa familia saldrá de Volterra sin poder volver a entrar en ella y tú te quedarás conmigo…. y se irán sin intentar hacer nada si no quieren que su pequeña acabe muerta.- Dijo Aro cabreándose por minutos.
- ¿Pero tu quien eres para amenazar a mi familia? escoria inmunda.- dijo mi madre provocando un pequeño terremoto en la sala haciendo que trozos de bóveda cayeran al suelo.- Mi hija no te pertenece.
- Mama déjalo.- le grité.- por favor para.- todos los presentes se estaban poniendo muy nerviosos y yo me estaba asustando debido a que no estaba llevando bien la situación.
- Ashley por favor contrólate.- le pidió Carlisle cogiéndole del brazo.
- Creo que va siendo hora de entrar en fase.- escuché decir al lobo joven que estaba al lado de Jacob… Seth.
- No, nada de peleas por favor dejarlo ya…. mama por favor.
- Cariño deja a Saray esto por favor.- le pidió mi padre viendo la angustia que estaba pasando en ese mismo instante, no podía dejar que mis dos familias se enfrentaran, mi corazón no me lo permitía.
- Bien Aro… me quedaré pero con una condición, y no es irrevocable, tú y Cayo pasareis a formar parte de la guardia mientras que Marcus y yo ocuparemos vuestro puesto…o eso- le corté a Cayo que quiso renegar mi condición.- o la muerte… vosotros decidís.- dije tras a verme asegurado que mi madre estaba controlada.
- De que estás hablando niña, crees que puedes llegar aquí con tu chulería y con esa familia que tienes de principiantes creyendo que te vamos a ceder el reinado… piensas que voy a dejar mi trono a una cría como tu… estas muy equivocada si piensas que  Marcus, Aro y yo….
- Estoy de acuerdo con la propuesta de Saray.- dijo Marcus bajando del trono, colocándose a mi lado con andares glaciales y cogiendo mi mano.- los Cullen no merecen sufrir más, han dado sus vidas por nosotros hace apenas unas horas…. han demostrado su lealtad ante nosotros apenas hace unas semanas cuando decidieron ayudarnos, no merecen nuestro reproche.
- ¿Qué estás haciendo Marcus?- le gruñó Aro.
- Lo que debí hacer hace años cuando esa mujer llegó aquí con Saray… voy a entregarles a su bebe y voy hacer lo que debía hacer hace siglos cuando mataste a mi amada… te voy a despojar de tu mandato Aro.
- No puedes hacer eso hermano…piensas que con solo la familia Cullen vas a poder contra nosotros.- le provocó Aro con miedo en su voz señalando a la guardia.
- Si.- le contestó Marcus sonriendo y acariciándome el cabello a su vez.

Nada más finalizar su afirmación Demetri, Felix, Rebecca, Jonathan, Santiago, Borja, Catherine… mi abuela y algunos más de la guardia, se colocaron alrededor de los Cullen cuadrando sus posturas a un posible ataque.
- Demetri, tu no…- dijo Aro enfurecido.
- Lo siento señor no pienso luchar contra la pequeña diablillo que robó nuestros corazones siendo una niña… la quiero demasiado.- dijo Demetri cogiéndome de los hombros y acariciándome la cara con suavidad.

Por la mente de mi padre pasó la palabra “maldición” seguido de una decepción de no poder llegar a luchar contra él. Yo me reí en mi interior.
-Lo siento señor, Saray es mi mejor amiga y los Cullen no me han hecho nada para que les haga daño alguno.- dijo Rebecca lamentándose con su voz llena de miedo.

Los demás decidieron quedarse en silencio sin querer dar su opinión mirando la cara de decepción que tenía Aro, el temible Aro que a todos nos gobernaba con su simple mirada.
En el mismo instante que Aro quiso maldecir alguna postura Alec dejó su puesto para colocarse a mi lado.
- Alec… tu también…- la decisión de Alec no le gustó demasiado y su voz flaqueo sonando ahora con amargura.
- Si señor, el amor de mi vida está en el bando de los buenos y como sabe no estoy dispuesto a causarle ningún daño a esta mujer que hace que mi ser se sienta feliz cuando la miro…- dijo mirándome a los ojos- estaré  donde ella esté.- con esto último Alec me cogió de la cintura y me dio un beso en la frente.
- Creo que todo se reduce a siete contra treinta ¿Qué vas hacer exactamente Aro?- le provocó mi madre con una sonrisa en la cara.- Unirte a la guardia o morir en mis manos.
- Prefiero el destierro que vivir bajo  las órdenes de esa mocosa.- dijo Cayo derrotado.
- Creo que esa opción no te la he dado Cayo.- le recordé insistiéndole en que me entregara el trono o elegir la muerte.- Aro que decides…

Aro con pena en su rostro y con resignación se quitó el collar de los Vulturis y me lo entregó dejándolo caer en mi mano.
- Gracias padre, odiaba la idea de matarte  a pesar del daño que me has causado a mí y a mi familia. Tú has ejercido como padre durante  todos estos años  y te aprecio muchísimo para acabar con tu vida.
- Siempre temí que llegara este día imaginándome como me sentiría si tú te renegaras…. Y ahora que ha llegado me siento traicionado… derrotado…
- No debes sentirte traicionado Aro, tú has sido quien me ha traicionado a mí apartándome de mi familia, ahora acepta las consecuencias… y da gracias al amor que te tengo que ha impedido que mi madre y mi padre acaben contigo… Cayo ¿Qué vas hacer tu?

Cayo solo se limitó a mirarme con frustración, rabia y con ganas de arrancarme la cabeza, sin pronunciar palabra alguna. Minutos después de estar en silencio mirándonos, Cayo cambió de posición colocándose entre el resto de la guardia que habían decidido seguir a las órdenes de los Vulturis.
- Cayo como veo que no te has decidido aun y no tenemos todo el día para esperar, te llevaremos a los calabozos hasta que estés listo para  hablar…. Demetri, Feliz, Alec por favor podéis llevar a Cayo y a sus secuaces a los calabozos… gracias chicos.- les agradecí cuando se disponían hacerlo.
- No os vais a salir con la vuestra Saray.- comenzó a decir Cayo con voz vengativa.- chicos a por ellos, defenderme hasta que vuestras vidas sean arrebatadas….

Aun no finalizada la frase dos miembros que se situaban al lado de Cayo comenzaron arder en llamar terminado siendo una montaña de ceniza.
- Brian…. ¿Qué haces? - le grité a mi hermano mirándole a la cara.
- Nos iban a atacar.- me contestó muy convencido de sí mismo.
- Es igual que su padre…- escuché decir a uno de los lobos riéndose a carcajadas.
- No vuelvas hacerlo sin mi permiso ¿de acuerdo? Esta gente ha sido mi familia te guste o no y no quiero que ninguno acabe muerto si no es por su propia voluntad ¿entendido?
- Si hermanita…- me dijo con sarcasmo.- ahora se creerá el ama de todo.- le escuché decir muy bajo.
- Brian tu hermana tiene razón.- le riñó Esme sin apenas mirarle a la cara.
- Lo siento Saray.- se disculpó mi hermano poniendo cara de arrepentimiento.
- Estás perdonado hermanito.- la última palabra también sonó con sarcasmos y los dos nos sonreímos con una risa compenetrada.
- Saray…- nos interrumpió Jane acercándose a mí.- ¿Queda lugar para mi entre vosotros?
- Si estas dispuesta a ser fiel a las normas de Marcus, si.

Jane bajó la cabeza y con poco ánimo se colocó al lado de su hermano que este la miró con recelo debido al daño que la había causado minutos antes.
- Demetri llevar a Cayo a los calabozos por favor, esto se esta alargando demasiado. Los demás podéis retiraros me gustaría estar a solas con mi familia por favor.
- Si señora, lo que usted mande.- me dijo Rebecca con una sonrisa de oreja a oreja,
- No me gusta que me llames señora, Rebecca eres mi amiga, por favor no vuelvas a llamarme así.- las dos reímos y vi con satisfacción como mis compañeros de la guardia y algunos miembros de la corte salían de la sala con una expresión de alegría y algunos de sorpresa por lo ocurrido en la misma.

Cuando el último miembro de la sala cerró el gran portón me abracé a mi madre sintiendo ese aroma y ese amor que nunca había sentido hacia la madre que poco estuvo a mi lado durante mi crecimiento, dejando que fuera Aro quien me criara.

- Por fin tengo una madre… no sabes cuanto he soñado en tener a mi madre cerca de mi en todo momento, Aro nunca dejó que Catherine me cría…. Mama…. Esto es tan extraño, me siento tan diferente y no puedo creerme aun que tenga una familia de verdad.
- Lo se cariño, ha sido un golpe muy duro para todos pero por fin estamos juntas y nada ni nadie nos va a volver a separar te lo prometo cielo.
- Carlisle…- comencé a decir separándome de mi madre sin tener ganas y acercándome a mi abuelo.- me gustaría que formaras parte de la realeza… tu eres un vampiro ejemplar que has sabido ser un buen líder en tu alquerre, eres el…
- Saray lo siento pero esta vida no es para nosotros….yo no me veo capaz de sentarme en esos tronos y hacer que los demás lo hagan todo por mi, no… yo tengo un trabajo y estoy muy satisfecho de realizarlo sin dejar a un lado de que somos vegetarianos vuestras costumbres alimentarias no son compatibles con las nuestras y…
- Podrías enseñarnos vuestra forma de vida… no creo que sea tan difícil.
- Créeme que si, después de estar toda una vida alimentadote de sangre humana no es tan fácil, creo que Marcus no podría acatar las normas….- dijo mirándole de reojos.
- Lo dudo mucho querido amigo, después de cuatro mil años alimentándome de humanos dudo mucho que ahora pueda cambiar mis hábitos.
- Lo ves cariño… no puedo venir a un imperio de hace siglos e imponer una nueva norma, es imposible…tu lo aras bien.
- No… ahora que soy libre no voy a condenarme yo misma a ser un líder… lo siento Marcus pero no puedo gobernar a tu lado… no soy capaz de hacerlo.
- Lo entiendo hija, eres muy joven para llevar una carga muy grande, no te lamentes por ello, encontraremos a un líder que….- en ese mismo instante se abrieron la puertas dejando ver quien las había abierto con suavidad y gracia.
- Alec…-dije entusiasmada.- Me gustaría que formaras parte de la realeza.
- ¿Yo? ¿Estas seguras de lo que dices?... creo que te ha afectado mucho el encuentro con tu familia…- escuché como mi familia bufada poco amigable, en sus mentes vi el odio que les tenían a toda la guardia por culpa de la mala imagen que les había hecho parecer los grandes Vulturi que ahora se ahogaban en su propia falsedad.
- Lo harás bien ¿verdad Marcus?- insistí cogiéndole de las manos
- Si Alec eres el miembro perfecto para ocupar el lugar de Aro.
- Ese es tu puesto Saray.
- No Alec yo no estoy preparada para gobernar… todavía, tal vez con el tiempo cuando Cayo esté dispuesto a desistir en su trono… pero ahora no.
- Esta bien pero…no pienso ser el líder… no, eso es cosa tuya Marcus.- Marcus le dedicó una sonrisa sincera y yo me abracé a él con pasión colocando después el collar de Aro alrededor de su cuello.
- Te queda muy bien.

Sin dudarlo dos segundos y sin importarle la presencia de mis padres Alec me besó apasionadamente haciendo que me sintiera llena de satisfacción.

- Muy bonito pero por favor nos podemos ir ya.- volvió a quejarse Jacob con impaciencia.

Me separé de Alec y me volví abrazar a mi madre esta vez cogiéndole una mano a mi padre.
- ¿Que vamos hacer ahora mi pequeña?- me preguntó mi madre con pena.
- Quedaros a vivir aquí una temporada.- les supliqué.
- ¿Vivir aquí…. con Demetri? Lo siento cariño pero acabaría arrancándole la cabeza, Demetri y yo somos incompatibles.- todos nos reímos a sus gestos de cara.
- Por favor solo hasta que sepa mas de vosotros, hasta que recupere mis veinticinco años perdidos sin vosotros.
- Mi niña…-comenzó a decir Marcus tocándome el hombro.- ve con ellos, este lugar no es apropiado a sus hábitos de alimentación, donde viven ellos abundan los animales aquí ya sabes que escasean no podrían estar mas de dos meses….ve con ellos una temporada o todo el tiempo que sea necesario.
- Pero Cayo y Aro podrían causaros problemas y…
- Tranquila, déjalo en nuestras manos, no se atreverán a revelarse, no temas por ello.
- Pero… Alec….
- Te esperaré, ve con ellos te necesitan tanto como tu los necesitas a ellos, recupera tu vida mi amor.- me dedicó una sonrisa llena de ternura.
- Esta bien me iré con vosotros, Alec tiene razón necesito recuperar mi vida- “bien” escuché decir a Alice que compartía la misma alegría y entusiasmo con mi hermano-  ¿me podéis esperar unos minuto?
- Claro cariño.- dijo mi madre llena de alegría.

Me separé de nuevo de mi madre y cogiendo la mano a mí amado le obligué a que me siguiera fuera de la sala conduciéndole a mi habitación.
Una vez allí tras cerrar la puerta me abracé a él con pasión.
- Tengo miedo.
- No debes tenerlo, has sido muy valiente enfrentándote a Aro y a Cayo.
- Porque he tenido el apoyo de Marcus, tu apoyo y de la guardia, si no, no se como habría acabado esto.
- Yo si…. tu madre habría acabado con Italia entera.- los dos nos reímos.
- Te echaré de menos amor, no se como despedirme de ti… se que me va a doler la distancia.
- Una de las maneras que quisiera despedirme de ti es con un beso que durara por mucho tiempo, que perdieras la respiración en mis brazos. Saray no temas por nada mi vida, mas que nadie sabes que yo te quiero, sabes que pienso en ti y eres mi ángel  ese ángel que yo conocí  en un día que me sentía perdido en esta ciudad llena de recuerdos que me afectaban. Te prometo que siempre estarás en mi corazón amor y que pronto nos veremos… te tengo que dar  gracias por haber existido en mi corazón lleno de soledad y gracias por encargarte de darle nueva esperanza de vivir y de volver a creer en el amor. No temas por el tiempo que estés con tu familia porque jamás dejare de amarte, te esperaré con los brazos siempre abiertos y preparados para rodearte en cuanto te vea.
- Te amo Alec. – sus palabras me dejaron llena de valentía para afrontar esa distancia que pronto iba a vivir y que nunca había vivido.

Nos volvimos a dedicar un beso tan apasionado que acabamos tumbados en mi cama riéndonos de la situación.
Tras mirarnos a los ojos con fuerza Alec me ayudó a prepara la maleta con todas mis pertenencias para no hacer esperar mas a mi familia y con otro dulce beso salimos de la habitación despidiéndola con nostalgia.

Mi familia ya me esperaba en el holt de palacio acompañado de Marcus y algunos miembros de la guardia, dispuestos a salir inmediatamente de allí.
- Ya estoy lista.- les anuncié acercándome a mi madre.
- Por fin.- se quejó impaciente Jacob.
- Eres algo irritante lobito.- le acusé sarcásticamente.
- No sabes cuanto.- dijeron Rosalie y Edward a la vez, me reí suavemente.
- ¿Preparada para ver un mundo que nunca has conocido?- me preguntó mi hermano cogiendo las maletas de las manos de Alec.
- Eso creo.- mi cuerpo comenzó a temblar de pánico.
- Todo irá bien cariño.- me tranquilizó mi padre acariciándome el hombro.
- Marcus no seas muy cruel con Aro solo dale de su propia medicina pero aplicándole tu tranquilidad y Cayo…
- Déjalo en nuestras manos Saray, ve y disfruta.

Le di un fuerte abrazo a mi tío Marcus, a Demetri, a Felix, sin olvidarme de mi mejor amiga Rebecca y despidiéndome con una mirada de mi gran amor salí fuera de palacio cogida de la mano de mi madre sin dejar de mirar al frente sintiéndome una nueva mujer.
La noche caía con fuerza, el cielo estaba despejado tras esa tormenta de nieve vivida el día anterior dejando ver el brillo de las estrellas y la belleza de una luna creciente que llena de felicidad me sonría desde el cielo.
Tres coches con las lunas tintadas nos esperaban para llevarnos al aeropuerto donde pronto cogeríamos un avión directo a Canadá, desde la ventanilla dije adiós a mi amado con la mano y me acurruqué en los brazos de mi madre sintiendo como una nueva vida crecía a mi alrededor haciendo que por fin me sintiera completa.

Te dije adiós y te lo dije sin calcular fuerzas ni llantos para iniciar la difícil tarea de reconstruir la vida. Aún hoy, después de tanto tiempo, en mi corazón se siguen desgranando esos sueños  felices que gracias a ti y a tu hermano se hicieron realidad. No sé cómo se ama al otro lado de la vida, pero sí sé cómo se sufre en este lado de la muerte. Quizás por ello, te mando un trozo de tu vida escrito en mis palabras para decirte que siempre has estado presente en mi alma.
Ashley Cullen”

Tras la horrible sombra de la eternidad donde la vida me había puesto una dura prueba por fin había encontrado esa parte de mi que tanto había llorado, por fin mis manos doloridas acariciaban a ese ser tan hermoso que en mi pasado me habían arrebatado.
Mi niña estaba al fin entre mis brazos notando ese aroma y esa dulzura que tanto había añorado, y acariciándole me prometí a mi misma que nunca me apartaría de su lado.